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Porque la bisexualidad no es el tercero en discordia[1]

por Josito
sábado, 12 de julio del 2008 a las 16:15
guardado en

 

 

La bisexualidad no es homosexualidad secreta, ni heterosexualidad escondida. La bisexualidad es otro camino de la expresión sexual. Fritz Klein. The Bisexual Option.[2]

 

Por Myriam Brito Domínguez

Grupo Opción Bisexual

            Cuando comprendí, hace ya unos siete u ocho años, que me podían gustar hombres y mujeres, me sentí muy bien, me sentía especial, me sentía diferente y esa diferencia me gustaba; en ese tiempo no podía saber que ese rasgo particular de mi vida me haría colocarme en un largo, complicado, pero interesante proceso. En esos años ya me había acostumbrado a ser distinta y "rara" a las personas que me rodeaban, en los espacios en los que me movía, tal vez por eso no me sentí mal, ni culpable, cuando acepté que al mirar a algunas mujeres algo en mí se deleitaba y que eso no hacía que me dejaran de gustar algunos hombres. Tampoco me fue mal cuando se lo dije a quien es mi pareja desde hace 11 años, él fue el primero en saberlo, me dijo que no había problema, que estaba bien, que lo respetaba; mis amigas más cercanas en ese tiempo también lo respetaron, al menos por eso, no hubo problemas. Con mi familia, como es de esperarse en una sociedad como la nuestra, otra fue la historia, tuvo sus respectivos dramas y sus inevitables rechazos, reproches y culpabilidades, afortunadamente, para entonces ya había comprendido que era conveniente no hacerle demasiado caso a la familia. En ese tiempo yo no conocía la palabra "bisexual", esa me la encontré unos pocos años después, sin embargo, ya sabía que yo "poseía" algo que me hacía sentir muy especial: me podían gustar mujeres y hombres. Vivirlo, disfrutarlo, experimentar, relacionarme y llevarme más de un susto, es otra parte de la historia.

            Cuando escuché la palabra "bisexual" y supe de su significado (fue tan simple: la persona a la que le gustan hombres y mujeres), me encantó y me la apropié de inmediato, me identifiqué, eso era yo: bisexual. La verdad es que fui muy ingenua, de haber sabido de todos los prejuicios que se asocian con ella...igual me la hubiera apropiado, aunque con algo de temor, supongo.

            Afortunadamente para mí, pude encontrar a mis semejantes con cierta facilidad: en una Marcha del Orgullo, era el grupo "Caracol Red Mixta Bisexual", el proyecto no duró mucho tiempo, pero después, gracias a Angélica Ramírez y Natalia Anaya, se creó el grupo "Sentido Bisexual" y ahí puede ir compartiendo y viviendo la parte bisexual de mi persona.

            Lo primero que me sorprendió cuando comencé a ir a este grupo, fue escuchar a otras compañeras y compañeros contando del rechazo y desprecio que vivían departe de lesbianas y gays porque creían (y desafortunadamente muchas y muchos lo siguen creyendo) que las y los bisexuales éramos "demasiado diferentes", que no teníamos el valor de definirnos como lesbianas o gays, que éramos promiscuas y promiscuos, infieles, que contagiamos el SIDA, y una larga lista de "creativos" prejuicios. Recuerdo que esto me sorprendió e indignó muchísimo: ¿acaso nos estaban estigmatizando, rechazando y maltratando por nuestra bisexualidad, aquellas y aquellos que han vivido las dolorosas consecuencias del estigma, el rechazo y el maltrato debido a su orientación sexual "diferente"? Como es de esperarse, la respuesta fue sí.

            Algunas personas me han dicho que esto no tendría porque sorprenderme demasiado, que no son raras las actitudes de exclusión, desprecio y discriminación entre las y los excluidos, despreciados y discriminados, que así es la "naturaleza humana", que al final las y los humanos no somos perfectas ni perfectos, y que mejor no les haga caso, "ya ves como son las lesbianas y los gays". Estas son ideas interesantes y sí me las creyera del todo e hiciera caso al consejo, tal vez me evitaría muchos problemas y dolores de estómago, pero no, no me conformo con aceptar que "así somos" y que ello no tiene remedio, aún creo, no obstante las personas y los hechos que abonan en contra, que se puede contribuir a tener otro tipo de diálogo y relación entre las y los disidentes sexuales, espero no soñar demasiado si pienso que pueden mejorar.

            Así, considero que un camino para ir cuestionando, o al menos sacudiendo a los prejuicios, es presentándolos con la información, es por ello que voy a dar una breve definición sobre la bisexualidad, para hablar después de algunos de los prejuicios más recurrentes que se asocian con ésta.

            La bisexualidad es una orientación sexual, como la heterosexual y la homosexual, obviamente no es una enfermedad, ni una desviación; tampoco es un desafortunado desacomodo de la psique o una locura doble. Lejos de ello, la bisexualidad nos remite a esa dimensión del deseo o la atracción sexual en donde se contempla (potencialmente) a mujeres y hombres. De esta forma, las personas con una orientación bisexual somos quienes tenemos sentimientos eróticos, afectos, fantasías, vínculos y/o experiencias con mujeres y hombres, y/o nos identificamos como bisexuales.

            Con respecto a los prejuicios que se asocian con la bisexualidad, la lista es larga, pero los he agrupado y dividido en cinco grupos, esta división, como es de esperarse, es una propuesta para exponer el tema, obviamente otras autoras y autores lo exponen de forma distinta.

            Prejuicio 1) A las y los bisexuales nos gustan mujeres y hombres por igual, con la misma intensidad y fuerza, todas las mujeres y todos los hombres, por ello somos "supersexuales", "hipersexuales" o "le tiramos a todo lo que se mueva". Falso, la bisexualidad no atrofia ni anula nuestra capacidad de elección, ni nuestra voluntad, podemos elegir con quien relacionarnos y con quien no, así que no es verdad que nos gusten todas las mujeres ni todos los hombres, piénselo, tampoco es cierto a las lesbianas les gusten todas las mujeres, a los gays todos los hombres, a las mujeres heterosexuales todos los hombres o a los hombres heterosexuales todas las mujeres.

            Prejuicio 2) Las personas bisexuales somos infieles "por naturaleza", no somos confiables porque no podemos establecer relaciones duraderas y menos aún, monogámicas. Falso, la cuestión de la fidelidad y el problema de la infidelidad no están relacionados directamente con la orientación sexo-afectiva, sino con normas y acuerdos sociales en contextos específicos. Cualquier persona puede ser fiel o infiel de acuerdo con sus propias decisiones y/o con imperativos morales, no es sólo cuestión de quién me gusta o con quién me relaciono, sino también de cómo y bajo que reglas o acuerdos establezco mis relaciones amorosas, afectivas y/o eróticas. El que a las personas con una orientación bisexual nos pueden gustar hombres y mujeres, no implica necesariamente, que nos relacionemos con varias personas al mismo tiempo o que no podamos establecer relaciones duraderas e incluso monogámicas.

            Prejuicio 3) Las y los bisexuales somos personas indecisas, nuestro deseo sexual es "ambiguo", "no sabemos lo que queremos" o lo "queremos todo", seguramente "somos lesbianas o gays de clóset" que no nos atrevemos a definirnos por "blanco o negro" porque nos da miedo o porque no queremos dejar nuestra "cómoda cara heterosexual"; o tal vez sólo estamos en un período de transición hacia "las verdaderas orientaciones sexuales" (que son las gay y lésbica, por supuesto) y que eso de ser bisexuales "seguramente se nos pasará pronto". Falso (y ofensivo), las personas que nos identificamos como bisexuales, como cualquiera otra, sabemos lo que sentimos y lo queremos, nuestra orientación sexual es clara y no nos impide saber cómo nos asumimos y qué le da sentido a nuestro deseo y a nuestras relaciones erótico-afectivas. Si bien es cierto que hay casos en los que la orientación del deseo puede cambiar, no es verdad que esto sea lo común. Nadie tiene el derecho a exigir que me defina si estoy "con melón o con sandia", "conmigo o contra mí", mi definición y decisión es ser esa, soy bisexual ¿qué mayor claridad se necesita tener? Nadie tiene tampoco el derecho a decirme cuáles son mis "verdaderos" preferencias, gustos o afectos, nadie puede saber más que yo a este respecto, como dice el psicoterapeuta David Barrios, "la experta en mí, soy yo y sólo yo".

            Prejuicio 4) Las y los bisexuales necesitamos estar con una mujer y un hombre al mismo tiempo para ser "bisexuales de a de veras", sino es así ¿qué caso tiene ser bisexuales? Este prejuicio está relacionado con dos estereotipos comunes: generalmente se piensa que bisexual es un hombre masculino y casado que tiene relaciones con otros hombres. En el caso de las mujeres, se piensa en dos bisexuales que se relacionan con un hombre, pero para el placer de éste. Lo cierto es que la bisexualidad femenina, como mucho de lo que se asocia con las mujeres, está invisibilizada, normalmente no se cree que existan mujeres bisexuales y cuando sí se hace, se recurre a este estereotipo. Sin embargo, las personas de carne y hueso, las personas concretas en sus relaciones concretas, establecen muchas y diferentes clases de vínculos, lejos de estos estereotipos, pues la realidad siempre es más compleja que estas maneras simplistas de encasillarla.

            Prejuicio 5) Las y los bisexuales somos lo mismo que lesbianas y gays. Falso, la bisexualidad tiene sus propias particularidades, ya que nuestra identificación sexual se estructura con otros elementos, en principio, nos pueden gustar mujeres y hombres y ello trae consigo diferencias importantes para la conformación de nuestra orientación erótico-afectiva. Es cierto que compartimos con lesbianas y gays el tener una orientación distinta a la heterosexual, con todo lo que ello implica, sin embargo, no somos lo mismo (lo cual no significa, hay que decirlo, que no podamos trabajar juntas y juntos o construir proyectos en común).

            Estos prejuicios, junto con muchos otros, han contribuido a crear una idea estereotipada y negativa de la bisexualidad y de las personas que se identifican con ella o se asumen abiertamente como bisexuales.

            Algunas autoras y autores que han escrito sobre el tema, consideran que el rechazo hacia la bisexualidad se genera a partir de una visión dicotómica de la sexualidad en donde se establecen dos polos irreductibles y contrapuestos: heterosexual versus homosexual, y en donde la bisexualidad no tiene sentido, ni cabida. Al respecto, Gloria Careaga plantea que "la construcción de los conceptos de homosexualidad-heterosexualidad y el reconocimiento de que la atracción sexual de éstos forma parte de su identidad, llevó a una nueva cuestión, la concepción de que las personas con atracción por ambos sexos, parecen ser ahora las antinaturales (...) la lucha no es fácil, la bisexualidad es una condición difícil de aceptar en un mundo donde aún prevalece de manera significativa el pensamiento bipolar" (Careaga, 2001: 121, 127). Lo cierto es que estas visiones dicotómicas del mundo son algo recurrente y común (aunque no por ello menos desafortunadas), forman parte de actitudes que buscan reducir y simplificar la complejidad de manera que genere certeza y seguridad. "Blanco o negro, bueno o malo, conmigo o contra mí", son términos que, para el caso que nos ocupa, permiten reducir a un mínimo la complejidad que es inherente al mundo humano. Estas reducciones nos impiden reflexionar, buscan reducir esta complejidad al mínimo, tratan de generar explicaciones sencillas y simples, y por ello, capaces de darnos seguridad. Es más fácil mirar al mundo en términos de blanco y negro en lugar de ver toda la gama tonalidades que hay entre ambos polos. Es más sencillo pensar que las personas sólo pueden optar por la homosexualidad o la heterosexualidad, en lugar de considerar que las personas podemos sentir, amar y relacionarnos de múltiples y complejas formas, sin embargo, pensarlo así, puede romper nuestros esquemas explicativos, cuestionarlo y poner en entredicho certezas fundamentales, lo cual, muy posiblemente, se encuentra en la base del temor y el rechazo. Por ello, como afirma Angélica Ramírez "la bisexualidad es un reto a las bipolaridades; desde el momento mismo de aceptar esta orientación como realmente existente trastocamos de algún modo las polaridades mutuamente excluyentes que ha conceptualizado las orientaciones o las preferencias sexuales" (Ramírez, 2000:12).

            Estos argumentos aportan algunas ideas para entender el rechazo y la exclusión de la bisexualidad sin embargo, me parece que hace falta considerar otros elementos. Desde mi perspectiva, el rechazo hacia la bisexualidad, desde diversos frentes, así como también el de la homosexualidad y la transgeneridad, son parte de procesos sociales, que se relacionan, por un lado, con la forma compleja y contradictoria en que se han estructurado los referentes de género en las sociedades contemporáneas, esto es, con la manera en que el género, en su doble dimensión femenino/masculino y mujer/hombre, entrecruzado con dinámicas que se pueden denominar como tradicionales y modernas, se establecen como referentes para las identidades individuales y colectivas. Por otro lado, también hay que considerar lo que Foucault llama la dispersión de las sexualidades y la explosión de las heterogeneidades sexuales, como procesos sociales que se desarrollan desde el siglo XIX, y en el que asistimos a la proliferación de las sexualidades, los deseos, los placeres y los cuerpos, junto con el desarrollo de una multiplicidad de dispositivos para hacer hablar del sexo, para estudiarlo, administrarlo, controlarlo, y extraerle "su verdad", a través de los distintos discursos de la ciencia.

            Sobre lo que quiero llamar la atención aquí, es que las ideas que predominan en nuestras sociedades y nuestro tiempo y que asocian a la heterosexualidad con "lo natural y lo normal", y a la homosexualidad y la bisexualidad con "lo desviado y lo anormal"; así como las aparentes correspondencias naturales e inamovibles entre los niveles del cuerpo, el género y el deseo sexual (esto es, que por ver en un cuerpo lo que se considera una vagina o un pene, se establece que alguien es mujer u hombre y que por ello "naturalmente" se sentirán atraída o atraído por su "opuesto sexual"), son construcciones culturales, humanas, las cuales han ido tomando forma y se han estructurado en procesos y dinámicas sociales muy complejas. Si bien es cierto que en esto radica la expectativa de cambio, ello también implica una inconmensurable dificultad para su deconstrucción, el que un fenómeno sea cultural o social, no significa que sea algo sencillo o simple, por el contrario, las construcciones y elaboraciones humanas son difíciles de entender, están formadas por múltiples y complicados elementos y dinámicas, no obstante su inherente posibilidad de transformación.

            Así, el rechazo y menosprecio hacia aquellas orientaciones sexuales que son consideradas como "diferentes" (y aquí estamos incluidas e incluidos lesbianas, bisexuales y gays, independientemente de si simpatizamos o no entre nosotras y nosotros) es un problema social y cultural muy complejo, el cual requiere ser analizado y tratado desde varios frentes. En mi opinión habría que distinguir entre tres niveles básicos: el de la construcción de las identidades, esto es, los procesos y los referentes en los que se construyen las identidades a nivel individual y colectivo en las sociedades de nuestro tiempo; el nivel de la ética, entendida aquí como el ámbito en el que las personas deciden y eligen por sí mismas qué hacer con su orientación sexual y de las condiciones necesarias para que ello ocurra; y el nivel político, que se refiere a la lucha y defensa de las orientaciones sexuales que disienten con las normas sexuales dominantes, así como la reivindicación de los derechos humanos y fundamentales de todas las personas.

            No digo nada nuevo al afirmar que aún hay mucho camino que recorrer para que deje de ser un problema, y muchas veces hasta un riesgo para la dignidad y la vida humana, el tener una orientación sexual "distinta" a la que se reconoce y acepta en nuestro tiempo; sin embargo, creo que es importante, considerando la magnitud del problema, que en la media de lo posible, bisexuales, lesbianas, gays, travestís, transgéneros, transexuales, intersexuales y todas las personas que de una u otra manera formamos parte, de lo que por ahora se consideran las disidencias sexuales, nos movamos de nuestros nichos y nuestro aislamiento; que nos animemos a acercar nuestro ser con las otras, los otros, les otres; que dejemos a un lado nuestra desconfianza hacia "lo diferente, dentro de lo diferente"; que debilitemos al temor, el miedo o la arrogancia, para acercarnos y buscar como enfrentar estos, nuestros problemas, buscando puntos en común o al menos, no en demasiado desacuerdo.

Bibliografía

Klein, Fritz (1993). The Bisexual Option. The Haworth Press. New York. Second Edition. 215 pp.

Foucault, Michel (1998). Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber. Siglo XXI. México. Trad. Ulises Guinazú. Ed. Original, 1976. 194 pp.

Ramírez Roa, Angélica (2000). "De las dicotomías y los estigmas" en Revista UYAM. Núms. 2 y 3. México. Enero-agosto, 2000. pp. 9-13.


[1] Ponencia presentada en el Segundo Encuentro de Escritores sobre Disidencia Sexual e Identidades Sexo-genéricas, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, octubre de 2005.

[2] Klein, Fritz (1993). The Bisexual Option. The Haworth Press. New York. Second Edition. 215 pp. (Traducción propia).

La bisexualidad es una identidad política

por Josito
sábado, 12 de julio del 2008 a las 16:12
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Por José Antonio Hernández Reyes

www.opcionbi.com

La bisexualidad es invisible en general. Aunque se conoce más oficialmente que hay gente que desea sexualmente tanto a hombres como a mujeres, por ejemplo hace poco hubo un boom de mujeres cantantes y actrices en Hollywood sacando del closet sus deseos tanto por hombres como por mujeres, aunque compartiendo todas, el llevar una vida heterosexual. También se sabe de personas con prácticas bisexuales pues la epidemia del VIH/SIDA saco de jalón a la luz a los hombres teniendo sexo con mujeres y con hombres que entonces empezaron a ser objeto de atención de la academia y el activismo.

Pero si se saben de deseos y prácticas bisexuales, lo desconocido e invisible totalmente es que muchas personas nos identificamos como Bisexuales de una forma política. Cuando alguien dice que es bisexual, hay diversas reacciones, pero dos son las mas frecuentes, o de plano no se escucha lo que se dijo o se toma como una palabra que simplemente describe ya sea prácticas o deseos.

Todo lo contrario sucede cuando alguien dice que es gay o lesbiana, eso si se escucha (cabe mencionar que en el caso de las lesbianas, no siempre) y casi nunca se toma como una simple descripción de prácticas y deseos homosexuales. Mucho mas frecuentemente se toma como una identidad esencial al sujeto y que conlleva tener cierto tipo de características, esto se toma así tanto en espacios gays, como en espacios heterosexuales. Y en espacios gays se toma frecuentemente ese dicho (soy gay o soy lesbiana) como un dicho político, de reinvidicación, de orgullo, de que se ha llegado al final de un proceso espinoso de reconocimiento.

Algunos bisexuales al decir que somos bisexuales también estamos reinvidicando que el deseo por hombres y por mujeres puede coexistir, que nos sentimos orgullosos de nuestras prácticas o de nuestras fantasías. Que la bisexualidad ha sido algo que ha marcado nuestras vidas y que hemos sufrido desconocimiento y por ellos no es importante decirlo, y elegimos esta palabra para expresarlo: Bisexual.

Bisexual es otra palabra que puede significar nuestro pleno reconocimiento de nuestros deseos homosexuales, Gay no es la única. Muchos bisexuales empiezan sufriendo toda la homofobia y heterosexismo en un ambiente hostil heterosexual. Por lo que sus deseos y/o prácticas homosexuales son las problemáticas y Bisexual es una palabra con la que muchos de ellos llegan a reinvidicar y reconocer plenamente esta parte de ellos, al mismo tiempo que no invisibiliza que sus deseos y/o prácticas heterosexuales siempre han estado ahí.

Pero los bisexuales no solo son estigmatizados por tener deseos y/o prácticas homosexuales, sino lo son por sus deseos y/o prácticas bisexuales, y a veces no tanto por tenerlos o ejercerlos sino por el atrevimiento de reconocerlos. Es ahí donde muchos bisexuales que entran a espacios gays, lésbicos y/o heterosexuales progresistas se dan cuenta que se equivocaron cuando pensaron que ahí no habría ningún problema con su bisexualidad. Si lo hay y es entonces cuando resienten toda la bifobia y monosexismo.

Decirse Bisexual en un ambiente heterosexual homófobo, si tiene el mismo efecto político que decir que se es Gay o Lesbiana, el rechazo o la violencia no es distinto o gradual según lo que se diga. Pero en espacios gays, lésbicos y/o heterosexuales progresistas como espacios feministas, de estudios de la masculinidades o de lucha contra el VIH/SIDA y por los derechos sexuales y reproductivos es donde esa identidad política es complemente invisible o minusvalorizada. Y son los espacios que muchos de nosotros consideramos nuestros hogares, es por ello que no es tan doloroso que suceda así y tan importante trabajar el tema en estos espacios.

La monosexualidad obligatoria es la obligación de que tengas deseos y prácticas sexuales solamente por uno de los dos sexos reconocidos. Esto lleva a pensar como imposible o inferior todo lo que no sea monosexual (heterosexual o homosexual) y a esto se le llama monosexismo. Esto afecta a bisexuales, pero también a las personas transgénero y a sus amores y a todos los heterosexuales, gays y lesbianas que aparentemente no son congruentes con su identidad.

Nombrarse bisexual es paradójico. Al mismo tiempo que con el solo hecho de hacerlo estas desmantelando la díada heterosexual/homosexual y muchos supuestos y por ello también el solo nombrarse es algo fuertemente político. También estas reforzando un sistema categorial, agregando simplemente una tercera categoría a las ya existentes, porque lo que angustia mucho es no saber colocarte en algún lugar de nuestro mapa sexual.

Gays y Lesbianas han reflexionado sobre las paradojas de las identidades, y eso los ha hecho darle un giro a la utilización de la identidad, reforzar identidades esenciales o a no identificarse. Movimientos como el queer han surgido al calor de estos debates. Hartos de que Gay y Lesbiana haga al momento pensarse en toda una serie de supuestos acerca de ellos, y por supuesto en especial los que no comparten las características mas valoradas: Hombres de clase media. No es casual que el movimiento lésbico feminista muestre muchas reticencias hacia el movimiento queer. Porque lo queer paradójicamente se puede convertir en invisibilizador. Se anuncia la muerte de la identidad gay arrastrándose a otras identidades que apenas y se estaban visibilizando y posicionando como las lesbianas, las travestis, l@s transexuales. Y por lo tanto se crítica que otras que no son visibles, intenten visibilizarse, como los bisexuales y los poliamorosos y los intersexuales.

Por ello respecto a este debate queer y bisexual yo creo en la utilización de las identidades, que inevitablemente puede llegar a cuestiones no previstas o indeseables y que no quiere decir que elija solamente un lado de la discusión como el bueno. Porque nunca hay un camino totalmente limpio y sin fisuras y otro completamente sucio y con obstáculos, ni las metas son de total fracaso o de total éxito.  Y siempre entre dos opciones (como entre la homosexualidad y la heterosexualidad), puedes elegir la meta pero irte por el camino de la otra, puedes elegir recorrer una un tiempo y saltarte la otra, puedes elegir inventar un tercer camino, puedes elegir no elegir.

ORGULLOSAMENTE BISEXUAL

La bisexualidad entra a la escena activista

por Josito
sábado, 12 de julio del 2008 a las 16:11
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Eternamente bi


En todo el mundo, se están organizando las personas bisexuales para tener una mayor participación en la escena activista LGBT. Desde México, Natalia Anaya de Opción Bi lleva adelante su lucha contra los prejuicios, y en Chile, el grupo "Exigimos Igualdad", junta fuerzas tras su primera aparición pública en la Marcha del Orgullo, con bandera incluida.


Por Erika Montecinos, RS /


La bandera bisexual con sus colores y símbolos


En un mundo donde "el ser o no ser" es requisito indispensable para pertenecer a un grupo, las personas bisexuales parecen estar en una eterna lucha contra todo el mundo, incluido sus pares, como lesbianas, gays y trans que las y los discriminan cediendo a los prejuicios que se han tejido en torno a esta denominada "opción sexual".

Natalia Anaya, es mexicana, tiene 47 años, se considera una mujer trans y bisexual, tiene dos hijos y una pareja no trans. "Ellos tres son mi luz", añade desde esa ciudad. Pero su bisexualidad la lleva al plano político y es así como integra el directorio de la Web "Opción Bi", página dedicada a darle un sentido informativo, serio y político a un tema constantemente vapuleado por los estereotipos.


"Me di cuenta de mi capacidad para amar y sentirme atraída por hombres y mujeres desde mi infancia. A los cinco años, ya tenia mi primera novia y a los 8, mi primer novio. Tuve parejas y amantes mujeres y hombres desde la adolescencia, pero escuché la palabra "bisexual" hasta los 37 años. En ese momento, sentí que esa era la palabra que podía describir lo más cercanamente mi orientación sexual. Reconozco que es una palabra limitada, pero es la que tengo a la mano", cuenta.

En el mundo lésbico y gay, al parecer hay muchos prejuicios sobre la bisexualidad, incluso en los movimientos homosexuales, lésbicos y lésbicos feministas no parecen tomarlos en serio...


Si, en los colectivos lésbico-gay existen muchos prejuicios sobre la bisexualidad y sobre las persona con esta orientación. Me parece que estos prejuicios hablan de que sí nos toman en serio, y muy en serio. He descubierto que la palabra "bisexual" es una palabra altisonante en los contextos lésbico-gays, pues cada vez que la digo en voz alta observo rostros de enojo y miedo. Esta observación la he comentado con mis amigos gays y amigas lesbianas, y de manera sorprendente, me han dicho que mi orientación y mi actitud de nombrarme abiertamente bisexual, les parece muy amenazante.

¿Amenazante?

Si. Un sexólogo y psicoterapeuta gay me dijo una vez que las personas bisexuales les ponemos enfrente, a las personas monosexuales, todas las posibilidades de su propia sexualidad. Otra cosa que les amenaza mucho a las personas monosexuales es que, cuando son nuestras amantes, temen que les seamos infieles con el otro sexo, pues no pueden competir con un pene o con unos pechos femeninos, según sea el caso, como si los hombres y las mujeres seamos sólo eso. Lesbianas y gays nos dicen que nos acostamos con el enemigo.


¿Y qué te pasa a ti frente a todo eso?


Yo comprendo todas estas razones y sentimientos, pero creo que tenemos el gran reto de trabajar para superar estos recelos y crecer juntas y juntos. A lesbianas y gays les decimos que desde siempre les hemos amado pues han sido nuestras parejas; que hemos hecho activismo codo con codo; que hemos estado en las marchas y repartiendo propaganda, llevando orgullosamente la bandera del arco iris; llevamos toda la vida juntas y juntos. Les decimos que no está bien que repitan el esquema y nos discriminen, cuando ellas y ellos padecen discriminación. Les decimos que lesbianas, gays y bisexuales padecemos discriminación desde la heterosexualidad hegemónica y obligatoria y nos oponemos a sustituirla por la monosexualidad obligatoria. A lesbianas y gays les decimos que estamos en el mismo barco y que, ahora, la pequeña gran diferencia es que hemos decidido nombrarnos públicamente.

En ese contexto, ¿cómo nace crear una Web orientada al público bisexual?

El sitio en Internet del grupo Opción Bi es una forma de salir del armario en el mundo de habla hispana. Sobretodo porque detectamos la carencia de textos sobre bisexualidad, e inglés hay poco y en español, casi no hay nada. La bisexualidad se trata en los textos como un sub-rubro de la homosexualidad y lo peor, es que la bisexualidad de las mujeres es prácticamente inexistente en los textos. Y, por supuesto, es muy frecuente descubrir textos sobre bisexualidad pensados desde la bifobia y desde la ignorancia. El sitio en Internet busca comenzar a llenar estos espacios.

¿Cuál ha sido la respuesta de las y los lectores hacia su Web?

La respuesta ha sido maravillosa, pues mucha gente nos escribe para compartirnos sus sentimientos y sobre todo pide ayuda para explicarse lo que siente. Hay mucha confusión, pues en este mundo dicotómico tenemos sólo dos opciones (homosexual o heterosexual), y cuando nos descubrimos con una mayor capacidad para desear y amar a las otras personas, sin que el sexo sea un obstáculo, los sentimientos se confunden. Yo misma sufrí por años esa confusión.


¿Por qué crees que la bisexualidad es una de las orientaciones más invisibles dentro de la diversidad sexual?


Yo creo que hay varias razones. Supongamos tres parejas: un hombre y una mujer, dos hombres y dos mujeres, las tres besándose. Creemos que podemos suponer de inmediato su orientación sexual. Sin embargo, cualquiera de esas personas, o todas, puede ser bisexual en sus prácticas amorosas y eróticas, lo acepte o no, se nombre o no. Por otro lado, el rechazo de lesbianas, gays y heterosexuales hace que por supervivencia nos mimeticemos para no perderles como amantes y como redes sociales de amigos y apoyo. Por último, hace falta construir un empoderamiento y orgullo de nombrarse bisexual, pero es un trabajo personal de largo plazo en el que estamos trabajando como Opción BI, pero que falta mucho por avanzar.

¿Cómo has enfrentado tu bisexualidad en el mundo lésbico?

En lo particular, he sido recibida extraordinariamente por las lesbianas jóvenes, es más creo que tengo mucho éxito con ellas. Las mayores son respetuosas conmigo, desde lejos, pero en un proceso de aceptación progresivo estoy construyendo relaciones de amistad con varias. Mi pareja y yo somos invitadas frecuentemente a fiestas lésbicas y las disfrutamos mucho. Sin embargo, muchas de mis amigas bisexuales no siempre han tenido esa suerte, pues han recibido rechazo de diferentes formas. A pesar de esto, yo veo que en México se está dando un cambio positivo dentro de los colectivos lésbicos. Creo que Opción Bi está logrando cada vez mayor aceptación de las lesbianas hacia las y los bisexuales.

En Chile "Exigen igualdad"


No quieren dar sus nombres reales, porque dicen que ya han sido amenazados por grupos neonazis; sin embargo, crearon nick (o sobrenombres virtuales) bien originales: Señor No y Señorita Nadie son los fundadores del colectivo "Exigimos Igualdad", que hoy cuenta con un fotolog y un Blog concurrido y visitado en la esfera de internet. Por el momento, se dedican a la difusión de su realidad.


"La idea era hacer propaganda primero (darnos a conocer como organización), para luego hacer un llamado a la gente para que se nos una. Pero también es que hacemos un gran llamado a la autogestión, que cada persona luche por sí misma, y de acuerdo a ésta consigna, cualquiera puede pertenecer a "Exigimos Igualdad", cuenta la Srta. Nadie

¿Cuál es el objetivo de organizarse en torno a la bisexualidad?

Sr No: Luego de descubrir que no había ningún grupo que tratara debidamente el tema de la bisexualidad y además del aparente aumento de ésta en las/los jóvenes, quienes fallaban en autodefinirse como tales, creímos que era necesario comenzar a educar al respecto a quienes son bisexuales. Nuestra meta actualmente es lograr el reconocimiento de la bisexualidad desde los propios jóvenes bisexuales y demás minorías sexuales.


Srta. Nadie: Teniamos la inquietud como jóvenes bisexuales de ver quienes eran los que luchaban por nuestra aceptación, pero nos dimos cuenta que las organizaciones existentes no sólo no se enfocaban en nosotros, sino que algunas, claramente, no nos reconocian (incluso definiéndonos como gente indecisa que pasa por una etapa de duda sexual). Es entonces cuando decidimos "hacer algo", ya que de brazos cruzados nunca lograriamos nada. Además, como dice mi compañero, existe un aumento en nuestra comunidad, siendo últimamente bulladamente reporteados, otorgándonos nombres como "heteroflexibles" o "heterocuriosos", pero muchos no se aceptan aún como bisexuales, nosotros hacemos ese llamado por la aceptacion personal.

¿Por qué creen que el tema de la bisexualidad es tan prejuiciado en el ambiente gay lésbico acá en Chile?

 
Sr No: Todos los prejuicios que existen sobre la bisexualidad son los mismos que recaen sobre cualquier otro grupo sexual. Pero, a nuestro parecer, una de las principales razones de por qué la bisexualidad es poco valorada por el resto es que no responde a los estándares binarios de nuestra sociedad. Esta es una sociedad profundamente binaria y exige que vivamos según eso, al no elegir un "extremo" o "bando" reconocido (homosexual o heterosexual), rompemos con ese sistema y se nos llaman indecisos o promiscuos por ello.


Srta. Nadie: Se tiende a creer que somos personas indecisas que no queremos reconocer nuestro homosexualismo, amparándonos en una imagen heterosexual, y porque como potencialmente, podríamos tener una pareja femenina o masculina, se tiende a creer que somos personas promiscuas, incluso, que nos gusta herir los sentimientos de las personas. Pero nosotros queremos terminar con esa imagen, demostrando que realmente somos personas que nos tomamos nuestras relaciones en serio, y que la promiscuidad se da a niveles tanto heterosexual como homosexual.

¿Cómo ha sido la acogida que han tenido del resto de sus pares? (organizaciones gays y lésbicas más que nada) ¿buen recibimiento? ¿rechazo?

Sr No: No hemos sufrido rechazo de ninguna organización, pero lamentamos la nula mención de la bisexualidad en la marcha de Septiembre. Para mucha gente no existimos y esperamos cambiar eso para que todas las organizaciones podamos actuar en conjunto, manteniendo nuestros propios ideales, por una gran meta en común.

Srta. Nadie: Hemos recibido un buen recibimiento por parte de las otras organizaciones, incluso hemos colaborado en algunas actividades de la C.U.D.S, también, hemos tenido invitaciones de colaborar y participar en varias de éstas, pero, por supuesto, aún falta reconocimiento de nuestra comunidad en ellas, y claro, más participación de bisexuales activistas, más motivación de nuestra propia gente.

La bandera rosada, azúl y violeta


La bandera flameó en la marcha del Orgullo, y aunque fue comprendida por muy pocos y pocas que participaron en la actividad, sus defensores explican de qué se trata este simbolo.


Natalia Anaya sostiene que la bandera la diseñó Michael Page, considerado padre del descubrimiento de la bisexualidad. Page propuso tres colores: rosa, azul y morado o violeta. Según Page, los colores significan homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad.

De esa manera, tienen una mayor aceptación dentro de la escena política y activista y la hacen sentir como un derecho. Natalia dice que está segura de que la bisexualidad es una opción política.


"La bisexualidad no hace grupos exclusivos de hombres y de mujeres por separado, ni de lesbianas o gays separados, ni heterosexuales fuera o lejos. En la bisexualidad no caben ni la heterofobia, ni la homofobia, ni la lesbofobia, mucho menos, la bifobia. En nuestro grupo y en nuestra orientación sexua,l caben todas y todos. Ahora, creo que el término medio siempre ha existido, pero es el pensamiento dicotómico el que se resiste empecinadamente a ignorarlo, rechazarlo o negarlo; es en el lenguaje en el que no aparecen palabras para nombrar los términos medios".

En tanto, en "Exigimos igualdad", tiene una concepción más revolucionaria desde el término sexual. Desde ahí es que ellos y ellas se definan en una "parada" desde la ideologia de izquierda y anarquista.


Sr No: El estado falla en responder a nuestras exigencias y necesidades. Necesitamos un cambio tanto político como cultural completamente revolucionario y rebelde. Nos adherimos a otros grupos contraculturales tales como los anarquistas y movimientos de legalización de la marihuana. Nosotros no vamos a pedir. Exigimos.

Srta. Nadie: Es absolutamente necesario politizar la bisexualidad, en el momento es que es la política del país la que marca la aceptación de la ciudadanía y la sociedad. Nuestra tendencia izquierdista se debe a que es la derecha conservadora de Chile la que siempre está en contra de la aceptación de las "minorías" sexuales (como por ejemplo en el caso del matrimonio con personas del mismo sexo, o el escándalo del barrio El Golf), además que apoyamos la mayoría de los movimientos contraculturales (okupas, marihuana, feministas, etc.). Desde siempre, ha sido la izquierda la que ha aceptado nuestras propuestas (Hirsh era el único de los candidatos presidenciales que estaba de acuerdo con el matrimonio de personas de un mismo sexo), es una lástima que la Concertación, la que gobierna este país, sea manejada por la derecha católica empresarial.

¿Cómo piensan hacer frente a los estereotipos y prejuicios sobre la
bisexualidad?


Srta. Nadie: Con una actitud seria y de compromiso con la lucha, cambiando la imagen de jóvenes descarriados por la de jóvenes comprometidos. Mostrándole a los miembros de la sociedad, a través de nuestra organización (y las próximas a aparecer) con hechos empíricos, que los prejuicios son falsos, y se basan en la ignorancia y educación retrógada de nuestra cultura tercermundista. Tenemos que hacernos ver y mostrar que como miembros activos de la sociedad también exigimos, exigimos igualdad.

Natalia Anaya y el tema del VIH/Sida:


"El temor que tienen las lesbianas de las bisexuales, ¡es ser infectadas!"

¿Qué pasa con el tema del VIH/Sida, tema muy cuestionado hacia las y los bisexuales?

Este es un tema muy interesante, pues me han sorprendido los comentarios que han hecho mis amigos gays y amigas lesbianas. Los gays hablan de que los bisexuales están pasando el vih/sida de la población homosexual a la heterosexual y que eso está muy mal, pues entre homosexuales "nos merecemos el Sida por promiscuos y pecadores, pero los heterosexuales son gente inocente". Esto habla de la propia forma de verse a sí mismos. Los gays como gente mala y enferma y que ven la heterosexualidad como el mundo sano y bueno. ¡Qué horror! Por otro lado, una de las razones por la que las lesbianas han rechazado a las bisexuales es el temor a ser infectadas. ¡Como si la orientación sexual sea la causa del crecimiento de la epidemia! Definitivamente, no estoy de acuerdo con estas dos visiones y creo que hace falta mucha información. Además veo un claro interés de estigmatizar a un grupo y lo peor, es que desde otros grupos estigmatizados. Creo que la invisibilización de la bisexualidad en las políticas públicas contra la pandemia, además de un terrible problema de jerarquía entre los géneros, ha permitido esa transmisión.

Pero en su propia web hay artículos que no le hacen mucho favor a la causa de las y los bisexuales. Por ejemplo uno dice que las y los bisexuales no se casan ni comprometen...

Tienes razón, este sitio lo hacemos con el apoyo de ANODIS, el dueño de esta agencia de noticias del sitio es bisexual, pero sus colaboradores son gays. Por ello, a veces suben artículos desinformados y bifóbicos. Ésto pronto lo resolveremos.


"Lesbianas y gays nos dicen que nos acostamos con el enemigo".


Natalia Anaya es una mujer trans y bisexual, integrante de Opción Bi de México

"Lamentamos la nula mención de la participación de la bisexualidad en la marcha del Orgullo de Septiembre"

La bisexualidad en los estudios sobre sexualidad[1]

por Josito
sábado, 12 de julio del 2008 a las 16:09
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La bisexualidad hace sentir a la gente incómoda. Mucha gente desearía que los bisexuales sólo se fueran, o al menos, que no hablaran de ello, porque la sola existencia de la bisexualidad es vista como una amenaza al orden social. Robyn Ochs. "Biphobia: It Goes More than Two Ways".[2]

 

Myriam Brito Domínguez

Grupo Opción Bisexual

 www.opcionbi.com

            Sobre la bisexualidad y las personas con una orientación bisexual existen muchos prejuicios, por ejemplo, se cree que son personas poco o nada confiables, que son infieles, que siempre quieren o necesitan andar con mujeres y hombres al mismo tiempo; que no pueden establecer relaciones de compromiso, fidelidad y/o monogamia; que se encuentran en transición hacia la homosexualidad; que se niegan a asumir su "verdadera" orientación, sea por miedo o comodidad; que se encuentran confundidas; y que son quienes con mayor seguridad contagian enfermedades de transmisión sexual como el SIDA.

            Este tipo de prejuicios acerca de la bisexualidad se pueden encontrar tanto en espacios presumiblemente heterosexuales, como en los que son abiertamente lésbicos y gays, no obstante que las y los bisexuales comparten con gays y lesbianas graves problemas producto de la discriminación en todas sus formas, a partir de una visión y un modelo dominante de heterosexualidad.

            Estos prejuicios respecto de la bisexualidad, también se pueden encontrar en disciplinas como la psicología, los estudios sobre sexualidad y los llamados estudios lésbico-gays, entre otras. Haciendo una revisión sobre algunos textos que abordan esta cuestión (sobre todo en el ámbito anglosajón) se puede ver como estos prejuicios afectan a la bisexualidad en tanto objeto de estudio. En este sentido, Gary Zinik apunta que la "bisexualidad ha sido mal entendida por largo tiempo, tanto en la psicología académica como en la sociedad en su conjunto. Respecto de la investigación sobre homosexualidad se han realizado cientos de estudios y publicado cientos de libros; en gran contraste, la comunidad científica ha tenido poco interés en la bisexualidad" (Zinik, 1985:7).[3]

            Es difícil rastrear con puntualidad y detalle las fuentes que desde la sexología, la psicología u otra disciplina afín, han reproducido esta visión negativa y prejuiciada de la bisexualidad, sin embargo, Zinik nos ofrece dos modelos para entender cómo se ha dado el debate académico en torno a ésta (dichos modelos son los que retoma Izazola en uno de los pocos artículos que se han escrito sobre el tema en nuestro país).[4]

            Como se mencionó, Zink propone revisar este debate a partir de dos modelos: el conflictivo y el flexible (para los fines de este texto, aquí sólo se trabaja con el primero). Desde el modelo del conflicto, la bisexualidad es considerada como una experiencia donde la identidad está en conflicto o confusión, como una etapa temporal o transicional en la cual se encuentra enmascarada "la verdadera" orientación sexual de la persona (la cual se presume que es la homosexual) y cuál es el método que la persona emplea para negar consciente o inconscientemente su verdadera orientación homosexual, o bien defenderse de ella. (Zinik, 1985: 9).

            Algunos de los autores que se pueden considerar parte de este modelo del conflicto, son, de acuerdo con Zinik: Edmund Bergler (Homosexuality: Disease or Way of Life, 1956) quien denunciaba con vehemencia que la bisexualidad era un fraude, pero entendía que los varones homosexuales en ocasiones tuvieran "sexo mecánico" con mujeres. H. M. Ruitenbeek (Homosexuality: A Changing Picture, 1973) escribió que la máscara de la bisexualidad podía ser muy peligrosa. Irving Bieber (Playboy Panel: Homosexuality, 1971) planteaba que un hombre era homosexual si tenía un compartimiento homosexual, sin importar su auto-identificación. Por otro lado, J. Stern (The Sixth Man, 1961) reportó el reclamo de la gente respecto de que los bisexuales eran individuos perturbados, con una identidad problemática, conflictos de pareja y sentimientos de culpa. D. W. Cory y J. P. Leroy (The Homosexual and His Society, 1963) describen a los bisexuales como "adolescentes muy crecidos", confundidos, sin sentido e identidad de grupo, y con una falta de capacidad para diferenciar una forma de sexualidad de otra. (Zinik, 1985: 9-10).

            Por otro lado, pero siguiendo este planteamiento respecto de los prejuicios sobre la bisexualidad en las llamadas "ciencias de la conducta", Beth Firestein sostiene que en el campo de las investigaciones sobre las orientaciones sexuales, hay una serie de nociones que se aceptan como ciertas y que afectan el estudio de la bisexualidad, basándose en un "modelo dicotómico" que considera como válidas sólo a la homo y la heterosexualidad. Dichas nociones, que bien pueden considerarse como prejuicios y que contribuyen a la invisibilización de la bisexualidad en las investigaciones sobre sexualidad son:

  1. "Los individuos que exhiben sentimientos y comportamientos bisexuales son o verdaderos homosexuales o verdaderos heterosexuales, y enmascaran [por medio de su bisexualidad] su verdadera orientación sexual.
  2. Quienes reportan un interés erótico y experiencias significativas con mujeres y hombres, probablemente representan mal su experiencia y se presentan como bisexuales para evitar todo el estigma asociado a la homosexualidad.
  3. Porque los verdaderos bisexuales no existen, es adecuado juntar, en las investigaciones, los datos de los participantes bisexuales y homosexuales y analizarlos como si todos los participantes fueran homosexuales.
  4. [En el caso de las/los bisexuales] el sexo biológico de la pareja es siempre la variable determinante en la selección individual de su compañera/o sexual y romántica/o.
  5. La bisexualidad no es más que una orientación transicional, adoptada temporalmente como un movimiento individual desde la identificación heterosexual hacia la homosexual.
  6. El comportamiento sexual y la identidad sexual son concordantes; es más, los individuos identificados como gays y lesbianas tienen deseos y experiencias sexuales solamente con el mismo sexo, y los individuos identificados como heterosexuales tienen deseos y experiencias sexuales solamente con el otro sexo (...).
  7. Heterosexuales, homosexuales y bisexuales (si es que existen) constituyen una población de estudio distinta, no relacionada y que no cambia" (Firestein, 1996: 271).[5]

            Por otro lado, en nuestro contexto se ha escrito muy poco sobre bisexualidad,[6] sin embargo, es importante hacer referencia a dos textos que reproducen, aunque de forma diferente, varios prejuicios sobre la bisexualidad en sus respectivas investigaciones sobre sexualidad. El primero es el libro de Marina Castañeda, La experiencia homosexual, específicamente el capítulo 8, al cual le dio el título, muy ilustrativo, de "El espejismo de la bisexualidad". En dicho capítulo, la autora intenta proceder de manera rigurosa: plantea qué no es la bisexualidad, da una definición elemental de ésta, señala brevemente las visiones que hablan de la bisexualidad como una orientación variable (Kinsey y Freud), dedica un poco más de espacio a las interpretaciones tradiciones que apunta a la bisexualidad como fase de transición, negación de la homosexualidad o algo que sucede por accidente; también habla de una dimensión ideológica, desde la cual la bisexualidad es vista como una moda o una convicción política; y señala diferentes tipos de bisexualidad, en donde subraya el problema de identidad que suelen tener las personas bisexuales.

            Hacia el final del capítulo, Castañeda dedica dos apartados para hablar de los límites y los problemas de la bisexualidad, y es en este punto donde se considera necesario hacer una cita un poco extensa para seguir las reflexiones aquí planteadas: "En muchos casos, la bisexualidad no es más que una fórmula expedita que está de moda, y que deja todas las opciones abiertas sin resolver nada. Es evidente, sin embargo, que no todas las personas que se consideran bisexuales están en esta situación. Muchas de ellas sí tienen relaciones amorosas importantes, aunque sean «abiertas», con hombres y mujeres. A fin de cuentas, todos los bisexuales acaban por toparse con un problema central que no tiene solución: jamás encontraran una persona que sea a la vez hombre y mujer. Tienen pocas probabilidades de encontrar una pareja que pueda satisfacer a la vez sus necesidades afectivas y sexuales. Esto significa que todas sus relaciones están condenadas a ser parciales. He aquí la respuesta a una de las preguntas antes planteadas ¿cómo puede uno amar a dos personas al mismo tiempo? La única manera de hacerlo radica en amarlas sólo en parte (...) En esta óptica, la bisexualidad es la elección ideal para las personas (sobre todo los hombres) que buscan una aventura, más no una pareja, y para quienes desean muchas relaciones sexuales o amorosas, pero no una relación" (Castañeda, 1999: 226-227).[7]

            Lo primero que se puede ver después de leer este párrafo, es que Marina Castañeda hace eco de muchos de los prejuicios acerca de la bisexualidad que se han revisado líneas arriba, al considerar que la bisexualidad "es una moda" y no una orientación sexual válida. En segundo lugar, asocia bisexualidad con relaciones abiertas, sin considerar que muchas y muchos bisexuales tienen relaciones cerradas o monogámicas, lo cual se relaciona con el prejuicio de que las y los bisexuales no pueden tener relaciones estables o profundas porque su orientación sexual "les demanda" andar con mujeres y hombres, y eso las y los "incapacita" para la fidelidad o la monogamia. Un tercer elemento, es que Castañeda presupone que las personas con una orientación bisexual buscan a alguien que sea "mujer y hombre al mismo tiempo", lo cual hace que tengan "pocas probabilidades de encontrar una pareja que pueda satisfacer a la vez sus necesidades afectivas y sexuales", estas afirmaciones muestran, como plantea Firestein, el énfasis que se pone, cuando se trata de bisexuales, en el sexo de la pareja como lo más importante en la selección de la compañera/o sexual y romántica/o, sin considerar otros elementos.

            Sobre este punto, Charles Hansen y Anne Evans señalan que otro problema que se relaciona con estas visiones prejuiciadas de la bisexualidad, es que se equipara sexualidad con genitalidad. Mientras que en las investigaciones sobre hetero y homosexualidad se consideran elementos como el desarrollo de ligas afectivas, las constelaciones familiares o el trauma adolescente, por ejemplo, en el caso de la bisexualidad las/los investigadores regresan a conceptos básicos, centrándose en el comportamiento genital y en un modelo unilineal, así "el debate surge, no alrededor de temas afectivos y valores, no alrededor de la familia y las afiliaciones identitarias, pero sí alrededor de la actividad genital o de las recurrentes incongruencias patológicas intrapsíquicas" (Hansen y Evans, 1985: 2).[8]

            A lo anterior habría que agregar otro elemento que causa una gran preocupación: la monogamia, o más bien el problema de considerar que la bisexualidad es fundamentalmente no-monogámica. Frente a las formas de fidelidad que suelen ser socialmente aceptadas, las ideas predominantes sobre la bisexualidad (poco estudiadas y estereotipadas) sugiere que la atracción y el involucramiento sexual de las y los bisexuales, es no sólo con "cualquier persona", sino "con todas". (Hansen y Evans, 1985: 3). Parecería, como ya se mencionó líneas arriba, que las personas bisexuales, al sentir atracción por mujeres y hombres, tienen un deseo sexual insaciable e infinito -por todas las mujeres y por todos los hombres- el cual les incapacita, por definición, para establecer relaciones monogámicas. En este punto, cabe preguntarse por qué esta cuestión se agudiza en el caso de la bisexualidad, sobre todo, si consideramos que los modelos predominantes de monogamia y fidelidad están siendo fuertemente cuestionados en las sociedades contemporáneas, independientemente de las orientaciones sexuales de las personas.

            Así, Marina Castañeda afirma que las y los bisexuales están condenadas/os a tener relaciones parciales, porque no se puede amar a dos personas al mismo tiempo. Con ello, esta autora no considera que las relaciones erótico-afectivas, en tanto que humanas, se caracterizan por la posibilidad de cambio y la creatividad, y que hay muchas y diferentes formas de amar y de involucrarse. Parece que sus exigencias en las relaciones amorosas son más estrictas para la bisexualidad. La afirmación que corona su lectura y análisis prejuiciado es que considera a ésta como una opción "ideal" para quienes buscan "muchas relaciones" sin compromiso, sobre todo los varones, como si estos no fueran capaces de tener relaciones estables, y además, sin considerar, que las personas pueden elegir tener cierta clase de relaciones (comprometidas o no) independientemente de su orientación sexual y que esto es algo cambiante.[9]

            Desde otra perspectiva y con otros intereses de análisis, Ana Luisa Liguori, en su texto "Las investigaciones sobre bisexualidad en México", aborda la relación que hay entre algunos aspectos de la cultura mexicana y la transmisión del VIH, respecto de las prácticas de riesgo que tienen los varones que mantienen relaciones con hombres y mujeres. No se puede poner en duda, ni cuestionar la importancia de estas investigaciones, menos aún ignorar que hay varios tipos de prácticas sexuales que generan altas condiciones de riesgo para el contagio del VIH, aunque, también debe decirse, que éstas no sólo son realizadas por bisexuales. Esta autora señala que "al paso de los años y a raíz de la epidemia del SIDA han ido apareciendo algunas investigaciones sobre la conducta bisexual, sobre todo en relación al riesgo que representa para la transmisión del VIH. Estas investigaciones han sido hechas con distintas metodologías y han implicado distintas formas de concebir y aun definir el fenómeno de la bisexualidad" (Liguori, 1995: 137). Aquí Liguori alude al problema que se quiere apuntar, y es ¿con qué clase concepción sobre la bisexualidad se realizan estas investigaciones? ¿Una que mantiene y reproduce los prejuicios y estigmas que se han venido señalando sobre la bisexualidad o una concepción más informada, abierta y positiva de ésta?

            Parece, que al menos en este texto, Liguori hace eco de dos prejuicios muy extendidos sobre la bisexualidad: por un lado, le parece que el vínculo entre bisexualidad y SIDA es innegable y por el otro, que la bisexualidad es indefinición. Así, plantea que "el fenómeno de la bisexualidad, donde existe una indefinición del objeto del deseo, nos parece que representa una problemática diferente (...) Algunas de las incógnitas son por ejemplo si la bisexualidad es una manera de enmascarar un deseo homosexual o si se trata de un tercer posicionamiento del deseo. Esta cuestión teórica tiene su propio desarrollo. Los investigadores en SIDA se enfrentan con dilemas más prácticos" (Liguori, 1995: 149). No obstante que esta autora plantea la necesidad de redefinir la bisexualidad en las investigaciones sobre VIH, parece que en su trabajo aún prevalecen dudas respecto a si la bisexualidad es una orientación sexual o sólo una "máscara" que oculta un deseo homosexual. También se aprecia que pone el énfasis sólo en la conducta bisexual, sin considerar el elemento de la autopercepción de los sujetos respecto de sus orientaciones sexuales. Finalmente, se debe señalar que para hacer un mejor trabajo sobre VIH, es necesario tener una concepción de la bisexualidad más informada y construida, que deje de lado prejuicios sociales.

            En este pequeño trabajo se ha querido señalar que los prejuicios sobre la bisexualidad también se encuentran presentes en disciplinas sociales como la psicología, la sexología y los estudios sobre orientaciones sexuales. Se considera importante plantear que todas aquellas personas involucradas en estas disciplinas, hagan, por un lado, una revisión minuciosa de sus concepciones sobre la bisexualidad y de los prejuicios que subyacen a ellas, para que hagan un ejercicio responsable y respetuoso de su profesión, y por otro, que revisen de manera más amplia, sus concepciones respecto de las orientaciones sexuales distintas de la heterosexual y del respeto que se merece este aspecto de la vida de las personas para su dignidad humana.

Bibliografía utilizada

Castañeda, Marina (1999). La experiencia homosexual. Paidós. México. 252 pp.

Firestein, Beth A. (1996). "Bisexuality as Paradigm Shift: Transforming Our Disciplines" en Beth A. Firestein (edit.) Bisexuality. The Psychology and Politics of an Invisible Minority. SAGE. California. pp. 263-291.

Hansen, Charles E. y Anne Evans (1985). "Bisexuality Reconsidered: An Idea in Pursuit of an Definition" en Fritz Klein y Timothy J. Wolf (edits.) Bisexualities. Theory and Research. The Haworth Press. New York. pp. 1-6.

Liguori, Ana Luisa (1995). "Las investigaciones sobre bisexualidad en México" en Debate Feminista Vol. 11. México. Abril, 1995. pp. 132-156.

Zinik, Gary (1985). "Identity Conflict or Adaptive Flexibility? Bisexuality Reconsidered" en Fritz Klein y Timothy J. Wolf (edits.) Bisexualities. Theory and Research. The Haworth Press. New York. pp. 7-19.

Bibliografía encontrada en español sobre bisexualidad

Aldana, Alma (1987). "La bisexualidad: una preferencia sin lugar. Entrevista con Xantatl Metthez" en Fem Núm. 58. México. Octubre, 1987. pp.11-13.

Izazola Licea, José Antonio (1994). "La bisexualidad" en Antología de la sexualidad humana. Tomo I. CONAPO/Miguel Ángel Porrúa. México. pp. 633-671.

Liguori, Ana Luisa (1995). "Las investigaciones sobre bisexualidad en México" en Debate Feminista Vol. 11. México. Abril, 1995. pp. 132-156.

Mendoza Ortega, Sara Elena (2001). "Identidades bisexuales: la bisexualidad como ruptura" en Gloria Careaga Pérez y Salvador Cruz Sierra (comps.) Sexualidades diversas: aproximaciones para su análisis. Fundación Arcoiris / CONACULTA-FONCA / PUEG-UNAM. México. pp. 131-139.


[1] Este texto retoma material del trabajo "Bisexualidad y discriminación: ¿Por qué dicen que no existimos?", presentado en el III Diplomado en Estudios sobre Diversidad Sexual del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, en mayo de 2004.

[2] Ochs, Robyn (1996). "Biphobia: It Goes More than Two Ways" en Beth A. Firestein (edit.) Bisexuality. The Psychology and Politics of an Invisible Minority. SAGE. California. pp. 217-239. (Traducción propia).

[3] Traducción propia.

[4] Véase, Izazola Licea, José Antonio (1994). "La bisexualidad" en Antología de la sexualidad humana. Tomo I. CONAPO/Miguel Ángel Porrúa. México. pp. 640-641.

[5] Traducción propia.

[6] Los textos encontrados sobre bisexualidad en español están en la bibliografía.

[7] Las cursivas son propias, excepto en el caso de "una persona" y "una pareja".

[8] Traducción propia.

[9] Finalmente, es importante señalar que Castañeda cita en este capítulo libros en inglés sobre homosexualidad, pero no hace ni una sola referencia a textos en inglés sobre bisexualidad, cuando en Estados Unidos y el Reino Unido hay una amplia producción editorial al respecto, muchos de los cuales se encuentran disponibles al público en general, en la biblioteca del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM.

La estoicidad de ser diferente: bisexual y transexual.

por Josito
sábado, 12 de julio del 2008 a las 16:05

 


Aquella tarde me encontraba en ese sitio, no pude menos que recargarme y atisbar; mis manos se crisparon asidas a la reja metálica y mis labios y nariz traspasaron un lugar que de tiempo atrás, por mi condición de mujer, me estaba vedado.
5 de junio de 2006

www.opcionbi.com


Por Ericka Villegas

Observé como quien hurga en la infinidad del cielo, soñando en convertirse en ave. Olí, viví, sentí de alguna manera subjetiva el juego de futból en que mis compañeros de oficina se enfrascaban y con ello, palpé el ensueño que me llevó ahí, casi de verdad, un poco menos mentira que ilusión, inalcanzable fantasía ¿Quién me lo hubiera dicho tiempo atrás? Recordé los tiempos de mi infancia en que solía jugar en el equipo de futból de la escuela, cuando todo, -Excepto aquel juego con su acariciada libertad de vuelo-. Estaba cubierto por el velo de la prohibición.

Caer en cuenta de los días en que tenía prohibido ser y vivir, me hizo volver a los tiempos de la escuela. Recordé justo el primer día en que con muchos trabajos podía recargarme para escribir con la mano izquierda en un pupitre diseñado sólo para quienes usaban la derecha. -Cosas del diablo- solían decir mis vecinas, ante la sola mención de mi condición zurda -Peor aún... ¡Comunismo!-. Mi madre solía atarme la mano izquierda a la espalda para obligarme a escribir con la derecha, remedio que jamás funcionó, porque, al menor descuido me desataba -Cabe aclarar que mi madre jamás lió demasiado fuerte- y reanudaba mi labor usando la única mano que, paradójicamente, para mí era diestra. Fue así como libré mi primera lucha en beneficio de mi propia forma de ser minoría, mi primera lucha por "la izquierda".

Evoqué también la soledad; evoqué las tardes cuando mi madre, -enfermera y con turnos agobiantes-, me dejaba a cargo de una mujer a quien adopté como abuela. Mi abuela Lupe era prácticamente una anciana: Amorosa y tierna pero con muy poca vitalidad por lo que, mientras tejía en otra habitación, me dejaba jugar a mi anchas por la casa, más sin compañía. En aquellos tiempos soñaba en secreto, con que yo no era yo, sino... No sé... Alguien distinta. Hurgaba por la casa en busca de mí misma; encontraba en algún rincón -comúnmente debajo de la cama- a mis pies, en un armario, a mi cuerpo y... frente al espejo... una sombra: Mi faz, eternamente evasiva, prófuga de mi propio atisbo. Puede decirse que me conocí por partes, cubierta y deliciosamente abrumada por lo vestidos de mi madre, cuya talla me venía al cuerpo y me excedía, calzando unas zapatillas de tacón mientras me fantaseaba quizás 10 años mayor, pero sin rostro.



Recuerdo también las noches en vela, de plegaria, de súplica desesperada en oración para que el milagro al fin sucediera: "Dios mío, por favor, que cuando despierte me haya convertido en niña", y es que, no puedo recordar una imagen más desolada que la de aquel niño que fui, fincando su fe, su esperanza y la ilusión más cara de su vida en un milagro con nulos visos de acontecer. Cada mañana, sin excepción, la desilusión me daba los buenos días; de nuevo yo, triste, al borde del llanto, tenía que fingir entereza... Aún más: Felicidad. ¿A quién puede importarle el sueño imposible que perturba la paz de un niño solitario? ¿Y si mis padres se enteraran? ¡Ni pensarlo! A final de cuentas yo era el orgullo de mi padre, el mayor de sus hijos varones y, por tanto, el depositario de los privilegios y responsabilidades del primogénito.

Una de las primeras lecciones que recibí en la escuela marcó mi vida de forma decisiva: "Sólo quien se mantiene fuerte sale avante". Luego de que le rompí la nariz -Y, en honor a la verdad, me hincharon un ojo- con un certero puñetazo a un compañero de clase, comprendí que mi fragilidad no me llevaría a ningún lado, mientras que la fuerza me daría respeto. Los demás chicos de la clase me recibieron animosamente y, sin reparar en mi tez melancólica que los adultos sí notaban. -Es un niño inteligente y noble-, decían. -Sensible. Quizás llegue a ser artista-. Yo me burlaba de ellos y hacía bufas parsimonias que mis amigos celebraban creyéndome un héroe de trasgresión para con el yugo adulto.



Era diferente, individual y "libre" ante sus ojos, mientras yo furtivamente, miraba con una envidia que me corroía el pecho, a las niñas jugando en paz, entretenidas en sus propios afanes y riñas, ajenas por completo a los juegos rólicos de varones que yo sufría y despreciaba. Su mundo era, para mí, una patria lejana, la quimera de quien persigue al horizonte sólo para descubrir que por siempre será una línea inalcanzable, difusa a la distancia. Mi supuesta libertad, me convertía en presa de mi propia farsa.

-Este juego es de fuerza, de astucia, de habilidad y de perseverancia-. Solía decirnos el entrenador del equipo de futból, a menudo. -Lo importante, no es llegar individualmente a la meta, sino meter el balón, conseguir, por sobre todo, el objetivo común del equipo-. ¿Y qué hacía yo en semejante juego? De inicio no lo entendí, pero recuerdo que le encontré el gusto. Me agradaba la idea de conseguir un cometido por sobre todos los obstáculos y muy pronto entrenaba junto a mis compañeros henchida de entusiasmo.



Comprendí durante los juegos que, para poder anotar tenía que esforzarme, soportar el dolor y superar la resistencia. Por increíble que parezca, en este país mestizo, el color de mi piel también me significó una desventaja; mis compañeros de equipo, en su mayoría de tez clara, solían hacer chistes sobre mi piel morena. Las suyas eran bromas aparentemente inofensivas, pero que me lastimaban profundamente y me hacían renegar en mis horas bajas, de mi raza, de mi ascendencia orgullosamente mexica y zapoteca.



Era como si la mexicanidad, estuviera vetada en nuestra propia casa. Buscando respuestas, me topé con León Portilla, Matos Moctezuma y otros autores que me mostraron un mundo de glorias pasadas, un tiempo en que la piel morena señoreaba por sobre Cem Anáhuac a fuerza de ciencia y lanza.



Me convertí, influenciada por las gloriosas gestas de Nezahualcóyotl, Ahuizotl e Ilhuicamina, en guerrera; me enorgullecí de mi herencia étnica y callaba con energía a quienes vociferaban buscando mermar mi euforia. En público era un joven dinámico y de carácter fuerte, lleno de amigos que compartían conmigo afanes y audacias, pero en secreto, volvía al armario de mi mamá, de tarde en tarde, para rescatarme del exilio, para volver a ser yo, para permitirme en un breve espacio de tiempo contactar conmigo misma, como si fuese una extranjera dentro de mi propio cuerpo.

Descubrí lo paradójico de que nuestro medio social nos estuviera constantemente bombardeando con ideas sobre la importancia de la individualidad, sobre cómo es necesario y deseable reconocernos entes libres, independientes e, incluso nos alienta a convertirnos en transgresores de esquemas convencionales, dotando a este deseo de cargas incluso, francamente románticas sobre la bella estoicidad de ser diferentes. De este modo, los modelos a seguir que nos imponían, llámense santos, mártires, héroes nacionales, universales y ficticios, nos eran presentados como adalides que habían contravenido con la imperfección de su tiempo, para crear pensamientos, ideas y sistemas que se elevaban por sobre lo anterior con la majestad de su visión casi mesiánica, instituyendo verdades incuestionables que tenían que ser defendidas a su vez, contra una pujante barbarie de seres supuestamente inadaptados que, al no comprenderlas, las cuestionaban y se presentaban en apariencia, como indeseablemente disidentes.



Dentro de esta paradoja, incluso me encontré con formas oficiales de discrepancia; contraculturas socialmente asimiladas, expresiones políticas y artísticas que, buscando respeto a su derecho a diferenciarse, se convirtieron, por un lado en cerradísimos espacios puristas donde quien difiriera de la idea común era segregado, y por otro, en corrientes de pensamiento y acción susceptibles a ponerse de moda.

Luego entonces, las personas, convertidas en masa sin identidad, hacían lo posible por transmutarse en un vasto e inverosímil grupo de transgresores uniformes. Descubrí pues, un modelo ideal para ser rebelde, un fenotipo deseado, una vestimenta apropiada, una expresión artística imprescindible y un marco de aleccionamiento reaccionario disimuladamente permitido, mientras que, lo que de ello difiriera era considerado "loser". ¿Qué podía hacer yo, con mi oculta diferencia no admitida, con ese sentir que iba más allá de la "trasgresión correcta"?



Me encontré con un mundo polarizado, un mundo de opuestos, aparentemente irreconciliables, pero sospechosamente complementarios donde ni los puntos medios, ni las disyuntivas a una línea recta que también carecía de segmentos intermedios, tenían lugar. ¿Cómo, en un espacio donde sólo conviven lo sublime y le execrable, vivirme humana? ¿Cómo me encuentro yo, cómo nos encontramos todas las personas que, irremediablemente distintas, estamos sin cabida en los modelos contradictorios en que se asimilan tajantemente la semejanza y la diferencia? Por aquel tiempo conocí a Jorge; un joven estudiante de La Biblia que una buena tarde llegó a mi casa para intercambiar reflexiones sobre el Dios judeocristiano en Quien creía y en Quien, de algún modo, aún creo fervientemente. Pasaba junto a él algunas tardes, reflexionando sobre las palabras de Herman Hesse, el autor favorito de nuestras constantes discusiones -Hacía tiempo que La Biblia había quedado de lado-, y reparé en un texto, cuyo eco sería mi ruta y mi destino su sentencia:



"El que quiere nacer, tiene que romper un mundo".



¿Tenía entonces que romper un mundo para poder na... Ser? Las ideas giraban en torno a mi cabeza y mi entusiasmo crecía al infinito cuando, embobada por la fascinante fuerza de las palabras de Jorge, por la exquisita convicción de su voz, por la magia deliciosa de sus hermosos ojos verdes, se me olvidaba que romper un mundo, implica cataclismos sin parangón y... ¿Pero qué estaba pensando? ¿La fascinante fuerza de sus palabras? ¿La exquisita convicción de su voz? ¿La magia deliciosa de sus hermosos ojos verdes? Por si acaso hubiera faltado una complicación en la vida del adolescente confuso que entonces solía ser, tenía que admitirlo: Estaba profundamente "enamorado" de Jorge.



Pero... Si me gustaban las mujeres, eso me quedaba muy claro; me gustaba Ofelia, la hermana de otro de mis grandes amigos; acostumbraba buscarla improvisando charla, cuando ella volvía de la escuela y mirar de reojo su hermoso y delicado cuerpo, sus ojos brillantes que sonreían a la vez que sus labios perfectos y su aromático cabello castaño. Pero no menos amor, no menos atracción implicaba para mí la figura gruesa y amable de Jorge y su eterno afán de conocimiento. Una tarde, mientras, echados en la sala de su casa, perdíamos el tiempo, de pronto se acercó a mí y, poniéndome su mano sobre el hombro me dijo: -Ay flaquito; si fueras mujer, serías mi vieja- y considero que ese fue el principio del fin. Me quedé muda, sin saber que decir, a punto de llorar y fingiendo indiferencia. Nunca más fue lo mismo y muy pronto, mi adorado Jorge se perdió en la distancia gélida que, más que el espacio, impone inclemente, la fuerza del silencio.



Pronto me volví "normal" y tuve una, dos, tres... muchas novias que me complacían la vista y me alimentaban el libido. La mujer sin rostro al otro lado del espejo aún seguía ahí, y con ella, mi secreto, pero cuando las acuciantes dudas se mezclan con placer, tienden a menguar y yo me deleitaba feliz con las delicias del amor recién hallado. Conocí a Leticia, una chica apenas más joven que yo y me enamoré de su personalidad montaraz.



Sostuve con ella una deliciosa relación que duró poco más de un año al cabo del cual nos separamos, pero ya no éramos las mismas personas; Leticia estaba encinta y pronto dio a luz al orgullo más grande de mi vida: Mi hijo Saúl. Lo amé desde el primer momento, sin medida, sin distinción de género ni protocolo; mi corazón se llenó de luz y mi vida de nuevos significados. Tener un hijo fue para mí como parir una estrella; obsequiarle en un suspiro, la brillantez de un sol al firmamento. Vive en mí y está conmigo, justo ahora que le evoco y siempre.



Siempre sentí curiosidad y afición por la música, así que una tarde, unos amigos y yo decidimos armar una banda de rock. Aprendí a tocar la batería y, contrario a lo que se piensa, junto a su sonido estridente, encontré en ella cadencia y musicalidad. Para mí, estar sentada frente al aparatoso instrumento, me semejaba conducir el carro de Apolo; era una sensación de poder, de control, pero también de exquisita sublimidad; por momentos se me antojaba dulce el sonido de la baqueta al estrellarse en diferentes posiciones sobre la rugosa superficie del parche de tarola.

Con el paso del tiempo, mi aventura musical se convertía en pasión, vocación y arte. Amé la música y una vida entera transcurrió de idilio entre la sensación de expresarme sin palabras y las largas y arduas tardes de ensayo dominando la ejecución. Fue en ese entonces que Alicia llegó a mi vida y me deslumbró como nadie antes lo había hecho; me enamoré perdidamente y con ella comenzó toda una nueva historia. Alicia me hizo, por primera vez, desear estar con alguien una eternidad entera, le abrí mi mundo y todos mis secretos, incluso le hable de la mujer sin rostro al otro lado del espejo y ella, lejos de lo predecible, me confesó que se asumía bisexual, que le gustaban las mujeres lo mismo que los hombres y decidió conocer a esa mujer sin faz. La aceptó, la amó, la instruyó y, de algún modo, le dio el rostro que yo siempre, en vano había buscado. Me enseñó a vestir, a caminar con tacones, a maquillarme, a modular la voz...



En una palabra; me transformó en... ¡En mí misma! En una mujer que se vivía, que se sentía radiante, con nombre y apellido propios, sustituyendo al -hoy anónimo- niño gris de tiempo atrás. Poco a poco, con el esmero, enseñanza y cuidado de Alicia, surgí de la nada soñando que, como la diosa lunar, Coyolxhauqui, emergía desde mí y de mi derrota para coronar la noche. Comencé a reunirme con un grupo de personas transexuales porque, ahora comprendía que yo no era un hombre que llevaba una mujer oculta dentro, sino una mujer que se ocultaba tras un sofisma construido sobre la contundencia de mi pene-. Aprovechaba el grupo para compartir impresiones en torno a la experiencia personal de cada quien, yo me sentí feliz, emocionada de poder nombrarme libremente como siempre me había sentido ser, de poder hablar y de identificarme con tantas personas que compartían conmigo una circunstancia a menudo desequilibrante.



Ahora era ya una mujer y mi transición, de inicio, parecía una ruta sin escalas hacia la libertad, pero no fue tan sencillo; mi amor por Alicia era cada vez mayor y yo no tenía empacho en decirlo, pero muchas de mis compañeras y nuevas amigas, recibían de mal talante el hecho de que yo me considerara mujer transexual lesbiana. Para ellas, su preferencia heterosexual (hacia los varones) era un modo de reafirmar su feminidad, es decir: - ¿Soy mujer? Luego me gustan los hombres- y sentían -Especulo- que cuestionar la orientación implica cuestionar la identidad, y es que, cuando vivimos una condición que confronta a todas nuestras certezas ¿Cómo? ¿A qué asirnos para no sentir que desvariamos irremediablemente? Me sentí parcialmente excluida con mis compañeras transexuales hetero y absolutamente con las biochicas lesbianas; para muchas de ellas, feministas radicales, mi condición transexual era una indeseable infiltración masculina en sus filas, una extensión del machismo en sus trincheras -Como si la convicción tuviera genitales- que no podían permitir. No sólo eso me alejó de los círculos lésbicos, sino además, la sensación íntima de no pertenecer porque, si bien me gustaban las mujeres, también sentía atracción y libido hacia los hombres.



De nueva cuenta ¿Qué era yo? ¿Qué broma, qué autoboicot estaba empeñada a realizar volviéndome eternamente "ambigua", "indefinida"? Otra cosa que no gustó a mis amigas transexuales fue mi gusto por tocar batería; se les antojaba rudo y masculino, pero ¿Qué podían saber ellas sobre mis sensaciones, sobre la forma en que me llenaba y satisfacía tocar, sobre el tiempo y amor invertidos en la ejecución? Llegó el momento en que decidí, por bien propio, no censurarme, como había hecho siempre y simplemente vivir: ¿Por qué, si ya me había cuestionado un género que rechacé desde las ubres de mi madre, no cuestionarme una y mil opiniones ajenas?

Cierta tarde del año de 2003, me hicieron una invitación a participar en un programa de radio sobre bisexualidad y, dado que a mí me gustaban las personas, de forma independiente de su género, acepté sin tener muy claro si me aplicaba el término. En esa entrevista conocí a Natalia Anaya, quien me propuso asistir a las reuniones de un grupo que entonces comenzaba sus actividades: Opción Bi. -La idea del grupo- Me explicó Natalia- es reunirnos, personas bisexuales y no bisexuales, para hablar sobre bisexualidad, intercambiar experiencias, combatir con información los estereotipos negativos que existen en torno a nuestra orientación y ¿Por qué no? Hasta crear un discurso bisexual hecho por bisexuales-. La propuesta me interesó sobremanera y desde entonces he participado en el grupo, ahí conocí a personas comprometidas que compartían conmigo la característica de indefinición, pero resignificándola; de pronto ya no era una descalificación, sino la consecuencia lógica de nuestra concepción constructivista inherente a los seres humanos. Comprendí que las personas podemos escapar de las construcciones y disidencias establecidad para crear nuestra propia individualidad.

También comencé a tocar con el grupo de rock Neurotika -El cual nació como grupo musical transgénero y actualmente es mucho más que eso; un espacio de expresión sin fronteras- y me enorgullecí de sentarme de nueva cuenta tras la batería. Conocí, me enamoré de Misha, una hermosa mujer con quien hoy comparto la vida y también me descubrí poliamorosa. Era al fin, orgullosamente, una mujer fuerte, feminista, amorosa, morena, baterista, que, siendo transexual tenía un hijo, zurda y bisexual. Concluí que en la vida, como en el fut, lo importante es conseguir el objetivo común, soportando el dolor y superando la resistencia.



Mientras regresaba de mi ensimismamiento, observé, del otro lado de la reja, como uno de mis compañeros de oficina entraba al área rival, aguantó una falta defensiva y, girando sobre su pierna derecha, se colocó de frente y a tiempo para vencer al portero contrario, con un sólido disparo de zurda. Mirándolos festejar la anotación, pensé de pronto: ¿Por qué no? Quizás en el futuro, decida volver a ser futbolista.

¿Soy Bisexual?

por Josito
sábado, 12 de julio del 2008 a las 16:02
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Por: José Antonio Hernández Reyes

 www.opcionbi.com

Esta es la pregunta del millón para muchas personas cuestionándose sobre sus sentimientos sexuales y afectivos. En las reuniones presénciales de Opción Bi, siempre hacemos la broma de que para entrar al grupo, no exigimos meterles el bisexómetro, para saber si son bisexuales o no, o para saber su grado de bisexualidad, aparte de que las personas no bisexuales o nada bisexuales son totalmente bienvenidas al grupo.

Pero, ¿existen una serie de requisitos que hay que llenar, para saber si soy bisexual o no?, ¿fuera de bromas existe algún test que me pueda dar la tranquilidad de que es lo que soy?, ¿se es tajantemente bisexual o no bisexual o hay grados de bisexualidad?, ¿qué implicaría ser muy bisexual o poco bisexual?

Creo que una pregunta inicial indispensable es ¿de que estamos hablando cuando preguntamos si somos bisexuales?, hay prácticas bisexuales, hay orientaciones bisexuales y hay identidades bisexuales. Es obvio que de las prácticas no se esta hablando, pues es mucho mas fácil y objetivo preguntarnos si tenemos o no prácticas bisexuales y tener la respuesta de inmediato sin mayores complicaciones, pero precisamente con la respuesta a esta pregunta comienzan las complicaciones para algunas personas.

Hay personas que están seguras de su bisexualidad, y que nunca han tenido sexo o que solo lo han tenido con mujeres o solo lo han tenido con hombres o que habiéndolo tenido con ambos, solo se han enamorado de mujeres o solo se han enamorado de hombres. A cambio hay personas que están seguras de que no son bisexuales, de que son gays, lesbianas, heterosexuales u otra cosa. Y sin embargo han tenido relaciones tanto con hombres como con mujeres y algunos tienen actualmente tanto con unas como con otros y algunos piensan seguir teniendo relaciones con ambos. ¿Por qué la incongruencia entre la práctica y la identidad/orientación de la persona?

Y es aquí donde la definición de identidad y de orientación pueden darnos luz sobre esta complejidad humana, problemática para un@s, indiferente o celebratoria para otr@s. ¿Qué es la orientación sexual?, algunos autores la definen simplemente como el deseo sexual y afectivo hacia determinado tipo de personas, hacia quién se dirige tu deseo. Desde esta perspectiva podemos responder a la pregunta anterior, con lo que ya sabemos, no siempre nuestros deseos se hacen realidad y así tenemos a bisexuales sin practicarlo. Y la otra cuestión, la atracción o deseo por alguien no es la única razón para tener sexo con alguien. Podemos tener sexo con alguien que no nos gusta, por simple placer, por solidaridad, por compañerismo, por juego, por diversión, ser forzard@ a tenerlo, por dinero, porque creemos que es nuestra obligación (el debito conyugal por ejemplo) y un sinfín de razones mas. Y así tenemos a los no bisexuales que sin embargo practican la bisexualidad.

Y claro las razones citadas arriba si son reales para muchas personas, pero hay mas, y es aquí cuando algunos autores definen orientación sexual como algo mas abarcadora que el deseo y la atracción, donde también entraría nuestro estilo de vida, nuestra autoidentidad, nuestras fantasías, entre otras cosas. Entonces ya es una combinación de una serie de factores que por múltiples razones suelen no ser completamente lineales. Y entonces aquí cabe preguntar, ¿qué es la identidad erótica o sexual?, o sea el como nombramos nuestros deseos, nuestras fantasías, nuestra afectividad. Gay, Lesbiana, Bisexual y Heterosexual son las formas más conocidas, aunque no todas reconocidas de hacerlo.

Es aquí donde hay dos vertientes, dos opiniones o dos respuestas. Una de ellas dice que la manera en como nombrarnos siempre tiene que venir de una aceptación o un descubrimiento de nuestra orientación sexual y por lo tanto tiene que ser congruente con ella y que a partir de esta aceptación o descubrimiento lo mas sano es que nuestras prácticas sean también congruentes con esta identidad. Implícitamente poniendo al deseo y a la atracción como las razones mas validas o las únicas validas para tener sexo. Claro y aquí se toma orientación sexual con la definición mas simple dada arriba, es decir como nuestros deseos sexuales y afectivos.

La otra es más abierta y puede incluir a más personas que no se acomodan con la anterior. Para esta vertiente es claro que nosotros elegimos nuestra identidad y que cualquier elección es valorable y sana. ¿Y como es que elegimos nuestra identidad?, Pues mapeando nuestra sexualidad y nuestra afectividad, ¿con quién cogemos?, ¿con quién nos gusta mas coger?, ¿de quién nos hemos enamorado?, ¿de que género nos hemos enamorado mas?, ¿con quién fantaseamos cuando nos masturbamos?, ¿con quién soñamos cuando tenemos sueños eróticos?, ¿con quién nos gusta mas echar desmadre?, ¿con quién tenemos un compromiso político?, ¿quién nos excita?, ¿quién nos hace voltear la cara?, ¿con quién nos sentimos mas a gusto?, y bueno cada personas puede suprimir alguna de estas preguntas, por no aplicar en su caso, o porque no se le hace importante preguntárselo y otras personas pueden agregar otras preguntas importantes para ella.

Y las respuestas sin duda son heterogéneas y complejas algunas y otras bastante simples y cualquiera de las dos cosas es fantástica. Me he enamorado de hombres y mujeres, pero de mi solo se han enamorado hombres, he cogido con hombres y mujeres, en frecuencia mucho mas con hombres que con mujeres, pero en calidad las pocas relaciones con mujeres me han gustado mucho mas puede contestar alguien. O no he cogido con nadie, cuando me masturbo siempre pienso en hombres y cuando despierto excitad@ por lo que soñaba, era porque me soñaba teniendo relaciones con mujeres, me he enamorado y se han enamorad@ de mi tanto hombres como mujeres y tengo un compromiso político con todas las mujeres o me enamorado solo de hombres y he cogido solo con hombres y he fantaseado solo con hombres y me encantaría continuar así.

¿Y entonces que sigue?, pues decidir o explorar tus sentimientos y emociones y sentir que es lo mas importante para ti, ¿de quién te enamoras?, ¿a quién deseas?, ¿con quién tienes compromiso político?, ¿otra cuestión no mencionada aquí? A veces la respuesta encontrará un nombre que ya esta disponible, lesbiana, gay, bisexual, homosexual, buga, hetero, butch, femme, vestida. A veces ese nombre incluirá también tus identidades y expresiones de género en la misma palabra. A veces no lo incluirá. A veces la respuesta es que no hay nombre, ni es deseable que haya nombre para nombrar tu deseo. A veces la respuesta es el comienzo de una búsqueda de personas que sientan lo mismo o de una palabra que nombre mucho mejor eso que sientes, eso que te hace vibrar y vivir.

Reflexiones en torno a la bisexualidad. sobre definiciones y prejuicios[1]

por Josito
sábado, 12 de julio del 2008 a las 15:59
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Pero la bisexualidad no es homosexualidad secreta, ni heterosexualidad escondida. La bisexualidad es otro camino de la expresión sexual. Fritz Klein. The Bisexual Option.[2]

 

Por Myriam Brito Domínguez

Grupo Opción Bisexual

            Si hacemos un ejercicio y buscamos la palabra bisexualidad en el Diccionario de la Lengua Española desafortunadamente no la podremos encontrar, aunque no así el término bisexual: "Dícese de la persona que alterna las prácticas homosexuales con las heterosexuales".[3] Esta definición, además de ser insuficiente, también es inexacta, y como veremos, errónea; y dado que sobre la bisexualidad pesan un grupo muy particular de ideas y prejuicios, es importante que comencemos con algunas ideas que nos ayuden a entender qué es y qué no es la bisexualidad. Así pues, la bisexualidad es una orientación sexual, como la heterosexualidad y la homosexualidad, no es una enfermedad, ni una desviación, tampoco es un desafortunado desacomodo de la psique o una locura doble. Lejos de ello, la bisexualidad nos remite a esa dimensión del deseo o la atracción sexual que contempla a mujeres y hombres. De esta forma, las personas con esta orientación bisexual somos quienes tenemos sentimientos eróticos, afectos, fantasías, vínculos y/o experiencias con mujeres y hombres, y/o nos identificamos como bisexuales.

            La bisexualidad, como ya señalé, tiene adheridas un conjunto de ideas desafortunadas y erróneas, las cuales, a su vez, tienen efectos y consecuencias considerables para las personas que vivimos con esta orientación sexo-afectiva. La lista de prejuicios es larga, pero no se preocupen, pues sólo mencionaré algunos de los más representativos.

            Primer prejuicio: a las y los bisexuales nos gustan mujeres y hombres por igual y con la misma intensidad, todas las mujeres y todos los hombres, por ello somos "hipersexuales", "le tiramos a todo lo que se mueva", o como dice un querido amigo, "conformamos el voluntariado sexual". Falso, la bisexualidad no atrofia ni anula nuestra capacidad de elección, ni nuestra voluntad, podemos elegir con quien relacionarnos y con quien no, por ello no es verdad que nos gusten todas las mujeres ni todos los hombres, como tampoco es cierto que a las lesbianas les gusten todas las mujeres, a los gays todos los hombres, ni a las mujeres heterosexuales todos los hombres o a los hombres heterosexuales todas las mujeres.

            Segundo prejuicio: las personas bisexuales somos infieles "por naturaleza", no podemos establecer relaciones duraderas y menos aún, monogámicas. Falso, la cuestión de la fidelidad y el problema de la infidelidad no están relacionados directamente con la orientación sexo-afectiva, sino con normas y acuerdos sociales en contextos específicos. Cualquier persona puede ser fiel o infiel de acuerdo con sus propias decisiones y/o con imperativos morales, no es sólo cuestión de quién me gusta o con quién me relaciono, sino también de cómo y bajo que reglas o acuerdos establezco mis relaciones amorosas, afectivas y/o eróticas. El que a las personas con una orientación bisexual nos pueden gustar hombres y mujeres, no implica necesariamente, que nos relacionemos con varias personas al mismo tiempo o que no podamos establecer relaciones duraderas e incluso monogámicas.

            Tercer prejuicio: las y los bisexuales somos personas indecisas, con un deseo sexual "ambiguo", "no sabemos lo que queremos" o "queremos todo" nos dicen, es más, seguramente "somos lesbianas o gays de clóset". Falso, las personas que nos identificamos como bisexuales, como cualquiera otra, sabemos lo que sentimos y lo queremos, nuestra orientación sexual es clara y no nos impide saber cómo nos asumimos y qué le da sentido a nuestro deseo y a nuestras relaciones erótico-afectivas. Si bien es cierto que hay casos en los que cambia la orientación del deseo, no es verdad que esto sea lo común. Más aún, nadie tiene el derecho a decirme cuáles son mis preferencias, gustos o afectos "verdaderos", ya que, parafraseando el psicoterapeuta David Barrios, la experta en mí, soy yo misma y nadie puede saber más que yo a este respecto.

            Cuarto prejuicio: las y los bisexuales necesitamos estar con una mujer y un hombre al mismo tiempo para sentirnos "verdaderamente bisexuales". Este prejuicio, dicho sea de paso, se relaciona con ciertos estereotipos recurrentes: generalmente se piensa que bisexual es un hombre masculino y casado que tiene relaciones con otros hombres. Para el caso de las mujeres, se debe decir, que la bisexualidad femenina, como mucho de lo que se asocia con las mujeres, está invisibilizada, cuando se piensa en bisexualidad no suele pensarse que existan mujeres bisexuales y cuando sí se hace, se recurre al estereotipo de dos mujeres que se relacionan con un hombre, pero para el placer de éste. Es perfectamente posible que algunas personas establezcan este tipo de vínculos, pero también lo es, que muchas otras lo hagan de maneras distintas. Asimismo, es falso que las y los bisexuales "necesitemos" estar con mujer y hombre al mismo tiempo para ser "bisexuales de a de veras", tal vez habrá quienes lo vivan así, pero ello está lejos de ser un imperativo o una regla, pensarlo de esta forma es aludir y reforzar un estereotipo.

            Quinto prejuicio: las y los bisexuales somos lo mismo que lesbianas y gays. Falso, la bisexualidad tiene sus propias particularidades, ya que nuestra identificación sexual se estructura con otros elementos, mientras que la de las lesbianas tiene como referente a las mujeres y la de los gays a los hombres, la nuestra se dirige hacia dos conjuntos humanos, mujeres y hombres, que social y culturalmente han sido construidos y se perciben como distintos, y ello trae consigo diferencias importantes para la conformación de nuestra orientación erótico-afectiva. Es cierto que compartimos con lesbianas y gays el tener una orientación distinta a la heterosexual, con todo lo que ello implica, sin embargo, no somos lo mismo (lo cual no significa, hay que decirlo, que no podamos trabajar juntas y juntos o construir proyectos en común).

            Los prejuicios de los que hablado hasta aquí, junto muchos otros -sobre los cuales no me extenderé más-, así como las implicaciones de vivir en una sociedad intolerante e irrespetuosa con todas las expresiones de la sexualidad distintas de la heterosexual, han contribuido a crear una imagen estereotipada, errónea y negativa de la bisexualidad y las personas con esta orientación. Algunos de los principales problemas a los que nos enfrentamos como bisexuales son: la negación de la bisexualidad como una orientación sexo-afectiva legítima, con derecho de existencia y como una opción de vida válida. Asimismo, las y los bisexuales generalmente solemos ser invisibilizados por medio de las palabras y los actos, en diferentes ámbitos, grupos e instituciones. Continuamente necesitamos estar nombrándonos y agregándonos pues somos "fácilmente" olvidadas y olvidados. Un ejemplo de ello, que por sencillo no es menos ilustrativo, nos lo da la coordinadora general del grupo Opción Bi, Natalia Anaya: ella dice que cuando una mujer es vista con una pareja mujer, generalmente se piensa que es lesbiana, mientras que si es vista con un hombre, se considera heterosexual, sin embargo, es poco probable que se piense, al menos como una posibilidad, que la persona en cuestión puede tener una orientación bisexual. Lo mismo pasa en el caso de un hombre, si es visto con otro varón, se considera gay, y si está con una mujer, se piensa que es heterosexual, pero casi nunca se pensará que puede ser bisexual.

            Así pues, negar, denigrar, descalificar, ridiculizar, marginar o invisibilizar a la bisexualidad es algo que afecta directamente la vida de las personas que asumimos y vivimos con esta orientación sexual, nos expone a prácticas y dinámicas discriminatorias, y crea las condiciones para que nuestros derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales sean violados. Al final, lo que se vulnera, es nuestra propia condición humana.

            Es por ello que en el grupo Opción Bisexual consideramos que las y los bisexuales necesitamos condiciones, garantías y protecciones para vivir nuestra orientación libres de prejuicios, estereotipos y discriminación; demandamos el derecho a vivir nuestras individualidades afectivas y/o sexuales sin tener que justificarlas; solicitamos que las y los bisexuales, así como los términos bisexual y bisexualidad seamos incluidas e incluidos en las campañas y documentos que se generen para atender las cuestiones y problemas relacionados con la diversidad sexual, asimismo, instamos a que las políticas de educación y de prevención -principalmente en ITS -  traten con el mismo respeto y la misma importancia a la bisexualidad, que a la heterosexualidad y a la homosexualidad.

            Entendemos que los procesos sociales y los cambios que les acompañan son graduales y complejos, sabemos que en términos de orientaciones sexuales la homosexualidad ha cuestionado severamente las certezas que daba el pensar que las personas sólo podían ser heterosexuales y que la bisexualidad, a su vez, viene a cuestionar ambos modelos. Sin embargo, en una sociedad que se pretende democrática y justa o que aspira a serlo, debemos encontrar formas para respetar, coexistir y convivir con la diferencia y la diversidad, no sólo sexual, sino de todo tipo.

            También reconocemos que ha habido algunos avances como la creación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, la implementación de programas para atención a la discriminación en las comisiones de derechos humanos, las campañas contra la homofobia implementadas por CENSIDA y el CONAPRED, así como la realización misma de eventos como estos. No obstante, aún hay mucho por hacer, en la sociedad mexicana la heterosexualidad sigue estando a la base del modelo dominante de sexualidad, y con referencia él, se establecen reglas sociales y morales acerca lo que "debe ser lo correcto" en esta materia. No siguen diciendo que sólo hay una forma válida de amar, de relacionarnos erótica y afectivamente y de vivir en pareja, y peor aún, siguen tratando de imponerla. Las consecuencias de no hacerlo así, de no vivir de acuerdo con este modelo que se pretende único, natural y milenario, se traducen en rechazo, marginación, violencia y discriminación. Las vidas de las personas concretas, de las ciudadanas y ciudadanos de este país, hoy día, se ven afectadas de diversas maneras cuando su orientación sexual difiere o se aleja de lo socialmente aceptado.

            En este sentido, cabe señalar que bisexuales, lesbianas y gays, por un lado, y travestís, transgéneros y transexuales, por otro, estamos expuestas y expuestos a los riesgos de tener y vivir con una orientación sexual o una expresión genérica diferentes a las socialmente dominantes. En este país continúa siendo un riesgo, en diferentes formas y niveles, asumirse como lesbiana, gay o bisexual, y/o ser travestí, transgénero o transexual, esto es así, y debemos subrayarlo con toda firmeza y claridad.

            Es por ello, que el grupo Opción Bisexual presenta la siguiente lista de propuestas:

  • 1) Generar las condiciones políticas, sociales, y legales para que las personas con una orientación diferente a la heterosexual y/o una expresión genérica distinta a las socialmente reconocidas, puedan tener mejores condiciones para vivir libremente y sin tener que justificar su orientación sexo-afectiva y expresión de género.
  • 2) Que las instituciones públicas reconozcan que las personas con una orientación bisexual, lésbica y gay, así como las personas con una expresión genérica travestí, transgenéro y transexual, son grupos que se encuentran en condiciones de riesgo cuando su orientación sexual o su expresión de género se hace pública; y que se tomen las medias necesarias para contrarrestar dichas condiciones.
  • 3) Que las instituciones públicas reconozcan que las personas con una orientación bisexual, lésbica y gay, así como las personas con una expresión genérica travestí, transgenérica y transexual, son grupos que se encuentran expuestos a la discriminación, en sus diversas formas, y que se asuma un compromiso público y activo de prevención, ayuda y combate contra ésta.
  • 4) En necesario dar a la población en general, y a las y los funcionarios públicos en particular, información acerca de la bisexualidad, la homosexualidad y la transgeneridad, la cual ayude a combatir los prejuicios que existen sobre éstas. Dicha información puede difundirse por medio de folletos, campañas informativas, ciclos de conferencias, campañas en radio y televisión, entre otras.
  • 5) Fomentar investigaciones y estudios sobre distintos temas en torno a la diversidad sexual.
  • 6) Fomentar la creación de seminarios, cursos y diplomados sobre diversidad sexual que puedan ser impartidos mediante convenios entre las comisiones de derechos humanos en las 33 entidades del país, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el CONAPRED, institutos de investigación y universidades públicas.
  • 7) Establecer mecanismos que faciliten la denuncia de las violaciones a derechos humanos y casos de discriminación por causa de orientación sexual y/o expresión genérica.
  • 8) Crear un programa público en el que se reconozcan y atiendan las necesidades y problemáticas específicas de las personas con una orientación bisexual, lésbica y gay, así como de las personas con una expresión genérica travestí, transgenéro y transexual, el cual además pueda integrarse a las diversas instituciones del Estado.
  • 9) Establecer formas de vinculación entre las comisiones de derechos humanos en las 33 entidades del país, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la CONAPRED y los diversos grupos LGBTTT, las cuales cuenten con la capacitación y recursos necesarios para hacer un trabajo conjunto que pueda desembocar en acciones concretas y eficientes para atender los derechos humanos de las personas con una orientación sexual o expresión genérica diferentes a las socialmente aceptadas y reconocidas.

            Finalmente, quiero señalar que el respeto a la vida, la dignidad y los derechos de bisexuales, lesbianas, gays, travestís, transgéneros y transexuales sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país, aún hay mucho trabajo por hacer y muchos terrenos por donde avanzar. Sabemos que hay sectores en nuestra sociedad que se oponen a estos cambios y avances ya que sus certezas más elementales se ven cuestionadas y vulneradas, o bien, porque esto afecta situaciones de poder y privilegio que no admiten cambios, sin embargo, nadie tiene derecho a imponernos una forma de vida, de amar y de relacionarnos, y menos aún, a marginarnos, discriminarnos o violentarnos por ello. El trabajo y la lucha de las diversas personas y grupos de lo que ahora se denomina como diversidad sexual, es permanente, no permitiremos que haya vuelta atrás, no dejaremos de alzar la voz y de empeñarnos en que las cosas cambien, porque también somos personas y ciudadanas y ciudadanos con derechos, y el tener una orientación sexual o una expresión de género diferente a las que tradicionalmente se han impuesto, no nos hace menos seres humanos.


[1] Ponencia presentada en el Foro por el Reconocimiento de los Derechos de la Diversidad Sexual, Cámara de Diputados, 16 de junio de 2005.

[2] Klein, Fritz (1993). The Bisexual Option. The Haworth Press. New York. Second Edition. 215 pp. (Traducción propia).

[3] Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española, T. I. (21ª edición). Madrid. 1992. p.295.

Brahim Zeta: de las agresiones e ignorancias de "Sentido G" contra las y los bisexuales

por Josito
sábado, 12 de julio del 2008 a las 01:36
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por Opción Bi  

 www.opcionbi.com



Brahim Zeta es escritor, periodista y activista por los derechos de la diversidad sexual. Es colaborador asiduo de este sitio web y actualmente trabaja en Erósfera, Centro para las Sexualidades como coordinador del Centro de Información Documental; también es vocal del Sector Social del Coesida Puebla.

Opción Bi (OBI): Hola Brahim, muchas gracias por concedernos esta entrevista. Comencemos por el principio ¿Podrías decirnos qué es Sentido G y hacernos una breve síntesis del artículo que publicaron hace unas semanas referente a la bisexualidad?

Brahim Zeta (BZ): Hola, gracias por entrevistarme. Sentido G es un sitio web de noticias sobre el mundo gay en España y Latinoamérica, a veces tocan temas relacionados a otros aspectos de la diversidad.


El artículo citado fue escrito por Fernando Peña, al parecer un argentino gay muy polémico o que pretende serlo, no escribiendo textos incendiarios, sino textos discriminadores, lastimosos y que en nada aportan a la discusión pública de la disidencia sexual, al parecer su postura es disidente de la integración de la diversidad, sino contra ella, es por ello que escribió un texto contra los hombres bisexuales que yo resumiría en su contundente frase: "A los bisexuales habría que matarlos a todos". Lo demás es una retahíla de descalificaciones y de frases estigmatizadoras que ya todos los bisexuales hemos padecido y tenido que escuchar a lo largo de nuestras vidas. Ni siquiera es original en ello.


OBI: ¿Cuál fue tu reacción al leer este artículo y qué hiciste al respecto?

BZ: Indignación, por supuesto. Y enojo, pero ese pasa rápido, porque sino puedo hablar sólo con el hígado y olvidarme de las ideas, y para eso ya está Fernando Peña.
Lo siguiente que hice fue escribirles un correo electrónico público, reclamando sobre todo una postura del medio, pues nunca encontré la famosa leyenda de todo medio escrito respecto a la responsabilidad de lo escrito y opinado. Fue público porque no sabía si ellos lo publicarían, por ello lo mandé a todas las listas de contactos que conozco.

OBI: ¿Cuál fue la respuesta que recibiste de Sentido G?


BZ: Éste es el correo de respuesta que recibí:



Estimado Brahim:


Agradecemos tu mail. Y pasamos a contestar cosas que nos planteas en el mismo:
Primeramente: la palabra "Critica" entre paréntesis no hace más que informar el medio del cual extrajimos la noticia:

http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=5801
En segundo lugar, no adherimos a todos los artículos firmados, sin embargo, solemos poner artículos que generen al intercambio, al debate sano, y por supuesto a la libertad de expresión.


En tercer lugar, el Sr. Fernando Peña posee un punto de vista particular sobre las cosas, sobre el Movimiento gay organizado, y sobre el ser gay en si, que según su opinión excluye a la integración, etc. Cuando decidimos poner notas de Peña, lo hacemos porque sabemos que va a generar debate, pero no lo hacemos pensando en herir ni susceptibilizar al público. Si así fue este caso, te pedimos disculpas, pero tamben te pedimos aceptes la libertad de expresión de otro par (en sexualidad hablando) que también tiene derecho a decir lo que siente. No ha sido agresiva la columna que hemos publicado, ya que la hemos modificado para el público de SentidoG. Sino basta con mirar el link del original.


Son mas, te mandamos saludos.



Gabriel Oviedo - SentidoG.com


OBI: ¿Qué piensas acerca de este tipo de actitudes discriminatorias hacia la bisexualidad y las y los bisexuales?


BZ: Creo que muestran la profunda brecha que hay que cerrar al interior del colectivo LGBT. Una brecha que cuestiona esa cosa que llamamos diversidad. Este texto de Sentido G es uno de los más virulentos que he leído sobre bisexualidad y viene de un medio supuestamente aliado, sensibilizado y abierto. ¡Viene de nuestro lado!

Lo más lamentable es la respuesta de Sentido G, que minimiza su texto discriminatorio, y defiende el derecho a decir "lo que siente", como si el hecho de que cada quien diga lo que siente no implique la responsabilidad de hacerlo público. Si lo dices, entonces asume que lo dicho ya no es personal, es público. Lo que dirimo no es un derecho, es un dicho. Y ni Sentido G ni Fernando Peña asumen ni hacen esa diferencia. El problema es que la derecha nos está entrando por lo peor de la izquierda y eso está ocurriendo en todos los ámbitos de la vida que podríamos llamar "de avanzada" o "progres".

Un ejemplo claro de la militancia de la ignorancia es que en la XXX marcha del Orgullo LGBT de la Ciudad de México la gente no conocía la bandera bisexual y la única que vi, fue la que tú llevaste.


OBI: ¿Cuáles consideras que son las acciones que podríamos llevar a cabo a partir de la respuesta que dio Sentido G?


BZ: Sensibilizar. Actuar en respuesta pero también con propuesta. Esto es, por ejemplo, que en su sitio aparezca un link a Opción Bi, Que busquen personas que colaboren con textos sobre bisexualidad, por ejemplo, que abran su espectro, un poco lo que ha hecho Sergio Alan Villarreal. Y que me parece nadie ha hacho con nuestros propios medios. Y claro, hacer oír nuestra voz, porque evidentemente las y los bisexuales no creemos que deberíamos morir, pero además tenemos mucho que decir al respecto. Si el odiador tiene voz, los odiados, que somos más, merecemos un micrófono más grande.

OBI: Muchas gracias por concedernos esta entrevista, sobre un asunto tan lamentable ¿Algo más que quieras agregar?


BZ: Sólo que no hay que descuidar el combate a la discriminación dentro del colectivo LGBT, ser quien uno es no lo hace mejor o peor, lo que nos hace mejores es el conocimiento y el reconocimiento de las diferencias. Y claro, su entendimiento. Eso implica desaprender, desheteronormarnos.

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Josito

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