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Felipe Rivas, activista de la CUDS: "Para el sistema es cómodo tener a los gay encerrados en las discos cada fin de semana"

por Josito
martes, 01 de julio del 2008 a las 10:20
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Por Mauricio Becerra


Mientras la Universidad de Chile está en toma, un grupo de activist@s de la Coordinadora Universitaria de la Diversidad Sexual (CUDS), travistió a Andrés Bello, generando un debate que tensionó las políticas de identidad sexual del movimiento de estudiantes. La CUDS ha ido cobrando fuerza desde algunos años al interior del movimiento gay chileno. Deudores de la tradición queer (raro: marica) anglosajona, su apuesta no es la defensa de una minoría excluida, sino extender la invitación a una gran diversidad de disidentes de la sexualidad tradicional. Si las feministas convocan a las mujeres; los movimientos gay a los homosexuales, para la CUDS el sujeto de su lucha son las multitudes. Para conocerlos un poco más, conversamos con uno de sus dirigentes, el estudiante Felipe Rivas.

¿Te sientes cómodo con el mote de minoría sexual?

- No. El concepto corresponde a una época del movimiento gay. La idea de minorías sexuales tiene que ver con apropiarse en Estados Unidos del discurso y la conceptualización hecha antes por mujeres y negros como minorías políticas que reclamaban derechos frente a la sociedad mayoritaria. Es propio de una época. Eso se replica en Latinoamérica hasta hoy. Yo prefiero otras denominaciones, como las que formula el CUDS, que es la disidencia sexual.

¿Podrías explicar de qué se trata?

- Partimos de la base que vivimos en una sociedad en que la sexualidad está construida a partir de normas. Todos los seres humanos estamos producidos en un sistema que señala como debe ser la sexualidad y el género. Gran parte de la política homosexual aplica una estrategia integracionista que pone el énfasis en integrar a los homosexuales a la sociedad mayoritaria. Nosotros somos críticos frente a esa política.

¿Son entonces críticos del discurso de la obtención de derechos?

- Es problemático cuando hablamos de derechos, porque uno parte de la base que los derechos deben ser para todos. Pero también hay ciertos derechos que no son tan deseosos de tener, como ocurre con el acceso a las instituciones militares. Si bien, en sociedad igualitarias y democráticas todas las personas debieran tener los mismos derechos, uno puede ir un poco más allá y cuestionar que es lo que constituye a determinadas instituciones como ‘derecho', qué hay detrás del deseo de acceder a instituciones castrenses. Nosotros somos críticos respecto del militarismo, cuestionamos las lógicas de guerra para la resolución de los problemas. Por ello, pese a que puedes tener instancias gays que pidan el acceso, pero nosotros preferimos ser críticos a esos accesos como tales.

El año pasado el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH) tomó como bandera de lucha la integración de los gays a las fuerzas armadas.

- El tema es complejo. No soy partidario de una política radical que no considere las necesidades concretas de igualdad. Creo que esta sería un error. El desafío que nos cabe es cómo hacer coincidir las necesidades de derecho e igualdad propias de las agendas tradicionales de los movimientos gays con una perspectiva crítica que no caiga en las trampas de las políticas de igualdad.

¿Cuáles trampas?

- Eso de pedir acceso a instituciones militares reafirma lógicas militaristas; o solidificar que las instituciones del matrimonio y la familia son la base de la sociedad, contribuyendo a su naturalización. Eso termina reafirmando instituciones con un historial represor del mundo gay, como el matrimonio. Es un problema eso que grupos excluidos demanden acceso a instituciones represoras, lo que es un fenómeno contemporáneo.

MATRIMONIO GAY

Pero el matrimonio gay es un ítem relevante en la agenda gay en Chile ¿Te sientes cómodo en esa agenda?

- Para nada. Porque parece que la única forma de intervenir coherentemente en el debate es presentando una postura frente a cómo ha sido planteado el tema del matrimonio gay, si uno está a favor o en contra. Me incomoda esa lógica binaria del ‘a favor' o ‘en contra'. Hoy se terminan planteando ciertas demandas gays dentro de los márgenes de inteligibilidad del sistema heteronormativo. Creo que esto pone demasiados límites a lo que puedo decir, porque visto desde una perspectiva crítica, el matrimonio es una institución producto de un ordenamiento cultural, político y económico particular. Esto conlleva un dilema ético muy denso para la disidencia sexual. La pregunta que hago entonces es: ¿Puede la sola negación del acceso a una institución legal, justificar la lucha por obtener su reconocimiento? Acaso los gays, por el simple hecho de no corresponder al modelo de matrimonio clásico, deben exigir el acceso legal y simbólico a instituciones conservadoras y represoras, como lo han sido la familia y el matrimonio, instancias que reafirman el orden heteronormativo. Desconfío de la normalización que trafica tal lucha.

La discusión puesta en tal eje, termina configurando sus límites incluso.

- Sí. La norma no sólo es un modelo al que los sujetos deban aproximarse, sino que también establece los parámetros de inteligibilidad de las prácticas de los sujetos. Piensa que tanto el mundo conservador como el denominado progresista en Chile consideran a la familia como la base de la sociedad. Y esa es la familia nuclear, apelación que ha generado una constelación de proscritos ajenos a ella. No creo que, como se ha instalado, la negación del acceso a la institución del matrimonio entre personas del mismo sexo y la negación de su reconocimiento simbólico, sea el gran y único significante de la desigualdad social de gay y lesbianas.

Las políticas gay apelan a un sujeto homosexual ¿te sientes cómodo desde allí?

- Para nada, considera que la figura del homosexual tiene una historia: el homosexual es hijo de la psiquiatría. Si bien, la lucha del movimiento gay a partir de Stonewall fue un hito con muchas promesas, las identidades gay terminaron por normalizarse a través de las estéticas del mercado y las políticas del consumo. La sexualidad no es algo natural, sino que son construcciones. Judith Butler habla de lo sexual como preformativo.

Y Beatriz Preciado habla de la sexualidad como una prótesis...

- Claro. La identidad y el yo como una construcción protésica. Pero es evidente que cuando uno se articula políticamente parte de un momento en que tu cuerpo ya está constituido en lo social, un así aparecimos, un nosotros que quiso articular una política. Por ello, creo que hay que buscar alternativas identitarias más inestables y menos sólidas y naturalizadas como las categorías del gay y el heterosexual.

En Chile hay varios espacios de socialización gay como discos o bares. Incluso, algunos han querido constituir barrios gay friendly. Podríamos decir que hay mayor apertura por estos días.

- Es parte de la misma política gay. No soy contrario al barrio gay, pero critico que se constituye en un espacio de ghetto. Es signo de modernidad que exista un barrio gay, como si fuera un peldaño más arriba de la escala social, pero también uno piensa que los estrechos márgenes del barrio Bellas Artes nos tienen un poco encajonados a gay y lesbianas. ¿Qué pasa con los gay y lesbianas de poblaciones? ¿Qué pasa con los travestís en los campamentos o en el barrio alto? Eso queda desoído cuando se piensa en esas integraciones espaciales, porque al fin y al cabo hay disidencia sexual en todas partes. Es complejo replicar esta ciudad fragmentada por clases y razas, ahora también por orientación sexual. Para el sistema es cómodo el tener a los gay encerrados en las discos cada fin de semana. Es más fácil y controlable para el poder cuando estas en un lugar delimitado y fijo, porque estás claramente identificado.

VISIBILIDAD


¿Qué opinas de la tesis de que la única diferencia entre la Concertación y la derecha es lo moral?

- A mí me parece que no. Si bien puedes encontrar en la Concertación partidos políticos que han visibilizado lineamientos de derechos a minorías sexuales, tal conglomerado político termina generando políticas que se negocian siempre con la Democracia Cristiana. Eso ha paralizado avances de minorías sexuales y temas como la legislación sobre el aborto, métodos anticonceptivos o educación sexual no se discuten.

Eso también se explica diciendo que nuestro país es conservador, que nuestro pasado fue una gran familia patriarcal ¿será tan así?

- Creo que sí podemos tener un pasado algo conservador, pero decir que las cosas son inertes, como si estuvieran detenidas en el tiempo, es otra cosa. Creo que no existe la familia normal, heteronormativa, porque nunca es posible poder representar ese ideal normativo. El heterosexual o el gay son conceptualizaciones totalizadoras de prácticas más fluidas.

Me imagino a estas alturas que el movimiento gay no tiene que justificar sus demandas a otros movimientos sociales.

- Aún hay invisibilización de nuestras demandas. La falsa tolerancia está en todos lados, la vivimos en la universidad por ejemplo. El universitario se ve a sí mismo como un sujeto progresista, pero cuando ahondas un poco más en sus valores más profundos reproducen el mismo prejuicio que gente que no ha tenido acceso a educación superior. Me acuerdo de una anécdota en la Universidad de Chile, cuando pintábamos un lienzo alusivo a la marcha del Orgullo Gay y pasó un estudiante que dijo que cómo podíamos pensar en la diversidad sexual cuando hay gente que no podía entrar a la universidad. Recuerdo que alguien le dijo: ¿Has visto a una travestido en la universidad?
Eso pasa cuando el movimiento estudiantil plantea que las únicas razones de exclusión son económicas, pero se restringen factores raciales o de identidad sexual.

LEY ANTIDISCRIMINATORIA

En la última marcha gay el CUDS fue con un lienzo que decía: Pásate por la raja la Ley Antidiscriminatoria. ¿Por qué?

- No fue una crítica a la iniciativa, sino al proyecto en sí, que es absolutamente insuficiente. La ley antidiscriminatoria tuvo su origen en el trabajo de organizaciones de la sociedad civil, discusión que integró a mujeres, indígenas, inmigrantes y minorías sexuales a través de la Clínica Jurídica de la Universidad Diego Portales, quienes lograron consensuar un proyecto de ley que se negoció con el gobierno de Lagos. Luego de que el proyecto se entregara, tal gobierno entregó un proyecto al parlamento completamente distinto, que había sido elaborado entre ellos. Si el marco tenía 80 páginas, éste tenía 3. Había mecanismos que no estaban, no se ve una institucionalidad ni mecanismos de fiscalización, no incorporaba un montón de temas de diversidad sexual ni educación. Comenzamos a trabajar para mejorar ese proyecto el 2006, pero aún está en discusión.

Tengo una imagen: un camión con travestís gritando ‘nana peruana' en la marcha gay a alguien que no les cayó bien. ¿Son los mismos que demandan el fin de la discriminación?

- Lamentablemente hay que decir que ser un sujeto marginado de la sociedad no asegura para nada solidaridad con otros sujetos marginados, podemos ser tan fascistas como el que nos discrimina a nosotros. Además no existe una conciencia de que nuestras exclusiones se tienen que vincular con otras, como los temas de raza, clase, étnia o género. Eso es fundamental porque los problemas de los gay no están aislados del problema de los peruanos, las mujeres o los mapuche. Si hilamos más fino siempre hay un patrón vinculante de la discriminación.

¿Por qué a los gay de este lado del mundo les gustan las pelucas rubias?

- Está lo camp o kitsch de la representación, porque las travestís no son la Barbie.

Pero las transformistas de este lado del mundo no aspiran a la representación de la mujer mapuche...

- Sería interesante ver ese tipo de representaciones. Veo mucha representación de esquemas propios de una cultura de masas de países que son industria cultural. Es un prototipo del gay, es parte de la construcción de la identidad. La cultura contemporánea ha figurado al gay en determinados contextos. Las construcciones hegemónicas siempre terminan por naturalizarse. Y eso no ocurre sólo acá: Hace unos años David Halperín en una universidad de Estados Unidos hizo un curso denominado ‘Como aprender a ser gay'. Todo el mundo se escandalizó porque entendieron literalmente la frase, aunque lo que el curso pretendía era indagar en ese tipo de cosas, problematizar la construcción del gay en estereotipos, como la socializad de los gay con otros gay repiten esos esquemas. Sería interesante que empecemos a asumir nuestra condición mestiza.

MÁS INFO:
http://www.cuds.cl/

La diversidad sexual. Eso no te lo crees ni tu.

por Josito
lunes, 30 de junio del 2008 a las 02:34
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 "Diversidades sexual" articulo escrito por Francisco Bejarano en el diario de Jerez (29.06.2008)

Vamos a ver como empiezo. ¿Diversidad sexual? porque no titulas a tu artículo "Heterosexuales y homosexuales tradicionales"; diversidad sexual somos todos, Lesbianas, Gays, BISEXUALES, TRANSEXUALES, INTERSEXUALES,... ¿no crees en la bisexualidad? Pues lo mismo que le diria a Jesús Vazquez, porque tu no lo hayas visto, eso no significa que eso no exista, ademas no confundas la orientacion sexo-afectiva con creer o no creer en "x" cosa, tus creencias te la dejas en casa. ok? Imaginate que te gusta solo el helado de chocolate, entonces cuando quieras un helado -lo razonable seria- que te lo pidas de chocolate; imaginate que te gusta solo el helado de vainilla, entonces cuando quieras un helado -lo razonable seria- que te lo pidas de vainilla. Pero, imaginate que en vez de chocolate o de vainilla te gustaran ambos, es decir, te gustan los helados de vainilla y de chocolate, entonces lo razonable seria:

a) que te lo pidas de chocolate, porque en ese momento no te apetece el de vainilla, (independientemente de que por lo general siempre te haya gustado mas el de chocolate, o el de vainilla o indistinto).

b) que te lo pidas de vainilla, porque en ese momento no te apetece el de chocolate, (independientemente de que por lo general siempre te haya gustado mas el de chocolate, o el de vainilla o indistinto)

c) que en ese momento te da igual, entonces lo eliges al azar o lo que haya en ese momento,(independientemente de que por lo general siempre te haya gustado mas el de chocolate, o el de vainilla o indistinto)

d) puede pasar que en eso momento te apetece ambos helado, (independientemente de que por lo general siempre te haya gustado mas el de chocolate, o el de vainilla o indistinto)

Sea cual sea la "opcion" u "opciones" que tome la persona a lo largo de su vida, la realidad es que a esa persona le gustan ambos helados; pues lo mismo pasa con las personas bisexuales, aunque te guste mas un género que otro eso no significa que realmente no seas bisexual. En la bisexualidad hay más matices que en la homo o heterosexualidad.

¿Transexuales? a ver... nosotros, los seres humanos, a demás de sexo, tenemos género, es decir, que aparte de tener genitales, somos hombres y mujeres ( o tercer género para los que se identifiquen con ésta categoria,...), ese malestar que sufre una persona ya sea producto de su transexualidad o como efecto secundario de la sociedad transfóbica donde viva, es importante hablar de transgenerismo, es una realidad que forma parte de la diversidad sexual.

Como conclusion de la transexualidad en lo que respecta al género, y la bisexualidad con respecto a la orientacion sexual, es que hay que tener en cuenta las gamas grises, ok?

Asignatura pendiente: Bisexualidad.

Asignatura pendiente: Transexualidad.

Francisco Bejarano repites curso, lo siento.

http://www.diariodejerez.es/article/opinion/167851/la/diversidad/sexual.html

UNO de los mediterráneos descubiertos por la pseudoizquierda conservadora y de orden ha sido la diversidad sexual. Pues, sí, existe desde muchos siglos antes de que el progresismo simple se decidiera a promocionarla. Está en los mitos más antiguos, anteriores a Grecia, porque los mitos no inventan nada que no se haya visto primero en la naturaleza humana. Lo más que hacen, que no es poco, es embellecer, adornar, añadir literatura, arte, imaginación y misterio a los vicios y virtudes del hombre que en la vida real resultan prosaicos y corrientes. Ahora el camino es el contrario, como diría Gómez Dávila: convertir en unos cuantos gritos espasmódicos la riqueza de la sensualidad humana, porque la idea peligrosa no es la falsa, sino la correcta a medias. Y menos que a medias, sino en una parte mínima, que no afecta al orden social, se invita a la liberación sexual. Liberación sólo de nombre, como es natural.

De la bisexualidad no diré nada porque sigo sin creer en ella. No existen bisexuales al 50 por ciento: una tendencia prevalece claramente sobre la otra. Los casos que he conocido no eran sino tapaderas de una clara homosexualidad. De los transexuales tampoco diré nada. Quienes puedan hacer convivir sin conflicto su nuevo sexo con su viejo cerebro, allá ellos. Sólo homosexuales de ambos sexos, mayores de edad legal, con su vida resuelta, mente intocada y, a ser posible, casados como los matrimonios tradicionales tienen plena cabida en el orden conservador del nuevo progresismo. No podía ser de otro modo porque, salvo en los breves momentos de exaltación revolucionaria, la sociedad es conservadora y acepta el que se imiten sus instituciones seculares, aunque sea con el escarnio del matrimonio entre personas del mismo sexo, porque no influye en las formas de vida urbanas y capitalistas, más bien las favorece.

Ya Hércules no puede raptar a Hilas, ni buscarlo con dolor y desesperación, cuando las ninfas de las fuentes lo raptan a su vez para darle la inmortalidad y la eterna juventud adolescente en sus palacios de agua. La enamoradiza Aurora no puede, con argucias, quitarle a Júpiter su jovencito amante Titono, ni Júpiter raptar a Ganímedes. Céfiro no puede matar a Jacinto por celos dejando a Apolo en un mar de llanto, castigo que recibe el poderoso dios por haberle quitado el muchacho al poeta Támiris, considerado por los chismosos griegos el primer pederasta, que no es, como se quiere dar a entender ahora, el que tiene amores con niños, sino con adultos sexuales, muy jóvenes, eso sí, pero sexualmente adultos. Ninguna de estas leyendas, ni otras muchas parecidas, cabrían entre los nuevos moralistas de la liberación sexual. ¿Habrá algo más antiguo y moral que un matrimonio para evitar el desorden de los mitos y conquistar la virtud con las tareas caseras y en la mesa camilla?

Orgullo LGTBIQ

por Josito
domingo, 29 de junio del 2008 a las 12:55
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Bandera LGTBIQ

Bandera gay o LGTBIQ

Bandera Bisexual

Bandera Bisexual

Bandera Bear

Bandera Bear

Bandera leather

Bandera Leather

Bandera Transgender

Bandera Transgénero

Bandera Queer

Bandera Queer (una de las banderas anarquistas)

Nadie es 100% heterosexual

por Josito
domingo, 29 de junio del 2008 a las 12:36
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MARIAHE PABÓN
Especial para El Mundo.- El Mundo


 Algunos expertos señalan que todos somos bisexuales pues en algún momento hemos sido atraídos por alguien del mismo sexo. No hay estudios precisos, lo único cierto es la complejidad humana.

La bisexualidad es quizá una de las orientaciones sexuales más difíciles de comprender y todavía no existen estudios serios sobre su definición. Prejuicios y desconocimiento contribuyen con las dudas. De ello hablan hoy los estudiosos

En cualquier caso, parte del problema surge de la tendencia a querer darle una etiqueta a todo. Y eso conlleva a serias limitaciones a la hora de interpretar determinadas realidades acompañadas de ciertas catalogaciones. Lo dicen los especialistas en sexología M. Pérez, J.J. Borrás y X.

Zubieta, para quienes "los principales quebraderos de cabeza los puede sufrir la propia persona con tendencias bisexuales. A veces se debe a que entendemos el sexo en dos polaridades: homosexualidad y heterosexualidad; blanco o negro. Sin tener en cuenta que el proceso de volverse sexual del ser humano es complejo, y que la elaboración de los mapas sexuales y de la imaginería erótica -que también estudió John Money - nos sugiere que la orientación sexual es más compleja y variada de lo que se tiende a creer".

En opinión de los expertos, "este desconocimiento y, lógicamente, los prejuicios pueden dificultar el identificarse como bisexual. Hay personas esencialmente bisexuales que se sienten muy limitadas al pensar que sólo debieran sentirse atraídas por uno de los sexos. Sin embargo, lo que hay que tener claro es que sus emociones y sus deseos están dirigidos hacia personas, no importa cuál sea su sexo".

-¿Somos todos así? -Hay quienes consideran que todos somos bisexuales, que es imposible que no haya aunque sea un vestigio mínimo de atracción hacia ambos sexos. Quizás se trata de una teoría simplista, pero parte de la base de que nadie es 100% heterosexual ni 100% homosexual. Esta misma teoría sostiene que es muy difícil encontrar a un bisexual que sienta un 50% de atracción hacia personas del sexo opuesto, y el otro 50% a las del mismo. Otros opinan que en realidad los bisexuales son homosexuales encubiertos que no son capaces de aceptar su homosexualidad y la disfrazan diciendo que son bisexuales.

Asimismo revelan que, a veces por curiosidad y otras por necesi- dad, la bisexualidad puede producirse debido a las circunstancias que está viviendo la persona. No pasa a tener un impacto en la vida de ésta, tratándose de algo pasajero. Sin embargo, cuando la persona vuelve a tener la oportunidad de reorientar sus gustos, retorna a sus tendencias originales.

Tampoco es muy común encontrar personas que genuinamente se definan como bisexuales. Muchas veces sienten una mayor predominancia, ya sea homosexual o heterosexual, aderezada en distintos momentos de su historia por escarceos bisexuales. Sin embargo, es más difícil encontrar a personas que tienen un estilo de vida netamente bisexual. Eso no quiere decir que no existan. Existen y viven la vida como cualquier otra persona.

BISEXUALIDAD FEMENINA
La bisexualidad entre las mujeres no es simplemente una fase transitoria, según un estudio de la Universidad de Utah, que siguió a 79 mujeres no heterosexuales durante una década. El estudio, dirigido por Lisa Diamond, de la Universidad de Utah, y publicado por la revista Developmental Psychology, de la Asociación de Psicología de Estados Unidos, encontró que las mujeres bisexuales siguen sintiéndose atraídas por ambos sexos a lo largo del tiempo. Diamond es autora del libro "Sexual Fluidity", que describe la práctica de muchas mujeres que tienen relaciones heterosexuales y homosexuales en forma simultánea o alternada. Dos de cada tres mujeres entrevistadas en su estudio habían cambiado su preferencia sexual al menos una vez. "Mucho de esto tiene que ver con el hecho de que aun las mujeres con orientación lesbiana, a menudo se sienten atraídas por hombres", explicó Diamond. "Algunas dicen: `una no puede llamarse realmente una lesbiana que se acuesta con un hombre', aun si cree que es la mejor descripción de la situación'. Y por eso dejan de catalogarse totalmente", añadió.

CAMBIO DE GUSTOS
Una de las mujeres entrevistadas por Diamond, Sheila, primero se identificó como bisexual, dos años más tarde dijo que le atraían las mujeres, más tarde se comprometió para casarse con un hombre, y más adelante decidió que quería estar con mujeres.

En parte, el problema es la definición de la bisexualidad, ya que muchos investigadores y legos ven la bisexualidad como un patrón de respuesta erótica a ambos sexos. "Pero aun esta conceptualización amplia deja muchas preguntas sin respuesta", señaló Diamond. "¿Cualquier instancia pasajera de atracción por una persona del mismo sexo cuenta, o los bisexuales deben experimentar atracciones regulares, fuertes y sostenidas hacia personas de los dos sexos?", se pregunta.

Bisexualidad, ¿Un asunto de moda?

por Josito
jueves, 26 de junio del 2008 a las 17:17
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Ya no se trata ni de héteros ni de homosexuales. Los bisexuales se sienten atraídos por personas del otro sexo y del suyo. Para muchos es simplemente una homosexualidad encubierta, para otros una confusión que se genera en la etapa adolescente por Redacción Anodis
[contacto@anodis.com]
  (Terra Networks Chile)Paulina Valdivieso.- Por qué y cómo se produce:
Hablamos con un especialista en el tema para que nos contara un poco más de esta sexualidad, que cada día parece más común.

A medida que pasa el tiempo todas las ideas preconcebidas acerca de la sexualidad empiezan a caer. Hoy es mucho más habitual que las personas reconozcan alteraciones o gustos diferentes, se abran las posibilidades de experimentar con cosas o situaciones nuevas y se ha hecho mucho más corriente ver a nuestro alrededor gente que reconoce abiertamente sentirse atraídos por seres de su mismo sexo.

Obviamente la mujer no queda exenta y es más, por su propia cercanía de género, por la misma razón que nosotras somos más abiertas a la hora de compartir la cama con una amiga, saludarnos de beso y generar relaciones de alto contacto físico, el velo que separa la amistad del amor puede ser mucho más delgado.

Nos llama la atención, sí, pero no tanto como antes, el que aparezca una amiga de Daniella Campos diciendo que mantuvieron un romance. O el ir a una discoteca y ver a más de un par de mujeres besándose y manteniendo una relación de pareja. Quizás no haya más homosexuales que en tiempos pasados, pero sí hay una mayor apertura y comprensión frente a los que lo son.

¿Pero dónde entra el tema de la bisexualidad? Acá la cosa se pone más compleja, porque ya no hay un gusto sexual definido, sino que da para más.

En general la homosexualidad es baja en todo el mundo, no superando al 7% de la población. La bisexualidad es mucho menor, no supera un 2%. Sin embargo, es un porcentaje alto si lo pensamos en cifras.

Estudios ya tradicionales de investigadores estadounidenses, como los del Dr. Kinsey, demostraron que el mínimo porcentaje de la población es heterosexual pura y homosexual pura y exclusivos. La gran mayoría de la población es posible que tengan conductas ocasionales, pensamientos o fantasías de tipo homo y bisexual.

El Centro de Estudios de la Sexualidad Chile (www.cesch.cl) ha estado investigando el tema de la bisexualidad, su director Christian Thomas, nos entrega una pauta inicial sobre el tema.

¿Por qué somos bisexuales?

Christian Thomas, médico cirujano- obstetra y terapeuta sexual explica que "que existe una potencialidad latente en cada uno de nosotros en cuanto a ser contenedores de ambos sexos, aunque físicamente estemos diferenciados en cuanto a órganos. Esta idea está latente en Freud, también en los sicólogos transpersonales y en Jung. Estas corrientes hablan de un self, es decir un sí mismo totipotencial. Para otros esta totipotencialidad es la diosidad misma que existe en cada uno es decir un principio andrógino, en donde no hay diferencia de sexos".
Y agrega que "esta potencialidad nos habla que la cultura se dedicará a quitar, sacar, podar aquello que no corresponde a la concordancia con la asignación genital sexual. Sin embargo esta potencialidad no muere sino que queda latente en espera de reactivarse o despertar".

La pregunta que viene es por qué bisexualidad y no homosexualidad. Según el doctor Thomas, acá entra el juego de las identificaciones con sus padres. Es decir, el amor hacia ellos. "Este amor es sublimado en ternura hacia ellos, pero este grupo de sujetos (bisexuales) no sublima en ese sentido y actúa su amor, ya sea por amor o por odio", comenta el especialista.

El desafiante adolescente

La etapa de la vida más proclive a inclinarse por probar sexualmente con personas del mismo sexo y del otro a la vez, es justamente cuando somos adolescentes. "La adolescencia es una época de transición, un túnel estrecho, por el cual todos debemos y hemos trascurridos. Sin embargo hoy como nunca se pone a prueba la represión cultural y por ende lo que se cuestiona es la naturaleza de la sexualidad heterosexual, monogámica y la validez del sexo único masculino o femenino. Lo que hasta hoy hemos entendido como lo natural del ser humano entra al banquillo de los acusados", explica el doctor Thomas.

"Lo que hasta hoy conocemos como lo masculino y lo femenino no es más que un constructo social, cultural, influido por las concepciones patriarcales de lo que debe ser. El adolescente ha sido siempre un gran desafiador de los dioses y sus mandatos. Así no es extraño que este desafío llegue hasta límites insospechables, echando abajo paradigmas y conceptos acerca de lo que debe ser", sostiene.

"En la búsqueda de saber quién soy, el adolescente probará muchas alternativas, ensayos para una vida adulta final. Algunos de estos ensayos incluyen las experiencias homo y bi, como parte de esta búsqueda. Otra cosa es que esto se transforme en una estructura de personalidad o carácter sexual determinado. En la medida que la represión cultural se ha debilitado, en la medida que la masculinidad está en crisis (como la conocíamos los últimos milenios), los modelos a imitar han cambiado, por lo que lleva a extraviarse en encontrar quién es cada cual", agrega.

¿Un problema tratable?

No se trata de ver el tema de la bisexualidad como una enfermedad curable. Como hemos visto hay muchas aristas que explican esta preferencia sexual. Sin embargo muchas veces la terapia puede ser una ayuda a enfrentar la situación, especialmente en aquellos o aquellas que les cueste asumir su inclinación.

"La intervención terapéutica dependerá del grado de desagrado que provoquen en la persona estas conductas. Nosotros hablamos que es egosintónico si no le molesta y egodistónico si las conductas o los síntomas son molestos para la persona. En los adolescentes es frecuente que estas conductas molesten a sus padres, por lo que son éstos quienes los traen a consulta. Pero para la mayoría de los chicos y chicas por un largo tiempo no les molestan, por lo que muchas de estas terapias son inútiles", explica Thomas.

Pero hay que tener claro cuál es el rol del médico o terapeuta frente a este tipo de consultas, pues un médico puede escuchar, aceptar, sostener el proceso y luego reflejar. "De esa forma lo que hace es adultizar el proceso de manera que sea el cliente o el sujeto que consulta quien decida qué hacer. No le corresponde al médico adoctrinar ni transformarse en un vocero de la cultura heterosexual. Lo que le corresponde es calmar la angustia y permitir el proceso de desinfantilización que nuestros pacientes sufren, otorgándoles a ellos poder para transformarse en sus propios padres y así sostenerse en sus decisiones", cuenta Thomas.

*El Centro de Estudios de la Sexualidad y Centro de Estudios del Cambio, tienen sus oficinas en Ana María Carrera 5090, Las Condes. Fono: 2125636. Constantemente se están haciendo diplomados y talleres sobre sexualidad, como también atención terapéutica. www.anodis.com

Somos raritos, aquí estamos

por Josito
lunes, 23 de junio del 2008 a las 13:40
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Los estudios lésbico-gays son por definición excluyentes, y ante ello surge como reacción la teoría queer. El filósofo e historiador del pensamiento Didier Eribon, autor de Reflexiones en torno a la cuestión gay y de la biografía Michel Foucault, ambos editados por Anagrama, explica en el siguiente texto que lo queer trata de tomar en consideración no sólo otras identidades sexuales (la famosa comunidad LGBT, por ejemplo), sino también la manera en que los grupos étnicos, raciales, nacionales o sociales conciben o viven la sexualidad, al dejar de tomar como modelo privilegiado el punto de vista urbano de las clases medias blancas.

ls-desnudoDidier Eribon


El término inglés queer significa bizarro, extraño, enfermo, anormal. Por mucho tiempo quiso decir, de modo algo anodino, que alguna cosa era "un tanto bizarra", que un comportamiento era "excéntrico". En el inglés del Reino Unido queer tuvo por largo tiempo --y hasta la fecha-- el sentido cotidiano de "enfermo". Las expresiones "I'm feeling queerly", "I feel queer" o "I've come over all queer" son, todavía hoy, formas de decir: "no me siento bien", "creo que voy a enfermarme" o "estoy a punto de desmayarme".

Hacia finales del siglo XIX, queer empieza a tomar paralelamente (en el Reino Unido, pero también en Estados Unidos) una connotación sexual. En esta acepción corresponde a todo lo que no se ajusta a la norma sexual, todo lo que no es "normal". Por esta razón, desde entonces se le utiliza cada vez más para designar, de modo injurioso, a los gays y a las lesbianas. Si el término es un insulto, también lo han utilizado las personas a las que designaba, y éstas a menudo se definían a sí mismas como queers, es decir, especiales, diferentes de los demás.

En los años veinte y treinta, cierto número de homosexuales se definieron como queers en un sentido más restrictivo. Deseosos de disociarse de la imagen social dominante del homosexual afeminado, muchos de ellos, pertenecientes a la clase media, de apariencia más discreta o más convencional, se designan como queers, y la palabra se vuelve entonces, para ellos, sinónimo de lo que nosotros llamaríamos gays. De este modo el término queer posee, antes de la Segunda Guerra Mundial, una variedad de connotaciones sexuales: designación de todos los "anormales", ya sea de manera peyorativa o porque ellos mismos se vuelven a apropiar del término o, de modo más limitado, autodesignación de esos "anormales" que quieren diferenciarse de las "locas" afeminadas. Después de la guerra, el vocablo sigue vigente para designar en forma despectiva a todos los "anormales", y es rechazado como término de autodesignación por la nueva generación de gays, a quienes les parece demasiado desvalorizador y demasiado ligado al sentido más general que incluye también a las "locas". Se le remplaza por "gay", cuyo empleo, a partir de los años setenta, se impondrá en el mundo occidental, y más allá todavía, pero a finales de los años ochenta la palabra queer resurge como término de autodesignación.

El grupo Queer Nation, fundado en Nueva York en 1990, se asigna como tarea luchar contra la homofobia y afirmar la visibilidad de los gays y las lesbianas en toda su pluralidad. Su lema es "We're queer, we're here. Get used to it" ("Somos raritos, estamos aquí. Váyanse acostumbrando"). El grupo se disuelve rápidamente, pero su deseo de integrar las preocupaciones antisexistas y antirracistas al combate gay y lésbico tiene una repercusión considerable. La reactivación de la denominación queer comienza entonces a prosperar, cambiando poco a poco de sentido. Como reacción a las identidades "gay" y "lesbianas" consideradas como estancadas y excluyentes, como reacción también a las reivindicaciones asimilacionistas del movimiento gay y lésbico, la reapropiación del término queer viene a significar un rechazo de la definición de identidades de un grupo demasiado bien delimitado (la "comunidad gay" o "lésbico-gay") al tiempo que un rechazo a asimilarse a la sociedad dominante. Queer es entonces una manera de buscar disolver las fronteras a fin de que otras identidades (transgéneros, bisexuales, etcétera) y la multiplicidad de identidades gays y lésbicas (locas, tías, machorras...) encuentren su lugar en un movimiento que cuestiona las normas sexuales, culturales y sociales.
 
 

Una teoría que no existe

La teórica feminista y lesbiana Teresa de Lauretis, autora principalmente de estudios de cine, no sospechaba el éxito que tendría su fórmula, lanzada como una ocurrencia y pensada como una provocación, cuando al coloquio que organizó en 1990 en la Universidad de California en Santa Cruz, donde enseña, le dio el título de "Queer theory". De Lauretis invitaba a su auditorio a un gesto multiforme; deseaba primero cuestionar el confort que ofrece la noción, "ahora bien establecida y muy cómoda", de los "gay and lesbian studies". Convenía en especial preguntarse sobre el papel de los estudios lésbicos en este conjunto definido por una "y" que parecía ya tan obvio que nadie se preguntaba qué significación podía tener este lazo entre "estudios gay" y "estudios lésbicos", su razón de ser y los problemas que plantea. Se trataba también de ampliar el campo de los estudios lésbico-gays, dominados por los trabajos empíricos de investigadores de ciencias sociales empeñados en delimitar una "diferencia homosexual" considerada de modo muy homogéneo (y por ende homogeneizante), con el fin de abrirlos a una reflexión teórica más amplia y más atenta a la multiplicidad de las diferencias sexuales. De Lauretis quería también poner en evidencia y deconstruir el carácter heterosexista de lo que tradicionalmente se considera propio del campo de la "teoría" en la universidad y en la vida intelectual.

La fórmula de De Lauretis tenía el valor de una invitación para abrir nuevas perspectivas a la reflexión. En el momento que se le utilizó, a muchos colegas les pareció más bien desconcertante, incluso inoportuna. No hay que olvidar, en efecto, que el término queer conlleva una fuerte carga de injuria, y si bien algunos grupos de militantes o artistas no vacilaban en reapropiarse este vocablo, pegarlo a la palabra "teoría" podía parecer una provocación inútil y arriesgada a los ojos de muchos universitarios, incluso de aquellos más abiertos a los estudios lésbico-gays.

La expresión se propagó con la velocidad de la luz y muy pronto se empezó a hablar por todas partes de la Queer Theory, con mayúsculas de rigor, como si se tratara de una doctrina constituida, con sus conceptos y sus principios. El único problema, como lo escribe David Halperin en su muy crítico artículo-balance "La normalización de la Teoría Queer" (2003), es que "nadie sabía lo que era la teoría en cuestión. Por la simple razón de que dicha teoría no existía".

Pero la denominación tuvo un éxito inaudito. Con ese nombre se designó entonces a una corriente del pensamiento, o mejor dicho, a un gesto del pensamiento que se producía a medio camino entre el pensamiento feminista y los estudios lésbico-gays. Durante los años noventa se publicaron dos libros que --retrospectivamente-- se consideraron como fundadores de esta nueva "teoría": Epistemology of the Closet, de Eve Kosofsky Sedgwick, y Gender Trouble, de Judith Butler. El término queer no se utiliza en ninguno de los dos libros, aun cuando sus autoras se hayan apropiado rápidamente de la expresión forzándose a darle un significado en relación con sus propios trabajos (refiriéndose más a lo queer que a la "teoría queer", etiqueta que ya no utilizarían los autores de los trabajos más innovadores).
 
 

Un concepto profundamente relacional

El proceso presente en estos dos libros se comprende mejor si se le reubica en el contexto estadunidense. El libro Epistemology of the Closet, además de sus célebres análisis sobre el "clóset" como espacio central de la opresión de los gays y las lesbianas, se esfuerza en mostrar cómo la crisis de la definición de la homosexualidad y la heterosexualidad estructura (y fractura) ciertos nudos centrales del saber y del pensamiento desde finales del siglo XIX. Al subrayar, con ejemplos literarios, que las concepciones "minorizadoras" de la homosexualidad (los homosexuales, minoría específica) han estado siempre en conflicto con concepciones "universalizadoras" (la homosexualidad, potencialidad presente en cada individuo), se pretende cuestionar una dinámica del movimiento lésbico-gay, que se centra en una política de la identidad (lo que presupone una identidad estable), e insistir en el hecho de que la "identidad sexual" es por el contrario un espacio complejo, de dimensiones múltiples, rara vez coherentes entre sí, y por lo mismo más un vector de diferencias y diferenciaciones que un sitio de homogeneización. En Queer and Now, la autora explora la etimología del término queer, el cual proviene de la raíz indoeuropea twerkw, que significa "a través". Sugiere pues una política --y una teoría-- que se elaboraría a través de las identidades, las sexualidades, los géneros, las "perversiones". "El concepto de queer es transitivo, dice ella, y transitivo en múltiples formas. De manera profunda, es relacional".

En 1990 se publica también la obra hoy muy célebre de Judith Butler, Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity. En este caso también, el libro debe entenderse como una intervención en el contexto estadunidense. Para Butler se trata de protestar contra el feminismo identitario, que se construye sobre una noción de "mujer" a su parecer fundamentalmente heterosexista, y que deja poco espacio a las identidades múltiples de las lesbianas, excluye a los subgrupos, uniformiza al género y lo convierte en una simple expresión social y cultural del sexo biológico (Butler pretende operar una disociación del "sexo" y del "género" para, de modo particular, rehabilitar a las parejas lésbicas desdeñadas por el feminismo clásico). Es contra este feminismo heterocentrado que Butler se empeña en deconstruir la noción de identidad. De ahí provienen sus famosos análisis sobre el carácter "performativo" del "género": el "género" es un papel que se aprende a fuerza de repetirlo. De ahí su invitación a "parodiarlo" (a través del travestismo, por ejemplo) con el fin de deshacer la obligación y la evidencia. En su ensayo "Critically Queer" (1993) insiste en que lo queer no debe entenderse como una manera de rechazar totalmente las categorías de la identidad en tanto fundamentos de los movimientos políticos (gays, lesbianas, etcétera), pues se correría el riesgo de paralizar su fuerza, sino como un llamado a la vigilancia crítica respecto de los riesgos inherentes en la utilización de estas nociones, y de las limitaciones que suponen cuando se recurre a ellas sin cuestionarlas.

Surge así una abundancia de interrogaciones nuevas en torno de las diferentes maneras de ser gay o lesbiana, en torno de la bisexualidad, de los transgéneros (de cierta manera se puede decir que los estudios transgéneros nacen de la queer theory). Y si la distinción entre los lesbian and gay studies y los queer studies no es siempre muy clara, es porque a menudo queer es simplemente una forma económica de decir "gay-lesbian-bi-trans". Además, muchas de las interrogaciones que suscitan los queer studies se habían planteado ya en el marco de los estudios lésbico-gays a principios de los noventa. Los estudios queer, ya sea que se sitúen en el pasado o en el presente, ponen el énfasis por igual en otras preocupaciones: en las cuestiones de raza, nacionalidad o clase. Estas cuestiones se habían planteado también desde los años ochenta, e incluso antes. Se trata de tomar en consideración, no sólo otras "identidades sexuales" (la bisexualidad, los transgéneros), sino también la manera en que los grupos étnicos, raciales, nacionales, sociales, etcétera, conceptualizan o viven la sexualidad, al dejar de tomar como modelo privilegiado el punto de vista urbano de las clases medias blancas.
 
 

La herencia de los años setenta

Muy pronto, los queer studies y la queer theory tienen sus coloquios, sus cátedras, sus números especiales en las revistas, sus compilaciones editoriales. Pero esta formidable energía intelectual es también víctima de su éxito. Lo que al principio fue un cuestionamiento provocador e innovador, se volvió un campo bien instalado de la actividad universitaria (logrando incluso un reconocimiento institucional que los gay and lesbian studies no habían podido alcanzar, sin duda porque los términos "gay" y "lésbico" siguen siendo más perturbadores para los heterosexuales --y por ende para las instituciones-- que "queer", el cual finalmente les parece más acogedor, en la medida en que les reserva un lugar, por imaginarse a sí mismos no normativos). Lo que había sido invención intelectual se transforma entonces, a menudo, en una suerte de catecismo repetido por cohortes de sectarios que discuten las definiciones de la doctrina: ¿Qué es lo queer? ¿Cuáles son sus conceptos cardinales? ¿Qué hay por queerizar?, y así al infinito, ya que la teoría en cuestión, cuando se le coloca una mayúscula, no tiene otro modo de existencia que comentar, precisamente, y hasta el cansancio, lo que ésta es y lo que significa.

Subrayemos por lo demás que si bien a menudo se le presenta como una corriente de pensamiento "nuevo" (lo que, en un sentido, sí es efectivamente), lo queer puede percibirse en gran medida como el redescubrimiento y la profundización teórica de cuestionamientos formulados con anterioridad, en particular al principio de los años setenta, ya sea en Estados Unidos, en Inglaterra o en Francia, por militantes homosexuales radicales, para quienes la lucha por la subversión sexual no se disociaba de un combate más general por la transformación social.

Lo queer sería entonces una manera de tender un puente entre las interrogaciones políticas, teóricas, artísticas de hoy, y las del pasado (del inicio del siglo XX, de los años veinte y treinta o de los setenta), más allá del "momento lésbico-gay" de los años ochenta, demasiado preocupado por la integración y la asimilación, y por la definición de identidades.
 
 

Lo queer, para todos los usos

La fecundidad teórica e intelectual de lo queer ha sido excepcional: en los estudios de literatura, de cine, de arte, y también en la labor de los historiadores, que lo han aprovechado profundamente para plantear nuevas interrogaciones a los diferentes periodos estudiados. Desafortunadamente, el tiempo de la creatividad y la innovación intelectual parece haber pasado muy rápido. Al institucionalizarse y convertirse en una verdadera moda, la reflexión queer ha perdido buena parte de su productividad: lo queer, para todos los usos, adherido como verbo o adjetivo a todo objeto de estudio, pronto se perdió en la reiteración de enunciados esquemáticos que nos complacemos en machacar adornándonos con un aura de esa radicalidad política que el término por sí solo tendría la virtud de conferir. Así, lo que había sido apertura se volvió cerrazón. Lo peor que le podía suceder a lo queer era seguramente quedar reducido a frases ya muy hechas, enunciados primarios e inmóviles, a un catálogo de neologismos más o menos afortunado, en la medida en que todo eso sólo puede obstaculizar la búsqueda y la invención teórica. Lo que al inicio fue una revuelta contra las etiquetas, una "insubordinación", para retomar un término de Judith Butler, se volvió una etiqueta tan petrificada como aquellas que la energía queer tenía como función subvertir. De esta manera, en cuanto se define de antemano en qué marcos deben producirse la reflexión teórica y los movimientos políticos y culturales, es evidente que se limita la posibilidad de que surjan nuevas ideas, ya que la innovación política y cultural es, por definición, imprevisible, y no podría recibir el dictado de lemas ni conformarse con las exhortaciones.
 
 

Versión editada del artículo "Queer", publicado en Dictionnaire des cultures gays et lesbiennes. Larousse/VUEF, mayo 2003.
Traducción: Carlos Bonfil


 http://www.jornada.unam.mx/2003/10/02/ls-teoriaqueer.html

¿Miss Gay o Miss Travesti?

por Josito
lunes, 23 de junio del 2008 a las 12:58
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Por Cyborgqueer (Josito)

 

Me llamo Josito soy de Tenerife, Islas Canarias, España; y aquí en Tenerife se celebra también la gala Miss "gay" España. Pero  ¿Realmente la gente sabe que es ser gay?

Gay significa homosexual, o mejor dicho, significa "hombre homosexual orgulloso -feliz-"aunque también se le puede utilizar este termino a las mujeres homosexuales -mujeres gays-; la homosexualidad o la "gaydad" en este caso hace referencia a una practica sexual, a deseos sexuales, fantasías sexuales, al sexo entre personas del mismo sexo; ¿entonces una gala miss gay, por esa regla de tres, seria una gala donde las chicas (miss) practican sexo entre ellas para premiar a la mejor actriz lésbica o la mejor bollo de España del porno o algo así? No señores, son simplemente chicos vestidos de mujeres -travestidos- que desfilan como cualquier otra gala Miss-Mister España; pero ¿que coño tiene que ver lo gay con el travestismo? Pues si gente, todavía hay gente que cree que un chico cuanto más femenino sea, es más gay y viceversa, dan por hecho que el travestismo es patrimonio de la comunidad gay, cuando todos sabemos que la mayoría de los gays no se travisten, y la mayoría de los que se travisten no lo son; aunque un amigo mío insisten que la mayoría son gays, pero bueno... tenemos que preguntarnos porque si la mayoría de los travestis no lo son, ¿porque los que salen en los show o en las películas, etc. son todos gays (o bisexuales)? Tenemos que tener en cuenta que él heterosexual se encuentra todavía reprimido, y como todo el mundo da por hecho, incluidos los gays y diferentes, que el travestismo es una manifestación de una orientación homosexual o al menos no heterosexual, los propios hetero-travestis no salen del armario, para que no sean etiquetados como homosexuales, por lo que se ocultan en casa cuando su mujer no esta para poder disfrazarse; ahora gracias a Internet, entre otros medios, se organizan y ya han formados espacios para travestis heteros en Europa y EE.UU. pero ¿si se ocultan, como sabemos que hay más travestis heterosexuales? Toda la documentación que he visto sobre travestismo de psicología y psiquiatría, todas dicen lo mismo, el 70% u 80% son heterosexuales, no me sorprende, ya que si un varón travesti, al igual que cualquier otra persona cree que ser travesti, lleva incluido ser gay, si él no lo es, pensara que es raro o que tiene algún problema, e incluso pensare que tiene homosexualidad oculta que ni  él mismo sabe que lo es... por eso algunos van a psicólogos y psiquiatras, y esto unido a los estudios de género, gays lesbianos y queers, se ha llegado a la conclusion de que el travestismo es independiente de la orientación sexo-afectiva de la persona. Por eso no me gusta, personalmente, la Gala Miss Gay, ya que estan dando una falsa imagen del travestismo (y por extension, del transformismo) y de la homosexualidad. No hay que confundir la orientación con el rol de género.

 

 

No hay que confundir conceptos.


Una cosa es el SEXO, es decir, tus genitales, cromosomas, hormonas: por lo que las personas puede ser machos, hembras o intersexuados -y dentro de éste hay variedad-.
Los CARACTERES SEXUALES SECUNDARIOS (la cara, el cuerpo,...): los rasgos masculinos, femeninos o ambiguos.
La IDENTIDAD DE GÉNERO: la percepción que tiene la persona de si mismo como hombre, mujer o transgénero (me refiero con transgénero a aquellas personas que se sienten como un tercer sexo/género u otra cosa diferente -agenérica-).
El ROL DE GÉNERO: lo que la sociedad considere masculino, femenino o neutro (vestimenta, comportamiento, deportes, gustos, maneras de pensar,...).
La ORIENTACIÓN SEXO-AFECTIVA: cuando una persona se siente atraída sexualmente por personas del mismo sexo (HOMOSEXUAL), cuando te sientes atraída sexualmente por personas del sexo contrario (HETEROSEXUAL), si es para ambos sexos más o menos indistintamente (BISEXUAL), si es hacia personas independientemente de su sexo/género(PANSEXUAL) o por ningún sexo más o menos (ASEXUAL -hetero-homo-bi-pan-sentimental-).
El ROL SEXUAL: dominantes/sumiso o ambos; activo/pasivo o versátil; ...


 

 

 

 

 

Saberes_vampiros@War

por Josito
lunes, 23 de junio del 2008 a las 10:36
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Por Beatriz Preciado

A los coyotes de las fronteras, G.A. y J.D. in memoriam

Los saberes dominantes se derrumban. No como las twins towers se derrumbaron, dejando tras ellas una nube de polvo que alimenta la mitología-guerra sino, más bien, como se hunde una forma sobre la superficie de una pantalla de Tetris o, mejor, como se desvanece un cuerpo que llega a hacerse besar hasta la mordedura por un amante vampiro. Hablar de este desmoronamiento de las formas y de los cuerpos mientras está en vías de producirse, es en sí un ejercicio de revelación táctica. Es hacer con Haraway el "ruido intencionado", la contaminación estratégica" (Haraway 1985).

En el estado actual de micro_guerra_total por la dominación de la producción de códigos, dar una verdadera cartografía de los saberes establecidos, un plan completo de los vectores de crítica de los saberes y lenguajes dominantes, tornaría en renunciar al juego. Se trata, más bien, de identificar ciertos desplazamientos de los saberes dominantes hacia una multiplicidad de saberes locales o minoritarios. Esta cartografía se considera, pues, parcial y esquemática, una simple simulación textual, una colección de trazas luminosas ya desaparecidas que procuran inscribirse hoy en la memoria política.

La objetividad de los anormales

¿Los anormales pueden devenir expertos? ¿Los sometidos, pueden ellos hablar? (Spivak, 1988). ¿Qué tipo de objetividad puede producir un estudio de los anormales, de los trans, de los alternativos, de los minusválidos o de los drogadictos? ¿Cuál puede ser el saber adecuado a un tiempo post-orgánico? Basta volver a Donna Haraway, por haber secuestrado la expresión "situated Knowledge" (Haraway, 1988) "saber situado", del dominio de la pedagogía experimental, y más concretamente de la búsqueda de las relaciones entre aprendizaje, saber y contexto (Lave, 1977), para iniciar en el feminismo un desplazamiento de los debates epistemológicos sobre la objetividad hacia una genealogía política de los saberes.

El saber situado, emerge como una respuesta a la doble atadura en la cual se encuentra la epistemología feminista a fin de los años '80, en su definición de objetividad: por una parte, entre el modelo del "constructivismo social radical" (que Haraway atribuye fundamentalmente a Bruno Latour), y el "empirismo feminista" sostenido por Sandra Harding; y por otra, entre el "saber subyugado", y las éticas del consentimiento informado. He ahí los límites del debate epistemológico.

Según Haraway, por un lado, el constructivismo considera toda forma de objetividad científica como siendo el resultado de un ejercicio retórico, el efecto de tensiones entre diferentes actores sociales en un campo de fuerzas. Aquí, la ciencia deviene texto y campo de poderes. Por otro, el empirismo feminista de Harding, más allá de la radical contingencia histórica de los modos de producción, afirma la posibilidad de una forma de objetividad feminista. El primer modelo conduce, según Haraway, a una hermenéutica totalitaria: objeto y sujeto de la ciencia son reducidos a instancias retóricas produciendo posiciones políticas cínicas y libertas. Pero, en la era de la dominación informática, el feminismo no puede permitirse este lujo romántico y modernista.

No obstante, Haraway se distancia del modelo de Harding: heredero de un cierto humanismo marxista, el empirismo feminista queda dependiente de las epistemologías trascendentes que aspiran a un saber puro, y presuponen un sujeto del saber ingenuo y emancipado (Haraway, 1988, 580-2). Frente a las autoridades científicas universales y a los relativismos culturales, Haraway sostiene la posibilidad de un saber situado como práctica de la objetividad subalterna. No se trata de ir más allá de los modelos precedentes o de sobrepasarlos a través de una Aufhebung dialéctica, sino más bien, atravesarlos para pervertirlos. Tanto el constructivismo radical como el empirismo feminista se dejan contaminar por un saber_vampiro.

La frontera: sitio de producción de saber

El saber situado parece inmediatamente hacer referencia a un lugar, una posición, una localización o un sitio; pero, una de las complejidades de esta noción es que ella viene a quebrantar el lugar mismo de la producción de saber. Entonces, Saber = Lugar, pero ¿de qué lugar se trata? Este lugar es una fisura, el efecto de una serie de desplazamientos: 1. las teorías y movimientos anti-coloniales hacia una crítica post-colonial; 2. del feminismo hegemónico heterocolonial hacia una crítica de la construcción transversal de la raza, del sexo, del género y de la sexualidad...; 3. de las políticas de las identidades hacia las políticas post-identitarias; de las políticas de los cuerpos hacia las cyborgologías desnaturalizadas.

1. Se asiste a un deslizamiento de las filosofías del tiempo hacia las filosofías del espacio. La diferencia (no más ontológica sino, más bien, epistemo-política) no está más determinada por una cualidad esencial (anatómica, lingüística, simbólica, económica...) sino por una irreducible pluralidad de los lugares. El saber no es ni abstracto ni deslocalizado. No existe por fuera de una geografía precisa. Walter Mignolo llama "geopolítica del saber" a este doble proceso de "espacialización del saber" y de "politización del lugar": "La consecuencia más importante de la geopolítica del saber es comprender que el saber funciona como los super flujos de la economía globalizada" (Mignolo, 2003).

La guerra de los saberes vampiros, es una lucha por el descentramiento geopolítico de los loci de la enunciación científica. Se está en una condición "global". Se habita una multiplicidad de espacios de fricción, de zonas fronterizas. Los subordinados no están más en una simple exterioridad colonial o sexual. El saber situado no constituye una trasgresión llegada de los márgenes de la normalidad (racial, sexual, económica...). Tanto París como Avignon, el bio-pene como la prótesis, han sobrevenido zonas híbridas, de contacto, de superposición. Cada una de las ciudades y cada uno de los órganos son simultáneamente próximos y distantes, familiares y exóticos, íntimos y extraños.

A diferencia de las narraciones anticolonialistas, feministas y homosexuales de los años '70, que establecían oposiciones binarias entre colonizadores y colonizados, o normales y perversos, reservándoles a estos últimos un lugar de exterioridad moral, cultural e, incluso, metafísica en relación a sus opresores, los saberes post-coloniales, queer y trans, entienden los regímenes de normalización colonial o sexual como un campo de fuerzas sin un exterior posible. Sin embargo, hay una pluralidad de mundos que no están completamente exteriores los unos a los otros. Leibniz se deja morder el cuello por Spinoza, el vampiro. Los primeros discursos post-coloniales surgen de esta condición tectónica de frotamiento. El no-lugar o el contra-lugar de emergencia de los saberes situados, es la frontera (Andalzua, 1987).

Algunos precursores de los saberes situados, expertos de las fronteras: Franz Fanon, Aimé Césaire, Edouard Glissant. Se encuentran aquí narraciones contra-coloniales que no acentúan lo autóctono sino, más bien, las zonas de contacto, las identidades transversales y los espacios híbridos. Se trata del espacio propio y a las lenguas e identidades criollas, mestizas, mulatas, post-indígenas. En otra placa geopolítica el creador de los Subaltern Studies, Ranajit Guha, habla de construir una nueva historiografía. Si la independencia de la India fue conquistada en 1947, es tiempo, ahora, de procurar "la emancipación por relación a la epistemología colonial" (Guha, 1988). De frente a la paradoja constitutiva del sujeto colonial, Guha profiere una crítica anti-epistemológica radical: las metodologías científicas hegemónicas (también las ciencias duras como las humanas) y sus categorías, no son simplemente incapaces de revelar la subjetividad de los dependientes, sino que producen, más bien, ellas mismas la condición de subordinación.

La pregunta es: ¿cómo producir un saber capaz de rendir cuenta de los posicionamientos históricos de los sujetos sometidos por la colonización? Mientras que en los años '80, Spivak había diagnosticado, con cierto pesimismo epistemológico, el borramiento sistemático de la voz del subordinado en el texto imperialista, algunos años más tarde Bhabha, Mohanty, Alexander... et Spivak misma, afirmaron de la existencia de lenguajes subalternos en las fracturas entre varios discursos hegemónicos. Lejos de una no-traducibilidad radical de la condición de subordinación, la crítica post-colonial reclama el estatuto fronterizo de todo lenguaje: no hay lenguaje que no sea producido de la traducción, de la contaminación, del tráfico. Si el saber dominante se caracteriza por una pretensión al monolingüismo, entonces, los saberes situados son las heteroglosias (Derrida, 1996). El saber_vampiro es una tecnología de traducción entre y a través de una multiplicidad de lenguas que se levantan contra la sobre-codificación de todas las lenguas en un lenguaje único.

2. En el curso de los años '80, nuevos discursos "globales" emergen en otra zona de fricción, entre los Estados Unidos y América central y del sur; pero, también, entre el pensamiento universitario dominante y los lenguajes del feminismo negro, chicano, lesbiano y trans. El Feminismo emancipacionista va a ser denunciado, por sus márgenes, como un saber hegemónico. El término post-feminismo registra este desplazamiento del lugar de la enunciación de un sujeto universal "mujer", hacia una multiplicidad de los sujetos situados. De Laurentis habla de una "ruptura constitutiva del sujeto del feminismo" que deriva de "la no coincidencia del sujeto del feminismo con las mujeres" (De Laurentis, 1994, 7). Este sujeto excéntrico del feminismo es el cyborg de Haraway.

Se trata de un desarreglo conceptual de los debates alrededor de la igualdad/ diferencia, justicia/ reconocimiento, e igualmente, esencialismo/ constructivismo, hacia los debates alrededor de la producción transversal de las diferencias. Transfeminismo es la forma que toma el feminismo cuando él corre el riesgo, de una situación en multiplicidad. El recurso esencialista de una solo noción de diferencia sexual o de género (esencialismos biológicos de la genitalidad o de la reproducción sexual, esencialismos marxistas dominados aún hoy por la noción de "división sexual del trabajo", o por aquella más a la moda de "feminización del circuito productivo", esencialismos lingüísticos o simbólicos) se ve hoy día, desbordado por un análisis transversal de la producción de las diferencias.

No se trata, simplemente, de tomar en cuenta la especificidad racial o étnica de la opresión, como una variable más, del lado de la opresión sexual y de género sino, más bien, de analizar los espacios de superposición entre género, sexo y raza (la sexualización de la raza y la racialización del sexo) como procesos constitutivos de la modernidad sexocolonial. La raza, la clase, el sexo, el género, la nacionalidad... no existen más que formando parte de una red compleja de relaciones mutuas. No de trata de adicionar política homosexual, política de género, política anti-racista...

Se trata de inventar "políticas relacionales" (Avtar Brah, 1996), crear "estrategias de interseccionalidad política" (Kimberly Crenshaw, 1996), que desafíen los espacios de "cruzamiento de las opresiones", de interlocking opressions (bell hooks, 2000). He aquí algunas figuras liminares que operan como índices de situacionalidad: la "frontera" y la "piel" de Gloria Andalzua, la "bastarda" y la "malinche" de Cherri Moraga, el "cyborg", el "coyote", el "virus", le Modest_Witness, l'OncoMouse‘, le FemaleMan" de Donna Haraway, "el sujeto nómada" de Rosi Braidotti, "el intelectual orgánico" de Aurora Lewis, la "mimesis desviada" de Hommi Bhabha, el "drag" y la "cita subversiva" de Judith Butler, "gender blending" de Kate Bornstein, el hermaphrodyke de Del Lagrace Volcano, "el dildo" o "la prótesis" de Preciado, la "trans-formación" de Terre Thaemlitz... Todas estas nociones deslegitiman la pureza, la teleología y la unidimensionalidad, de los saberes producidos por las representaciones de modernidad sexo-colonial.

3. El saber situado se opone al saber subyugado y a las éticas del consentimiento informado. D. J. Haraway bifurca en circuito cerrado a Foucault, Marx y el tecnoliberalismo para producir un zarpazo. El bucle dice: saberes = comunidades = poderes. El saber subyugado no es inmediatamente un saber situado. La subordinación no es una plataforma inocente productora de objetividad. "La subordinación, dice Haraway, no constituye un piso para una ontología". Frente a la evolución de las políticas de las identidades de los últimos 30 años, Haraway critica la facilidad de los saberes subyugados en volverse fuerzas de normalización y de naturalización: institucionalización de las políticas de los géneros, políticas gays y lesbianas asimilacionistas, esencializaciones nacionalistas de proyectos anticoloniales...

O peor, los saberes suyugados tienden a la elaboración de los peritos-víctimas, a la naturalización de la opresión, a la construcción de un sujeto político fundador (la mujer, el proletario, el homosexual, el desocupado, el artista, etc.) y a la producción de los afuera constitutivos (las putas, los working poor, los trans, los alternos, los trabajadores del sexo, etc.) como condición de la acción política. "Las posiciones de los subyugados, dice Haraway, no están exentas de los re-exámenes críticos, las decodificaciones, las de-construcciones y las interpretaciones... La identidad no produce ciencia; la posición crítica, si" (Haraway, 1988, 586-7).

El saber situado no puede, tampoco, ser confundido con las éticas de consentimiento informado: variantes ultra liberales del supercapitalismo global que promueven el acceso al saber (del usuario, del enfermo, del trabajador), como una condición de posibilidad de las elecciones informadas en un mundo de individuos libres e iguales ante la ley. Las epistemologías contra-hegemónicas se debaten entre dos sujetos imposibles: por una parte, un sujeto esférico de la historia opositora (sea las "mujeres del Tercer Mundo", sea el sujeto "queer", sea los parias de la tierra...), un sujeto revolucionario último que opera como motor de la historia y que, paradójicamente, puede hablar en nombre de todos; por otra parte, un sujeto estallado por la acumulación estadística de las diferencias multiculturales con sus saberes bien informados.

En el primer caso, se desliza progresivamente hacia una suerte de internacionalismo cosmopolita paria-queer; en el segundo, ninguna necesidad de alianzas políticas sino, más bien, de estrategias de (...), de mecanismos de defensa de los derechos de las minorías (derechos de las mujeres, de los gays, de los enfermos...) en tanto que ellos son, también, los consumidores siempre fieles a la búsqueda de más representación y más visibilidad. A riesgo de caer de nuevo en un universalismo de las meta-opresiones, no se puede continuar, hoy día, en utilizar la palabra "queer", para hablar de un saber menor o local.

Recientemente en Europa, y después de algunos años en los Estados Unidos, la palabra queer se ha visto sobrecodificar, recolonizar por el discurso dominante: Ardisson ya había registrado la palabra queer en 1998 en la INPI, pero es preciso esperar hasta 2004 para ver aparecer toda una serie de discursos normativizantes tanto como mediáticos (pinkinisation de las identidades) y académicos, que van a apropiarse del calificativo queer para tomarlo en sus propios efectos de saber-poder. El actual contexto de reapropiación exige un desplazamiento aún más vertiginoso. Mi propia formulación "multitudes queer" es hoy, un posicionamiento políticamente obsoleto.

Queer, no puede constituir un suelo llano para sostener el conjunto de los saberes menores de los géneros, de los sexos y de las sexualidades. Fastidio para los gurús; pero estamos frente a una imposibilidad constitutiva de totalizar la crítica. No hay expertos de los expertos locales. Es necesario mantener la fragmentación de la enunciación a hacerse: agenciamientos transpédéféministesmusulmanogouines... Esto no implica la imposibilidad de una alianza local de las multiplicidades; bien por el contrario, una alianza menor no existe más que en la multiplicidad de la enunciación, como corte transversal de las diferencias.

No se trata de de elegir entre un saber hegemónico y arreglado, y un conjunto de saberes colectivos inocentes y no conmensurables. No hay resolución para una tal dialéctica, porque la dialéctica y su resolución son ellas mismas las figuras del saber único. No hay una forma privilegiada de oposición sino una multitud de fugas. El saber situado recuerda, dice Haraway, el juego "cat's cradle" (Haraway, 2000, 156): no se da en tanto que oposición, ni en tanto resolución dialéctica, sino en tanto que conexión rizomática.

La objetividad situada no viene ni de una subjetividad individual ni de una identidad esencial. Ella es conexión sintética de las series heterogéneas. Saberes = Comunidades = Poderes. El saber situado no es jamás el saber de un lugar privado o individual (mis genes, mi género, mi trabajo, yo, mi elección) (Haraway, 2000, 152), sino, arreglo colectivo, producto de una relación transversal de las diferencias en el interior y a través de las comunidades. El saber situado es la noche de nupcias colectiva, el Sabbat de las brujas digitales. El sujeto del saber situado no coincide ni con una identidad esencial, ni con un sujeto universal, simplemente es, dice Haraway, "Modest Witness" (Haraway, 2000, 161).

Haraway toma la expresión "Testigo modesto" del método experimental de Robert Boyle, como método contextual determinado por la práctica de ser testigo y por la relación de la verdad a una comunidad de saber -frente a los detractores del método experimental como Thomas Hobbes, que defendía un saber único y trascendente, independiente de las comunidades de las cuales procede. El sujeto del saber situado es un vampiro. Es necesario morder o ser mordido para saber. Ser testigo de su propia mutación. Tomar el riego de la alquimia.

El terreno de la epistemología se rompe para abrir un espacio ético-político: "ser testigo", para Haraway, depende de la relación constitutiva entre "testar" y "atestiguar" (Haraway, 2000,161). "Ser testigo", es ver, atestiguar, volverse públicamente responsable de, y físicamente vulnerable a, sus propias visiones y representaciones." (Haraway, 2000, 155). Ver siempre con otro pero jamás en su lugar. El vampiro, el Testigo Modesto, más que un sujeto en el sentido político o metafísico del término es una jauría, una banda, una multiplicidad, un proceso de mutación: "el vampiro contamina las descendencias durante la noche nupcial... efectúa las transformaciones de las categorías a través de un pasaje ilegítimo de las sustancias... él infecta el cosmos, la comunidad orgánica cerrada. El vampiro es trans. De ahí este extraño imperativo: o bien, acabar la política o, bien, hacer la política como un vampiro.

4. Saber situado es el nombre que da Haraway a la forma de objetividad científica feminista propia al cuerpo post-orgánico: "embodied objectivity", objetividad encarnada. "La objetividad deviene una forma específica y particular de encarnación, no una falsa visión prometiendo la trascendencia de todos los límites y responsabilidades. La moral es simple: solo la perspectiva parcial promete una visión objetiva". "La objetividad feminista encarnada" no hace referencia a "un sitio fijo en un cuerpo réifié, un cuerpo mujer u otro" (Haraway, 1988, 589) sino, más bien, al cuerpo en tanto prótesis tecnobiopolítico.

El lugar de la objetividad no es un cuerpo prediscursivo libre de toda intervención tecnológica, sino un cuerpo tecnoorgánico, una subjetividad protésico que ha incorporado ya la tecnología. El sujeto del saber situado es una interfase cuerpo_tecnología. El lugar de producción de saber y de vida está en mutación. En este espacio, propio a los saberes vampiros, reinan los estados intermediarios entre la vida y la muerte: la vida vegetativa, la muerte cerebral, las hormonas, los embriones, los virus, etc.

Si, como lo quería Foucault, se trata de una biopolítica, esta biopolítica no puede caracterizarse simplemente como una política del viviente sino, más bien, como "una informática de la dominación de los cuerpos tecno-vivientes" (Haraway, 2000,162). Hemos pasado de una sociedad industrial a un sistema polimorfo y protésico de información. Registramos un desplazamiento de los modelos físicos y termodinámicos (teorías de la represión, de la lucha, de la reistencia...) hacia los modelos cyber-textuales, pero, también, epidemiológicos e inmunológicos en los cuales existe una primacía de la ecología política. ¡Porqué, entonces, resistir si podemos mutar! El cyborg (término inventado en 1960 por Manfred Clynes y Nathan Kline para nombrar una rata de laboratorioa quien había sido implantado una bomba osmótica y un sistema de control cibernético) de Haraway, no es más que una de las figuras para designar esta condición de incorporación protésica.

Todas las líneas de descendencia de la supermodernidad se cruzan en el cyborg: la automatización del trabajo, la sexualisación de la máquina, la computarización de la guerra, y la digitalización de la información. El cuerpo del saber situado es, al mismo tiempo, una criatura orgánica y artificial, un sistema tecnoviviente. ¡Pero atención!, la vida cyborg no es la existencia mecánica de la computadora sino, más bien, como lo enseña Chela Sandoval, "la vida de una chica que trabaja en asar las haburguesas y que habla el lenguaje-Mac Donalds" (Sandoval, 2000). El cuerpo post-orgánico existe en los intersticios, entre las oposiciones que constituyen la supermodernidad: animal/ humano, mecánico/ orgánico, blanco/ negro, masculino/ femenino, hetero/ homo, bio/ trans... Este trans_sujeto es "el monstruo", del cual Haraway espera nuevos proyectos políticos (Haraway, 1992).

El laboratorio: la noche de bodas de los expertos_resucitados

El acceso de los subordinados a las tecnologías de producción de saber, el desplazamiento del sujeto de la enunciación científica, genera una ruptura epistemológica. En 1976, Foucault identifica esta ruptura y la denomina "retorno de los saberes sometidos". Es la noche de los muertos-vivientes del conocimiento. Aquellos que habían sido producidos hasta ahora como objetos de la pericia médica, psiquiátrica, antropológica o colonial, los subalternos, los anormales, van progresivamente a reclamar la producción de un saber local, un saber, sobre ellos mismos, que interroga el saber hegemónico.

Es un proceso de "fragilidad general de los suelos", un hundimiento operado por la multiplicidad "de las críticas discontinuas y particulares o locales" (Foucault, 1976,163): "Se trata, de hecho, de hacer jugar los saberes locales, discontinuos, descalificados, no legitimados, contra la instancia teórica unitaria que pretendería filtrarlos, exorcizarlos, ordenarlos en nombre de un conocimiento verdadero, en nombre de los derechos de una ciencia que sería detentada por algunos" (Foucault, 1976,165). Códigos de los géneros, variaciones de los sexos, identidades sexuales, morfologías corporales, técnicas de gestión de empresas de los afectos, franjas enteras del tiempo dedicadas a la relación y a la atención del viviente, se vuelven posesiones en el interior de los regímenes reguladores del Supercapitalismo.

Tanto las marcas de fábrica de las industrias culturales y mediáticas, como también las patentes de las compañías farmacéuticas y médicas. Prácticas de medición, tales como pruebas hormonales, peritajes psiquiátricos o jurídicos, pruebas genéticas, pero también ecografías in útero, protocolos de asignación y cambio del sexo, balances profesionales, tablas de rentabilidad del trabajo y de la producción, programas de planificación familiar... forman parte del trabajo tecno-discursivo de las ciencias para reproducir la materialidad del viviente en el circuito Sexo-Capital.

Eso es la "biopolítica del cuerpo post-moderno" (Haraway, 1989). En este espacio viscoso se sitúan los movimientos post-feministas Black, pedes, putas, trans, pero también grupos tales como Act Up, PONY, o todavía los movimientos de los alternos, postporno, el movimiento cripple, precarias a la deriva, el sexyshocks, etc... Una pluralidad multiforme de las jaurías se eleva contra los procesos de capitalización de la viviente. Un Evangelion le talla con tal precisión una cyberpipa al doctor Ikari, como él le hace una vaginoplastía, registrando un porno-trans-dilto.

Asistimos a un proceso múltiple de re-apropiación de las tecnologías de producción de los objetos bio-discursivos tales como el sexo, el género, la sexualidad pero, también, la raza, la reproducción, la enfermedad, el handicap, el trabajo o, incluso, la muerte. Tantos objetos de conocimiento producidos por los discursos biomédicos, psicológicos o, aún, económicos que, lejos de ser entidades textuales, toman la forma del viviente.

Frankenstein abre un consultorio de experto "freak" en Silicone Valley. El objeto del saber (el perverso, el desocupado, la puta, el artista el criminal...) se vuelve agente, a través del análisis y el desvío de los discursos y de las técnicas que lo habían producido, como especie a controlar. Aquí "la localización es, ella misma, tanto una construcción compleja como una herencia" (Haraway, 1988). Estas "nuevas tecnologías de posicionamiento" (Haraway, 1988), son los lazos de donde los sometidos se reapropian de "un saber de la anomalía, con todas las técnicas que le están ligadas" (Foucault, 1976, 161). Es una política desnaturalizada, estructurada en torno de los lazos sintéticos de afinidad, una política que conecta las diferencias, que establece las alianzas rizomáticas en la discontinuidad, y no en el consenso, una política hecha de "redes de posicionamiento diferenciales" (Chela Sandoval, 2000).

Comienza aquí una transvaluación de la relación tradicional entre estética y política: se hablará de políticas de los afectos o de estéticas celulares. Esta misma ecuación se reproduce en un quiasma donde se entrecruzan la teatralización del espacio político (políticas performativas) y la experimentación virtuosa en el dominio de la subjetividad (estética cyborgológica). Se trata de un espinozismo de la micro-pasión política: un laboratorio para los peritos en el cual, los cuerpos testean colectivamente las formas de las vida. La política se vuelve brujería.

Gracias a Louis Gao, Antonella Corsari y François Matheron por su lectura y su corrección de este texto en francés.

Bibliographie

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Trad. Norberto Gómez

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