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DEMANDAS TEÓRICAS.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:08
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 Por Patricia Claudia Rossi (*).

"En su desarrollo, la mujer debe realizar un doble cambio de zona erógena y de objeto, del clítoris a la vagina, y de la madre al padre".

"Es la fantasía de tener un hijo con el padre lo único que puede resarcir del descubrimiento de la castración de la madre y su consiguiente decepción".

"La culminación del desarrollo de la mujer es la producción de la equivalencia niño-falo".

El entrecomillado es mio. Estas frases que remiten a escritos de Freud que en su momento fueron revolucionarios, aparecen textualmente en el No. 20 de una revista de Extensión Universitaria, editada por la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero, en NOVIEMBRE DE 1998. Como si en vez de elaborar, crear, aprender de la clínica, se tratase de repetir hasta el infinito. "debe". ¿El Super yo de quién lo exige?.

"Lo único". ¿Por qué tanta seguridad en que no puede haber ninguna otra forma?. "Culminación del desarrollo": serás lo que la cultura y la teoría te demandan (sobre todo si sois psicóloga) o serás subdesarrollada. (Si alguna terapia logra que "completes" tu desarrollo quizás no te sientas tan castrada, tan en falta, tan humana). El artículo del cual extraje estas frases no fue escrito por un discípulo de Ana Freud, sino por un sicoanalista con claro lenguaje lacaniano (funcionamiento de lo simbólico, falo, cita a Levi-Strauss, goce etc.). El artículo coexiste en paz en la publicación con otro artículo que enuncia:

"Por esto la pregunta acerca de una sexualidad normal, resulta inquietante, ya que es muy difícil decir qué es normal y qué no lo es". Coexisten en paz porque esta contradicción ni siquiera es percibida por la mayor parte de los psicólogos que conozco. La teoría suele ocupar un lugar de verdad y neutralidad que se presenta como si pudiese ser independiente de cualquier parámetro de normalidad. Es una pena que se desperdicie la riqueza y la potencia que puede tener aun hoy la teoría psicoanalítica si se le permitiese jugar, elaborar, "intertextuarse" con las teorías de género y todos aquellos movimientos que vienen a cuestionar las explicaciones unívocas y lineales, las identidades, las verdades y las esencias entre otras cosas. (No hablemos de dialogar con otras escuelas psicoanalíticas o con otras corrientes teóricas psicológicas porque es tabú, y equivale a excomunión). En la misma revista, otra frase típica "el deseo es la esencia del hombre, la esencia de la realidad humana". El deseo me interesa mucho, pero no para reducir toda la complejidad humana a "El", como en otro tiempo hizo Watson con el "estímulo-respuesta". No me interesa el movimiento de reducir todo lo humano al deseo, o poner al deseo como fundamento último, para calmar la angustia frente a lo humano, que excede nuestro entendimiento por todos lados. No se trata tampoco de censurar ciertas palabras como esencia, verdad, y extirparlas de nuestro vocabulario. Se trata ponerlas a trabajar. Supongo y me preocupa, que para cuando el cuestionamiento a la dicotomía de "sexos", las identidades, las esencias (que hoy se me presenta tan interesante y nuevo, aunque no sea tan nuevo) devenga moda y/o dogmatismo y surjan nuevas ideas en ruptura con eso, probablemente se vuelva a hacer oídos sordos a todo. No me alcanza la explicación de como suelen funcionar los paradigmas, me queda la pregunta de por qué alguna gente tiende a cuestionar su propio pensamiento y por qué la mayor parte de la gente hace todo lo contrario. No me alcanzan la búsqueda de seguridad, de satisfacción de garantías, obturar la falta, como explicaciones a eso. Es moneda corriente, si sois una paciente de terapia, que se reduzcan las tendencias homosexuales en la mujer a la identificación, a la envidia de pene, y que te prevengan de hacer una actuación, sobre todo siendo mujer los hombres también te atraen (No se trata de que todas estas explicaciones no tengan ninguna validez, pero sí de considerar que puede haber otras cuestiones en juego de igual, menor, o mayor peso). Parecería que incluso dentro de la teoría psicoanalítica a nadie se le ocurre que puedes reconciliarte con la castración de la mamá y el resto de las mujeres, y que la homosexualidad femenina puede tener que ver con el narcisismo (explicación que sólo se da respecto a los hombres, porque ¿cómo a alguien se le ocurre que un cuerpo sin pene puede ser valorado?). Difícilmente un psicólogo/a frente a un paciente que se siente atraído/a hacia ambos "sexos" no intente inclinar la balanza hacia el sexo opuesto y que las tendencias homosexuales se mantengan en el terreno de la fantasía. ¿Para qué convertir en "perverso" a alguien que puede permanecer en el tranquilizador mundo de la "neurosis?. Sí, me identifico con las mujeres... y algunas además me calientan, y de algunas me puedo llegar a enamorar. Si me dan miedo los hombres. También las mujeres, y mis ganas y amar y perder y la vida y la muerte. Con cerrar puertas no estoy mejor parada frente a ninguno de mis miedos. Y quizás me llegue a suceder algo con travestís o transgénero u otros géneros que surjan. Por ahora no me pasa, pero si sucediese, espero no huir. En el psicoanálisis tiende a suceder que del material del paciente, el analista codificará en términos de deseo y de pulsión de vida todo lo que le suene lindo, y que vaya a parar al goce y a la pulsión de muerte "aquello que hay que acotar" todo lo que suena feo. La neutralidad última de la teoría en que se sostiene la supuesta neutralidad del analista, permanecerá incuestionada. No hay nada peor que ser disciplinado por los que supuestamente están para liberarte. Es que desde el momento en que hay teoría hay algo de disciplina y algo de libertad. Por lo menos hagámonos cargo.

Asistí a un encuentro de Psicoterapeutas gays, lesbianas y bisexuales que me partieron la cabeza. Encontré ganas de pensar y mucho recorrido teórico. Y preguntas sin respuesta, que son las que más me interesan. Y textos que me rompieron un montón de esquemas. Aun así me preocupa la tendencia a despatologizar sólo el mundo GLTTB (sobre todo el gay y lésbico, los otros están más discutidos) sin plantearse instruir a fondo la oposición salud-enfermedad. Aun si los bisexuales dejásemos algún día de ser los chivos expiatorios del mundo gay, ¿a quién pondremos en el puesto vacante de pervertidos, viciosos, enfermitos?. No creo que se trate de censurar la capacidad de horrorizarse. Pero sí de tratar de reflexionar sobre lo que nos horroriza sin limitarse a colocarlo por fuera de uno, etiquetarlo y cerrar el paquete. Me horroriza la prostitución infantil, me horroriza la tortura, me horroriza que la gente pase hambre, me horroriza la opresión. Y el sadomasoquismo también, aunque mucho más el disfrazado de todos de la vida cotidiana, que el de la gente que lo "elige" explícitamente y de común acuerdo. Aunque ninguna elección humana es elección del todo, sigue siendo una forma de elección y de hacerse responsable. Y me interesa cuestionar e interrogar todo lo que me horroriza en mayor o menor medida, no para desestimarlo o lavarme las manos. El problema es que cuando uno cree que los parámetros costumbres, valores, éticas y teorías son construcciones humanas, ¿desde dónde legítima su concepción de ser humano y de mundo, su propia ética y su práctica profesional (en mi caso psicóloga)?. Creo que el fundamento en este marco nunca va a poder remitir a algo sólido, esencial, verdadero, neutral. No podemos vivir sin parámetros. Pero uno puede asumir lo precario de la posición que toma, y un compromiso de apertura mental hacia aquello que más nos duele, nos choca y lastima. Y sobre todo aquello que más amenaza nuestra concepción de ser humano, de mundo y nuestra ética. No para aceptar, tolerar todo alegremente, sin hacerse cargo de nada. Si no como desafío para reflexionar justamente ahí, en nuestros límites y construir prácticas coherentes con una reflexión y apertura constantes a la sorpresa.

(*) Patricia Claudia Rossi es psicóloga, una de las coordinadoras del grupo de reflexión para personas bisexuales que funciona en "Escrita en el Cuerpo" e integrante de la Red de Psicoterapeutas Gays, Lesbianas y Bisexuales de Argentina.

CAMELLERO.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:08
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 Por Mauro Cabral. (*) (Original).

"Pues todo lo vive en relaciones de devenir, en lugar de efectuar distribuciones binarias entre estados..."

"Por eso es fácil caracterizar el pensamiento nómada que rechaza ese tipo de imagen y procede de otra forma pues no invoca un sujeto pensante universal, al contrario, invoca una raza singular; y no se basa en una totalidad englobante, sino que, por el contrario, se despliega en un medio sin horizonte como espacio liso, estepa, desierto o mar." G. Deleuze y F. Guuttari.

1; " Desde que nací en mí me encerraron, pero yo me fui". F. Pessoa.

Mi nombre es Mauro Cabral; ese no es el nombre con el que me llamaron mis padres sino que digamos más bien que es la manera en que elegí nombrarme el día en que decidí comenzar a vivir como una persona transgenérica. Cuando la gente me pregunta acerca de los fundamentos de esa decisión, suelo responder que elegí no tanto por creer en una identidad como por sentir el movimiento: el género, la sexualidad, la diversidad, transcurren y yo transcurro acompañado, constituido, atravesado por ellos. No creo que existan solo dos puntos de partida y menos aún dos puntos de llegada: no me siento una mujer, tampoco busco convertirme en un hombre; y mi deseo no ha aprendido aún a seguir derroteros mutuamente excluyentes: soy bisexual. Decidí cambiar de nombre, y llamarme así, justamente, el día que me acordé de un sueño; en una historia escrita por un amigo hace muchos años; alguien llamado Mauro Cabral contaba una noche que había soñado con ser un nómada, un camellero del desierto, perdido en el andar de una caravana infinita sin mapa, sin destino y sin fronteras.

2; "Nosotros no hablamos de otra cosa: las multiplicidades, las líneas, estratos y segmentaridades, líneas de fuga e intensidades". G. Deleuze y F. Guattari.

Voy a hablar, entonces, en este contexto, de dos categorías ser transgénero y ser bisexual. Quizás debiera decir, más bien, dos condiciones, aunque desde mi posición enunciativa, sin embargo, referirme a ambas implica la construcción de este texto sobre el trazado de una intersección desde mi experiencia donde sólo puedo hablar de esas condiciones como de una única condición, soy una persona transgenérica y bisexual.

Esta aseveración parece constituirse, socialmente, como un acoplamiento de exteriores. La mixtura de fragmentos genéricos dispersos que la identidad transgenérica organiza, desafiando al canon bipolar, expresa de por sí un exterior al sistema binario de géneros. Desde mi transperspectiva radical, en cambio, ser transgénero significa una vivencia de la disolución del límite. Quizás mirados desde dentro del sistema disyuntor (femenino/masculino) las personas transgenéricas nos veamos como un afuera; desde nuestro lugar, todos compartimos un mismo espacio de posibilidades identitarias fluidas y no disyuntivas.

Algo parecido ocurre con la bisexualidad, aunque dicha condición arrastre una carga adicional de censura normativa el quiebre de la clausura necesaria del objeto de deseo, que se expande y se ñudisa. Estas afirmaciones constituyen una ruptura importante con el imaginario convencional del pasaje "trans", remitido socialmente al funcionamiento de un poderoso dispositivo de restitución. Si tal pasaje es posible en este mundo (nos dicen) lo es siempre; bajo la forma restituida de la heterosexualidad como paradigma relacional dominante. Es necesario distinguir el predominio histórico de una narrativa "trans" acorde a ese modelo (la cual, por otra parte, continúa siendo exigida por el sistema médico como requisito imprescindible para efectuar una reasignación de género) de la sexualidad tal y como la vivimos las personas transgenéricas cotidianamente, más cercana a la herejía que a la ortodoxia. La homosexualidad transgenérica va apareciendo, lentamente, como una alternativa recibida con indudable escepticismo (y en ocasiones espanto); y las condiciones de su ejercicio ofrecen una interesante perspectiva de los límites del mundo gay-lésbico en materia de diferencias. Pero desplegar una identidad constituida a partir de ambos bordes transgenérico, bisexual, implica una desestabilización continua y recíproca entre los dos términos, una especie de agravamiento que se multiplica, como en un juego de espejos: el fantasma de la indecisión, doblemente repetido, la amenaza de la exterioridad y la irrupción, doblemente temidas.

3.         "La tierra deja de ser tierra, y tiende a devenir un simple suelo o soporte..."

O. Deleuze y F. Guattari.

Una noche, en medio de un taller sobre transgéneros, una persona me gritó que si lo que yo decía sobre mi mismo era cierto, entonces ya no sabría cómo insultarme... Después de todo yo había sido una mujer, y había amado mujeres y hombres; y ahora decía ya no ser una; mujer, y usaba nombre y vocales de hombre, y continuaba diciendo amar hombres y mujeres. Todas las intersecciones son ciertas, yo pensé en ese momento, aunque en realidad ninguna la sea del todo, desde una postura transgenérica radical, postular la bisexualidad carece de sentido del mismo modo que carecen de sentido la hétero y la homosexualidad, los "hombres" y las "mujeres", las leyes del deseo y los deseos ilegítimos, las atribuciones de indecisión, de monstruosidad... y sus insultos.

El peligro del exterior es el del triunfo de la contingencia sobre la necesidad, que parece gobernarlo todo a través de una lógica ¿infalible?. La que relaciona, necesariamente, cuerpo, identidad y roles, añadiendo una sexualidad debida planteada también en términos necesarios. (Sí tienes este cuerpo, necesariamente sois una mujer; si sois una mujer, necesariamente deberán atraerte los hombres; o te atraerán las mujeres, y necesariamente, ahí se terminan las opciones). Presentarse como transgénero y bisexual es expresar el fin de toda necesidad, con uno mismo y con los otros; ser con, contra, a pesar, sin embargo, el cuerpo y los demás cuerpos; implica articular el deseo temerariamente con otras cadenas contingentes de identidad en dispersión, ni "hombres", ni "mujeres" de identidades clausuradas, sino más bien (y por suerte); personas deseadas y deseantes.

4. "Pero todavía no sabemos muy bien qué significa lo múltiple cuando cesa de ser atribuido, es decir, cuando es elevado al estado de sustantivo".

G. Deleuze y F. Guattarí.

Hay quienes consideran que vivir de esta manera transgenéricamente, bisexualmente no es saludable; que es una mala elección, si tal cosa se elige; que es un mal destino, si el karma lo dispuso. Hay quienes consideran que el borde de la patología esta demasiado cerca; que queremos todo, y a todos, y a todas, y que estamos dispuestos a todo porque, al fin y al cabo, queremos serlo Todo y somos capaces de Todas las traiciones, al Género, al Cuerpo, al Deseo y a Parménides. Están quienes consideran a la bisexualidad un snobismo de moda y a lo transgenérico un snobismo aún mayor; quienes suponen que ya nos decidiremos, algún día, quienes nos comparan con Peter Pan y quienes nos advierten ferozmente: deja a mi mundo en paz. Indudablemente están también quienes nos comprenden, y quienes dialogan con nosotros mientras van construyendo con el tiempo su comprensión; quienes nos eligen como amigos, compañeros y amantes; quienes nos soñaron o nos sueñan, quienes nos esperan no a pesar de sino porque así somos. En este mismo momento, en algún lugar, esta también la persona que yo amo; a veces, en medio de alguna fiesta, suelo apoyarme contra una columna y ver su figura de lejos, bailando; y entonces otra vez, nuevamente, elijo vivir en mi trans/bi mundo, y en los múltiples y diversos caminos que nos constituyen, que nos acercan y nos separan, convencido de que, tal como aseveran mis amigos, estamos segmentarizados por todas partes y en todas las direcciones.

(*) Mauro Cabral 27 años, transgénero, bisexual, integrante de "Las Iguanas". Grupo lésbico, bisexual y transgenérico (de la provincia de Córdoba, Argentina) y coordinador del programa "Thinking Trans".

LA SALA INEXISTENTE

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:05
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Autoras: Natalia Prieto, Laura Falgione, Julieta Colagreco y Patricia Rossi (*). Original.

 

Ser bisexual en Buenos Aires en el fin de milenio es como estar sentenciado a recorrer los pasillos de un museo, en busca de una sala que se sospecha inexistente. Es cierto, la visibilidad de la comunidad GLVFB junto con la de otros grupos que se oponen al modelo heterosexual es mayor actualmente comparada con épocas anteriores. Sin embargo, a medida que aumenta dicha visibilidad, se van generando con una creciente minuciosidad los perfiles de los diferentes grupos. Esto llevó a las construcciones de identidades más o menos fijas y estereotipadas, centradas en la orientación sexual. Así, este movimiento de apertura trajo aparejado un movimiento de cierre. Por ejemplo, el caso típico: hombres homosexuales que al no compartir ciertos códigos: ropa ajustada, música disco, posturas corporales y gestos, tienen dificultades para integrarse y conocer gente. Esta producción de grupos e identidades no esta a cargo del mundo heterosexual o queer exclusivamente sino que sucede por interacción, por oposición de la mirada hetero, por apropiación o por creación (1). Los medios cumplen una función muy importante en la generación de identidades prolijamente reglamentadas según categorías que van desde la ropa hasta la música y que son universalizadas; y puestas en vigencia oficial. Sin embargo, su acción no es hegemónica. Sabemos que la existencia de toda comunidad es precaria y por eso elabora su sistema simbólico particular y fortalece de esta manera su identidad. El punto es que esta elaboración a la que también se somete el mundo queer para ser visible ‘in visibiliza" a muchas personas que no responden a ninguno de los modelos establecidos.

En Argentina, dentro del grupo GLTFB, quizás seamos los bisexuales los más "invisibles". Creemos que esto está relacionado en parte con que tanto en el mundo hetero como homo la orientación sexual esta subsumida al género, mientras que en la bisexualidad (2) el género es un elemento más y no es excluyente. Esta lógica rompe de alguna manera con la lógica homo/hetero y el bisexual queda como el diferente ante los homosexuales y heterosexuales y así tiende a ser estigmatizado. Para una cultura en la cual el género es tan importante, es difícil asumir que un grupo de gente pueda tener otros parámetros.

Por otro lado es fácil para un bisexual "camuflarse" en cualquiera de los dos grupos y así pasar desapercibido como tal. La invisibilidad se manifiesta, entre otras cosas en la ausencia de chistes, de modas o términos de bisexuales. Pero esto es maravilloso porque nos permite elegir de una variedad de experiencias culturales más amplia para conformar nuestra identidad. Nuestra orientación sexual no elige por nosotras/os nuestro comportamiento en otros ámbitos de la cultura.

Ser bisexual en Buenos Aires en el fin de milenio es como estar sentenciado a recorrer los pasillos de un museo, en busca de una sala que se sospecha inexistente. Porque vivimos en un mundo donde cada grupo ha generado su visión unívoca de sí, su postulado estratificado que se exhibe incuestionable en su particularidad. Si bien creernos haber abandonado ante los otros la cosmovisión única con la posmodernidad, los nuevos grupos erigen sus supuestos y (éstos) son dictados con los mismos delirios universalizantes de la más rabiosa modernidad. En este laberinto de significaciones, los bisexuales también buscamos la codificación que nos confirme la existencia. Pero quizás descubramos que después de todo, no tenemos ganas de entrar en un sistema de codificaciones. Queremos existir y ser visibles, pero a la vez mostrar que las opciones sexuales pueden ser tantas como personas hay en el mundo. No tenemos ganas de que nuestra orientación sexual tenga que ser legitimada desde una identidad de grupo. La "Unidad en la diversidad" se nos plantea como una paradoja. Cómo hacer visible la bisexualidad, sin transformarla en una categoría alrededor de la cual se organicen una serie de comportamientos que se den por sentados. Encarnamos una forma de hacer. Esta en cada uno convertirla, o no, en una forma de ser.

(*) Las autoras son coordinadoras del grupo de reflexión para mujeres bisexuales que funciona en Escrita en el Cuerpo desde 1997 y que a partir de este año estará abierto a personas de todos los géneros.

(1); Sobre este punto recomendamos la lectura de artículos del "Primer Paquete", así como la

obra general de Judith Butler.

(2); Acá dejamos de lado la problemática de la palabra "bisexual" como naturalización de la correlación entre sexo y género.

(*)       Las autoras son coordinadoras del grupo de reflexión para mujeres bisexuales que funciona en Escrita en el Cuerpo desde 1997 y que a partir de este año estará abierto a personas de todos los géneros.

NEGÁNDONOS A LAS CERTEZAS. HACIA UNA BISEXUALIDAD INTEGRAL.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:03
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De Ruth Gibian (*)

¿Hacia dónde vamos?. ¿Hacia dónde estamos yendo cuando nuestros principios comienzan a entorpecer nuestro propio crecimiento? Buscamos la libertad , ¿dónde esta nuestra libertad, cuando resulta que hemos roto las viejas cadenas solo para forjarnos nuevas?.

Meg Christian. "From the Heart".

Una tarde de agosto, volviendo a casa, saboreando todavía la conversación que acabo de dejar, disfrutando de mi vértigo, de la sensación de mi cuerpo bajo el calor del sol, vuelvo a repasar en mi mente lo que sucedió durante ésta última hora. Como nos sentamos a la sombra en el patio de la universidad, en cuclillas y charlando acerca de lo indignante que nos resultaba que la administración hubiera sembrado un nuevo césped y colocado cestos de papeles color fucsia mientras gran parte del personal llevaba años sin aumento de sueldo. La intensidad que fuimos demostrando en esa charla tan común sobre un programa de postgrado a miles de kilómetros de allí, un empleo nuevo a partir de la semana próxima, un festival de cine en el centro de la ciudad. Como las palabras se fueron cargando, así como el espacio entre ellas. Mientras cruzó el terreno entre la universidad y nuestros departamentos, me doy cuenta que siento atracción. Y entonces mi excitación se mezcla con miedo, mi expectativa con negación. Esto no puede ser atracción, no debería serlo. Esto me resulta conocido. Esto es lo que sentí la primera vez que me atrajo una mujer. Esta vez, años después, asumida, orgullosa y feliz como lesbiana, me siento atraída por un hombre.

Antes de ese día, yo consideraba mi sexualidad como algo estático. Cuando me asumí como lesbiana, sentí (como tantas otras mujeres) que estaba dándole voz y vida a mi verdadero ser, liberando lo que había estado negado y anquilosado dentro de mí durante tanto tiempo. El asumirme fue para mi algo muy poderoso, la culminación de años de deseos que se vieron acompañados de tanta condena que terminaron inmovilizándome. Una vez que acepté mis sentimientos y encontré la forma de llegar a otras lesbianas, fue como si levantara vuelo. Durante semanas, meses, me sentí tan en éxtasis que los sabores me resultaban diferentes, los colores eran más brillantes y todos mis sentidos se agudizaron. Me sentía a mí misma intensamente, y parecía que con mayor pureza. Mi diario de esa época esta lleno de frases como, "esto es lo más verdadero que he sentido en mi vida". Yo había roto con las restricciones de lo que supuestamente debía sentir y estaba fascinada con el reconocimiento de mis propios deseos. Por fin había silenciado todas las voces dentro de mi cabeza, a excepción de la mía propia, y esa me decía bien alto y bien claro que yo amaba a las mujeres. Así de simple. Así de maravilloso. Desde ahora en adelante, me prometí a mí misma, no más sentimientos reprimidos. No más "deberías". No más tenerle miedo a lo que sentía. Estaba dispuesta a escuchar esa voz profunda, calma, y permitirle que me guiara.

Y entonces me enamoré. De un hombre. Y aquella vieja sensación de la condena compitiendo con el deseo volvió corriendo. Afortunadamente, si bien yo había internalizado la visión política de una comunidad para la cual amar a un hombre me convertía en traidora, en alguien que buscaba la salida más fácil, logré clarificarme y escuchar mi voz interior que me aseguraba que si, que era eso lo que yo sentía. Sí, esto es amor. Si, nunca voy a volver a reprimir mis sentimientos, ni por una mujer ni por un hombre.

Pero también había otras voces dentro de mí, bastante gritonas y en su mayoría juezas. Como la que me decía: ves, este asunto del lesbianismo no fue más que una etapa, nada serio, nada real. Una voz que, peligrosamente, me invalidaba. ¿Qué pasa si es cierto que cambiamos?. ¿Qué pasa si nuestros sentimientos varían?. ¿Eso niega nuestras experiencias anteriores, las hace menos importantes?. No es mi caso. Sigo amando a las mujeres, me atraen, las deseo. Mis sentimientos hacia ellas no hubieran podido ser más serios ni reales; sigo sintiéndome orgullosa de ellos y admitiéndolos abiertamente. Nada de eso cambió cuando empecé a amar a un hombre. Pero aun si la atracción y el amor que siento por las mujeres se desvanecieran en algún momento de mi vida, ¿por qué eso debe implicar que nunca existieron?. Si en otras áreas de nuestras vidas no nos vanagloriamos de ser estáticas/os sino que valoramos el crecimiento; el cambio y el desarrollo, ¿por qué pretendemos que nuestra sexualidad sea diferente?.

Tal vez una razón sea que el tema de la sexualidad porta una pesada carga en nuestra cultura. Establecer una identidad de cualquier tipo suele ser un desafío que nos deja perplejas/os; establecer la identidad sexual requiere que nos enfrentemos con experiencias internas que a muchas personas cualquiera sea su orientación les despiertan vergüenza, culpa, timidez o, como mínimo, les hacen sentir vulnerables. Debido al silencio que con frecuencia rodea a los temas sexuales, no es raro que la gente transite este proceso en soledad. Es mucho menos atemorizador embarcarnos en la búsqueda de nuestra identidad sexual si pensamos que ese proceso va a culminar en una respuesta definitiva, categórica, que va a descubrir que somos esto. Habiendo arriesgado tanto, queremos que la verdad que vamos a descubrir "nos dure".

Esta noción de estática sexual se ve reforzada por el hecho de que, como cultura, definimos la orientación sexual principalmente en términos de nuestra conducta sexual presente. Nos compramos no solo la noción de que somos con quien nos acostamos sino también de que somos con quien nos acostamos hoy. Las comunidades de lesbianas aceptan y perpetúan esto tanto como lo hace el mundo heterosexual. Y que definición más limitada resulta; invalida nuestras acciones pasadas, nuestros sentimientos pasados y también algunos de los presentes. No permite que coexistan sentimientos conflictivos entre si, niegas la posibilidad de las paradojas y desalienta toda incursión en la ambigüedad. Dice que debemos quedamos quietas/os para poder ver quienes somos. Como las fotos, esa definición es mentira, detiene el movimiento natural de nuestras vidas. Dice que somos lo que primero se ve de nosotras/os, que nuestras acciones nos dan formas definidas.

En el cuento "El trompo", de Kafka, al protagonista que es filósofo le encanta tener los trompos de los niños en movimiento porque tiene la esperanza de que, si comprende lo que sucede con los trompos, va a comprender todas las cosas (1). Sin embargo, cada vez que consigue detener una, la pieza de madera que le queda en las manos solo le produce disgusto y la arroja al suelo. Ese disgusto surge porque lo que el desea es un trompo en movimiento. En cuanto lo atrapa, ya no se mueve, está inmóvil. Es imposible detener el movimiento y que el trompo siga siendo lo que es. Lo mismo sucede con la bisexualidad. Cualquier intento por definirlas en forma estática la convierte en algo diferente de lo que ella es, la detiene en mitad de su giro.

La definición de la sexualidad como algo estático se basa en la oposición binaria, identidad sexual y la relación actual de la persona, se excluye el amor por los hombres, y viceversa, incluso oposición binaria: en un extremo esta la heterosexual, la bisexualidad queda en el medio, sin ser nada puro sino algo incompleto, una mezcla "BI" quiere decir "dos", lo que implica una división, dos partes y ninguna totalidad.

Nuestro sistema de pensamiento occidental como un todo se basa en la oposición binaria, nos definimos por oposición, por lo que no somos. Sabemos lo que es curarnos porque sabemos lo que es ser lastimadas/os, sabemos lo que es la oscuridad porque conocemos la luz y reconocemos su ausencia. Entendemos esos conceptos como entidades que se excluyen la una a la otra, y solo podemos comprenderlas a partir de esa exclusión. Esto ha sido así desde que se guardan registros históricos de nuestra civilización. Refiriéndose al idioma egipcio antiguo, Sigmund Freud da ejemplos en los que dos palabras de significados antitéticos forman una tercera, compuesta, que retiene el significado de una sola de las originales. Por ejemplo, el equivalente de "luzoscuridad" significaría solo ‘luz" (2). Aun en este lenguaje tan antiguo los significados se forman por contraste, por la relación entre dos elementos bipolares.

El daño que causa pensar en términos de opuestos va más allá del hecho de que así se crean exclusiones. Jacques Derrida critica el uso de las polaridades en la filosofía, el lenguaje y el pensamiento al señalar que las dicotomías habituales que forman el pensamiento occidental, tales como bueno-malo, presencia-ausencia; verdad-error, identidad-diferencia, alma-cuerpo, hombre-mujer, contienen una jerarquía en la que "el segundo termina de cada par se considera una versión negativa, corrompida, indeseable del primero, una caída con respecto a él. Así, ausencia es la falta de presencia, el mal es la caída desde el bien, el error es una distorsión de la verdad, etc." (3). Debido a su naturaleza jerárquica, la oposición binaria hace de la igualdad un imposible. Al vivir en una cultura que define la sexualidad en términos binarios (hombre/mujer, heterosexualidad/homosexualidad, monogamia/soltería) no solo estamos limitadas/os sino que somos oprimidas/os.

La feminista francesa Helene Cixous da un paso más en la dirección en que formula su crítica Derriba, bajo un encuadre feminista, y describe .ese ordenamiento de opuestos como patriarcal, privilegiando lo masculino de cada par y definiendo lo femenino como su ausencia (4). "¿Donde esta ella?", se pregunta, y enumera los pares dicotómicos más conocidos: actividad/pasividad, sol/luna, cultura/naturaleza, día/noche, padre/madre, cabeza/corazón, inteligible/palpable, logos/pathos (5). "Ella" queda relegada a una posición que denota carencia. Esas jerarquías, afirma Cixous, crean "bancos de carencias" y la represión de lo femenino (6).

Entonces, si la represión y la exclusión comienzan en la manera misma en que moldeamos nuestros pensamientos, en la forma en que elaboramos nuestro lenguaje, entonces se pueden crear la expresión y la inclusión produciendo significados por fuera de esas dicotomías. Dentro de ese encuadre, podemos vivir la complejidad sin que se torne paradoja y podemos vivir en otros lugares que no sean los polos y que tampoco sea "en el medio".

Por suerte, esta idea no tiene nada de novedoso. Cixous y otras feministas francesas, sobre todo Luce lrigaray y en cierta medida Julia Kristova han buscado crear una forma de expresión que funcione precisamente de esa manera. La Escritura Femenina, que a menudo se traduce como escribir el cuerpo (7) surge de la premisa de que el lenguaje esta atado a la sexualidad y que la sexualidad femenina, en lugar de ser focalizada, restringida, y por lo tanto exclusiva, es difusa y nada exclusiva. "La mujer tiene órganos sexuales prácticamente en todas partes", dice Irigaray (8). "Si ella es una totalidad", dice Cixous, "es una totalidad compuesta por partes que son todos en si mismas, no objetos simples y parciales sino entidades variadas, que se mueven y cambian sin límites, un cosmos por donde el eros nunca deja de viajar, un vasto espacio astral. Ella no gira alrededor de un sol que sea más estrella que las otras estrellas" (9). Las oposiciones binarias se tornan irrelevantes. El significado, en lugar de nacer de la diferencia dualista (negro es todo aquello que no es blanco), surge de las múltiples diferencias (el azul es lo que no es verde ni amarillo ni anaranjado ni violeta). Cada cosa existe en relación con todo lo demás. De ahí que la escritura femenina adopta como una de sus marcas de fabrica el lenguaje abierto, que nunca se cierra (10). Cixous postula que esa apertura es fundamental para la inventiva, que "quienes producen cambios en la vida no pueden evitar conmoverse ante las anomalías complementarias o contradictorias" (II).

Es en este contexto que Cixous habla de la bisexualidad. La bisexualidad es la locación de la presencia de ambos sexos dentro de si, evidente e insistente en diferentes modalidades de acuerdo con el individuo en cuestión, la no-exclusion de la diferencia o de un sexo determinado y comenzando con este "permiso" que una se da a sí misma, la multiplicación de los efectos de la inscripción del deseo en cada parte del cuerpo propio y del otro cuerpo (12).

Esta es una sexualidad que no busca lo estático ni la consistencia. Ella "no aniquila las diferencias sino que las celebra, las busca, se agrega mas" (13). Esta es una sexualidad que no se ve amenazada la inclusión sino que se amplió gracias a ella. El deseo mismo se vuelve múltiple. No intenta detener el trompo; es el trompo.

Las feministas francesas no son las primeras que cuestionan el Poder Superior de los Opuestos. El interés de Freud en la estructura del egipcio antiguo surge de su deseo de comprender la tendencia que se manifiesta en los sueños hacia la unificación de los opuestos y hacia la expresión de una idea mediante su opuesto. A el le fascinó descubrir que además de las palabras compuestas a las que ya nos referimos, existen otras palabras egipcias cuyo significado alude a dos conceptos opuestos. La misma palabra que significa "afuera", por ejemplo, significa también "adentro". Freud no cuestiona la idea de que se llega al significado gracias al contraste entre los opuestos, en realidad, parece apoyarla con mucha fuerza. Pero Freud no interpreta esa construcción de significado como un proceso donde se privilegia una de las partes, más bien, señala que en los sueños, los opuestos pueden representar una sola idea o sentimiento sin exhibir ninguna contradicción (14). Los sueños se niegan a la certeza del "no" cualquier par puede coexistir al unísono en ellos.

¿Cómo hacemos para negarnos a la certeza del "no" en la vigilia?. ¿Cómo podemos concebir la dualidad sin alentar la separación?. ¿Cómo pueden hacer las partes para ser totalidades?. ¿Cómo bisexuales?. ¿Cómo pueden nuestros diversos corazones existir al unísono?. ¿Qué apariencia podrá tener un concepto de sexualidad más ligado al si?. ¿Cómo aplicamos nuestras nuevas ideas a la vida cotidiana?.

Un primer paso puede ser ver cada cosa que percibimos como algo integro. La oscuridad no es la falta de luz, es la oscuridad. Es algo completo en sí mismo. La bisexualidad no es la exclusión de la heterosexualidad ni de la homosexualidad, sino la inclusión de ambas como sus partes constitutivas. La bisexualidad en sí misma en un "decir que sí": sí, puedo amar a las mujeres; sí, puedo amar a los hombres. La naturaleza a menudo funciona en dualidad sin excluir o favorecer a una de las partes. Simetría: la totalidad Rorschach de nuestros cuerpos, un ojo de cada lado, una cadera, un hombro, un brazo. Los dos lados del mentón, de la nariz. Partes constitutivas, corazones constitutivos. Las dos mitades iguales de una hoja. Y más, el poder de la perspectiva: las muchas caras de un globo que gira.

También podemos negarnos a la certeza del "no" haciendo lo propio con la certeza del "sí". Cuando me asumí como lesbiana, parte de lo que hice fue declarar que mi identidad era algo fijo, unificado. Y que me alegraba que así fuera. Pero también impuse esa definición sobre lo que James Hillman llama mi "alma con muchos lados" (15), solo para descubrir que esa definición implicaba limites que no eran ni remotamente tan flexibles como lo era mi alma. La certeza invita a la contradicción, y ésta a la confusión. Si veo mi ser como mezcla y movimiento, entonces no hay contradicciones ni inconsistencias en el. Los cambios no son negativos ni positivos. No se los juzga.

Esta forma de percibir el ser no es gratuita, sin embargo. El percibirnos como una identidad fija es reconfortante. Nos comprendemos, podemos generalizar, somos predecibles. Podemos conectarnos con nuestros iguales basándose en esas generalizaciones. Cuando nos vemos como algo menos rígido, nos enfrentamos a la necesidad de tener que aprender nuevas formas de reconocer quienes son "nuestros iguales".

Puede ser útil, entonces, entender la orientación sexual como algo diferente de la identidad sexual, siendo la orientación la suma total de nuestras experiencias en toda su multiplicidad y complejidad, mientras que la identidad es el nombre que percibimos como más adecuado a esas experiencias en un momento determinado. La ventaja de esa distinción es que una idea fluida y difusa de la orientación resulta una expresión más adecuada para nuestras "almas con muchos lados", sin que necesariamente esa visión deba tener un impacto sobre la identidad, más fija y por lo tanto confortable, que usamos para describir quienes somos.

Para ilustrar mejor este punto, pensemos en los factores que componen la orientación sexual de una persona. Lo que le atrae, sus conductas, sus fantasías, sus preferencias emocionales y sus preferencias sociales (16). Cada uno de esos factores se mueve y cambia a medida que la persona crece y va desarrollando su vida. Imagínense si se pudiera describir cada uno de esos factores como un color. Por ejemplo, las atracciones pueden ser el azul y en ese contexto los tonos más claros simbolizan una atracción exclusiva hacia personas del sexo opuesto mientras que los más oscuros representan la atracción, también exclusiva por personas del mismo sexo. El nivel de intensidad y significación personal de cada tipo de atracción determinara la tonalidad exacta en cada caso. La historia de vida y los sueños de una persona se pueden dibujar utilizando docenas de tonalidades de azul. Si cada uno de los factores pudiera expresarse de la misma manera utilizando una gama de colores, el rojo para la fantasía, el verde para la preferencia emocional, por ejemplo; entonces la orientación, de cada persona contendría miles de mutaciones, que se reflejarían como ligeras graduaciones en cuando al tono, la saturación y el matiz de cada color. Ahora imagínense que creamos esos compuestos de color para unos cientos de personas, los unimos como formando un collage y luego les tomamos una foto en blanco y negro. El resultado seria una aproximación en blanco, negro y gris, del original; la fotografía seria representativa de la tendencia general de los colores, pero no lo suficientemente precisa. De la misma manera, hablar de homosexual, heterosexual y bisexual, resulta muy impreciso. Los nombres disminuyen la riqueza y la profundidad de los colores, como la película en blanco y negro.

Imprecisa o no, la identidad es algo importante. Entre otras cosas, la identidad sirve para formar comunidades, lesbianas y gays, si, pero también religiosas (17). Las personas se sienten seguras en su comunidad, así como reconocidas, incluidas y entre sus pares. La comunidad nos da poder y voz, permite que nos hagamos oír y que nuestra presencia se sienta en el mundo. Pertenecemos, y esa es una experiencia nueva y bienvenida para muchas/os que nos hemos sentido siempre fuera de lugar en la cultura de las mayorías. Podemos ser nosotras/os mismas/os abiertamente, en pleno. Sin secretos. Sin guardarnos palabras.

Pero como la comunidad se basa en ciertos aspectos fijos de nosotras/os, esos aspectos deben seguir siendo fijos, o de lo contrario la comunidad pierde su cohesión, sus definiciones. Para preservarse, la comunidad impone reglas. Para pertenecer, se debe abandonar la libertad de ser paradógico, de superponer etiquetas, cruzar límites, mezclar definiciones. Y, pese a que cada tanto se afirme lo contrario, las comunidades de lesbianas si juzgan la pertenencia o no de una mujer basándose en su pareja actual. Cuando una lesbiana me dijo que tal vez yo nunca había sido una "verdadera lesbiana", lo hizo pensando en mi pareja de ese momento, un hombre. No tuvo en cuenta mi orientación afectiva, ni me preguntó acerca de mis parejas más significativas, ni se detuvo a analizar con quien yo me sentía más cómoda, más "en mi casa". Ella, y otras que emitieron juicios similares, luchan por aferrarse a etiquetas y definiciones que le dan forma a la comunidad que es su santuario y su fuerza.

Por eso la bisexualidad cae por fuerza de la gruesa línea negra que marca los límites de la comunidad y tal vez por ese motivo suele considerársela como algo que hace temblar la pervivencia de una cultura pro-mujer, autosuficiente. Pero también nos hace temblar por dentro. Nos hace vulnerables a la posibilidad de que también pueda pasarnos a nosotras. Antes de que yo pensara que la bisexualidad era un tema personal para mí, en el grupo de reflexión para lesbianas al que asistía hubo un furioso debate sobre una mujer que había asistido algunas veces. Esta mujer se consideraba heterosexual pero acababa de terminar lo que ella llamaba un "romance" de dos años con otra mujer y no sabia a que otro lugar acudir para recibir apoyo. Algunas de nosotras estábamos de acuerdo conque participara del grupo. Después de todo, ¿no éramos un grupo de apoyo para mujeres que amaban a otras mujeres?. Y ella, ¿no era claramente una mujer dolorida que había perdido el amor de otra mujer?. ¿A qué otro lugar podía ir?. Pero otras en el grupo manifestaban su oposición firme e incluso furiosa a incluirla. Esta mujer no era lesbiana "de verdad", decían, no se identificaba con la cultura ni con los valores de las lesbianas, sentía miedo del amor que las mujeres le inspiraban. Un día le hable de este debate a una amiga mía separatista, explicándole mi postura de luchar por una comunidad que apoyara e incluyera a todas las mujeres que amaban a otras mujeres, cualquiera fuera el estadio en el que estuvieran. (En aquel momento yo todavía adhería al paradigma estático según el cual "en realidad ella es lesbiana pero aún no lo sabe"). Mi amiga se tomó unos minutos para pensar y luego me dijo: "En el 'espiral' hetero/gay, yo estoy parada acá", señalando un punto que estaba en el extremo del lado "gay", "y siquiera pensarme un poquito para acá hacia el centro me produce un pánico mortal". Ella pensaba que las integrantes de mi grupo sentían algo similar.

Frente a algo que produce un pánico mortal, lo más fácil es negarlo, empujarlo fuera, verlo como "ajeno" y nunca como propio. Así es como el movimiento emocional de una persona encuentra eco en la comunidad y terminamos con una paradoja aun mayor. A las comunidades de lesbianas y las de gays, que tenemos amplia experiencia en cuanto a haber sido hechas a un lado, negadas y excluidas, nos resulta difícil abrazar a quienes habitan nuestros propios límites por miedo. Así como nos sucede cuando crecemos y descubrimos con espanto cuanto nos parecemos a nuestra madre o a nuestro padre, las comunidades de lesbianas y de gays estamos descubriendo cuanto nos parecemos a la sociedad heterosexista. Siempre intentamos asegurarmos que aquello a lo que tememos parecemos no forme parte nuestra.

Volviendo a aquel día de agosto, yo también tuve mucho miedo y negué lo que sentía. ¿Qué era lo que me resultaba tan atemorizador?. Pensé en mi largo y tumultuoso proceso de asumirme como lesbiana, y en una sesión de terapia en particular en la que mi terapeuta logró hacerme pasar del miedo al orgullo y la confianza. La sesión comenzó conmigo enumerándole todas las razones por las que asumirme me aterraba tanto. Lo principal en ese momento era que yo tenía miedo de no encajar. Todo el mundo sabe lo difícil que es ser lesbiana, como la sociedad te convierte en paria, en un aislamiento sin fin (¡y eso que ni siquiera había leído "El pozo de la soledad", de Radclyffe Hall!). Mi terapeuta, bendita sea, asintió con la cabeza en un gesto sincero y compasivo, para luego decirme: "¿Cuando fue la última vez que sentiste que encajabas en algo?". Me quedé muda: ¿tal vez en el otero (cerro aislado que domina un llano)...?. Porque después....

Los meses siguientes me trajeron otras revelaciones. En vez de sentirme una paria, en vez de sentirme aislada, apenas proclamé mi identidad como lesbiana me sentí más incluida, sentí que "encajaba" como nunca antes. Encontré personas que sabían lo que yo sentía, que me aceptaban sin saber nada de mi, nada más que el hecho de que yo también celebraba mi amor por las mujeres. Ese verano viajé sola por todo el país y en todos los lugares donde encontré una comunidad de mujeres fui bienvenida. Las mujeres me abrieron sus casas, me alimentaron y .me dijeron que podía volver cuando quisiera.

Enamorarme de un hombre, posicionarme fuera del centro de mi comunidad, amenazaba esa sensación de pertenencia que yo tanto valoraba. Y hacía que se enrareciera la embriagadora sensación de orgullo que había florecido en mí cuando asumiera mi identidad lesbiana.

Hubo también otros sentimientos más complejos. Al amar a las mujeres, sentí más que orgullo. Me sentí orgullosa de atreverme a amar a las mujeres, orgullosa por las luchas que había tenido que enfrentar y por las que vendrían. Por mi coraje para ponerme de pie y dar un paso al frente. Mi miedo de enamorarme de un varón era, digámoslo, heterofobia. Muchas voces internas comenzaron a alertarme, muchas de ellas más preocupadas por los principios que por los sentimientos. Cuando la gente me vea, me vera con un hombre y nunca sabrán que amo a las mujeres. Y si realmente las amara, ¿por qué querría yo estar con un varón?. ¿Estoy traicionando mis propios sentimientos?. No quiero perder toda la cultura creada en tomo a las mujeres. No he sido lesbiana el tiempo suficiente. La gente va a decir que volví a los hombres. La comunidad de lesbianas va a pensar que soy una traidora. Yo quiero ser parte de esa comunidad. Yo quiero pertenecer.

Algunas de esas voces han demostrado tener razón, y otras estaban completamente equivocadas. Cuanto más las oigo repetir sus argumentos, más reconozco los elementos de exclusión, de oposición, y más fácil me resulta filtrar mi propia verdad a través de ellos. Pero algunas voces han sido muy tenaces y persistentes. Mucha gente me ve con un hombre y da por sentado que soy heterosexual. Es muy frustrante estar educando a la gente todo el tiempo. Puedo besar a mi pareja en público sin miedo a ser hostigada. La gente adivina cual es nuestro vínculo cuando él me va a buscar al trabajo. Pero yo no traicioné mis sentimientos. Amo a mi compañero y se que me hubiese traicionado a mí misma si hubiera dejado de lado la posibilidad de esta relación, que es mutuamente satisfactoria y amorosa, para conservar mi identidad fija como lesbiana. Y la heterosexualidad, si bien conlleva determinados privilegios no es necesariamente fácil. La heterosexualidad feminista no es fácil, y la bisexualidad feminista es aun más compleja. En mi pareja estamos continuamente reinventándonos, descubriéndonos en roles y presupuestos sexistas y tratando de salir de ellos. Indagar acerca de esos roles y presupuestos era una tarea más fácil cuando yo solo me rodeaba de mujeres, porque no había nadie que cumpliera con el rol masculino y enunciara sus presupuestos. Con mi compañero, cada vez que nuestra relación se ve sutilmente invadida por pedacitos de desigualdad, hace falta una vigilancia mayor para extirparlos. Las formas de conducta que aprendimos en la infancia nos son tan familiares que en cierta medida se toman invisibles, por más que tengamos las mejores intenciones del mundo.

Y luego esta la paradoja de la monogamia. El componente "mono"/uno de la monogamia, ¿puede coexistir con el "bi"/dos-sexualidad?. Muchos estereotipos le atribuyen a la conducta bisexual la prolifidelidad o una serie de sucesivas relaciones monogámicas. Es cierto que las personas bisexuales estamos en un lugar privilegiado para explorar posibilidades de relacionamiento que vayan más allá de lo convencional. Pero, ¿qué presupuestos estamos aceptando al rechazar la monogamia?. La aceptación de sentimientos fluidos y múltiples, ¿necesariamente desemboca en la aceptación de relaciones fluidas y múltiples?. Ser bisexual y monógama/o, ¿nos parece una contradicción insalvable?. ¿Sentimos que si nos relacionamos con un solo sexo, es decir, si mantenemos una sola relación, nos estaremos perdiendo partes de nosotras/os mismas/os?. Si contestamos que si a esas preguntas, tal vez estemos promoviendo una definición cerrada de la sexualidad, una definición donde nuevamente la identidad queda atada a la conducta. En este momento yo elijo la monogamia, pero no considero que mi pareja (que ya lleva muchos años conmigo) contenga la totalidad de mis sentimientos. Aprender a considerar valido el deseo sin que necesariamente haya que actuarlo es un desafío al que se enfrenta cualquier relación que dure mucho tiempo. Para mantener un auto concepto bisexual en una relación monógama, ese desafío resulta un imperativo.

Mi preocupación por lo que opinaría la comunidad lesbiana actúo como catalizador de otros cambios en mi vida. Anticipándome a su desaprobación, lentamente fui dejando de considerarme parte de la comunidad; por supuesto que sigo teniendo amigas lesbianas y siempre incorporo alguna nueva; también he ido a marchas y a otros eventos, pero ya nunca sentí ni espere sentir aquel apoyo universal, incondicional. Muchas veces me descubrí internalizándo lo que yo percibía como los principios de inclusión y exclusión de la comunidad. A veces inclusive le puse una cara a mi jueza interna, la de alguna lesbiana a la que yo no conocía bien o una que me pareciera de gran influencia en la comunidad, y le encargué a ella la tarea de representar lo que todas consideraban moral. Mientras creí en la polaridad de "nosotras y éllas/os", nunca pude encontrar una manera de incluirme. Lloré mi pérdida.

En realidad, a medida que fui hablando con otras mujeres sobre mi relación con un hombre, tuve muy pocas experiencias en las cuales ellas tomaran distancia de mi o abiertamente me negaran mi derecho a pertenecer. Por el contrario, casi todas las experiencias resultaron afirmativas, de intercambio, de mayor unión. Una de mis amigas lesbianas dice que el conocerme a mi y el escucharme hablar acerca de mi proceso le hizo cambiar de actitud hacia las mujeres bisexuales. Otras dos amigas han entablado relaciones con varones. En otro caso, el hecho de que yo me asumiera como bisexual provoca conversaciones larguísimas y maravillosas acerca de las ideas sobre la sexualidad, el poder de los secretos y por oposición, de la verdad, y el equilibrio de las paradojas en nuestras vidas.

Gran parte de la aceptación que he obtenido tiene que ver con mi insatisfacción frente a la palabra "bisexual" en cuanto a descripción de mi persona. Es cierto que describe a las personas con las que yo podría relacionarme eróticamente, pero no dice nada acerca del proceso que me trajo a donde estoy, de mis sentimientos, de lo que yo creo. Es la fotografía en blanco y negro de mi vida, llena de colores vibrantes. Para compensar la falta de una etiqueta adecuada, que igualmente tendría sus limitaciones, lo que hago es contar mi historia, lo máximo que la situación me permita. Eso le da a la gente la posibilidad de escuchar no la traidora, o la que esta en el medio, sino un proceso, una lucha por entenderse mejor a una misma y asumirse tal como una es. Les da lugar para escuchar hablar de sentimientos y poder contar los propios. Me da lugar a mí, y a todas y todos, para ser más que un nombre.

De todo esto aprendí una clase diferente de orgullo. Mi orgullo como lesbiana era un poquito más glorioso: ¡Guau!. ¡Miren quién soy!. Mi orgullo actual es un poco más calmado, más complejo. Busco menos la validación externa, y más la interna. Estoy orgullosa de mi propio crecimiento, de mi coraje y de mi tenacidad para elegir como individuo, para encontrar una vida que encaje conmigo en lugar de una que encaje con el mundo y sus muchas definiciones. Siento orgullo de mi totalidad, de la complejidad de mi ser.

Hace poco recibí una carta de una de mis primeras amigas lesbianas, una mujer a quien le estoy agradecida por su infinito apoyo y sus consejos a través de varios enamoramientos y decepciones, y en momentos clave de mi proceso para asumirme. Ella pensó que me interesaría saber que últimamente se ha dedicado, tanto en su obra artística como en su vida personal, a trabajar el tema de como curarnos de las falsas dicotomías (18). Es decir, buscar conexiones y puntos comunes entre las ideas que artificialmente han sido planteadas como opuestas. Ver, por ejemplo, a la naturaleza no como algo separado de nosotras/os, algo que esta allá afuera, sino algo que nos incluye, que le pertenecemos y nos pertenece. No hay límites en este proceso. Ella encontró una parte suya que no quiere excluir a los hombres como potenciales compañeros.

Inclusión. Descubrir la apertura donde creíamos que había polaridad.

Sanar las falsas dicotomías.

Es cierto que extraño las conexiones más completas y próximas que alguna vez tuve con la comunidad. Grupos y actividades que antes yo sentía muy cercanos a mi crecimiento y a mi experiencia, ahora me hacen sentir un tanto fuera de lugar. Extraño la tranquila satisfacción que sentía cuando, al ver a otra lesbiana, yo sabia que en un sentido éramos de la familia. Pero mi experiencia me ha dado un espacio para pensar si la comunidad es tan sólida como aparenta ser. He visto tantas divisiones, escuchado tantas historias de mujeres que se han sentido traicionadas por sus comunidades que he tenido que repensar mis percepciones y expectativas. Todavía creo en la fuerza de una VOZ unida, y sigo comprometida con ser parte de esa voz. Pero creo que la seguridad que percibí como universal e incondicional fue algo naif, ilusorio, condenado a partirse en algún punto. Ahora pienso en una "comunidad personal", en la creación de alianzas individuales que no se basen en etiquetas o en convenciones sino en las narrativas individuales o, como decíamos en los cursos de Estudios de la Mujer en los años 70's, en la Historia Personal. Lleva más tiempo, pero es más duradero, más genuino teniendo en cuenta la travesía única de cada cual. Pienso en construir y reconstruir la política basándonos en la realidad de lo que vivimos, en como hemos usado nuestras historias personales para crear las bases del feminismo contemporáneo: lo personal convertido en político.

Contar nuestras historias sigue siendo importante. A medida que cambiamos como mujeres individuales, nuestras historias cambian, nuestras necesidades cambian, y hacemos crecer al feminismo como movimiento. Tenemos que estar en contacto unas con otras sin asumir que ya sabemos en que dirección debe ir nuestra lucha feminista. Mi concepción de un enfoque feminista del cambio es algo que comienza en pequeño, con una mujer conectándose con otra, luego otra y luego otra y otra. Así entiendo yo, que se origina nuestra fuerza y nuestro poder. Como mujeres, observamos lo que somos, como podemos "encajar" unas con otras, y vamos modificando esa visión hasta que nuestra manera de pensar se expande para incluir todos los niveles de nuestra realidad. Los valores de las comunidades feministas se centran en la participación colectiva de todas. Tiene sentido aplicar esa idea a una percepción cambiante de la sexualidad: la inclusión de todas las partes es la inclusión de todo lo que nos constituye, de los corazones que nos hacen vivir.

Notas.

Mi efusivo agradecimiento a Karen Parrish, cuyos comentarios me ayudaron a hacer de este articulo una totalidad; a Sally White, que fue la primera en sugerirme que escribiera esto o algo por el estilo; y a Beth Ruml, Steven O'Dell, Diane Sarotte y todas las otras/otros cuyos insights y reflexiones una y otra vez alimentaron mi propio pensamiento.

1.         Anne Carson en su obra Eros: "The Bittersweet". (Princeton: Princeton University Press, 1986) llamó mi atención sobre este cuento y sobre el tema del deseo y su significado.

2.         Sigmund Freud, "El sentido antitético de las palabras primarias". Obras completas.

3.         Jacques Derrida., "Diseminación".

4.         Helene Cixous, "Sorties: Out and Out: Attacks/Ways Out/Forays".

5.         Ibid.

6.         Ibid.

7.         Arleen B. Dallery, "The Politics of Writing (the) Body". Jones, Ann Rosalind, "Writing the Body: Toward an Understanding of l'Ecriture Feminine".

8.         Luce lrigaray, "Ese sexo que no es uno".

9.         Cixous, op. cit

10.       Cixous, op. cit.

11.       Cixous, op. cit.

12.       Cixous, op. cit.

13.       Cixous, op. cit.

14.       Freud, op. cít

15.       James Hillman, Re-Visioning Psychology.

16.       Fritz Klein et al. "Sexual Orientation: A Multivariable Dynamic Process".

17.       Esta conexión mediante características estáticas es también la razón por la cual, creo yo, todavía no ha florecido una comunidad bisexual similar a las de lesbianas y de gays. La identidad bisexual es más fluida que fija, tiende más a escaparse de las definiciones que a encerrarse en ellas.

18.       Le agradezco a Greacian Goeke por introducirme en el uso de este termino.

(*)       Ruth Gibian es poeta y trabajadora social. Vive en Portland, Oregon, EEUU. Sus poemas han sido publicados en Poetry Northwest, "The Seattle Review y Nimrod". Ha coordinado talleres de escritura en varias universidades y escuelas públicas rurales. Trabaja con jóvenes pertenecientes a minorías sexuales.

Este artículo se publicó en el libro "Closer To Home. Bisexuality & Feminism", editado por Elizabeth Reba Weise. Seattle, Washington, EEUU. "The Seal Press". 1992. Traducción: Alejandra Sarda, Buenos Aires, marzo 1998.

MUJERES, BISEXUALIDAD Y SALUD SEXUAL.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:02
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Este texto contiene información para mujeres bisexuales, para mujeres que se están cuestionando su sexualidad y para sus parejas. Producido por la Red Bisexual Australiana (Australian Bisexual Network).

 

LAS MUJERES Y LA BISEXUALIDAD

¿Qué es la bisexualidad?

La bisexualidad tiene significados diferentes según las distintas personas. La bisexualidad se puede definir como el potencial que tiene una persona para sentirse atraída/o física, emocional y/o sexualmente por otra, sin importar su género. En su forma más simple, la bisexualidad es la atracción que siente una persona hacia los hombres y hacia las mujeres. Formas más complejas pueden incluir la atracción hacia las personas transgénero; por ejemplo: una mujer casada que hace el amor con su marido vestido éste de mujer, o una lesbiana que forma pareja con un transexual de mujer a varón, que se vive a sí mismo como hombre y no esta operado.

Más mujeres de las que te imaginas abrigan sentimientos, sueños o fantasías bisexuales. Muchas las mantienen a ese nivel. Otras las expresan a través de amistades muy íntimas en lo emocional pero sin contacto sexual. Hay otras que disfrutan de su bisexualidad ya sea públicamente o en privado, en ambientes sociales o políticos, entablando relaciones o solo contactos sexuales. Algunas mujeres descubren su bisexualidad a edad temprana, mientras que para otras es algo que aparece con el tiempo, toman conciencia de las posibilidades que ofrece la vida y se abren a ellas. Algunas mujeres, al igual que algunos hombres, intentan ignorar o reprimir sus sentimientos y negar quienes son en realidad. Tal vez elijan definirse como heterosexuales o como lesbianas, para satisfacer las expectativas de otras personas o su propia necesidad de pertenencia a un grupo. Una debería luchar por ser honesta consigo misma antes que nada, aceptando los propios sentimientos y los de las otras personas. El actuar así conduce a relaciones más abiertas, honestas, cuidadosas y satisfactorias, así como a una sensación interna de paz y felicidad.

Algunas personas tienen la creencia falsa de que la bisexualidad consiste en intercambiar parejas o en tener múltiples contactos sexuales con personas de ambos sexos.

La verdad es que la bisexualidad tiene que ver con quien una es, no con la persona con la que se está. La mayoría de las personas bisexuales tienden a sentir más atracción por un género que por el otro, en mayor o en menor medida. Ese grado de atracción hacia uno u otro género también puede cambiar con el tiempo, incluso de una semana a otra.

Muchas personas bisexuales mantienen durante toda su vida una única relación monogámica, con su compañera o compañero, sin dejar por eso de tener conciencia de la atracción que sienten por otros hombres y/o por otras mujeres. Otras tienen varias relaciones monogámicas en diferentes momentos de su vida; hay quienes viven en triadas (tres personas en una relación íntima), o en relaciones grupales, o tienen una pareja primaria y otros vínculos secundarios de diferentes clases.

¿POR QUÉ ELEGIR UNA IDENTIDAD BISEXUAL?

¿Por qué no?. Elegir una identidad bisexual para describirte a ti misma es tan valido como lo que hace quien elige una identidad gay, lesbiana o hetero. Cualquiera sea la identidad, la elección debe ser tuya y no algo que otras personas o la sociedad te impongan; nadie tiene derecho a criticarte, hostigarte o discriminarte por la identidad que hayas elegido. La sexual es solo una de las muchas caras de nuestra identidad, podemos definirnos también como estudiantes, esposas, madres, comerciantes, activistas, poetas, ecologistas, indígenas, latinoamericanas, negras, blancas, trabajadoras, feministas, amantes, etc.

Algunas mujeres eligen frases más complejas para definir su identidad, como por ejemplo "bisexual más cercana a la heterosexualidad', "bisexual más cercana al lesbianismo", "lesbiana bisexual". Y muchísimas variantes personales. Muchas simplemente dicen ‘bi".

Ser bisexual tiene que ver con estar en contacto con tus propios sentimientos, con lo que sabes acerca de ti misma según lo que has ido viviendo a lo largo de tu vida, y no tanto con el género de la persona que en este momento es tu pareja. Tiene que ver con la decisión de no limitar tus opciones sexo/afectivas a personas de un solo género.

Tu identidad sexual puede ser algo que guardes muy en privado, o algo de lo que hables públicamente. Puedes vivirla solo en las relaciones sexuales, o combinarla con una visión y una acción política. Puedes usarla para describir tu forma de sentir, o tu forma de comportarte, o el tipo de relaciones que mantienes. La forma en que elijas expresar tu bisexualidad debe ser siempre, en última instancia, la que a ti te haga sentir bien.

LAS MUJERES, EL VIH/SIDA Y LA SALUD SEXUAL.

Las mujeres no somos inmunes a las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). En todo el mundo, la cantidad de mujeres con VIH/SIDA va a sobrepasar a la de hombres para el año 2000. En EEUU, el SIDA es la principal causa de muerte en las mujeres jóvenes; en Argentina hay ya 1 mujer cada 4 hombres portadoras del virus (estas son cifras oficiales, es muy probable que las cifras reales sean mucho mayores).

El VIH se encuentra en las secreciones vaginales, en la sangre, en el semen y en las secreciones anales de las personas infectadas. En las relaciones sexuales sin protección se puede transmitir el VIH y también los organismos causantes de la gonorrea, la sífilis, el herpes, la hepatitis B y las verrugas genitales, tanto a hombres como a mujeres. Una mujer infectada puede transmitirle cualquiera de esos virus a otra mujer, a través de sus secreciones vaginales, anales o de la sangre; con los dedos, los puños, los juguetes sexuales o sobre el pene de un varón con el que las dos estén manteniendo una relación al mismo tiempo. El uso de guantes de cirugía y de preservativos reduce notablemente el riesgo de infección.

Cuando practiques el coito con hombres, usa preservativos y un lubricante de base acuosa. Si bien el riesgo de transmisión del VIH a través del sexo oral es bajo, ha sucedido y hay otras enfermedades que se pueden contagiar durante el sexo oral-vaginal, oral-anal u oral-pene-ano. El uso de un campo de látex o de un preservativo es aconsejable.

Hay muchos prejuicios en tomo a este tema. No dejes que nadie te considere "riesgosa" por el solo hecho de ser bisexual. El único riesgo que existe son las relaciones sexuales sin protección; no importa ni el género, ni la orientación sexual, ni ninguna otra característica de las personas involucradas.

El VIH y algunas otras infecciones se pueden transmitir de madre a hija/o durante el embarazo, el parto o el amamantamiento.

EL compartir agujas para inyectarse drogas o medicamentos puede transmitir el VIH, las hepatitis B-C y la sífilis, por lo que siempre es mejor usar agujas limpias. Las infecciones causadas por verrugas genitales producen a su vez cáncer de cuello de útero. Las mujeres sexualmente activas deben realizarse un examen Papanicolao todos los años; también es importarte revisarse las mamas todos los meses y consultar a una médica o a un médico ante la menor alteración. Es preferible "perder el tiempo" en una consulta que resulte una falsa alarma y no consultar cuando ya es demasiado tarde. Existen vacunas contra las hepatitis A y B. Se inteligente cuídate.

Traducido y adaptado por Escrita en el Cuerpo, 1997.

MUJERES BISEXUALES: EXISTIMOS, AUNQUE USTED NO LO CREA.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:00
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 Texto realizado por "Escrita en el Cuerpo".

Archivo y Biblioteca de Lesbianas, Mujeres

Bisexuales y Diferentes.

Ya sabemos que no todas somos heterosexuales, como el Papa Juan Pablo II hubiera deseado que creyéramos. Pero no somos todas lesbianas, tampoco. Ni todas bisexuales. Por suerte, somos todas distintas.

No estamos indefinidas: somos mujeres bisexuales y eso también es una definición. No nos gusta cualquier cosa que se mueve: nos gustan ciertas mujeres, ciertos hombres y ciertas personas travestis/transexuales. No contagiamos el SIDA ni los valores patriarcales, en ambos casos, lo decisivo es lo que se hace y no con quien.

Asumirse como mujer bisexual implica un trabajo profundo de honestidad y de discriminación. Nuestro estatus de ciudadanos de segunda en un mundo cultural y económicamente regido por los varones y por lo masculino hace que nuestros deseos y nuestras elecciones resulten muchas veces sospechosas en su autenticidad. Sí, muchas, de nuestras relaciones con varones son producto de la necesidad de aprobación, del temor, de la inseguridad inducida por la socialización o de la violencia ejercida sobre nosotras. Muchas, pero no necesariamente todas. Como seres humanos complejos y no meras víctimas de opresión, también podemos elegir a un hombre por deseo y/o por amor.

Sentir amor y deseo por otra mujer, por su mera transgresión, resulta un acto liberador en esta cultura. Sabemos que se paga con la soledad y con el riesgo. Cuando por fin se encuentra una comunidad de pares, a veces la necesidad de pertenencia hace que se suprima todo aquello que podría resultar discordante. Sí, algunas de nuestras relaciones con mujeres son producto de la presión del grupo de pares, de la necesidad de no ser excluidas de ese mundo y de esa identidad que vislumbramos como la mejor posibilidad de quebrar nuestra opresión. De nuevo, como la opresión no es la única variable que explica nuestras vidas, muchas de nuestras relaciones con mujeres son fruto del deseo, del amor y de la afinidad. Y, por supuesto, la presión del grupo de pares nunca es comparable a la de toda una sociedad con sus instituciones.

La lesbofobia (rechazo hacia las lesbianas) internalizada y la de la sociedad hacen que muchas lesbianas "pasen" por hetero o por bisexuales por necesidad, miedo, falta de información o (en algunos casos) conveniencia. De la misma manera, la bifobia (rechazo hacia las personas bisexuales) hace que muchas bisexuales "pasen" por hetero o por lesbianas por las mismas razones. El proceso de cada una para asumir su identidad es único y dura toda la vida, aunque parezca haber terminado cuando a esa identidad se le da un nombre. Cada mujer sabe, mejor que nadie, quien es ella. Nadie tiene el derecho de definir a otra. De la compleja interacción entre los efectos de la opresión y el poder liberador de la conciencia, surgen la identidad posible para cada una en un momento determinado y su grado de visibilidad.

Las mujeres bisexuales somos muy diversas. Algunas, casadas con varones y con amantes mujeres. Otras en pareja con mujeres y con amantes varones. Otras para quienes el género de su/s pareja/s es completamente irrelevantes. Swingers, monógamas felices que limitan sus deseos por el mismo o cualquier otro género a la fantasía. Las enamoradas de personas transexuales y un largo etcétera.

Cuenta la leyenda que lastimamos a las lesbianas. Eso no es cierto. Ninguna orientación sexual implica (por sí misma) un daño para otras personas. La mentira, la desconsideración o la inmadurez emocional causan mucho daño en las relaciones; son rasgos humanos que se dan en todas las orientaciones sexuales y no son patrimonio de ninguna.

Tampoco es cierta que automáticamente cualquier mujer bisexual es "privilegiada" frente a una lesbiana. Sabemos ya, que el privilegio es una cuestión compleja en la que intervienen muchas variables y que tener en cuenta una sola de ellas en este caso, la orientación sexual, es un reduccionismo. Resulta difícil aceptar por ejemplo que una mujer bisexual, de mediana edad, con hijas/os, empleada doméstica por horas con poco trabajo sea privilegiada frente a una lesbiana joven, profesional, con un bueno empleo cierta aceptación por parte de su familia.

No es casual que en muchos países se este dando una alianza entre activistas bisexuales y transgénero (travestís, transexuales e intersexuales). Somos las "impuras" y los "impuros" en el paraíso lesbico-gay. No somos fáciles de clasificar, o sí: mujer bisexual = lesbiana cobarde que no se asume; mujer diferente = gay cobarde que no se asume. La cobardía es un rasgo humano que poco tiene que ver con la orientación sexual. Vivir como bisexual o transgénero en un mundo de blanco/negro no es para cobardes, por cierto.

El aporte de las personas bisexuales y transgénero a la comunidad lesbico-gay es precisamente hacer visible toda la gama de grises, de eliminar la idea de que la orientación y la identidad sexual son fijas y admiten solo dos posibilidades (homo/hetero, mujer / varón). Un arcoiris de grises donde cada cual puede, momentáneamente, encontrar su lugar. Un arcoiris que no es una escala de pureza, ser exclusivamente gay no es un estatus superior de quien es "predominantemente" gay. Ser una mujer con vagina no es "más" que ser una mujer con verga y tetas.

MITOS Y REALIDADES SOBRE BISEXUALIDAD.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 19:59
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Por Sharon Forman Sumpter (*)

La sexualidad se expresa mediante una continuidad de formas: No es una "cosa" estática sino más bien un proceso que puede fluir y cambiar a lo largo de la vida de las personas. La bisexualidad cae dentro de esa continuidad. Como dice Robyn Ochs, activista sexual de Boston, la bisexualidad es la "posibilidad de involucrarse sexual y/o emocionalmente con personas de cualquier género".

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES SON PROMISCÚAS/SWINGERS (1)

Verdad: Las personas bisexuales tenemos una variedad de conductas sexuales. Algunas tenemos múltiples parejas; otras tenernos una sola; algunas vivimos épocas de celibato. La promiscuidad no se da más en la población bisexual que en otros grupos de personas.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES SE SIENTEN IGUALMENTE ATRAÍDAS POR AMBOS SEXOS.

Verdad:           Las personas bisexuales tendemos a preferir a las personas de nuestro mismo sexo o bien a las del sexo opuesto, a la vez que reconocemos sentirnos también atraídas aunque en menor grado por el otro grupo (gays, lesbianas, transgénero etc).

Mito: SER BISEXUAL SIGNIFICA TENER A LA VEZ UN AMANTE VARON Y UNA AMANTE MUJER.

Verdad:           Ser bisexual simplemente significa tener la capacidad potencial para involucrarse con personas de cualquier género. Esa relación puede ser emocional, sexual, actuada o solo fantaseada. Algunas personas bisexuales pueden tener dos o más amantes simultaneas/os; otras pueden relacionarse con una persona de determinado género durante un periodo y luego entablar una relación con alguien del género opuesto. La mayoría de las personas bisexuales no necesitamos estar a la vez con personas de ambos sexos para sentimos satisfechas.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES NO PUEDEN SER MONOGAMAS.

Verdad: La bisexualidad es una orientación sexual. Es independiente de un estilo de vida como lo son la monogamia o la no-monogamia. Las personas bisexuales somos tan capaces como cualquiera de comprometernos a largo plazo en una relación monógama con alguien a quien amamos. Las personas bisexuales tenemos variados estilos de vida, tal como sucede con la gente homo y heterosexual.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES NIEGAN SU LESBIANISMO O SU HOMOSEXUALIDAD.

Verdad: La bisexualidad es una orientación sexual legítima que incluye la homosexualidad. La mayoría de las personas bisexuales nos consideramos incluidas en el termino genérico "gay". Muchas participamos activamente de la vida de la comunidad gay, tanto social como política. Algunas/os usamos términos como "lesbiana bisexual" para aumentar nuestra visibilidad en ambos aspectos.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES ESTAN "EN TRANSICION".

Verdad: Algunas personas atraviesan un periodo transicional de bisexualidad en su camino hacia la adopción de una identidad lésbica, gay o heterosexual. En muchos otros casos, la bisexualidad permanece como orientación sexual elegida a largo plazo. Lo que últimamente estamos descubriendo es que la situación más frecuente es aquella donde la homosexualidad funciona corno fase de transición para asumirse luego como bisexual.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES INTRODUCEN EL SIDA ENTRE LAS LESBIANAS Y LA GENTE HETEROSEXUAL.

Verdad: Este mito legítima la discriminación contra las personas bisexuales. La etiqueta de "bisexual" se refiere solamente a la orientación sexual. No dice nada acerca de la conducta sexual. El SIDA se da entre personas de todas las orientaciones sexuales. El SIDA se contagia mediante prácticas sexuales sin protección, agujas compartidas y transfusiones de sangre contaminada. Ninguna orientación sexual causa el SIDA.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES ESTAN COÑFUNDIDAS ACERCA DE SU SEXUALIDAD.

Verdad: Es natural que tanto las personas bisexuales como las lesbianas y los gays pasen por un periodo de confusión mientras van asumiéndose como tales. Cuando se trata de un grupo oprimido a quien continuamente se le dice que no existe, la confusión resulta una reacción apropiada hasta que una/o se asume ante si misma/o y encuentra un ambiente que la/o apoye.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES PUEDEN ESCONDERSE EN LA COMUNIDAD HETEROSEXUAL CUANDO LAS COSAS SE PONEN DIFICILES.

Verdad: "Hacerse pasar" por hetero y negar tu bisexualidad es algo tan doloroso y tan dañino para una persona bisexual, como lo es para una lesbiana o un gay hacer lo propio. Las personas bisexuales no somos heteros y nos identificamos como tales.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES NO SON GAYS.

Verdad: Somos parte de la definición genérica de "gay" u "homosexual". Las personas que no son gays nos ponen a todas/os en la misma bolsa. Ha habido personas bisexuales que han perdido sus empleos y han sufrido las mismas discriminaciones legales que lesbianas y gays.

Mito: LAS MUJERES BISEXUALES TE PUEDEN DEJAR POR UN HOMBRE.

Verdad: Algunas mujeres que se sienten incomodas o confundidas frente a la atracción que sienten por otras mujeres pueden adoptar la etiqueta de bisexuales. Pero las verdaderas bisexuales reconocen sentir tanto atracción por mujeres como por hombres. Tanto bisexuales como lesbianas o gays son capaces de asustarse y volverse al closet en cualquier momento. Una persona que es incapaz de asumir un compromiso con otra puede utilizar tanto a un hombre como a una mujer para escaparse de la relación que la asusta.

Es importante recordar que bisexual, gay, lesbiana y heterosexuales son etiquetas fabricadas por una sociedad homofóbica, bifóbica y heterosexista para separarnos y dividimos. Cada una de nosotras/os, es un ser único, no entramos en categorías prolijas y bien encuadradas. A veces necesitarnos usar esas etiquetas por razones políticas y para aumentar nuestra visibilidad. Nuestra autoestima sexual se ve beneficiada cuando reconocemos y aceptamos las diferencias y podemos contemplar la belleza que encierra nuestra diversidad.

Este artículo esta incluido en el libro "Bi Any Other Name, Bisexual People Speak Out". editado por Lani Kaa'humanu y Lorraine Hutchins. Boston. "Alyson Publications". Inc. 1991. Traducción: Alejandra Sarda, enero 1996.

LA FLUIDEZ DEL DESEO: RAZA, VIH/SIDA Y POLITICA BISEXUAL.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 19:58
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Por Elias Farajaje-Jones (*)

Tu silencio no te protegerá...la transformación del silencio en lenguaje y acción es un acto de revelación del ser y como tal parece estar siempre teñido de peligro. Audre Lorde (1980)

Con profunda conciencia acerca de las palabras de Audre Lorde, escribo este artículo para romper el silencio e inspirar la acción.

Para articular una política bisexual es importante comprender como se da la interacción entre la bisexualidad y el VIH/SIDA, corno la pandemia exacerba la erotofobia así como la bifobia(1), como la erotofobia y la bifobia impiden la educación y la difusión hacia la comunidad, como las luchas contra el VIH/SIDA y contra la opresión que sufren las personas bisexuales pueden funcionar en paralelo. En este artículo me concentro en la experiencia de las personas afro-americanas y si bien hablo de las lesbianas y mujeres bisexuales negras, me ocupo sobre todo de los hombres negros que son gays y bisexuales ya que ese es mi contexto.

Bifobia y monosexismo

Dentro de la mayoría de las organizaciones de lucha contra el SIDA, las personas bisexuales permanecen totalmente invisibles, salvo cuando se las menciona al pasar o se las describe contagiando alegremente el VIH. El discurso dominante construye a la persona "bisexual" como sinónimo de asesina promiscua, patológica (ver la película Bajos instintos). Las lesbianas acusan a las bisexuales de contaminar a su comunidad; las personas heterosexuales nos culpan por ponerlas en riesgo. Ante tales construcciones negativas de la identidad bisexual, ¿qué significa para los hombres bisexuales el que se nos convierta en culpables a la vez que se nos niega la información básica para estructurar nuestra supervivencia?. Nuestra categoría de identidad se ha convertido en una categoría epidemiológica. Pero la política bisexual nos muestra que ya no podemos separar a la humanidad en categorías prolijas y cerradas. Gracias a ella hemos aprendido a no separar a las personas entre quienes necesitan educación sobre el VIH/SIDA y quienes no la necesitan.

A las personas bisexuales se nos incluye de nombre pero no en la realidad. No hay materiales pensados para varones que tengan relaciones sexuales tanto con otros varones como con mujeres.

El discurso presente sobre el VIH/SIDA, tanto en la cultura dominante como en el mundo queer, percibe a las personas bisexuales como más peligrosas, más una encarnación del demonio que las lesbianas y los gays. Esta sociedad, con su actitud negativa hacia el sexo, con su erotofobia, considera a la bisexualidad algo extremadamente peligroso. Es algo que acerca demasiado las homosexualidades a la cultura dominante. Asusta porque el Otro supremo ya no aparece como tan otro. Hay algo que resulta demasiado trasgresor en esto de borrar los límites entre mundos que supuestamente nunca deben encontrarse.

El verdadero desafío se le presenta a la bisexualidad cuando esta lucha por nombrarse a sí misma, sin dejar por eso de buscar subvertir el paradigma monosexual de "esto o lo otro", que nos hace creer que las personas son lesbianas/gays o heterosexuales. Con frecuencia la gente pregunta: ¿cuáles son exactamente los derechos de las/os bisexuales?". Como anarca-mujersita, hombre bisexual de color, "de dos espíritus" (2) y que se identifica como queer, el derecho fundamental por el que lucho en el contexto de la bisexualidad es el de NO tener que aceptar el paradigma monosexista, que procura definirme y eliminar de mi vida toda posibilidad de auto determinación.

El paradigma monosexista es particularmente dañino en la era del VIH/SIDA. La ironía, es que mientras el paradigma monosexista perpetúa un miedo profundo frente a aquellas personas que no encajan en el (bisexuales y transgénero, por ejemplo) al mismo tiempo impide que se les distribuya a esas personas información fundamental para su propia supervivencia. De esta manera, se culpa a las/os bisexuales por la difusión del VIH/SIDA y se les hace cargar con todo el peso de la enfermedad. Afobia social, pero no se las/os incluye, en forma realista en el trabajo de investigación, prevención o educación. Puede ser que se mencione la palabra bisexual, pero no existe una inclusión auténtica de las realidades bisexuales, por ejemplo, modelos de prevención para hombres que tienen relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres.

Sociedades políticas.

La relación entre la política bisexual y el activismo en VIH/SIDA sugiere que cada uno de ellos necesita tener conciencia del otro para sobrevivir. En el ámbito teórico, ambos se ocupan de manera frontal de opresiones similares; ambos proponen nuevos modelos para la construcción de la identidad y demandan la ruptura de las barreras que dividen a las personas en grupos tipo "nosotros/ellos". En la práctica, el activismo en VIH/SIDA y el bisexual comparten tácticas y visiones comunes. La forma en que la sociedad asocia el VIH/SIDA con los hombres y las mujeres bisexuales, la particularidad de la experiencia bisexual en cuanto al VIH/SIDA, y la notable ausencia de conciencia bisexual en la prevención / educación frente al VIH, son factores que apuntan a la necesidad de una mayor cercanía entre nuestros dos movimientos.

Definiciones

En 1988, uno de mis primos murió de complicaciones relacionadas con el SIDA. Juré sobre su tumba que no iba a permitir que su muerte fuera en vano, que dedicaría mi vida y mi energía a luchar contra el VIH/SIDA, a quebrar el muro de silencio, ignorancia y miedo, los verdaderos agentes de la muerte en nuestra comunidad. En las clases que doy en la Escuela de Divinidad, Universidad de Howard, utilizo la Sociología y otras herramientas culturales y de conocimiento para articular una teología de la liberación afrocéntrica, mujeril y vital.

Las reflexiones que brindo en este artículo no son el mero resultado de especulaciones mias. Surgen de años de escuchar los dolores y las alegrías de mis hermanas y hermanos, de vivir y trabajar con personas que tienen VIH/SIDA, de perder compañeras/os, amigas/os y parientes a causa de la pandemia; de enterrar a mi pareja y a 12 amigos cercanos en seis meses; de acompañar a las personas que luchan por liberarse de las ataduras del odio internalizado a las/os homosexuales o a las/os bisexuales. Las cosas de las que voy a hablar en este artículo son realidades que debo enfrentar todos los días de mi existencia. Estoy cansado de ver a mis hermanas y hermanos que están "en la vida" *, comer todos los días un pan fabricado con múltiples formas de opresión. Estoy harto de observar a tantas y tantos que sufren en silencio.

Al hablar de la comunidad afro-americana, recuerdo a cada momento que tenemos un espectro de sexualidades mucho más fluido del que tiene la comunidad blanca. Categorías como "homosexual" o "bisexual" no necesariamente significan lo mismo para las personas de ascendencia africana que para la gente blanca. Yo uso una variedad de términos: Iesbianas/gay/bisexual/transgénero; queer en-la-vida.

En algún momento se dio por sentado que las personas bisexuales no teníamos conciencia política, pero ahora hay un movimiento bisexual multicultural y feminista en crecimiento en los EEUU. Por eso yo a veces hablo de homosexualidades, bisexualidades y homosensualidades (contacto físico, intercambio de afecto físico como por ejemplo darse las manos o besarse entre personas del mismo sexo, sin que eso sea genitocéntrico ni orgásmocéntrico). No pretendo imponer ningún término ya que me doy cuenta, por ejemplo, que para muchas personas la palabra queer (mi preferida) es muy controvertida.

De paso, digamos que la palabra "queer" la adoptan personas que sienten que participan de su propia liberación al rescatar un terminó que fue usado contra ellas de forma despectiva. Así como la palabra "negro/a" alguna vez fue un insulto o tuvo connotaciones negativas pero hoy es fuente de orgullo y de fortaleza para nosotras/os, el uso de la palabra "queer" puede fortalecemos. Se refiere a una tendencia radical en nuestra comunidad que busca la liberación y la autodeterminación, en vez de la asimilación a una cultura blanca, dominada por los hombres y heterosexual. "Queer" es un termino que incluye a las lesbianas, los gays, las mujeres y hombres bisexuales, y las personas transgénero. ¡También me gusta mucho el término "en la vida"!. Para generaciones de descendientes de africanas/os, "en la vida" denotó un amplio espectro de identidades y conductas similares a las incluidas en "queer", todas y todos podemos incluirnos "en la vida". La palabra "vida" tiene ricas connotaciones espirituales, sobre todo para personas que vivirnos enfrentadas al sufrimiento y a la muerte. "En la vida" es un termino que reconoce nuestra lucha por la liberación como inseparable de todas las otras que llevan a cabo los pueblos oprimidos del mundo entero, quienes combaten la supremacía blanca, el clasismo, el imperialismo, el sexismo, la dictadura de quienes no padecen discapacidades, y todas las otras formas de opresión (Harris, 1986).

Además de el homoodio, las personas bisexuales con frecuencia nos vemos expuestas a la bifobia/biodio (1). Se nos considera demasiado transgresoras, tal vez porque convertimos en difusas las muy definidas líneas que separan a ELLAS/OS de NOSOTRAS/OS. Aquí es donde una nueva visión del género tendrá que desempeñar un rol muy importante.

La heterosexualidad obligatoria (Rich, 1980), es un poder intrínsecamente unido a la estructura de clases capitalista y que se ve alimentado por el racismo, el clasismo, el sexismo y el homoodio/biodio. El heterosexismo tiene raíces profundas en la necesidad básica de preservar esas estructuras y rigideces sociales. ¿Cómo se podría hablar de la opresión que sufren las personas lesbianas/gays/bisexuales/transgénero que son negras sin hablar de la supremacía blanca?. ¿Y que decir del hecho de que las mujeres y hombres de ascendencia africana que estamos en-la-vida ocupamos un lugar donde se interceptan varias formas diferentes de opresión?. En nuestra experiencia de Otredad, somos doble o triplemente el Otro supremo, el Diferente. Como hombre negro y queer, soy oprimido por ser un hombre de ascendencia africana, soy oprimido por ser queer, y soy oprimido como queer de ascendencia africana. No es solo la cultura dominante la que me oprime, sino también mi propia comunidad; en la comunidad negra, se me oprime por ser queer, en la comunidad queer se me oprime por ser un hombre de color.

Teología y género

El estudiar nuestras raíces y ver como se pueden aplicar hoy en día, ¿no es parte fundamental de una perspectiva afrocéntrica?. Al ocupamos del VIH/SIDA, se vuelve absolutamente necesario entender las bisexualidades en la comunidad afro-estadounidense y buscar respuestas al homoodio y a la pandemia del VIH/SIDA que surjan de nuestras propias tradiciones culturales. Esto nos lleva a buscar modelos con una visión positiva de la sexualidad, que no este lleno de odio hacia las mujeres, y que ofrezcan una nueva perspectiva del género.

Por ejemplo, las personas de dos Espíritus en algunas culturas indígenas de América del Norte representan categorías de género que trascienden la unidad binaria femenino / masculino. Bajo diferentes nombres en distintos idiomas indígenas (como nadie en navajo o winkte en lakota), las personas de Dos Espíritus suelen ser quienes median entre el mundo visible y el mundo invisible y quienes tienen el don de curar, de las visiones y de las profecías (Williams, 1986). Las personas de Dos Espíritus desempeñan un rol muy especial en sus culturas; si bien la suya es una construcción sexual y de género muy distinta, con frecuencia son definidas como lesbianas/gays/bi sexuales/transgénero por la cultura dominante. La trasgresión de la bisexualidad tiene que ver, en parte, con la afirmación de que el amor no sabe de géneros. Tal subversión de género es algo que a muchas personas les aterra de la bisexualidad (ButIer, 1990).

La creciente visibilidad de la comunidad transgénero, que no es pequeña dentro de la comunidad negra, exige que nos ocupemos más aun de la relación entre sexualidades y espiritualidades. En tradiciones religiosas africanas como el vudú (la religión afro-haitiana) o en las que se basan en la tradición yoruba, existe una teología de género que es muy diferente de aquella a la que están habituadas la mayoría de las personas afro-estadounidenses que son religiosas. Por ejemplo, en la religión yoruba existen manifestaciones de lo divino (orishas) que tienen dos géneros. Además, una orisha femenina puede manifestarse a través de un hombre, así como un orisha masculino puede hacerlo a través de una mujer. Cualquiera que sea el género del otisha o de la persona iniciada, a esta se la une a un orisha particular, del cual pasa a ser su iyawo o novia (Murphy, 1988).

El cuerpo no es solo el templo sino también el lugar donde se manifiesta el Espíritu (como cuando la gente "se pone feliz" o "grita" su éxtasis en experiencias religiosas que a veces incluyen estados de trance, en algunas tradiciones afro-estadounidenses). Si la sexualidad puede ser percibida como un don, entonces el cuerpo está para ser celebrado.

Desgraciadamente, debido al poder de la erotofobia, ponemos demasiado énfasis en lo que no se debe hacer, lo que nos lleva a la represión sexual, a la privación de conocimientos de fundamental importancia y, en última instancia, a la muerte.

El otro maldito

Ahora estamos presenciando el surgimiento de una ola de bifobia acentuada. Varias fuentes describen a los varones negros bisexuales como el OTRO, como el agente de transición del VIH/SIDA en la comunidad afro-estadounidense. Esta combinación de bifobia y VIH/SlDA fobia se usa para desacreditar y destruir a nuestra comunidad. A las mujeres y los hombres bisexuales se las/os describe continuamente como agentes transmisores a sabiendas e intencionales del VIH/SIDA. En vez de descargar la ira colectiva de la gente queer contra el gobierno que no nos proporciona educación explícita sobre el VIH/SIDA o el dinero necesario para la investigación, algunas personas se han dedicado a asignarle a las/os bisexuales el lugar de chivos expiatorios. En una era de creciente erotofobia, a medida que se siga intensificando esta construcción de la/el bisexual como el otro maldito, será cada vez más difícil para las mujeres y los hombres bisexuales de ascendencia africana el asumirse públicamente como tales.

Esta es una forma de opresión que nos resulta particularmente destructiva: recién estamos empezando a organizar nuestras comunidades, a ocuparnos de todos los temas que atañen a la diversidad de bisexualidades que existen en nuestros mundos. Sin embargo, todavía hay muy pocas/os activistas negras/os bisexuales visibles. Las supuestas autoridades en VIH/SIDA y en sexualidad humana se sienten libres de decir que las personas bisexuales son cobardes, que no existen activistas bisexuales negras/os y que estamos conscientemente diseminando el VIH/SIDA.

La homofobia y la bifobia ya han dañado en forma significativa la vida de la comunidad afro-estadounidense. Continúan su obra de destrucción. Creando una atmósfera propicia a la VIH/SlDAfobia, al miedo frente al VIH/SIDA y a las personas que viven con VIH/SIDA, y al aparthSlDA. La destrucción sistemática y la expulsión a los ghettos de las personas viviendo con VIH/SIDA.

VIH/SIDA - SlDAFOBIA - APARTHSlDA

Casi todos los temas que conciernen a la población afro-estadounidense apuntan de alguna manera al VIH/SIDA, y casi todas las cuestiones relativas al VIH/SIDA tienen un impacto desproporcionado sobre las comunidades afro-estadounidenses. Los siguientes puntos subrayan y explican ésta interconexión:

A); Falta de un plan de cuidado para la salud. ¿Cómo podemos hablar en forma realista de tratamientos para el VIH/SIDA, cuando la mayoría de nosotras/os, personas de color, no podemos pagar ningún sistema privado y carecemos de acceso a todo cuidado sanitario?.

B); El sistema carcelario. Teniendo en cuenta que el 25% de la población masculina afro-estadounidense de entre 15 y 35 años está en la cárcel, y que la mayoría de las cárceles no permiten que se brinde a sus internos educación sobre el VIH/SIDA ni se les repartan preservativo (porque eso implicaría aceptar que existen las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo en las cárceles) ni que se les proporcionen agujas limpias, ¿no es razonable llegar a la conclusión de que un alto porcentaje de varones afro-estadounidenses han estado en contacto con el VIH y se han tornado VIH+?. Y probablemente esto significa que esos hombres al salir de la cárcel (y también dentro de ella) pueden tener relaciones sexuales sin protección tanto con mujeres como con hombres.

Aquí también es necesario plantear el tema de las mujeres de color lesbianas y bisexuales que están en prisión y viviendo con VIH. ¿Qué estructuras existen para darles apoyo?. Su situación se complica aun más porque las instituciones piensan que las lesbianas no corren riesgos; más aun: se piensa que la sexualidad de las lesbianas y de las mujeres bisexuales no es importante y hasta se duda de su existencia. La raíz de esta idea esta en la erotofobia, que condena a las mujeres, a sus cuerpos y a sus vidas.

C); Embarazo adolescente. Siempre que hay un embarazo adolescente, hay sexo sin protección y la posibilidad de transmitir el VIH.

D); Análisis obligatorios. Por más importantes que resulten los análisis para la prevención del VIH/SIDA, el hacerlos obligatorios no es la respuesta, y en realidad tiene consecuencias graves para las personas de color porque los resultados se pueden usar en contra nuestra, y así se los usa.

E); Desempleo. Cuando la gente no puede trabajar o no tiene trabajo, carece también de acceso al cuidado de la salud o de los planes de salud garantizados por los empleadores.

F); Vivienda. El derecho a la vivienda es un tema relacionado con el SIDA para las personas de color. ¿De qué nos sirve tener AZT, DDI, remedios homeopáticos o hierbas chinas si no tenemos agua corriente con la cual tomarlos, o una casa para dormir y comer?.

G); Servicios sociales. A las personas de color con frecuencia se nos niega el acceso a los servicios sociales, al cuidado preventivo y al tratamiento temprano por barreras económicas y practicas discriminatorias, más aun, el estado reduce día a día los fondos destinados a los servicios sociales. A medida que la cara del VIH/SIDA se vaya revelando como personas de color, mujeres y niñas/os, personas pobres", ¿quién va a cuidar de nosotras/os?.

H); La salud de las mujeres negras. Las mujeres de color con VIH/SIDA constituyen el 73% de las mujeres con VIH/SIDA. Dado que las definiciones del Centro de Control de Enfermedades sobre lo que es el VIH/SIDA se gestaron a partir de la observación de varones, las mujeres muchas veces mueren a causa de infecciones oportunistas antes de que se les diagnostique el SIDA o se les de tratamiento. No solo no se estudian sus necesidades en cuanto a la salud, sino que no se las considera elegibles para el acceso a beneficios sanitarios, guarderías experimentación con nuevos remedios, subsidios para el pago del alquiler, y otros apoyos que se brindan a las personas con VIH. No se les da tampoco información sobre como pueden cuidarse ni como proteger a las personas con quienes comparten agujas o mantienen relaciones sexuales.

Bajo el falso pretexto de estar cuidando los intereses de las futuras generaciones, el establishment médico presiona a las mujeres con VIH+ (en su mayoría mujeres de color) para que aborten o sean esterilizadas. Esas esterilizaciones forzadas constituyen un genocidio. Como dice Sunny Rumsey Ahmed, una hermana afro-caribeña, musulmana y terrorista contra el VIH/SIDA.

¿Por qué éstas mujeres reciben un trato diferente del que se aplica a las blancas con una historia familiar de cáncer, enfermedades genéticamente transmisibles, fatiga crónica, esclerosis múltiple, o toda una gama de discapacidades potencialmente deformantes?. Muchas enfermedades se transmiten en útero y la ley protege con mucha fuerza los derechos de las mujeres que las padecen. Abogar esterilización y el aborto a causa de una enfermedad que afecta sobre todo a las mujeres de color me suena a racismo (Ahmed, 1990).

I); Educación. En este país somos muy susceptibles con este tema, pero hoy en día se ha vuelto una cuestión de vida o muerte. Mientras pensamos que hacer, la gente se muere. Cuando nos enredamos en debates interminables sobre sí podemos o no distribuir preservativos a la gente joven y alentar su uso debemos recordar que, HAY MÁS DE UN MILLON DE PERSONAS VIH+ EN LOS ESTADOS UNIDOS, Y CADA SIETE MINUTOS SU PRODUCE UNA MUERTE RELACIONADA CON EL SIDA (Mann et al, 1992).

La educación sobre el VIH/SIDA sigue siendo severamente inadecuada para las personas bisexuales y para las comunidades de color, suele sernos inaccesible, ya que esta expresada en un idioma o con términos que no entendemos. Muchas personas de nuestra comunidad no saben leer. Es de vital importancia que los materiales educativos sobre el VIH/SIDA apunten a las personas que tienen actividad sexual con personas de todos los géneros. Los materiales deben hablar de bisexualidad y de VIH/SIDA de una forma directa y abierta, sin ridiculizar las experiencias de vida de las mujeres y de los hombres bisexuales. Hasta ahora la mayoría de los materiales se han centrado en los hombres, abandonando por completo a las mujeres. Se ha prestado muy poca atención a la sexualidad lesbiana y a la de las mujeres bisexuales en relación con el VIH/SIDA.

Como dice Alexis Danzig en su excelente ensayo titulado "Las mujeres bisexuales y el SIDA" (1990). Debido al heterosexismo, las mujeres bisexuales están en riesgo tanto de contagiarse del virus del VIH como de ser víctimas de la violencia que se descarga contra quienes son percibidas/os como diferentes por su sexualidad. Es importante que las lesbianas que se acuestan con hombres, las mujeres heterosexuales que se acuestan con otras mujeres, y las que nos identificamos como bisexuales empecemos a crear conciencia de nuestras sexualidades, de nuestras experiencias con sexo más seguro y con la transmisión del VIH tanto entre nosotras corno con nuestras hermanas monosexuales. Como mujeres que tenernos actividad sexual tanto con hombres como con mujeres, reivindicar nuestras bisexualidades nos puede fortalecer contra la desinformación y permitir que definamos por nosotras mismas lo que "ser bisexual" puede significar en cuanto a hacernos responsables de nuestra propia vida y de las personas que amamos en medio de la crisis del SIDA.

J); Abuso de substancias. Aquí nos vemos enfrentadas/os con muchos temas que tienen consecuencias devastadoras para la difusión del VIH entre las personas de color; mediante las agujas que se comparten para inyectarse heroína, la velocísima difusión del crack en las comunidades negras; y el hecho de que muchas personas mantienen relaciones sexuales para obtener crack. La cocaína, que no se cultiva en los Estados Unidos, ha sido introducida en nuestras comunidades para acelerar el proceso de exterminio. Consideremos que en los 60's, cuando el movimiento del Poder Negro estaba en un punto más alto, comenzó a haber una gran disponibilidad de heroína (y ahora esta sucediendo lo mismo). La droga desempeñó un gran papel en el desmantelamiento de la lucha organizada por nuestra autodeterminación (Banzhaf, 1990).

K); Los medios. El trato que se da a las personas de color en los medios siempre ha sido un tema crítico para nosotras/os, pero esto se agudiza en una época en la que la prensa, reflejando la mentalidad dominante, se ocupa de asignar la responsabilidad a diversos grupos por la transmisión del VIH. Primero los medios trataron de culpar a Haití y a África; luego a los gays y a los hombres bisexuales. INOCENTES = mujeres blancas, de clase media y heterosexuales con VIH. CULPABLES QUE MERECEN SER CASTIGADOS queer, pobres, drogadictas/os que se inyectan, presas/os y personas de color con VIH (sin olvidar que muchas personas ocupan más de una de esas categorías a la vez). Las/os supuestas/os "inocentes" pueden desarrollar hipótesis ridículas para explicar la difusión del VIH/SIDA, pero cuando nosotras/os hablamos de CONSPIRACION y de GENOCIDIO, se nos considera salvajemente paranoicas/os e irracionales. Pero nuestra historia y nuestra experiencia hablan por si mismas y lo hacen a gritos. Cuando se piensa en eliminar la posibilidad misma de la vida para un grupo determinado de personas, ¿no es genocidio?. ¿Por qué resulta tan extraño imaginar que todo esto ha sido planeado cuidadosamente?. ¿No será tal vez un plan que salió mal, o mejor aun, un plan que esta saliendo bien?. Dadas las diversas políticas de genocidio que se han aplicado sobre las personas de color en este continente en los últimos 500 años, ¿por qué pensar que lo que estoy diciendo es algo absurdo, sin sentido?. Solo tenemos que fijarnos en el experimento de Tuskegee con la sífilis en el que entre 1932 y 1972 más 400 trabajadores y aparceros africanos de Alabama fueron "objeto" de un estudio gubernamental para comprobar que sucedía si se le hacia contraer la sífilis a una persona y no se le brindaba tratamiento (Jones, 1981). Este ejemplo nos dice que la comunidad científica esta dispuesta a usar a las personas afro-estadounidenses como ratas de laboratorio.

L); Comunidad internacional de personas de ascendencia africana / personas de color. El VIH/SIDA un tema para todos los pueblos de ascendencia africana y para todas las personas de color. Basta con que observemos la devastación que esta causando el VHI/SIDA en algunos países africanos, lo que a su vez tendrá consecuencias graves para la participación del continente en la economía internacional. Ciertos poderes mundiales se sentirán muy felices de intervenir y apoderarse de los recursos naturales de las naciones africanas, dado que ya han destruido los suyos propios. El VIH/SIDA se esta difundiendo con tanta rapidez en África que las áreas más afectadas mostraran una perdida neta de población dentro de pocas décadas. El SIDA ya es la principal causa de muerte entre las personas adultas de muchas ciudades africanas y una de las principales de mortalidad infantil. Según un estudio en gran escala que se hizo en Uganda a escala nacional sobre cero prevalencia del VIH, unas 800.000 personas adultas están infectas (sobre una población total de 16.2 millones). (Mann et al, 1992).

 

Conclusiones

En una era de violento homoodio, biodio, erotofobia y apartSIDA, si no tenemos éxito en nuestro esfuerzo por subvertir el paradigma monosexista, es muy probable que ese paradigma nos mate. El surgimiento del VIH/SIDA significa que nuestra invisibilidad como bisexuales, como personas de ascendencia africana es ahora casi una sentencia de muerte.

También tiene que prestar atención a la diversidad cultural que se expresa en diferentes formas de bisexualidad. Las personas bisexuales y especialmente las de color, debemos permanecer en las primeras filas de la batalla contra el VIH/SIDA y laVIH/SIDAfobia, recordando que tenemos un rol muy especial que desempeñar. Como dijo Alexis Danzig, la pandemia del VIH/SIDA nos exige fortalecernos. No podemos esperar que otras/os se ocupen de nuestros temas; debemos hacernos responsables de nuestra vida y de nuestra salud. Necesitamos activistas bisexuales que se ocupen del VIH/SIDA en voz alta y que estén siempre presentes abogando por nuestros temas. Tendremos que hacer gran parte del trabajó de prevención/educación dirigido a nuestra comunidad, desarrollando redes de recursos y de información por y para bisexuales. Si estamos realmente comprometidas/os en la lucha contra la opresión en todas sus formas. ¿Cómo no desarrollar un conjunto de educadoras/es y activistas bisexuales que se ocupen del VIH/SIDA?. Cada vez se hace más claro que las estrategias de prevención y educación sobre VIH/SIDA rígidamente definidas en torno a categorías de identidad, no funcionan. En contra de lo que el paradigma monosexista nos hace creer, vivimos en un mundo donde la construcción de los deseos, los géneros y las sexualidades es fluida. Muchas personas eligen tener relaciones sexuales con todos los géneros en variadas configuraciones relacionales y no necesariamente se identifican con ninguna etiqueta. Por lo tanto, estrategias de prevención y educación frente al VIH/SIDA verdaderamente innovadoras, que apunten a todas las mujeres que tienen relaciones sexuales tanto con mujeres como con hombres y a todos los hombres que hacen lo mismo, pueden tal vez ser la clave para que la prevención llegue al conjunto de la población.

Tenemos que apoderarnos de la lucha por la supervivencia. Debemos cuestionar a las autoridades elegidas y al gobierno para que nos rindan cuentas, porque nuestras vidas dependen de eso en este momento cuando nos fallan, tenemos que salir a la calle y gritar nuestras demandas con nuestras voces ricas, que tan bien saben cantar, a las puertas mismas del poder. Nuestra opresión esta tan evidentemente conectada con otras formas de la hegemonía heteropatriarcal como la guerra contra el medio ambiente y contra todos los ismos, que no puedo sino tener la visión de nosotras/os, activistas queer-bi contra el VIH/SIDA, como luchadoras/es por la libertad y sanadoras/es. Nuestros cuerpos importan.

Nota

(*) Elias Farajaje-Jones es Profesor Adjunto titular en la Escuela de Divinidad de la Universidad de Howard. Habla español, es afro-americano e indio, teórico queer, terrorista en la lucha contra el SIDA, teólogo guerrillero y artista. Desde 1981 participa en la lucha contra el heterosexismo, el VIH/SIDA y el aparthSlDA, primero en Suiza y luego en Washington DC, EEUU.

(1); La bifobia/biodio dice que las personas bisexuales no existimos; que no sabemos lo que queremos; que estamos "en el medio" o confundidas; que no tenemos ideas políticas ni sentido de lo que es una comunidad; que es solo una fase, y que somos promiscuas/os, agentes transmisores/as del VIH.

(2); Two-Spirit (dos espíritus). Las lesbianas y los gays indígenas de América del Norte adoptaron esta forma de nombrarse, que era la que sus naciones usaban en los tiempos previos a la invasión sajona.

Este artículo se publicó en el libro "Bisexual Politics. Theories, Queries & Visions", editado por Naomi Tucker con Liz Highleyman y Rebecca Kaplan. New York: The Haworth Press, Inc., 1995.

Traducción:

Alejandra Sarda. Marzo 1998; Buenos Aires.

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