Porque la bisexualidad no es el tercero en discordia[1]
La bisexualidad no es homosexualidad secreta, ni heterosexualidad escondida. La bisexualidad es otro camino de la expresión sexual. Fritz Klein. The Bisexual Option.[2]
Por Myriam Brito Domínguez
Grupo Opción Bisexual
Cuando comprendí, hace ya unos siete u ocho años, que me podían gustar hombres y mujeres, me sentí muy bien, me sentía especial, me sentía diferente y esa diferencia me gustaba; en ese tiempo no podía saber que ese rasgo particular de mi vida me haría colocarme en un largo, complicado, pero interesante proceso. En esos años ya me había acostumbrado a ser distinta y "rara" a las personas que me rodeaban, en los espacios en los que me movía, tal vez por eso no me sentí mal, ni culpable, cuando acepté que al mirar a algunas mujeres algo en mí se deleitaba y que eso no hacía que me dejaran de gustar algunos hombres. Tampoco me fue mal cuando se lo dije a quien es mi pareja desde hace 11 años, él fue el primero en saberlo, me dijo que no había problema, que estaba bien, que lo respetaba; mis amigas más cercanas en ese tiempo también lo respetaron, al menos por eso, no hubo problemas. Con mi familia, como es de esperarse en una sociedad como la nuestra, otra fue la historia, tuvo sus respectivos dramas y sus inevitables rechazos, reproches y culpabilidades, afortunadamente, para entonces ya había comprendido que era conveniente no hacerle demasiado caso a la familia. En ese tiempo yo no conocía la palabra "bisexual", esa me la encontré unos pocos años después, sin embargo, ya sabía que yo "poseía" algo que me hacía sentir muy especial: me podían gustar mujeres y hombres. Vivirlo, disfrutarlo, experimentar, relacionarme y llevarme más de un susto, es otra parte de la historia.
Cuando escuché la palabra "bisexual" y supe de su significado (fue tan simple: la persona a la que le gustan hombres y mujeres), me encantó y me la apropié de inmediato, me identifiqué, eso era yo: bisexual. La verdad es que fui muy ingenua, de haber sabido de todos los prejuicios que se asocian con ella...igual me la hubiera apropiado, aunque con algo de temor, supongo.
Afortunadamente para mí, pude encontrar a mis semejantes con cierta facilidad: en una Marcha del Orgullo, era el grupo "Caracol Red Mixta Bisexual", el proyecto no duró mucho tiempo, pero después, gracias a Angélica Ramírez y Natalia Anaya, se creó el grupo "Sentido Bisexual" y ahí puede ir compartiendo y viviendo la parte bisexual de mi persona.
Lo primero que me sorprendió cuando comencé a ir a este grupo, fue escuchar a otras compañeras y compañeros contando del rechazo y desprecio que vivían departe de lesbianas y gays porque creían (y desafortunadamente muchas y muchos lo siguen creyendo) que las y los bisexuales éramos "demasiado diferentes", que no teníamos el valor de definirnos como lesbianas o gays, que éramos promiscuas y promiscuos, infieles, que contagiamos el SIDA, y una larga lista de "creativos" prejuicios. Recuerdo que esto me sorprendió e indignó muchísimo: ¿acaso nos estaban estigmatizando, rechazando y maltratando por nuestra bisexualidad, aquellas y aquellos que han vivido las dolorosas consecuencias del estigma, el rechazo y el maltrato debido a su orientación sexual "diferente"? Como es de esperarse, la respuesta fue sí.
Algunas personas me han dicho que esto no tendría porque sorprenderme demasiado, que no son raras las actitudes de exclusión, desprecio y discriminación entre las y los excluidos, despreciados y discriminados, que así es la "naturaleza humana", que al final las y los humanos no somos perfectas ni perfectos, y que mejor no les haga caso, "ya ves como son las lesbianas y los gays". Estas son ideas interesantes y sí me las creyera del todo e hiciera caso al consejo, tal vez me evitaría muchos problemas y dolores de estómago, pero no, no me conformo con aceptar que "así somos" y que ello no tiene remedio, aún creo, no obstante las personas y los hechos que abonan en contra, que se puede contribuir a tener otro tipo de diálogo y relación entre las y los disidentes sexuales, espero no soñar demasiado si pienso que pueden mejorar.
Así, considero que un camino para ir cuestionando, o al menos sacudiendo a los prejuicios, es presentándolos con la información, es por ello que voy a dar una breve definición sobre la bisexualidad, para hablar después de algunos de los prejuicios más recurrentes que se asocian con ésta.
La bisexualidad es una orientación sexual, como la heterosexual y la homosexual, obviamente no es una enfermedad, ni una desviación; tampoco es un desafortunado desacomodo de la psique o una locura doble. Lejos de ello, la bisexualidad nos remite a esa dimensión del deseo o la atracción sexual en donde se contempla (potencialmente) a mujeres y hombres. De esta forma, las personas con una orientación bisexual somos quienes tenemos sentimientos eróticos, afectos, fantasías, vínculos y/o experiencias con mujeres y hombres, y/o nos identificamos como bisexuales.
Con respecto a los prejuicios que se asocian con la bisexualidad, la lista es larga, pero los he agrupado y dividido en cinco grupos, esta división, como es de esperarse, es una propuesta para exponer el tema, obviamente otras autoras y autores lo exponen de forma distinta.
Prejuicio 1) A las y los bisexuales nos gustan mujeres y hombres por igual, con la misma intensidad y fuerza, todas las mujeres y todos los hombres, por ello somos "supersexuales", "hipersexuales" o "le tiramos a todo lo que se mueva". Falso, la bisexualidad no atrofia ni anula nuestra capacidad de elección, ni nuestra voluntad, podemos elegir con quien relacionarnos y con quien no, así que no es verdad que nos gusten todas las mujeres ni todos los hombres, piénselo, tampoco es cierto a las lesbianas les gusten todas las mujeres, a los gays todos los hombres, a las mujeres heterosexuales todos los hombres o a los hombres heterosexuales todas las mujeres.
Prejuicio 2) Las personas bisexuales somos infieles "por naturaleza", no somos confiables porque no podemos establecer relaciones duraderas y menos aún, monogámicas. Falso, la cuestión de la fidelidad y el problema de la infidelidad no están relacionados directamente con la orientación sexo-afectiva, sino con normas y acuerdos sociales en contextos específicos. Cualquier persona puede ser fiel o infiel de acuerdo con sus propias decisiones y/o con imperativos morales, no es sólo cuestión de quién me gusta o con quién me relaciono, sino también de cómo y bajo que reglas o acuerdos establezco mis relaciones amorosas, afectivas y/o eróticas. El que a las personas con una orientación bisexual nos pueden gustar hombres y mujeres, no implica necesariamente, que nos relacionemos con varias personas al mismo tiempo o que no podamos establecer relaciones duraderas e incluso monogámicas.
Prejuicio 3) Las y los bisexuales somos personas indecisas, nuestro deseo sexual es "ambiguo", "no sabemos lo que queremos" o lo "queremos todo", seguramente "somos lesbianas o gays de clóset" que no nos atrevemos a definirnos por "blanco o negro" porque nos da miedo o porque no queremos dejar nuestra "cómoda cara heterosexual"; o tal vez sólo estamos en un período de transición hacia "las verdaderas orientaciones sexuales" (que son las gay y lésbica, por supuesto) y que eso de ser bisexuales "seguramente se nos pasará pronto". Falso (y ofensivo), las personas que nos identificamos como bisexuales, como cualquiera otra, sabemos lo que sentimos y lo queremos, nuestra orientación sexual es clara y no nos impide saber cómo nos asumimos y qué le da sentido a nuestro deseo y a nuestras relaciones erótico-afectivas. Si bien es cierto que hay casos en los que la orientación del deseo puede cambiar, no es verdad que esto sea lo común. Nadie tiene el derecho a exigir que me defina si estoy "con melón o con sandia", "conmigo o contra mí", mi definición y decisión es ser esa, soy bisexual ¿qué mayor claridad se necesita tener? Nadie tiene tampoco el derecho a decirme cuáles son mis "verdaderos" preferencias, gustos o afectos, nadie puede saber más que yo a este respecto, como dice el psicoterapeuta David Barrios, "la experta en mí, soy yo y sólo yo".
Prejuicio 4) Las y los bisexuales necesitamos estar con una mujer y un hombre al mismo tiempo para ser "bisexuales de a de veras", sino es así ¿qué caso tiene ser bisexuales? Este prejuicio está relacionado con dos estereotipos comunes: generalmente se piensa que bisexual es un hombre masculino y casado que tiene relaciones con otros hombres. En el caso de las mujeres, se piensa en dos bisexuales que se relacionan con un hombre, pero para el placer de éste. Lo cierto es que la bisexualidad femenina, como mucho de lo que se asocia con las mujeres, está invisibilizada, normalmente no se cree que existan mujeres bisexuales y cuando sí se hace, se recurre a este estereotipo. Sin embargo, las personas de carne y hueso, las personas concretas en sus relaciones concretas, establecen muchas y diferentes clases de vínculos, lejos de estos estereotipos, pues la realidad siempre es más compleja que estas maneras simplistas de encasillarla.
Prejuicio 5) Las y los bisexuales somos lo mismo que lesbianas y gays. Falso, la bisexualidad tiene sus propias particularidades, ya que nuestra identificación sexual se estructura con otros elementos, en principio, nos pueden gustar mujeres y hombres y ello trae consigo diferencias importantes para la conformación de nuestra orientación erótico-afectiva. Es cierto que compartimos con lesbianas y gays el tener una orientación distinta a la heterosexual, con todo lo que ello implica, sin embargo, no somos lo mismo (lo cual no significa, hay que decirlo, que no podamos trabajar juntas y juntos o construir proyectos en común).
Estos prejuicios, junto con muchos otros, han contribuido a crear una idea estereotipada y negativa de la bisexualidad y de las personas que se identifican con ella o se asumen abiertamente como bisexuales.
Algunas autoras y autores que han escrito sobre el tema, consideran que el rechazo hacia la bisexualidad se genera a partir de una visión dicotómica de la sexualidad en donde se establecen dos polos irreductibles y contrapuestos: heterosexual versus homosexual, y en donde la bisexualidad no tiene sentido, ni cabida. Al respecto, Gloria Careaga plantea que "la construcción de los conceptos de homosexualidad-heterosexualidad y el reconocimiento de que la atracción sexual de éstos forma parte de su identidad, llevó a una nueva cuestión, la concepción de que las personas con atracción por ambos sexos, parecen ser ahora las antinaturales (...) la lucha no es fácil, la bisexualidad es una condición difícil de aceptar en un mundo donde aún prevalece de manera significativa el pensamiento bipolar" (Careaga, 2001: 121, 127). Lo cierto es que estas visiones dicotómicas del mundo son algo recurrente y común (aunque no por ello menos desafortunadas), forman parte de actitudes que buscan reducir y simplificar la complejidad de manera que genere certeza y seguridad. "Blanco o negro, bueno o malo, conmigo o contra mí", son términos que, para el caso que nos ocupa, permiten reducir a un mínimo la complejidad que es inherente al mundo humano. Estas reducciones nos impiden reflexionar, buscan reducir esta complejidad al mínimo, tratan de generar explicaciones sencillas y simples, y por ello, capaces de darnos seguridad. Es más fácil mirar al mundo en términos de blanco y negro en lugar de ver toda la gama tonalidades que hay entre ambos polos. Es más sencillo pensar que las personas sólo pueden optar por la homosexualidad o la heterosexualidad, en lugar de considerar que las personas podemos sentir, amar y relacionarnos de múltiples y complejas formas, sin embargo, pensarlo así, puede romper nuestros esquemas explicativos, cuestionarlo y poner en entredicho certezas fundamentales, lo cual, muy posiblemente, se encuentra en la base del temor y el rechazo. Por ello, como afirma Angélica Ramírez "la bisexualidad es un reto a las bipolaridades; desde el momento mismo de aceptar esta orientación como realmente existente trastocamos de algún modo las polaridades mutuamente excluyentes que ha conceptualizado las orientaciones o las preferencias sexuales" (Ramírez, 2000:12).
Estos argumentos aportan algunas ideas para entender el rechazo y la exclusión de la bisexualidad sin embargo, me parece que hace falta considerar otros elementos. Desde mi perspectiva, el rechazo hacia la bisexualidad, desde diversos frentes, así como también el de la homosexualidad y la transgeneridad, son parte de procesos sociales, que se relacionan, por un lado, con la forma compleja y contradictoria en que se han estructurado los referentes de género en las sociedades contemporáneas, esto es, con la manera en que el género, en su doble dimensión femenino/masculino y mujer/hombre, entrecruzado con dinámicas que se pueden denominar como tradicionales y modernas, se establecen como referentes para las identidades individuales y colectivas. Por otro lado, también hay que considerar lo que Foucault llama la dispersión de las sexualidades y la explosión de las heterogeneidades sexuales, como procesos sociales que se desarrollan desde el siglo XIX, y en el que asistimos a la proliferación de las sexualidades, los deseos, los placeres y los cuerpos, junto con el desarrollo de una multiplicidad de dispositivos para hacer hablar del sexo, para estudiarlo, administrarlo, controlarlo, y extraerle "su verdad", a través de los distintos discursos de la ciencia.
Sobre lo que quiero llamar la atención aquí, es que las ideas que predominan en nuestras sociedades y nuestro tiempo y que asocian a la heterosexualidad con "lo natural y lo normal", y a la homosexualidad y la bisexualidad con "lo desviado y lo anormal"; así como las aparentes correspondencias naturales e inamovibles entre los niveles del cuerpo, el género y el deseo sexual (esto es, que por ver en un cuerpo lo que se considera una vagina o un pene, se establece que alguien es mujer u hombre y que por ello "naturalmente" se sentirán atraída o atraído por su "opuesto sexual"), son construcciones culturales, humanas, las cuales han ido tomando forma y se han estructurado en procesos y dinámicas sociales muy complejas. Si bien es cierto que en esto radica la expectativa de cambio, ello también implica una inconmensurable dificultad para su deconstrucción, el que un fenómeno sea cultural o social, no significa que sea algo sencillo o simple, por el contrario, las construcciones y elaboraciones humanas son difíciles de entender, están formadas por múltiples y complicados elementos y dinámicas, no obstante su inherente posibilidad de transformación.
Así, el rechazo y menosprecio hacia aquellas orientaciones sexuales que son consideradas como "diferentes" (y aquí estamos incluidas e incluidos lesbianas, bisexuales y gays, independientemente de si simpatizamos o no entre nosotras y nosotros) es un problema social y cultural muy complejo, el cual requiere ser analizado y tratado desde varios frentes. En mi opinión habría que distinguir entre tres niveles básicos: el de la construcción de las identidades, esto es, los procesos y los referentes en los que se construyen las identidades a nivel individual y colectivo en las sociedades de nuestro tiempo; el nivel de la ética, entendida aquí como el ámbito en el que las personas deciden y eligen por sí mismas qué hacer con su orientación sexual y de las condiciones necesarias para que ello ocurra; y el nivel político, que se refiere a la lucha y defensa de las orientaciones sexuales que disienten con las normas sexuales dominantes, así como la reivindicación de los derechos humanos y fundamentales de todas las personas.
No digo nada nuevo al afirmar que aún hay mucho camino que recorrer para que deje de ser un problema, y muchas veces hasta un riesgo para la dignidad y la vida humana, el tener una orientación sexual "distinta" a la que se reconoce y acepta en nuestro tiempo; sin embargo, creo que es importante, considerando la magnitud del problema, que en la media de lo posible, bisexuales, lesbianas, gays, travestís, transgéneros, transexuales, intersexuales y todas las personas que de una u otra manera formamos parte, de lo que por ahora se consideran las disidencias sexuales, nos movamos de nuestros nichos y nuestro aislamiento; que nos animemos a acercar nuestro ser con las otras, los otros, les otres; que dejemos a un lado nuestra desconfianza hacia "lo diferente, dentro de lo diferente"; que debilitemos al temor, el miedo o la arrogancia, para acercarnos y buscar como enfrentar estos, nuestros problemas, buscando puntos en común o al menos, no en demasiado desacuerdo.
Bibliografía
Klein, Fritz (1993). The Bisexual Option. The Haworth Press. New York. Second Edition. 215 pp.
Foucault, Michel (1998). Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber. Siglo XXI. México. Trad. Ulises Guinazú. Ed. Original, 1976. 194 pp.
Ramírez Roa, Angélica (2000). "De las dicotomías y los estigmas" en Revista UYAM. Núms. 2 y 3. México. Enero-agosto, 2000. pp. 9-13.
[1] Ponencia presentada en el Segundo Encuentro de Escritores sobre Disidencia Sexual e Identidades Sexo-genéricas, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, octubre de 2005.
[2] Klein, Fritz (1993). The Bisexual Option. The Haworth Press. New York. Second Edition. 215 pp. (Traducción propia).



