¿Asexualidad?

Ilustración: Ricardo Fumanal.
Por Josep Tomás
A más de uno le sonará a broma, a leyenda urbana o a ejercicio de hipocresía. Sin embargo, hay personas que se definen a sí mismas como asexuales, es decir, que no sienten ningún tipo de atracción sexual por nadie. Para ellos, el sexo, ni frío ni calor. Ni fu ni fa, como se ha dicho toda la vida.
En el encuentro digital del pasado viernes un chico me comentó su absoluto desinterés hacia estos temas y lo incómodo que se siente por la presión social que sufre para dejar de ser virgen, sobre todo entre su grupo de amigos y conocidos.
Ni que decir tiene que este 'marcaje' lo sufren todos los adolescentes, ya sean chicos o chicas, y es un verdadero suplicio para algunos. También muchos adultos, que no tienen una vida sexual muy movida (como libre elección), sienten esta relativa presión. Vivimos en una sociedad absolutamente atiborrada de estímulos sexuales y eróticos de todo tipo y con mucha información sexológica (por fin). Hay quien se toma el tema tan a la tremenda que le lleva a abrazar estas cuestiones como si se tratara de una nueva religión (la fe del converso, ni más ni menos) mientras que otros lo viven con un cierto grado de aversión o repugnancia. Extremismos a parte, el resto de los mortales vamos tirando...
Centrándonos en el tema de la presunta asexualidad de algunas personas, la comunidad científica no se pone del todo de acuerdo por lo que respecta a su catalogación como orientación sexual. Para algunos especialistas, la asexualidad es un trastorno psicológico originado por experiencias sexuales traumáticas, una educación estricta o negativa respecto a la sexualidad, una represión de la verdadera orientación sexual del individuo o problemas hormonales severos.
Por el contrario, los orgullosamente asexuales defienden sus tesis argumentando que ellos no viven la falta de sexo con angustia o dolor, por lo que se sienten muy molestos en ser catalogados como enfermos aquejados de algún desorden emocional.
En Estados Unidos, donde las asociaciones y las religiones nacen y desaparecen a cientos cada minuto, se ha creado un movimiento asexual que jura y perjura que la nula atracción por el sexo de sus miembros no se debe a ningún trauma y que no son seres solitarios o huraños que eviten cualquier contacto con el resto de la humanidad. De hecho, los hay que tienen pareja estable y a nivel emocional no presentan ninguna disfunción o comportamiento extraño.
Simplemente argumentan que el sexo, para ellos, no es necesario para canalizar sus necesidades afectivas.
Aunque a la mayoría este tipo de actitud nos suene marciana, se calcula que entre un 1 y un 3 por ciento de la población mundial se enmarca en esta categoría de amantes de la no-sexualidad.
Por cierto, no hay que confundir asexualidad con otras formas de ausencia de vida sexual por motivos morales o religiosos, como el celibato. El asexual nace, no se hace. O eso aseguran ellos. También hacen hincapié en que su opción no está relacionada con el deseo sexual inhibido, una disfunción sexual que se caracteriza por la pérdida pasajera de interés por el sexo, motivada por causas que van desde el estrés laboral hasta un conflicto de pareja y por el que todos, en mayor o menor medida, hemos pasado en alguna ocasión en nuestra vida. Sin embargo, no parece que la frontera entre ambas sea tan clara.
Hay debate
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/04/15/camaredonda/1208243798.html



