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Los sexos del psicoanálisis

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:19
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Los sexos del psicoanálisis.1

José R. Assandri.

Nos parece natural que haya dos sexos. Y cualquiera que en esta sala objetara esa naturaleza de dos sexos corre el riesgo de quedar fuera de la sala. Voy a correr ese riesgo afirmando desde el comienzo que esos dos sexos son una invención bastante reciente si consideramos la historia de la humanidad, por ejemplo, desde su cuna griega. Hay dos sexos desde el siglo XVIII, y no es mucho tiempo un par de siglos en la historia. Dos sexos al menos como parece que los conocemos hoy, es decir, dos que serían distintos y claramente separados. Ha habido y hay una lista más o menos larga de rasgos que funcionan marcando las diferencias. A veces bajo la lógica de las oposiciones, por ejemplo el hombre es activo y la mujer pasiva; otras bajo la lógica de la complementariedad, la actividad del hombre se complementa con la pasividad de la mujer; o en la lógica de la proporcionalidad, un hombre sería 3/4 activo y 1/4 pasivo, mientras que la mujer sería 3/4 pasiva y 1/4 activa. Ese rasgo de la actividad forma parte de lo que, desde hace aún menos tiempo, se ha llamado el género. Hasta el siglo XVIII, en un continuo cuerpo-género, el sexo implicaba un rango social, asumir un rol cultural, es decir categorías sociológicas y no un sexo ontológico y orgánico como lo conocemos ahora. No quiere decir que antes haya sido mejor, sino distinto. Para nosotros, si algo del género hace problema, parece que es la carne la que tiene como función dirimir las cosas. Hasta el siglo XVIII el cuerpo era un signo más del rol social y no la causa definitoria de las diferencias entre los sexos(2). Tendríamos entonces dos categorías para tratar el sexo: la carne y el género. Y tenemos la creencia de que es algo natural que haya hombre y mujer a causa de la carne. La figura de los travestis o los intersexuales ponen en cuestión la supuesta relación natural que habría entre la carne y el género. Pero claro, sospecharan algunos, estoy mezclando las barajas, una cosa es la normalidad y otra la patología. La apuesta ha aumentado entonces.

Partamos de la patología, aún más, partamos de un cuadro de patología sexual que podría decirse que es obsoleto, que ha caído en desuso, al menos en desuso en la práctica clínica, pero que curiosamente, de alguna forma, prosigue su existencia. Ese cuadro perverso obsoleto y casi marginal en las clasificaciones, que me interesa poner sobre el tapete es la ninfomanía. Ejemplificaré esto con algunos relatos que ustedes veran por qué, no son de mi práctica, sino que son relatos de otros, relatos que tienen sus cosillas interesantes.

El pasado año, escuchando al Dr. Hagop Akiskal, en un curso de actualizaciones de tratornos afectivos (3), entre los casos que el Dr. Akiskal trataba via correo electrónico y otros que dió en comentar, hay uno que quiero relatarles. El Dr. Akiskal es alguien de una profusa trayectoria. Dos de los "papers" más citados en la psiquiatría biológica lo tienen como coautor. Es decir no es cualquier doctor en el concierto mundial. El caso es que cierta mujer, esposa de una autoridad eclesial protestante, era rápida de cascos, es decir, se acostaba con cualquiera que tuviera cerca, lo que dejaba a su marido en una muy mala posición respecto a su feligresía. Esta mujer rápida de cascos, es decir, esa yegua, llegaba a acostarse con negros, lo que según parece hacía las cosas aún más intolerables. Según el relato del Dr. Akiskal, era demasiado, y por lo tanto, ameritaba una intervención. Probablemente intervenciones como un divorcio, por ejemplo, no fueron posibles. Fijense que un divorcio de pronto podría haber resuelto las preocupaciones del clérigo por los avatares de su mujer en la cama. Tal vez hubiera otras vías, no lo podemos saber hoy, pero lo que me parece interesante es que si una intervención como el divorcio no era posible, dejaba de ser un problema moral o jurídico para transformarse en un problema "científico", y por lo tanto ameritaba intervenciones "científicas". Y la intervención fue una lobotomía. Según parece el tratamiento fue todo un éxito: los hombres dejaron de ser un problema. El eclesiático podía cumplir sus funciones tranquilamente. Pero como sucede muchas veces, hay tratamientos que tienen efectos secundarios, por eso es importante estar atento a las contraindicaciones. En este caso, según parece, esta mujer se volvió lesbiana, lo cual seguramente no mejoraría mucho las cosas para su marido. Podríamos discutir bastante sobre este extraño caso y su tratamiento salvaje, incluso sin saber si el caso había sido diagnosticado o no de ninfomanía. Pero a mi gusto tenemos muy pocos datos a partir del relato del Dr. Akiskal, aunque podemos hacernos un par de preguntas: ¿cómo es posible tolerar esa clínica salida del lado oscuro del medioevo, una clínica que abreva en la Inquisición efectuando lobotomías, que no son mas que variantes de lo que en aquellas épocas se hacía: arrancar del cuerpo al Maligno? ¿Y por qué temperados señores y señoras del siglo XX o XXI que asistíamos al curso no osamos decir nada frente a ese forzado viaje en el Túnel del Tiempo? No hay demasiados datos del asunto, por lo que sólo podemos opinar. Pero hay un punto que me resulta interesante, y es que el Dr. Akiskal dijo que con ese caso se demostraba que el sexo asienta en el cerebro. Diran ustedes, es cuestión de opiniones, e incluso en asuntos del sexo siempre es difícil saber cuan cerca estamos de la verdad. Convengamos que es un terreno sumamente discutible, pero lo que si me parece extraño, es el asunto de que alguien se haya permitido decir que con ese tratamiento, que con ese caso se demostraba que el sexo asentaba en el cerebro y que nadie del público, incluído yo mismo, dijera absolutamente nada. La afirmación de Akiskal podría decirse que seguía el principio hipocrático de que el tratamiento da cuenta de la enfermedad; si tocamos el cerebro con una lobotomía y hay cambios en los síntomas, ergo, la causa está en el cerebro. ¿Hasta dónde es posible sostener que el sexo asienta en el cerebro? Y a partir de allí, los que afirman que el sexo asienta en el cerebro, los que realizaron la lobotomía ¿qué tipo de clínica pueden ofrecer, con qué tratamientos abordan los llamados problemas sexuales? Y más allá de las diferentes clínicas, ¿por qué nadie objetó esa sinapsis salvaje entre sexo y cerebro? El silencio a ese relato es indicio de la dificultad de ubicar el sexo en algún sitio, en algo tangible, algo que no resulte tan difuminado como libido, género, identificaciones, etc. Pero pretender reducir las dificultades a algo que simplemente pueda tocarse en la carne, es un callejón sin salida que no es mejor que la plasticidad, por ejemplo, del término libido.

Pero tomemos otra entrada a la cuestión de la ninfomanía. ¿Existe una perversión o un trastorno sexual llamado ninfomanía? ¿Existe la ninfomanía? O más bien, ¿qué tipo de existencia tiene? Porque si hago la pregunta por su existencia deben tomar nota que por lo menos, pongo en duda que existan seres que en la clínica se califiquen de ese modo. Y si llegara a demostrar eso, el segundo paso necesario es, dado que existe ese término, que existe el cuadro patológico por más que no existieran casos para poner en el cuadro, la cuestión es de dónde ha salido la ninfomanía, cuál ha sido su función, si es que la tiene. El Dr. Gastón Boero, en su consultorio semanal EROZONA, del periódico Búsqueda (4) , se las ve con una pregunta de una lectora, justamente: ¿existe la ninfomanía? Boero responde, sé que Moscú existe aunque no lo conozco. Es una forma extraña de responder. En su vida de sexólogo no ha encontrado casos de ninfomanía. Sin embargo, en su afán de contestarle a su lectora, averigua entre sus colegas psiquiatras y ellos le dicen que sí, que hay casos, pero más que ninfomanía, mas que un cuadro en sí, eran síntoma de esquizofrenias. Revisa la bibliografía valorada por él, Helen Kaplan, quien en texto sobre el deseo publicado póstumamente, escribió que en su larga carrera sólo vió tres casos. La ninfomanía merecería entonces un estudio más fino, porque aún sin pronunciarme sobre la clínica de Boero, es interesante el hecho de que considere que no ha visto en su vida un caso, sino, que le han contado que hay. La ninfomanía, como Moscú, para él existe porque le han hablado de ella, porque tal vez le han mostrado fotos. Así como existe Moscú porque le han hablado de Moscú, ¿también existe la Atlántida, El Dorado, el Paraiso, el Infierno? La existencia discursiva de esos lugares fantásticos parece de un parentesco cercano a la ninfomanía, porque en definitiva, como muchas otras cosas, son hechos de discurso. Sin embargo Boero dice respecto a la ninfomanía algo que me parece sumamente atendible, porque señala que los hombres tienen "permiso de libre circulación sexual", mientras que "nadie se banca, y menos las mujeres, que una fulana disfrute del sexo con quien le plazca y donde le plazca". Digamos entonces que la ninfomanía (5) se trata de una forma de vérselas con el deseo y el goce femenino. Desde la masculinidad científica se busca atenuar el erotismo femenino para no dejar a los hombres mal parados, o mas bien, cuando los hombres quedan mal parados, mas vale buscar una explicación: ¡ah, ella se excede en sus exigencias,!... ¡es una ninfómana ...! Si alguien buscara la ninfomanía en la clínica, porque se tiene el nombre de un cuadro, una descripción de síntomas, esa búsqueda es una búsqueda tendenciosa, orientada, porque parte de la construcción de un tipo de trastorno que parece fundar su existencia en las tensiones, en los juegos eróticos, en los desencuentros entre hombre y mujer, sin tomar en cuenta que la ninfomanía es una invención peculiar, hecha de discurso, sobre todo, masculina.

Para dar una última pincelada al cuadro de la ninfomanía, voy a citar un texto de un novelista inglés, David Lodge, de su novela Trapos sucios, un fragmento de un reportaje a un escritor de guiones de filmes: "La publicidad de la BBC describe a la heroína del último telefilm de Samuel Sharp, Oscuridad, como una ninfómana. Le pregunté si alguna vez había conocido alguna ninfómana. `Si, no, bueno, depende de lo que entienda por ninfómana´, balbuceó. `He conocido mujeres que dejaban bastante claro que si yo las alentaba un poco, ya sabe, pero es difícil decir si era ninfomanía exactamente ...´ Creo que estaba dando a entender con delicadeza que es difícil para un chico atractivo como él saber si el empeño de sus amistades femeninas en abrirse de piernas se debe al temperamento de esas chicas o a su propio e irresistible sex appeal".(6) Esta cita muestra cómo de alguna manera la cultura recoge y cuestiona este término, y plantea claramente el punto álgido, ¿de dónde viene el deseo? ¿dónde está socialmente aceptado que se manifieste? (7)

Las ninfómanas están para decir que habría mujeres que no serían mujeres como deben ser, sino otra cosa, antinatural, enferma, patológica. Es decir, sería necesario reconducir a alguien a la categoría mujer si se la ha diagnosticado de ninfómana. Y los hombres no nos ahorramos lo que sea necesario como para reconducir a esos seres a su lugar natural, ya que se han desviado de la naturaleza. La ninfomanía es una de las cosas que podemos encontrar en el cajón de las perversiones, o a un costado del cajón. En ese cajón se han ubicado esos seres que no serían precisamente hombre ni mujer, es decir, esos seres que harían cosas que no se esperan de un hombre o una mujer como se supone deberían ser habitualmente. Hay veces que no es posible entrar directamente a ciertas cosas, hay que tomar desvíos. Y para ello, me parece que esta figura erótica de la ninfomanía resulta de utilidad. Es una figura erótica que señala las posiciones femeninas y masculinas, poniendo límite al exceso, y más allá de que no se siga sosteniendo ese cuadro en la clínica, sigue existiendo en el discurso corriente, en la cultura, con lo que se hace evidente que hay un lazo entre juicio moral y diagnóstico de perversión.

Seguramente podríamos divertirnos mucho con estas cosas, por ejemplo, explorando la etimología del término ninfomanía (ninfo=novia, paraninfo=padrino de la novia, la ninfomanía sería un trastorno de las novias, pero las novias de cierta época, las que supuestamente comenzaban su vida sexual con el matrimonio). Pero volvamos al punto de partida, comenzabamos con el psicoanálisis. Un punto clave de discusión, en el que se cruzan estudios históricos, antropológicos y culturales con el psicoanálisis es el concepto de identidad sexual. Es decir, suponiendo dos sexos, la identidad sexual sería parecerse a sí mismo para siempre. Si eso sucede no habría problemas en el curso de la existencia erótica de los ciudadanos. La esposa del religioso del relato de Akiskal se acostaría siempre con el mismo y no habría necesidad de ninguna intervención. Realmente la identidad sexual es maravillosa, es decir, que se cumpla ese principio de la lógica que dice a=a, sin ninguna duda. Un hombre es un hombre, una mujer es una mujer. El problema es que como estamos en el campo del lenguaje, nada asegura que cuando alguien dice: una mujer, ... es una mujer, esa segunda mujer sea igual que la primera. Y si un hombre, es un hombre, el primer hombre tal vez no tenga el mismo significado que el segundo, así como en el famoso verso, una rosa es una rosa es una rosa ... cada una de esas rosas puede ser distinta.

La identidad sexual en la sociedad es un concepto clave, ordena muchas cosas. Y todo aquello que tiene que ver con el sexo, con la sexualidad puede decirse que identifican genéricamente al psicoanálisis. Las concepciones de identidad sexual, de sexualidad, de sexo han tenido su tiempo de invención, bastante cercano en lo que refiere a tiempos históricos, e incluso en el curso del siglo pasado, el siglo XX, han tenido variaciones, modificaciones, trastornos históricos y culturales. Y los usos que han tenido han variado. En relación a esa historia ha habido tiempos en los que el psicoanálisis se ha adelantado a su época, al menos hasta mediados del siglo pasado, hay otros tiempos en los que ha acompañado los avatares de la cultura occidental, mientras que en otros, ha mostrado cierto retraso. Y creo que ha estado en retraso en relación a fenómenos que parecen tener sólo el título de curiosidadades, cuando correspondería prestarles atención y dirigirse a esos fenómenos con los instrumentos necesarios para analizar y sacar consecuencias de esos análisis.

Uno de los asuntos clave, a partir de estas líneas, es la relación que tenemos con nuestros instrumentos, más precisamente el uso de las teorizaciones psicoanalíticas. Ciertos fenómenos pueden ser leídos de distintas formas como también leemos de distintas maneras, por ejemplo, los textos de Freud. Y si hay un lazo estrecho entre lo que genéricamente se llama la sexualidad y las lecturas de Freud, diferentes formas de leer a Freud podrían construir variantes de lo que es entendido por sexualidad. Una de las formas de leer a Freud es creer en lo que él decía, lo que resulta una manera religiosa de leer. Otra manera es leer a Freud buscando respuestas a nuestras preguntas, lo que en definitiva es aplicar fórmulas a los problemas que se nos presentan. Otra forma, con la que me encuentro más afín, es leer a Freud tratando de cercar las preguntas que él se hacía, y cómo sus producciones teóricas tenían relación a esas preguntas. Y sus preguntas puede que no sean exactamente las nuestras, porque probablemente tenemos otras preguntas que surgen de nuestro tiempo. Pero si alguien lee a Freud en una posición religiosa, o buscando respuestas para las propias preguntas y aplicar luego fórmulas, seguramente se aleja bastante de lo que es esencial en Freud. Y lo esencial para mí es la invención de un método: la libre ocurrencia y la atención flotante. Y muchas veces, cuando en la clínica se presentan obstáculos para la puesta en práctica del método freudiano, una conclusión muy frecuente es que el paciente se resiste. ¿Pero es que acaso del lado de la atención flotante no hay también resistencias, resistencias a oir lo que viene de otro lado? ¿Entonces, cuántas veces la resistencia es del paciente y cuántas del analista? Pregunta difícil de dirimir. Comenzar cada caso como si fuera el primero, esa vieja prescripción de Freud, no resulta fácil de poner en práctica, porque estamos habitados por teorías, entre ellas, las teorías freudianas. Freud, en la invención de su método no estaba habitado por las mismas cosas que nosotros, y es por eso que digo que algunas de sus preguntas no necesariamente son las nuestras, o al menos se las planteaba de formas distintas a cómo nos las planteamos nosotros. Y uno podría suponer que dentro de la demarcación de su campo, tal vez Freud podía poner en práctica la atención flotante de forma más flotante, ya que estaba francamente en un tiempo de investigación y exploración. Pero eso no es mas que un supuesto, porque no resulta fácil, a pesar de los desarrollos de la historia, reconstruir el campo de debate en que se encontraba Freud, cuáles eran sus interlocutores, cuáles eran las cuestiones en discusión. Para nosotros, muchas veces se nos vuelve necesario desprendernos de prejuicios teóricos a los que damos fe, descolonizarnos de formulaciones teóricas, resituar las cosas, teniendo presente que lo particular e inalienable del psicoanálisis es su método. Las formulaciones teóricas siempre pueden estar en discusión.

¿Podemos considerar al día de hoy que existen sólo dos sexos, varón y mujer, o es que hay otra serie de sexos que escapan a esa dualidad? ¿Es estrictamente el cuerpo lo que define los sexos? Para Freud, en la cuestión de los sexos, había dos, con eso era suficiente. Y no sólo era suficiente, sino que incluso establecía una diferencia radical, porque al instaurarse el psicoanálisis puso rápidamente en cuestión las teorías de su época. Hasta el siglo XVIII las concepciones científicas funcionaban con la idea de un solo sexo, el sexo masculino, al punto que los órganos de la mujer no tenían nombres propios. Hasta el siglo XVIII imperaba el unisexo, mientras que lo que más tarde sería el otro sexo, era fundamentalmente una inversión del primero. El sexo femenino era la inversión del masculino y eso es perfectamente evidente en las imágenes de los aparatos genitales, en los textos médicos hasta el siglo XVIII, donde el sexo femenino era diseñado en una inversión punto por punto de los rasgos y localizaciones anatómicas del hombre, como también es visible en las teorizaciones que polarizaban caracteríticas que partían de trazos que se consideraban masculinos. Luego del siglo XVIII se da un pasaje del unisexo a dos sexos, se descubría un nuevo continente, el sexo mujer, con sus particularidades, y el sexo pasó a ser eso orgánico, más o menos oculto, pero patrimonio del conocimiento científico, y el conocimiento científico pasó a ser el que encontraba o producía las diferencias entre uno y otro sexo. Allí se ubica Freud, por un lado, nombrando continente negro a la sexualidad femenina, en cierta forma pagando tributo a su época en la que se buscaba definir el sexo mujer orgánicamente desde la masculinidad, pero por otro lado, cuestionando los órganos como causa del sexo, en la medida en que todo sexo es construcción. Para Freud había una bisexualidad innata, esa bisexualidad, en el transcurso del desarrollo, debía concluir en uno de los sexos. Es decir, al cabo del desarrollo psicosexual cada individuo debía llegar a varón o mujer, pero para eso no era suficiente la anatomía.

A mediados del siglo XIX había comenzado a fundarse un nuevo campo, el de las perversiones. Ese campo de las perversiones se llamó psychopathia sexualis (8), así, en latín, porque también hasta Freud, incluso en el propio Freud, y en nosotros también, se escribe o se dice en latín eso erótico que se supone que puede herir la sensibilidad del público. Los actos eróticos en sí, no se dicen en lengua vulgar en las conversaciones serias, como si el erotismo pasado en una lengua muerta resultara menos perjudicial para la salud. Obvio los escabrosos ejemplos, pero los aqui presentes saben que hay otras formas de decir coito, cunilingus, fellatio, coito a tergo, coitus interruptus, etc. En esos términos aparece claramente que siguen operando mecanismos que establecen cómo puede ser dicho el erotismo.

Y en relación a ese campo de las perversiones Freud también hacía una diferencia, porque las teorías imperantes en su época eran las teorías de la degeneración, los individuos degeneraban y hacía eclosión la patología. Las teorías de la degeneración, degeneración de los tejidos nerviosos, asociadas tanto a supuestos factores hereditarios como a la decadencia de las costumbres, se sostenían en el imperativo de que cada individuo, un hombre, una mujer, debía generar otros, y aquellos calificados de perversos, que no cumplían con el objetivo de la reproducción, los homosexuales, los sádicos, los fetichistas, los masoquistas, practicantes de erotismos que no tenían como fin la reproducción, que no buscaban trasmitir su linaje, no generaban, por lo que resultaban degenerados. En relación a ese campo de la psychopathia sexualis, Freud establecía diferencias, porque lo que no entraba en la polaridad varón-mujer no eran degenerados, sino que eran tomados como detenciones o desviaciones del desarrollo. E incluso Freud establecía un punto central que trastornaba la distinción entre normal y perverso, y eso puede percibirse claramente a partir, por ejemplo, de algunos enunciados: el niño es un perverso polimorfo, los actos de los perversos son las fantasías de los neuróticos. Y fundamentalmente, algo a lo que ya no se le presta demasiada atención: cualquier actividad motriz o intelectual como andar en tren o leer puede ser libidinal. Con lo que se podría concluir, curiosa distinción, que habría perversos normales y perversos anormales, porque siempre será difícil establecer el punto donde comienza la normalidad y termina la perversión. Aunque en cierta forma, para Freud, si el erotismo terminaba en una relación genital, era normal. La polémica entre las teorías de la degeneración y Freud es importante, porque en aquella épocas se tenía una idea de cuerpo con la que se intentaba explicar todo, y la teoría de la degeneración hacía de puente entre la sanción moral y lo que sucedía en el cuerpo. Posición que podemos decir que es muy cercana a la del Dr. Hagop Akiskal. En la investigación biológica las ideas sobre el cuerpo tienen una participación importante, aunque no puede decirse que todo es imaginación científica, esa imaginación también juega.

Lejos de los tiempos de Freud, en los últimos años, le preguntaron a una lesbiana, Monique Wittig si tenía vagina. Su respuesta fue: NO. ¿Era posible una pregunta de ese tipo en tiempos de Freud? ¿Qué habría dicho Freud ante una respuesta como esa? Esta anécdota, puede servir de medida para considerar la distancia entre Freud y nuestros tiempos. La respuesta antes de Freud habría sido es una degenerada, algo de su tejido nervioso, de sus costumbres está en decadencia. En tiempos de Freud, podría haber sido que esa negación de la vagina denunciaba una detención o una desviación de su desarrollo, que podría ser reconducida al fin correspondiente, es decir, un reconocimiento de la vagina y un uso heterosexual de la misma. Pero dejando un poco de lado estas ficciones: ¿qué pensamos nosotros de una respuesta de ese tipo? Tal vez muchos piensen, se trata de una loca, el Dr. Hagop Akiskal podría postular como tratamiento un injerto de cerebro femenino ... Por mi parte prefiero evitar esos atajos, tomarme el trabajo de seguir caminos secundarios para tratar de aprehender la lógica de esa pregunta, y fundamentalmente la lógica de esa respuesta. En primer término es otra cosa que una anécdota, se trata de un acto político. Y por lo menos, tomar nota de que para Monique Wittig, militante política, ya la biología está sometida a la polarización varón-mujer, y que en la división de los sexos esa polaridad está presente. Monique Wittig no comparte la idea de que habría una biología aséptica, sin ideologías, sin prejuicios, sino que está marcada por esa polarización varón-mujer, la biología da nombres de por sí marcados como femeninos o masculinos. Rehusar a esa demarcación, como lo hace Monique Wittig, no puede ser reducida a una negación sorprendente, sino que puede dar lugar, justamente a analizar la dificultad que se produce al acoger desde las teorías ciertas subjetividades, ciertas posiciones eróticas, que no pasan exclusivamente por tener o no tener vagina (9).

El transexual, el travesti, el intersexual, el sadomasoquista, incluso otras figuras más antiguas como la lesbiana, el homosexual, o el gay, irrumpen en los bucólicos paisajes de una sexualidad, esa sexualidad que se suponía que a partir del esclarecimiento psicoanalítico y sexológico, podía contarse a los niños en clases de educación sexual, para de alguna forma, patear el tablero de una sexualidad que había encontrado sus formas de ordenarse a partir de discursividades sexológicas que tenían una historia, una respetabilidad, incluída cierta versión del psicoanálisis. Esas figuras del erotismo, proliferantes, que como extraños efectos generan rechazo y fascinación, merecen el derecho a interrogar las nociones habituales de sexualidad. Y quisiera que prestaran atención a esta inversión, no se trata de interrogar esas figuras eróticas con nuestras nociones de sexualidad, sino dejar que esas figuras interroguen nuestras nociones de sexualidad. Es decir, no interrogar la ninfomanía mediante una lobotomización teórica, sino que podemos interrogar nuestras teorías de la sexualidad con la ninfomanía o con otras figuras eróticas. Y debemos considerar que varón y mujer también son figuras eróticas, es decir, construcciones que las culturas se dan para acoger el erotismo.

Cuando a las puertas de una mujer se presentaba ese trozo de carne que todos somos al nacer, antes de los avances de la genética, era la imagen la que decidía de qué lado iba a caer cada uno. Presencia de pene-ausencia de pene era el par que definía y que aún hoy mantiene su público apretujado frente a la pantalla del ecógrafo a la pesca de ese trocito que permita asegurar la pertenencia de un individuo al conjunto que corresponda. Aún hoy esa presencia sigue teniendo un papel prevalente en la definición. Aún hoy la imagen sigue operando, y aún hoy, el hermafrodita sigue siendo una figura que ha cuestionado ese acuerdo supuesto entre un trozo de carne y esas dos figuras prefiguradas. Cuando al nacer alguien, la apariencia externa de los genitales, las malformaciones de los genitales hace problema para los padres, para la medicina, el asunto es cómo resolver eso, cómo ubicar a ese ser que nace. A los médicos yanquis se les plantea la cuestión como: Girl, Boy or ... Shit! (Varón, Nena o ... ¡Mierda!). Y si la apariencia es de un pene de menos de 2,5 centímetros es un pene monstruosamente pequeño. Y un clítoris de más de un centímetro es monstruosamente grande. En ese centímetro y medio que media entre ambos se abre un abismo sumamente oscuro. Partiendo de la imagen, cada nacimiento plantea un asunto a resolver bajo el modo varón o nena, pero cuando no es posible resolverlo de ese modo son necesarias algunas operaciones. Hacia el siglo XVII, según plantea Foucault, al hermafrodita se le adjudicaba un sexo al nacimiento, pero llegado a la mayoría de edad podía elegir, si continuar con el mismo sexo y nombre o cambiar. Pero para Foucault, en el siglo XVIII, los aparatos medicojurídicos atornillaron en la historia la necesidad de adjudicar un sexo, uno sólo para cada uno, y sin variaciones. En nuestros tiempos el hermafrodita ya no es ese ser extraño, fundamentalmente mitológico, que emerge desde antiguas historias griegas, sino que bajo el nombre de intersexuales, en una incidencia que según parece es de un nacimiento cada 2000 en EEUU, se expresan políticamente desde testimonios vía periodística o Internet, revelando el salvajismo al que han sido sometidos.

Probablemente algunos se pregunten a qué viene este asunto de los hermafroditas, de los intersexuales, casos absolutamente exepcionales, "curiosidades de la naturaleza". Si yo les preguntara de dónde viene la conceptualización de identidad sexual, seguramente muchos, no encontrarían dificultades en hacer concordar ese concepto con el psicoanálísis. Es un error, pero no deben sentirse culpables por ello, sino preguntarse de dónde nos vienen ciertas formulaciones. La identidad sexual es algo que no van a encontrar en ningún sitio en la obra de Freud. No van a encontrar en ninguna página de Freud la unión de esos dos términos identidad+sexual, si debemos suponer que para algo exista en el psicoanálisis, debió ser dicho por Freud. Podrán encontrar en Freud identidad de percepción, identidad de pensamiento, pero no identidad sexual. Lo más cercano que podrán encontrar es identificación que si es un concepto psicoanalítico. Podrán encontrar identificación con el médico, con el pene, con el padre, con la madre, pero tampoco encontrarán identificación sexual. Pero no van a encontrar identidad sexual porque es un concepto posterior, y no sólo posterior sino estrechamente asociado a la problemática planteada por el hermafroditismo. EEUU, años 60, las asignaciones de sexo vía quirúrgica aparecen como el modo de solucionar las malformaciones o la dificultad de hacer operar los principios clásicos para asignar un sexo. Es el Dr. John Money, que acuña la identidad sexual en la convicción de que hasta el mes 24 es posible modificar la forma en que es criado alguien, como varón o como nena, vale decir, que hasta ese entonces la identidad sexual, puede variar. El Dr. Money no encontró mejor banco de pruebas para sus teorías de la identidad sexual, que un tal John(10), que tenía un hermano gemelo, cuyos padres eran jóvenes y de origen campesino. Ustedes saben que tener hermanos gemelos, es decir individuos distintos pero con los mismos genes, ha sido un lugar privilegiado para investigar el peso de los genes y del ambiente en muchas de las afecciones de las que resulta difícil extraer sus causas orgánicas. En el caso de John y su gemelo, la cuestión era útil para otra cosa: demostrar que una misma naturaleza, una misma historia, aunque fuera corta, podía ser conducida a diferentes destinos. Este tal John, nacido en 1965, tuvo la mala suerte de que en una operación de fimosis, a los 8 meses, le fuera carbonizado el pene por alguna falla médica o del bisturí eléctrico. Ante semejante catástrofe, los padres, luego de deambular intentando encontrar una salida, confiaron en las convicciones del Dr. John Money, para quien la puerta de la identidad de sexo está poco después de los dos años. Los padres de John accedieron, a los 22 meses de éste, a la castración testicular, al cambio de vestimenta, de hábitos, y por cierto, al cambio de nombre: en vez de John, Joan.

Es claro que en una situación como esa no es fácil decidir qué hacer, sobre todo para los padres. Pero el hecho es que el Dr. Money enfrentaba el desafío de demostrar sus teorías de la identidad sexual, y el caso John le venía como anillo al dedo. Sus intervenciones no terminaron allí, en la decisión de la reasignación de sexo, sino que siguió durante un tiempo tratando a los gemelos, con protocolos que no vamos a discutir ahora, pero lo más interesante del caso, es que la intervención e historia clínica del caso relatada por el Dr. Money, llegó a figurar durante años en la literatura científica como una exitosa reasignación de sexos. Y sirvió de ejemplo paradigmático para una serie de intervenciones quirúrgicas que se apoyaron en esa historia. En realidad, Joan devino nuevamente John luego de haber sido sometido a tratamientos hormonales, a un travestismo obligado, a las burlas de los compañeros, al intenso sentimiento de extrañeza. Luego de todo eso, se hizo intervenir quirúrgicamente de nuevo, en este caso para una faloplastia y extirparse los senos. Dejó las hormonas femeninas para casarse con una mujer con tres hijos de otras parejas, porque en su definición de hombre, el oficiar como padre era fundamental. De estas historias ustedes pueden encontrar varias vía Internet. Por cierto que además del sufrimiento de John (11), hay que agregarle el intento de suicidio del hermano gemelo, el alcoholismo del padre, las profundas depresiones de la madre ... Un error médico produjo ese desvastador sismo en las creencias comunes de esa gente sencilla, de campo. Es difícil poder decir algo sobre eso, pero lo más importante es que el Dr. Money hizo figurar el caso como todo un éxito, falsificando las cosas incluso mucho antes de los tiempos en que Joan decidió cambiar a John. Es en relación a los hermafroditas, al problema de las asignaciones y reasignaciones de sexos, que el Dr. John Money inventa la concepción de identidad sexual, y para eso inventó también una historia.

A las dificultades que surgen al partir de la imagen de un niño recién nacido, la genética parece venir a darnos la solución, eso que puede no ser claro podría dirimirse por los mapas genéticos. Es que el supuesto de un mapa genético que determinaría las posibles formas sexuales, incluso aunque se encontrara un gen que produjera la homosexualidad, en el horizonte, probablemente, seguirían estando dos, hombre y mujer. Tendríamos que ahondar en qué es lo que determina que ciertos genes sean femeninos y otros masculinos, si es posible conmover esas "evidencias" genéticas, aunque no es fácil prever cuales pueden ser las consecuencias para los sujetos a partir de la aplicación de técnicas o conocimientos novedosos desde el campo de la biología. Porque la biología no deja de plantear problemas cuando el asunto es Shit!. ¿Qué tipo de operaciones permitirían dar una solución? Operaciones no sólo en el sentido quirúrgico del término. No sólo porque la tecnología médica ha permitido ciertas operaciones que producen cortes en la carne, sino que también se trata de operaciones que producen cortes en la historia de los sujetos, en los lazos sociales potenciales o establecidos, abriendo formas de goce diferentes, alternativos, alterativos. Y esos cortes que producen, que fabrican una vagina o un pene, que reasignan sexos, o ese corte que es el trastocamiento de los géneros en el travestismo, también produce cortes, modificaciones, más allá de esos cuerpos, en otros sitios, justamente en aquellos que se supondrían en ejercicio de un mapa genético normal, sin mutaciones. Si de alguna forma se supone que los mapas genéticos podrían dar una solución, generan otros problemas. Como ejemplo vale la medida del Comité Olímpico Internacional que comenzó a controlar el cariotipo femenino desde 1968. El resultado fue de que una cada 500 olímpicas mujeres no pasaran la prueba debido a sus cromosomas inusuales (12). En algunos casos la decisión fue tomada luego del evento, lo que implicaba el despojo del título y la prohibición de competir en el futuro. En otros casos, al descubrise que eran "genéticamente masculinas" se les recomendaba fingir una lesión. Esos seres, que habían sido criadas como mujeres, tal vez nunca en su vida se les había planteado ese problema, al menos en el sentido cromosómico. Lo que no quiere decir que en algún momento no se plantearan de qué lado estaban, si del lado hombre o del lado mujer en el sentido del género. Pero esa forma de plantearse y resolver la pregunta sin duda habrá tenido efectos desvastadores en esas atletas. Este tipo de acontecimientos pone de manifiesto que el sexo social no siempre está preparado para recibir los avances de la biología, hay un desfasaje, que tal vez en algún momento encuentre alguna forma de arreglárselas con esos problemas. Pero por otro lado, algo que para mí es muy importante, los eventos científicos modifican la imaginación erótica. Asi como la ninfomanía formaba parte de la imaginación erótica de un tiempo, incluso habitando las fantasías de los comunes neuróticos heterosexuales, esos pasajes entre sexos, esas reasignaciones de sexo, esos pasajes de uno a otro, que ya no son uno u otro, ni siquiera son estables, también modifican la imaginación erótica de estos tiempos.

Pero no sólo importa señalar ese lugar peculiar que ha tenido el hermafrodita o intersexual en las cuestiones de la sexualidad, no sólo importa señalar que esa idea de una identidad sexual, que alguien sería sexualmente idéntico a sí mismo desde cierto momento y para siempre, que eso se puede construir con buena voluntad, con operaciones quirúrgicas, hormonales, con operaciones que implican cambios de nombre o de vestimenta, con todo el peso que eso puede tener en la vida erótica de los ciudadanos y en la práctica analítica, además de todo eso, Freud aparece en el ojo de esa tormenta. La famosa frase de Freud la anatomía es el destino figura como punto de apoyo en las teorizaciones y prácticas del Dr. John Money. Hay aquí algo que he planteado desde el comienzo, un problema de lectura. ¿Cómo se ha leído esa frase de Freud? ¿En qué contextos ha sido utilizada? Si, como decíamos, leemos religiosamente, la anatomía es el destino funciona como un imperativo. Si leemos con preguntas que surgen, por ejemplo en la cuestión de las formaciones atípicas de los genitales que se manifiestan en el momento del parto, la cuestión es simple: apliquemos la fórmula de Freud y determinemos exactamente mediante pruebas biológicas de qué se trata, es decir, es un varón o una nena, o en su defecto intervengamos quirúrgicamente para definir una anatomía y a partir de ello será posible marcarle el rumbo a los padres, y al propio ser. La cosa parece simple, pero el experimento John-Joan, las historias de otros intersexuales como Chery Chase o Kira Triea, el mosaicismo en las células, está allí para objetarnos ese tipo de movimientos. Pero si situamos la frase de Freud, "la anatomía es el destino", si la ponemos en su contexto poniendo en práctica el método de aislar qué tipo de preguntas, de problemáticas estaban en juego cuando Freud escribió esa frase, probablemente esa frase deje de ser creída como artículo de fe o ser aplicada como forma de intentar resolver problemas que no tienen respuestas fáciles, y que haya que buscar otras formas de abordar esas preguntas.

"Freud es en muchos sentidos un hombre de la Ilustración, heredero de su modelo de la diferencia sexual. La anatomía es destino, como dijo en una frase a la que realmente no quería dar ese sentido(13) Freud escribe como si hubiera descubierto en la anatomía la base de todo el universo del género del siglo XIX. En una época obsesionada con la posibilidad de justificar y distinguir los roles sociales de mujeres y hombres, la ciencia parece haber descubierto en la diferencia radical de pene y vagina no sólo un signo de la diferencia sexual, sino su verdadero fundamento(14) la respuesta de Freud puede considerarse como un relato cultural con disfraz anatómico ... El lenguaje biológico confiere a este cuento su autoridad retórica, ..."(15) Para Thomas Laqueur Freud escribía con el lenguaje de la biología, lo que debe entenderse como re-presentaciones de un ideal social bajo otras formas. Y es de esa manera que puede leerse la famosa frase de Freud, es decir, en su contexto(16). Pero algo a lo que no se le ha prestado demasiada atención es al hecho de que la frase con la que Freud parafraseaba a Napoleón aparece por dos veces en la obra de Freud y en contextos diferentes(17). La primera de ellas refiere a la cercanía de los genitales con los orificios cuya función es la deyección. Que anatómicamente los órganos de evacuación estén cercanos de otros llamados genitales, para Freud es casi fundamento de una represión orgánica, como muchas veces la llama. Más que un destino, que debe ser aceptado como en las tragedias griegas, se trata de ese tope que supuestamente dan las característica del cuerpo que están en juego. Y si la heterosexualidad parece estar en la base de la naturaleza freudiana, es el mismo Freud que hace que esa arquitectura no se sostenga, porque para Freud la libido no conoce el sexo, para Freud, si hay desviaciones o detenciones del desarrollo, quiere decir que la cuestión del sexo no está determinado por la biología sino que sigue otros trayectos.

Probablemente a esta altura muchos se planteen que estas cuestiones de reasignación de sexo, de intersexuales por nombrar algunos de los casos, son productos de estas épocas, un tanto loca, tal vez más loca que otros tiempos, y con eso podrían tener la impresión que se zanja el asunto. Les voy a presentar brevemente un personaje muy probablemente desconocido para la mayoría de ustedes: el Dr. Magnus Hirschfeld, alemán, 1868-1934, llamado el Einsten del sexo, fundó en Berlín en 1897 el Comité científico humanitario (WhK), cuya divisa era La justicia gracias a la ciencia y tenía como objetivos la investigación científica sobre el sexo pero también la actividad política para la derogación de leyes que penalizaban la homosexualidad. En 1901 publica un texto ¿Que debe saber el pueblo sobre la cuestión del tercer sexo? del que se llegaron a editar 50.000 ejemplares. En ese texto figuraban una lista de homosexuales célebres, cuestiones sobre la moralidad de éstos y su voluntad de integrar la sociedad. En 1919 funda el Instituto para la ciencia sexual, en cuya entrada figuraba la leyenda: Consagrado al dolor y al amor, y acogía a los homosexuales que buscaban ayuda médica, apoyo psicológico, o el sostén de un grupo. En 1919 se hace público el film Diferente a los otros, en el que Hirschfeld actuaba como médico comprensivo y el primer actor, un violinista homosexual, era interpretado por Conradt Veidt, que sería el héroe de la película El gabinete del doctor Caligari. En el mismo año la película fue prohibida para un público que no fuera especializado. Es posible calibrar la diferenia de los tiempos comparando esos avatares con el Oscar que recibió Todo sobre mi madre de Almodovar. El movimiento de Hirschfeld hacía lobby político para modificaciones legales, se realizaban actos políticos, en uno de los cuales fue herido y dado por muerto. El ascenso del nazismo y la persecusión a los homosexuales pone fin a ese y otros movimientos que había en Berlin. A comienzos del siglo XX, Hirschfeld fue una referencia importante para los movimientos uranistas(18). Y era un movimiento que nucleaba mucha gente, que promovía modas, como por ejemplo el corte de pelo a la garçonne, tenían sus propios bares y lugares de encuentro. Hirschfeld fue el inventor del término travestismo, parece que también del término transexual. Informó en un artículo de la primera operación de reasignación de sexo, realizada de mujer a hombre en 1918, mientras que la primera de hombre a mujer fue realizada en los años 20 (19). En esos tiempos llegaban a hacerse injertos de testículo de mono, inoculación de hormonas, en fin, una serie de operaciones que si uno se las pregunta de manera simple, supondría que son propias de estos tiempos y no de comienzos del siglo XX. Tal es nuestra ignorancia en cuestiones históricas.(20)

Pero este personaje, aún podría ser más llamativo si les contara otras cosas, por ejemplo, que Freud publicó en una de sus revistas el artículo Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad(1908), o si les contara que sus obras fueron quemadas junto a las de Freud por los nazis. Y seguramente más les asombrará que fuera fundador de la Asociación Psicoanalítica de Berlin junto con Abraham y otros, y perteneció a ella desde 1908 hasta 1911 (21). Durante ese tiempo, la Asociación Psicoanalítica de Berlin llevó a cabo una encuesta para cuantificar el porcentaje de uranismo en la población, llegando a la conclusión de un 6% en las poblaciones estudiantiles y 4% en las poblaciones obreras. Esa encuesta aparece referida y refutada en la Psychopathia sexualis, el manual médico-legal de las perversiones de Krafft-Ebing, profesor de psiquiatría de Viena, la autoridad en psiquiatría en épocas de Freud. Dentro de las huestes psicoanalíticas la realización de esa encuesta levantó mucha polvadera. Magnus Hirschfeld dejó el psicoanálisis por algo que le dijo Jung en un congreso psicoanalítico. Y luego de la ida de Jung del psicoanálisis, Ferenczi le escribe a Freud lamentándose que por culpa de Jung, Hirschfeld se hubiera ido del psicoanálisis, diciéndole que el affaire Hirschfeld demostraba la peligrosidad de Jung (22). Les cuento esto, porque si por un lado dije que nuestros tiempos no son los tiempos de Freud, aquellos tiempos de Freud para nada eran ajenos a estos asuntos, y, que además Freud estaba vinculado e interesado en lo que sucedía y se producía en su época en el campo uranista, lo que podríamos llamar ahora el campo gay y lesbiano.

Pero una cosa era Freud y otra aquellos que lo seguían. Es curioso, pero si uno revisa las biografías de Freud para nada aparecen referencias a Hirschfeld, (Gay, Jones, Rodrigué) esta totalmente borrado. Sólo es posible reconstruir algo de esa relación si uno recurre a las cartas entre Freud y sus discípulos. Es algo en lo que tuve que investigar al estilo hormiga, porque incluso la correspondencia entre Freud y Abraham, de la que se ha censurado más de la mitad, no tiene índice de nombres y hay que buscar carta por carta. Y presten atención a esto. El primer Instituto de Psicoanálisis que se fundó, es decir, ese lugar en el que deberían formarse los psicoanalistas, tuvo su origen en Berlín, bajo el impulso de Max Eitington. Así como el uranismo estaba en todas partes, en los cabarets, en los teatros, en la calle, también el psicoanálisis, según Bernfeld estaba en todos lados. Una de las discusiones más importantes en la fundación del Instituto de psicoanálisis era si los homosexuales podían ser miembros de las asociaciones de psicoanálisis, si podían ser analistas o no (23). La relación entre el psicoanálisis y el movimiento uranista berlinés había sido tan estrecha, que en la fundación de los institutos que fueron modelo para la trasmisión del psicoanálisis en el resto del mundo, se fundaron en un sustrato político, que entre otras cosas, estaba impregnado de homofobia. No es poca cosa esto. Pero el borramiento de la relación entre Freud y Hirschfeld, entre el psicoanálisis y el uranismo también se ha borrado en los estudios históricos del movimiento gay. Al menos en algunos textos que he consultado. Parece que reconocer ese lazo que históricamente se dió no es del agrado, ni de analistas ni de los llamados homosexuales.

Y esto podrían ser simplemente datos históricos, pero tiene que ver con cuestiones claves del sexo. La construcción del sexo, las modificaciones en esas construcciones, no sólo implican niveles epistemológicos, como es el claro caso de los avances de la biología en la investigación del cuerpo, sino que también tiene niveles políticos, como el propio Laqueur señala (24). Epistemológicamente se produjeron avances en cuanto a la biología del sexo que desalojaron sobre todo a la religión de esas cuestiones. Es decir, a nivel epistemológico hay diferencias en cuanto al nivel de los enunciados que definen, que producen las diferencias sexuales, que tocan al sexo, pero la cuestión del sexo no puede reducirse a un problema epistemológico. El alejamiento de Hirschfeld tuvo un tipo de consecuencias que fueron desconocer ese lado político de los sexos, porque con Hirschfeld era justamente el lado político lo que prevalecía, y lo que el Instituto para la ciencia sexual trabajaba estaba al servicio de la política, es decir, desde la ciencia a la justicia. Y con su exclusión, en el psicoanálisis, se tomó un sesgo biologista en cuanto al sexo, quedando a un costado el lado político en la construcción de los sexos. Pero el problema político no ha dejado de retornar, en una supuesta apoliticidad del psicoanálisis en estos asuntos, desde lecturas del feminismo, desde las críticas que teóricos gay y lesbianas han hecho a las formulaciones del psicoanálisis. Que no solamente son problemas de política genérica, sino que hacen a las concepciones de sexo con las que se opera en el psicoanálisis. Es necesario poder dar cuenta de eso, y trataremos de llegar a ese punto, pero pasando por alguna cuestión más local.

Es probable que planteadas así las cosas, en lo que implica del transgénero, los intersexuales, los transexuales, los homosexuales, parezca una geografía muy lejana a la nuestra. Les puedo decir que en nuestra Biblioteca Nacional hay libros de aquellos tiempos, libros reinvindicativos del uranismo, y uno de ellos es de Magnus Hirschfeld, una versión en francés de un libro publicado en 1908 en alemán. ¿Cómo llegó a dar ese libro a estos archivos? Y un libro de Raffalovich, también sobre uranismo, una versión en italiano de un libro publicado en francés(25). Hay una serie de interrogantes en este sentido, pero esas figuras han sido problemáticas desde hace mucho tiempo, incluso en estas tierras. En los años 30, un oriental escribió dos libros sobre homosexualidad, libros que fueron enterrados por la historia. Entonces voy a presentarles otro personaje, aún más oculto que Magnus Hirschfeld, alguien que encontré hace unos tres años, que estuve trabajando el pasado año, y que por esos azares, o mas bien, para nada se trata de azares, coincidió que el historiador José Pedro Barrán también estuviera trabajando y escribiera algunas cosas sobre él que figuran en su último libro, Amor y transgresión en Montevideo: 1919-1931 (26). Y gracias a Barrán obtuve algunas pistas, algunos elementos, intercambiamos algunos materiales y las conversaciones con él me permitieron avanzar en ese oriental. Y digo que no es azar porque justamente cuando se replantean ciertos asuntos, ciertas problemáticas, eso hace que varios podamos coincidir, que varios nos topemos con las mismas cosas, en la medida en que hay algún trabajo de investigación, de arqueología seria.
 

Alberto Nin Frías, nacido en Montevideo en 1879, muerto en Buenos Aires en 1937, publicó en 1932 Alexis o el significado del temperamento urano, y en 1933, Homosexualismo creador. Homosexualismo creador es un libro clave para la lengua española, probablemente el primero escrito en esta lengua dentro del movimiento uranista y con una erudición realmente sorprendente. Cuatrocientas páginas, 36 láminas, editado en la Sección Ciencias Biológicas de la editorial española Morata, con un recorrido histórico de los homosexuales más importantes de la historia, comenzando con David y Jonatán en el Antiguo Testamento, pasando por los llamados pueblos primitivos, hasta llegar al paradigmático Oscar Wilde. Una lista de todos aquellos que han aportado grandes bloques con los que se ha construído la cultura occidental, en el campo de la ciencia, del arte, del gobierno de los pueblos. Con estas publicaciones de este oriental podemos preguntarnos: ¿cómo es que alguien pudo escribir en los años 30, en el Río de la Plata, dos libros sobre homosexualidad, tomando incluso al psicoanálisis como interlocutor? ¿Cómo es que se producen semejantes enterramientos? Sea que Hirschfeld no figure en las historias del psicoanálisis o de la vida de Freud, sea que haya sido censurado Nin Frías que figura minimamente en las historias de la literatura oriental y que no figura en las historias argentinas, a pesar de haberse nacionalizado argentino, los avatares históricos en relación al erotismo debieran advertirnos sobre la importancia de la política en las construcciones del sexo. A partir de mis lecturas de Nin Frías se me ha hecho patente un punto importante: ¿cómo es que aquellos que forman parte de la larga lista elaborada por Nin Frías y que tanto han aportado a la civilización son censurados a partir de su erotismo?

Si fuera posible escribir una historia de la sexualidad en el siglo XX, podríamos decir que comenzó con el par normal-patológico. Es por eso que me parece importante volver a implantar a Freud en su tiempo, el tiempo de la producción colectiva de la pyschopathia sexualis, porque han ocurrido cosas en el campo mismo del psicoanálisis que deben ser tenidas en cuenta. El propio psicoanálisis de Freud ha sido normalizado, neutralizado con concepciones como las de identidad sexual. Y la censura ha funcionado a tal punto que se ha sepultado la relación entre Freud y Magnus Hirschfeld. Sólo a partir de la letra pequeña de las correspondencias entre Freud y sus discípulos puede saberse algo de eso. Ese par normalidad-patología, en el que operó Freud, que hacía que el psicoanálisis estuviera adelantado en su tiempo, dejó de tener vigencia, entre otras cosas, por el efecto Freud en la cultura. Y comienza a tener preminencia otro par: normalidad-liberación que tuvo su acmé en los años 60-70 en el que la liberación era una posición política frente a la normalización del erotismo. Ese tiempo, que sobre todo tuvo su importancia en lo que tiene que ver con los cambios en la posición de la mujer, también dejó de tener prevalencia. Por efecto de muchas cosas, entre ellas, por las lecturas que Michel Foucault realizó de la sexualidad. No es posible una sexualidad fuera de los dispositivos del poder, no hay entonces una liberación, sino formas de arreglárselas con el poder. Y si ya no es ese par normalidad-liberación que predomina, ¿hay algún otro par que ordene la gama de los placeres, de los gozos y por supuesto, de las sombras? ¿Hay posiciones que polaricen ese asunto de la sexualidad? Tal vez la novedad, la más pura novedad, está situada en la palabra producción: en la sexualidad ahora se trata de producción. Cada cual debe producirse, incluso en aquellos que no creen producirse, sin embargo también se producen, por lo que el par podría ser natural-producción.

Estas polaridades no se encadenan y se sustituyen unas a otras, sino que prevalecen unas sobre otras en distintos tiempos y contextos políticos. Y en cada una de ellas operan polaridades, en la medida en que el cuerpo es en general convocado como causa del sexo, me parece importante referir esas polaridades al supuesto sustrato natural. El primer par, normalidad-patología, se correlaciona estrechamente con el par natural-antinatural, que sin que lo antinatural se trate de algo teológico, sigue teniendo un carácter de ordenamiento jerárquico con una raíz netamente teológica. En el par normalidad-liberación, opera el par natural-artificial, en el que habría una cierta naturaleza que habría sido sepultada por la artificialidad de las normas. Y por último, en lo que podemos llamar la polaridad más actual, opera el par natural-producción en el que la naturaleza sería algo vacío, o al menos con algunos signos que son moldeados por la producción. No sólo se producen actores y actrices de cine o televisión, no sólo se producen los travestis hasta llegar a signos de femineidad aún mayores que en una mujer, sino que el ser más lisa y llanamente heterosexual, de alguna manera se produce, pone en la escena ciertos actos, palabras, vestimentas, relaciones, para en definitiva, mediante actos y palabras que en el campo erótico y social son realizativos, cada uno se realiza de tal o cual modo en su género, donde dificilmente pueda distinguirse entre la carne y el comportamiento, entre sexo y género. Hay grandes diferencias en el suponer que habría una naturaleza natural y considerar que el cuerpo es carne explorada por imágenes y palabras.

Entonces, cuando Foucault nos pregunta, ¿desde cuándo se cree que la verdad última ha de buscarse en la sexualidad y por qué tendría que haber un sólo sexo para cada uno y sólo uno? necesariamente hay cosas que tienen que oirse. ¿Cómo ha llegado a ser el sexo el lugar donde se supone que se encontraría lo esencial de cada sujeto? Pueden parecer preguntas ociosas, pero si se toman en serio, se puede ver que son muy pertinentes, pertinentes porque nos permiten una apertura a mutaciones de la sexualidad propias de nuestros tiempos, y desde esas mutaciones, podemos a la vez interrogar las concepciones de sexualidad que tenemos. Mas que descubrir una verdad que yace en el fondo del psiquismo de cada uno, la cuestión es que hay una producción de los sexos. Esa sería la única forma de responder a la pregunta: ¿por qué está tan presente la política cuando se trata la cuestión de los gays y las lesbianas, de los interesexuales? Otro de los planteamientos importantes de Foucault es la pregunta de por qué para nuestra civilización el sexo aparece anudado a la verdad. La verdad se anuda con la política porque se trata de problemas de poder, y siempre hay una construcción de la verdad del lado del poder, esa ve

DEMANDAS TEÓRICAS.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:08
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 Por Patricia Claudia Rossi (*).

"En su desarrollo, la mujer debe realizar un doble cambio de zona erógena y de objeto, del clítoris a la vagina, y de la madre al padre".

"Es la fantasía de tener un hijo con el padre lo único que puede resarcir del descubrimiento de la castración de la madre y su consiguiente decepción".

"La culminación del desarrollo de la mujer es la producción de la equivalencia niño-falo".

El entrecomillado es mio. Estas frases que remiten a escritos de Freud que en su momento fueron revolucionarios, aparecen textualmente en el No. 20 de una revista de Extensión Universitaria, editada por la Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero, en NOVIEMBRE DE 1998. Como si en vez de elaborar, crear, aprender de la clínica, se tratase de repetir hasta el infinito. "debe". ¿El Super yo de quién lo exige?.

"Lo único". ¿Por qué tanta seguridad en que no puede haber ninguna otra forma?. "Culminación del desarrollo": serás lo que la cultura y la teoría te demandan (sobre todo si sois psicóloga) o serás subdesarrollada. (Si alguna terapia logra que "completes" tu desarrollo quizás no te sientas tan castrada, tan en falta, tan humana). El artículo del cual extraje estas frases no fue escrito por un discípulo de Ana Freud, sino por un sicoanalista con claro lenguaje lacaniano (funcionamiento de lo simbólico, falo, cita a Levi-Strauss, goce etc.). El artículo coexiste en paz en la publicación con otro artículo que enuncia:

"Por esto la pregunta acerca de una sexualidad normal, resulta inquietante, ya que es muy difícil decir qué es normal y qué no lo es". Coexisten en paz porque esta contradicción ni siquiera es percibida por la mayor parte de los psicólogos que conozco. La teoría suele ocupar un lugar de verdad y neutralidad que se presenta como si pudiese ser independiente de cualquier parámetro de normalidad. Es una pena que se desperdicie la riqueza y la potencia que puede tener aun hoy la teoría psicoanalítica si se le permitiese jugar, elaborar, "intertextuarse" con las teorías de género y todos aquellos movimientos que vienen a cuestionar las explicaciones unívocas y lineales, las identidades, las verdades y las esencias entre otras cosas. (No hablemos de dialogar con otras escuelas psicoanalíticas o con otras corrientes teóricas psicológicas porque es tabú, y equivale a excomunión). En la misma revista, otra frase típica "el deseo es la esencia del hombre, la esencia de la realidad humana". El deseo me interesa mucho, pero no para reducir toda la complejidad humana a "El", como en otro tiempo hizo Watson con el "estímulo-respuesta". No me interesa el movimiento de reducir todo lo humano al deseo, o poner al deseo como fundamento último, para calmar la angustia frente a lo humano, que excede nuestro entendimiento por todos lados. No se trata tampoco de censurar ciertas palabras como esencia, verdad, y extirparlas de nuestro vocabulario. Se trata ponerlas a trabajar. Supongo y me preocupa, que para cuando el cuestionamiento a la dicotomía de "sexos", las identidades, las esencias (que hoy se me presenta tan interesante y nuevo, aunque no sea tan nuevo) devenga moda y/o dogmatismo y surjan nuevas ideas en ruptura con eso, probablemente se vuelva a hacer oídos sordos a todo. No me alcanza la explicación de como suelen funcionar los paradigmas, me queda la pregunta de por qué alguna gente tiende a cuestionar su propio pensamiento y por qué la mayor parte de la gente hace todo lo contrario. No me alcanzan la búsqueda de seguridad, de satisfacción de garantías, obturar la falta, como explicaciones a eso. Es moneda corriente, si sois una paciente de terapia, que se reduzcan las tendencias homosexuales en la mujer a la identificación, a la envidia de pene, y que te prevengan de hacer una actuación, sobre todo siendo mujer los hombres también te atraen (No se trata de que todas estas explicaciones no tengan ninguna validez, pero sí de considerar que puede haber otras cuestiones en juego de igual, menor, o mayor peso). Parecería que incluso dentro de la teoría psicoanalítica a nadie se le ocurre que puedes reconciliarte con la castración de la mamá y el resto de las mujeres, y que la homosexualidad femenina puede tener que ver con el narcisismo (explicación que sólo se da respecto a los hombres, porque ¿cómo a alguien se le ocurre que un cuerpo sin pene puede ser valorado?). Difícilmente un psicólogo/a frente a un paciente que se siente atraído/a hacia ambos "sexos" no intente inclinar la balanza hacia el sexo opuesto y que las tendencias homosexuales se mantengan en el terreno de la fantasía. ¿Para qué convertir en "perverso" a alguien que puede permanecer en el tranquilizador mundo de la "neurosis?. Sí, me identifico con las mujeres... y algunas además me calientan, y de algunas me puedo llegar a enamorar. Si me dan miedo los hombres. También las mujeres, y mis ganas y amar y perder y la vida y la muerte. Con cerrar puertas no estoy mejor parada frente a ninguno de mis miedos. Y quizás me llegue a suceder algo con travestís o transgénero u otros géneros que surjan. Por ahora no me pasa, pero si sucediese, espero no huir. En el psicoanálisis tiende a suceder que del material del paciente, el analista codificará en términos de deseo y de pulsión de vida todo lo que le suene lindo, y que vaya a parar al goce y a la pulsión de muerte "aquello que hay que acotar" todo lo que suena feo. La neutralidad última de la teoría en que se sostiene la supuesta neutralidad del analista, permanecerá incuestionada. No hay nada peor que ser disciplinado por los que supuestamente están para liberarte. Es que desde el momento en que hay teoría hay algo de disciplina y algo de libertad. Por lo menos hagámonos cargo.

Asistí a un encuentro de Psicoterapeutas gays, lesbianas y bisexuales que me partieron la cabeza. Encontré ganas de pensar y mucho recorrido teórico. Y preguntas sin respuesta, que son las que más me interesan. Y textos que me rompieron un montón de esquemas. Aun así me preocupa la tendencia a despatologizar sólo el mundo GLTTB (sobre todo el gay y lésbico, los otros están más discutidos) sin plantearse instruir a fondo la oposición salud-enfermedad. Aun si los bisexuales dejásemos algún día de ser los chivos expiatorios del mundo gay, ¿a quién pondremos en el puesto vacante de pervertidos, viciosos, enfermitos?. No creo que se trate de censurar la capacidad de horrorizarse. Pero sí de tratar de reflexionar sobre lo que nos horroriza sin limitarse a colocarlo por fuera de uno, etiquetarlo y cerrar el paquete. Me horroriza la prostitución infantil, me horroriza la tortura, me horroriza que la gente pase hambre, me horroriza la opresión. Y el sadomasoquismo también, aunque mucho más el disfrazado de todos de la vida cotidiana, que el de la gente que lo "elige" explícitamente y de común acuerdo. Aunque ninguna elección humana es elección del todo, sigue siendo una forma de elección y de hacerse responsable. Y me interesa cuestionar e interrogar todo lo que me horroriza en mayor o menor medida, no para desestimarlo o lavarme las manos. El problema es que cuando uno cree que los parámetros costumbres, valores, éticas y teorías son construcciones humanas, ¿desde dónde legítima su concepción de ser humano y de mundo, su propia ética y su práctica profesional (en mi caso psicóloga)?. Creo que el fundamento en este marco nunca va a poder remitir a algo sólido, esencial, verdadero, neutral. No podemos vivir sin parámetros. Pero uno puede asumir lo precario de la posición que toma, y un compromiso de apertura mental hacia aquello que más nos duele, nos choca y lastima. Y sobre todo aquello que más amenaza nuestra concepción de ser humano, de mundo y nuestra ética. No para aceptar, tolerar todo alegremente, sin hacerse cargo de nada. Si no como desafío para reflexionar justamente ahí, en nuestros límites y construir prácticas coherentes con una reflexión y apertura constantes a la sorpresa.

(*) Patricia Claudia Rossi es psicóloga, una de las coordinadoras del grupo de reflexión para personas bisexuales que funciona en "Escrita en el Cuerpo" e integrante de la Red de Psicoterapeutas Gays, Lesbianas y Bisexuales de Argentina.

CAMELLERO.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:08
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 Por Mauro Cabral. (*) (Original).

"Pues todo lo vive en relaciones de devenir, en lugar de efectuar distribuciones binarias entre estados..."

"Por eso es fácil caracterizar el pensamiento nómada que rechaza ese tipo de imagen y procede de otra forma pues no invoca un sujeto pensante universal, al contrario, invoca una raza singular; y no se basa en una totalidad englobante, sino que, por el contrario, se despliega en un medio sin horizonte como espacio liso, estepa, desierto o mar." G. Deleuze y F. Guuttari.

1; " Desde que nací en mí me encerraron, pero yo me fui". F. Pessoa.

Mi nombre es Mauro Cabral; ese no es el nombre con el que me llamaron mis padres sino que digamos más bien que es la manera en que elegí nombrarme el día en que decidí comenzar a vivir como una persona transgenérica. Cuando la gente me pregunta acerca de los fundamentos de esa decisión, suelo responder que elegí no tanto por creer en una identidad como por sentir el movimiento: el género, la sexualidad, la diversidad, transcurren y yo transcurro acompañado, constituido, atravesado por ellos. No creo que existan solo dos puntos de partida y menos aún dos puntos de llegada: no me siento una mujer, tampoco busco convertirme en un hombre; y mi deseo no ha aprendido aún a seguir derroteros mutuamente excluyentes: soy bisexual. Decidí cambiar de nombre, y llamarme así, justamente, el día que me acordé de un sueño; en una historia escrita por un amigo hace muchos años; alguien llamado Mauro Cabral contaba una noche que había soñado con ser un nómada, un camellero del desierto, perdido en el andar de una caravana infinita sin mapa, sin destino y sin fronteras.

2; "Nosotros no hablamos de otra cosa: las multiplicidades, las líneas, estratos y segmentaridades, líneas de fuga e intensidades". G. Deleuze y F. Guattari.

Voy a hablar, entonces, en este contexto, de dos categorías ser transgénero y ser bisexual. Quizás debiera decir, más bien, dos condiciones, aunque desde mi posición enunciativa, sin embargo, referirme a ambas implica la construcción de este texto sobre el trazado de una intersección desde mi experiencia donde sólo puedo hablar de esas condiciones como de una única condición, soy una persona transgenérica y bisexual.

Esta aseveración parece constituirse, socialmente, como un acoplamiento de exteriores. La mixtura de fragmentos genéricos dispersos que la identidad transgenérica organiza, desafiando al canon bipolar, expresa de por sí un exterior al sistema binario de géneros. Desde mi transperspectiva radical, en cambio, ser transgénero significa una vivencia de la disolución del límite. Quizás mirados desde dentro del sistema disyuntor (femenino/masculino) las personas transgenéricas nos veamos como un afuera; desde nuestro lugar, todos compartimos un mismo espacio de posibilidades identitarias fluidas y no disyuntivas.

Algo parecido ocurre con la bisexualidad, aunque dicha condición arrastre una carga adicional de censura normativa el quiebre de la clausura necesaria del objeto de deseo, que se expande y se ñudisa. Estas afirmaciones constituyen una ruptura importante con el imaginario convencional del pasaje "trans", remitido socialmente al funcionamiento de un poderoso dispositivo de restitución. Si tal pasaje es posible en este mundo (nos dicen) lo es siempre; bajo la forma restituida de la heterosexualidad como paradigma relacional dominante. Es necesario distinguir el predominio histórico de una narrativa "trans" acorde a ese modelo (la cual, por otra parte, continúa siendo exigida por el sistema médico como requisito imprescindible para efectuar una reasignación de género) de la sexualidad tal y como la vivimos las personas transgenéricas cotidianamente, más cercana a la herejía que a la ortodoxia. La homosexualidad transgenérica va apareciendo, lentamente, como una alternativa recibida con indudable escepticismo (y en ocasiones espanto); y las condiciones de su ejercicio ofrecen una interesante perspectiva de los límites del mundo gay-lésbico en materia de diferencias. Pero desplegar una identidad constituida a partir de ambos bordes transgenérico, bisexual, implica una desestabilización continua y recíproca entre los dos términos, una especie de agravamiento que se multiplica, como en un juego de espejos: el fantasma de la indecisión, doblemente repetido, la amenaza de la exterioridad y la irrupción, doblemente temidas.

3.         "La tierra deja de ser tierra, y tiende a devenir un simple suelo o soporte..."

O. Deleuze y F. Guattari.

Una noche, en medio de un taller sobre transgéneros, una persona me gritó que si lo que yo decía sobre mi mismo era cierto, entonces ya no sabría cómo insultarme... Después de todo yo había sido una mujer, y había amado mujeres y hombres; y ahora decía ya no ser una; mujer, y usaba nombre y vocales de hombre, y continuaba diciendo amar hombres y mujeres. Todas las intersecciones son ciertas, yo pensé en ese momento, aunque en realidad ninguna la sea del todo, desde una postura transgenérica radical, postular la bisexualidad carece de sentido del mismo modo que carecen de sentido la hétero y la homosexualidad, los "hombres" y las "mujeres", las leyes del deseo y los deseos ilegítimos, las atribuciones de indecisión, de monstruosidad... y sus insultos.

El peligro del exterior es el del triunfo de la contingencia sobre la necesidad, que parece gobernarlo todo a través de una lógica ¿infalible?. La que relaciona, necesariamente, cuerpo, identidad y roles, añadiendo una sexualidad debida planteada también en términos necesarios. (Sí tienes este cuerpo, necesariamente sois una mujer; si sois una mujer, necesariamente deberán atraerte los hombres; o te atraerán las mujeres, y necesariamente, ahí se terminan las opciones). Presentarse como transgénero y bisexual es expresar el fin de toda necesidad, con uno mismo y con los otros; ser con, contra, a pesar, sin embargo, el cuerpo y los demás cuerpos; implica articular el deseo temerariamente con otras cadenas contingentes de identidad en dispersión, ni "hombres", ni "mujeres" de identidades clausuradas, sino más bien (y por suerte); personas deseadas y deseantes.

4. "Pero todavía no sabemos muy bien qué significa lo múltiple cuando cesa de ser atribuido, es decir, cuando es elevado al estado de sustantivo".

G. Deleuze y F. Guattarí.

Hay quienes consideran que vivir de esta manera transgenéricamente, bisexualmente no es saludable; que es una mala elección, si tal cosa se elige; que es un mal destino, si el karma lo dispuso. Hay quienes consideran que el borde de la patología esta demasiado cerca; que queremos todo, y a todos, y a todas, y que estamos dispuestos a todo porque, al fin y al cabo, queremos serlo Todo y somos capaces de Todas las traiciones, al Género, al Cuerpo, al Deseo y a Parménides. Están quienes consideran a la bisexualidad un snobismo de moda y a lo transgenérico un snobismo aún mayor; quienes suponen que ya nos decidiremos, algún día, quienes nos comparan con Peter Pan y quienes nos advierten ferozmente: deja a mi mundo en paz. Indudablemente están también quienes nos comprenden, y quienes dialogan con nosotros mientras van construyendo con el tiempo su comprensión; quienes nos eligen como amigos, compañeros y amantes; quienes nos soñaron o nos sueñan, quienes nos esperan no a pesar de sino porque así somos. En este mismo momento, en algún lugar, esta también la persona que yo amo; a veces, en medio de alguna fiesta, suelo apoyarme contra una columna y ver su figura de lejos, bailando; y entonces otra vez, nuevamente, elijo vivir en mi trans/bi mundo, y en los múltiples y diversos caminos que nos constituyen, que nos acercan y nos separan, convencido de que, tal como aseveran mis amigos, estamos segmentarizados por todas partes y en todas las direcciones.

(*) Mauro Cabral 27 años, transgénero, bisexual, integrante de "Las Iguanas". Grupo lésbico, bisexual y transgenérico (de la provincia de Córdoba, Argentina) y coordinador del programa "Thinking Trans".

LA SALA INEXISTENTE

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:05
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Autoras: Natalia Prieto, Laura Falgione, Julieta Colagreco y Patricia Rossi (*). Original.

 

Ser bisexual en Buenos Aires en el fin de milenio es como estar sentenciado a recorrer los pasillos de un museo, en busca de una sala que se sospecha inexistente. Es cierto, la visibilidad de la comunidad GLVFB junto con la de otros grupos que se oponen al modelo heterosexual es mayor actualmente comparada con épocas anteriores. Sin embargo, a medida que aumenta dicha visibilidad, se van generando con una creciente minuciosidad los perfiles de los diferentes grupos. Esto llevó a las construcciones de identidades más o menos fijas y estereotipadas, centradas en la orientación sexual. Así, este movimiento de apertura trajo aparejado un movimiento de cierre. Por ejemplo, el caso típico: hombres homosexuales que al no compartir ciertos códigos: ropa ajustada, música disco, posturas corporales y gestos, tienen dificultades para integrarse y conocer gente. Esta producción de grupos e identidades no esta a cargo del mundo heterosexual o queer exclusivamente sino que sucede por interacción, por oposición de la mirada hetero, por apropiación o por creación (1). Los medios cumplen una función muy importante en la generación de identidades prolijamente reglamentadas según categorías que van desde la ropa hasta la música y que son universalizadas; y puestas en vigencia oficial. Sin embargo, su acción no es hegemónica. Sabemos que la existencia de toda comunidad es precaria y por eso elabora su sistema simbólico particular y fortalece de esta manera su identidad. El punto es que esta elaboración a la que también se somete el mundo queer para ser visible ‘in visibiliza" a muchas personas que no responden a ninguno de los modelos establecidos.

En Argentina, dentro del grupo GLTFB, quizás seamos los bisexuales los más "invisibles". Creemos que esto está relacionado en parte con que tanto en el mundo hetero como homo la orientación sexual esta subsumida al género, mientras que en la bisexualidad (2) el género es un elemento más y no es excluyente. Esta lógica rompe de alguna manera con la lógica homo/hetero y el bisexual queda como el diferente ante los homosexuales y heterosexuales y así tiende a ser estigmatizado. Para una cultura en la cual el género es tan importante, es difícil asumir que un grupo de gente pueda tener otros parámetros.

Por otro lado es fácil para un bisexual "camuflarse" en cualquiera de los dos grupos y así pasar desapercibido como tal. La invisibilidad se manifiesta, entre otras cosas en la ausencia de chistes, de modas o términos de bisexuales. Pero esto es maravilloso porque nos permite elegir de una variedad de experiencias culturales más amplia para conformar nuestra identidad. Nuestra orientación sexual no elige por nosotras/os nuestro comportamiento en otros ámbitos de la cultura.

Ser bisexual en Buenos Aires en el fin de milenio es como estar sentenciado a recorrer los pasillos de un museo, en busca de una sala que se sospecha inexistente. Porque vivimos en un mundo donde cada grupo ha generado su visión unívoca de sí, su postulado estratificado que se exhibe incuestionable en su particularidad. Si bien creernos haber abandonado ante los otros la cosmovisión única con la posmodernidad, los nuevos grupos erigen sus supuestos y (éstos) son dictados con los mismos delirios universalizantes de la más rabiosa modernidad. En este laberinto de significaciones, los bisexuales también buscamos la codificación que nos confirme la existencia. Pero quizás descubramos que después de todo, no tenemos ganas de entrar en un sistema de codificaciones. Queremos existir y ser visibles, pero a la vez mostrar que las opciones sexuales pueden ser tantas como personas hay en el mundo. No tenemos ganas de que nuestra orientación sexual tenga que ser legitimada desde una identidad de grupo. La "Unidad en la diversidad" se nos plantea como una paradoja. Cómo hacer visible la bisexualidad, sin transformarla en una categoría alrededor de la cual se organicen una serie de comportamientos que se den por sentados. Encarnamos una forma de hacer. Esta en cada uno convertirla, o no, en una forma de ser.

(*) Las autoras son coordinadoras del grupo de reflexión para mujeres bisexuales que funciona en Escrita en el Cuerpo desde 1997 y que a partir de este año estará abierto a personas de todos los géneros.

(1); Sobre este punto recomendamos la lectura de artículos del "Primer Paquete", así como la

obra general de Judith Butler.

(2); Acá dejamos de lado la problemática de la palabra "bisexual" como naturalización de la correlación entre sexo y género.

(*)       Las autoras son coordinadoras del grupo de reflexión para mujeres bisexuales que funciona en Escrita en el Cuerpo desde 1997 y que a partir de este año estará abierto a personas de todos los géneros.

NEGÁNDONOS A LAS CERTEZAS. HACIA UNA BISEXUALIDAD INTEGRAL.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:03
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De Ruth Gibian (*)

¿Hacia dónde vamos?. ¿Hacia dónde estamos yendo cuando nuestros principios comienzan a entorpecer nuestro propio crecimiento? Buscamos la libertad , ¿dónde esta nuestra libertad, cuando resulta que hemos roto las viejas cadenas solo para forjarnos nuevas?.

Meg Christian. "From the Heart".

Una tarde de agosto, volviendo a casa, saboreando todavía la conversación que acabo de dejar, disfrutando de mi vértigo, de la sensación de mi cuerpo bajo el calor del sol, vuelvo a repasar en mi mente lo que sucedió durante ésta última hora. Como nos sentamos a la sombra en el patio de la universidad, en cuclillas y charlando acerca de lo indignante que nos resultaba que la administración hubiera sembrado un nuevo césped y colocado cestos de papeles color fucsia mientras gran parte del personal llevaba años sin aumento de sueldo. La intensidad que fuimos demostrando en esa charla tan común sobre un programa de postgrado a miles de kilómetros de allí, un empleo nuevo a partir de la semana próxima, un festival de cine en el centro de la ciudad. Como las palabras se fueron cargando, así como el espacio entre ellas. Mientras cruzó el terreno entre la universidad y nuestros departamentos, me doy cuenta que siento atracción. Y entonces mi excitación se mezcla con miedo, mi expectativa con negación. Esto no puede ser atracción, no debería serlo. Esto me resulta conocido. Esto es lo que sentí la primera vez que me atrajo una mujer. Esta vez, años después, asumida, orgullosa y feliz como lesbiana, me siento atraída por un hombre.

Antes de ese día, yo consideraba mi sexualidad como algo estático. Cuando me asumí como lesbiana, sentí (como tantas otras mujeres) que estaba dándole voz y vida a mi verdadero ser, liberando lo que había estado negado y anquilosado dentro de mí durante tanto tiempo. El asumirme fue para mi algo muy poderoso, la culminación de años de deseos que se vieron acompañados de tanta condena que terminaron inmovilizándome. Una vez que acepté mis sentimientos y encontré la forma de llegar a otras lesbianas, fue como si levantara vuelo. Durante semanas, meses, me sentí tan en éxtasis que los sabores me resultaban diferentes, los colores eran más brillantes y todos mis sentidos se agudizaron. Me sentía a mí misma intensamente, y parecía que con mayor pureza. Mi diario de esa época esta lleno de frases como, "esto es lo más verdadero que he sentido en mi vida". Yo había roto con las restricciones de lo que supuestamente debía sentir y estaba fascinada con el reconocimiento de mis propios deseos. Por fin había silenciado todas las voces dentro de mi cabeza, a excepción de la mía propia, y esa me decía bien alto y bien claro que yo amaba a las mujeres. Así de simple. Así de maravilloso. Desde ahora en adelante, me prometí a mí misma, no más sentimientos reprimidos. No más "deberías". No más tenerle miedo a lo que sentía. Estaba dispuesta a escuchar esa voz profunda, calma, y permitirle que me guiara.

Y entonces me enamoré. De un hombre. Y aquella vieja sensación de la condena compitiendo con el deseo volvió corriendo. Afortunadamente, si bien yo había internalizado la visión política de una comunidad para la cual amar a un hombre me convertía en traidora, en alguien que buscaba la salida más fácil, logré clarificarme y escuchar mi voz interior que me aseguraba que si, que era eso lo que yo sentía. Sí, esto es amor. Si, nunca voy a volver a reprimir mis sentimientos, ni por una mujer ni por un hombre.

Pero también había otras voces dentro de mí, bastante gritonas y en su mayoría juezas. Como la que me decía: ves, este asunto del lesbianismo no fue más que una etapa, nada serio, nada real. Una voz que, peligrosamente, me invalidaba. ¿Qué pasa si es cierto que cambiamos?. ¿Qué pasa si nuestros sentimientos varían?. ¿Eso niega nuestras experiencias anteriores, las hace menos importantes?. No es mi caso. Sigo amando a las mujeres, me atraen, las deseo. Mis sentimientos hacia ellas no hubieran podido ser más serios ni reales; sigo sintiéndome orgullosa de ellos y admitiéndolos abiertamente. Nada de eso cambió cuando empecé a amar a un hombre. Pero aun si la atracción y el amor que siento por las mujeres se desvanecieran en algún momento de mi vida, ¿por qué eso debe implicar que nunca existieron?. Si en otras áreas de nuestras vidas no nos vanagloriamos de ser estáticas/os sino que valoramos el crecimiento; el cambio y el desarrollo, ¿por qué pretendemos que nuestra sexualidad sea diferente?.

Tal vez una razón sea que el tema de la sexualidad porta una pesada carga en nuestra cultura. Establecer una identidad de cualquier tipo suele ser un desafío que nos deja perplejas/os; establecer la identidad sexual requiere que nos enfrentemos con experiencias internas que a muchas personas cualquiera sea su orientación les despiertan vergüenza, culpa, timidez o, como mínimo, les hacen sentir vulnerables. Debido al silencio que con frecuencia rodea a los temas sexuales, no es raro que la gente transite este proceso en soledad. Es mucho menos atemorizador embarcarnos en la búsqueda de nuestra identidad sexual si pensamos que ese proceso va a culminar en una respuesta definitiva, categórica, que va a descubrir que somos esto. Habiendo arriesgado tanto, queremos que la verdad que vamos a descubrir "nos dure".

Esta noción de estática sexual se ve reforzada por el hecho de que, como cultura, definimos la orientación sexual principalmente en términos de nuestra conducta sexual presente. Nos compramos no solo la noción de que somos con quien nos acostamos sino también de que somos con quien nos acostamos hoy. Las comunidades de lesbianas aceptan y perpetúan esto tanto como lo hace el mundo heterosexual. Y que definición más limitada resulta; invalida nuestras acciones pasadas, nuestros sentimientos pasados y también algunos de los presentes. No permite que coexistan sentimientos conflictivos entre si, niegas la posibilidad de las paradojas y desalienta toda incursión en la ambigüedad. Dice que debemos quedamos quietas/os para poder ver quienes somos. Como las fotos, esa definición es mentira, detiene el movimiento natural de nuestras vidas. Dice que somos lo que primero se ve de nosotras/os, que nuestras acciones nos dan formas definidas.

En el cuento "El trompo", de Kafka, al protagonista que es filósofo le encanta tener los trompos de los niños en movimiento porque tiene la esperanza de que, si comprende lo que sucede con los trompos, va a comprender todas las cosas (1). Sin embargo, cada vez que consigue detener una, la pieza de madera que le queda en las manos solo le produce disgusto y la arroja al suelo. Ese disgusto surge porque lo que el desea es un trompo en movimiento. En cuanto lo atrapa, ya no se mueve, está inmóvil. Es imposible detener el movimiento y que el trompo siga siendo lo que es. Lo mismo sucede con la bisexualidad. Cualquier intento por definirlas en forma estática la convierte en algo diferente de lo que ella es, la detiene en mitad de su giro.

La definición de la sexualidad como algo estático se basa en la oposición binaria, identidad sexual y la relación actual de la persona, se excluye el amor por los hombres, y viceversa, incluso oposición binaria: en un extremo esta la heterosexual, la bisexualidad queda en el medio, sin ser nada puro sino algo incompleto, una mezcla "BI" quiere decir "dos", lo que implica una división, dos partes y ninguna totalidad.

Nuestro sistema de pensamiento occidental como un todo se basa en la oposición binaria, nos definimos por oposición, por lo que no somos. Sabemos lo que es curarnos porque sabemos lo que es ser lastimadas/os, sabemos lo que es la oscuridad porque conocemos la luz y reconocemos su ausencia. Entendemos esos conceptos como entidades que se excluyen la una a la otra, y solo podemos comprenderlas a partir de esa exclusión. Esto ha sido así desde que se guardan registros históricos de nuestra civilización. Refiriéndose al idioma egipcio antiguo, Sigmund Freud da ejemplos en los que dos palabras de significados antitéticos forman una tercera, compuesta, que retiene el significado de una sola de las originales. Por ejemplo, el equivalente de "luzoscuridad" significaría solo ‘luz" (2). Aun en este lenguaje tan antiguo los significados se forman por contraste, por la relación entre dos elementos bipolares.

El daño que causa pensar en términos de opuestos va más allá del hecho de que así se crean exclusiones. Jacques Derrida critica el uso de las polaridades en la filosofía, el lenguaje y el pensamiento al señalar que las dicotomías habituales que forman el pensamiento occidental, tales como bueno-malo, presencia-ausencia; verdad-error, identidad-diferencia, alma-cuerpo, hombre-mujer, contienen una jerarquía en la que "el segundo termina de cada par se considera una versión negativa, corrompida, indeseable del primero, una caída con respecto a él. Así, ausencia es la falta de presencia, el mal es la caída desde el bien, el error es una distorsión de la verdad, etc." (3). Debido a su naturaleza jerárquica, la oposición binaria hace de la igualdad un imposible. Al vivir en una cultura que define la sexualidad en términos binarios (hombre/mujer, heterosexualidad/homosexualidad, monogamia/soltería) no solo estamos limitadas/os sino que somos oprimidas/os.

La feminista francesa Helene Cixous da un paso más en la dirección en que formula su crítica Derriba, bajo un encuadre feminista, y describe .ese ordenamiento de opuestos como patriarcal, privilegiando lo masculino de cada par y definiendo lo femenino como su ausencia (4). "¿Donde esta ella?", se pregunta, y enumera los pares dicotómicos más conocidos: actividad/pasividad, sol/luna, cultura/naturaleza, día/noche, padre/madre, cabeza/corazón, inteligible/palpable, logos/pathos (5). "Ella" queda relegada a una posición que denota carencia. Esas jerarquías, afirma Cixous, crean "bancos de carencias" y la represión de lo femenino (6).

Entonces, si la represión y la exclusión comienzan en la manera misma en que moldeamos nuestros pensamientos, en la forma en que elaboramos nuestro lenguaje, entonces se pueden crear la expresión y la inclusión produciendo significados por fuera de esas dicotomías. Dentro de ese encuadre, podemos vivir la complejidad sin que se torne paradoja y podemos vivir en otros lugares que no sean los polos y que tampoco sea "en el medio".

Por suerte, esta idea no tiene nada de novedoso. Cixous y otras feministas francesas, sobre todo Luce lrigaray y en cierta medida Julia Kristova han buscado crear una forma de expresión que funcione precisamente de esa manera. La Escritura Femenina, que a menudo se traduce como escribir el cuerpo (7) surge de la premisa de que el lenguaje esta atado a la sexualidad y que la sexualidad femenina, en lugar de ser focalizada, restringida, y por lo tanto exclusiva, es difusa y nada exclusiva. "La mujer tiene órganos sexuales prácticamente en todas partes", dice Irigaray (8). "Si ella es una totalidad", dice Cixous, "es una totalidad compuesta por partes que son todos en si mismas, no objetos simples y parciales sino entidades variadas, que se mueven y cambian sin límites, un cosmos por donde el eros nunca deja de viajar, un vasto espacio astral. Ella no gira alrededor de un sol que sea más estrella que las otras estrellas" (9). Las oposiciones binarias se tornan irrelevantes. El significado, en lugar de nacer de la diferencia dualista (negro es todo aquello que no es blanco), surge de las múltiples diferencias (el azul es lo que no es verde ni amarillo ni anaranjado ni violeta). Cada cosa existe en relación con todo lo demás. De ahí que la escritura femenina adopta como una de sus marcas de fabrica el lenguaje abierto, que nunca se cierra (10). Cixous postula que esa apertura es fundamental para la inventiva, que "quienes producen cambios en la vida no pueden evitar conmoverse ante las anomalías complementarias o contradictorias" (II).

Es en este contexto que Cixous habla de la bisexualidad. La bisexualidad es la locación de la presencia de ambos sexos dentro de si, evidente e insistente en diferentes modalidades de acuerdo con el individuo en cuestión, la no-exclusion de la diferencia o de un sexo determinado y comenzando con este "permiso" que una se da a sí misma, la multiplicación de los efectos de la inscripción del deseo en cada parte del cuerpo propio y del otro cuerpo (12).

Esta es una sexualidad que no busca lo estático ni la consistencia. Ella "no aniquila las diferencias sino que las celebra, las busca, se agrega mas" (13). Esta es una sexualidad que no se ve amenazada la inclusión sino que se amplió gracias a ella. El deseo mismo se vuelve múltiple. No intenta detener el trompo; es el trompo.

Las feministas francesas no son las primeras que cuestionan el Poder Superior de los Opuestos. El interés de Freud en la estructura del egipcio antiguo surge de su deseo de comprender la tendencia que se manifiesta en los sueños hacia la unificación de los opuestos y hacia la expresión de una idea mediante su opuesto. A el le fascinó descubrir que además de las palabras compuestas a las que ya nos referimos, existen otras palabras egipcias cuyo significado alude a dos conceptos opuestos. La misma palabra que significa "afuera", por ejemplo, significa también "adentro". Freud no cuestiona la idea de que se llega al significado gracias al contraste entre los opuestos, en realidad, parece apoyarla con mucha fuerza. Pero Freud no interpreta esa construcción de significado como un proceso donde se privilegia una de las partes, más bien, señala que en los sueños, los opuestos pueden representar una sola idea o sentimiento sin exhibir ninguna contradicción (14). Los sueños se niegan a la certeza del "no" cualquier par puede coexistir al unísono en ellos.

¿Cómo hacemos para negarnos a la certeza del "no" en la vigilia?. ¿Cómo podemos concebir la dualidad sin alentar la separación?. ¿Cómo pueden hacer las partes para ser totalidades?. ¿Cómo bisexuales?. ¿Cómo pueden nuestros diversos corazones existir al unísono?. ¿Qué apariencia podrá tener un concepto de sexualidad más ligado al si?. ¿Cómo aplicamos nuestras nuevas ideas a la vida cotidiana?.

Un primer paso puede ser ver cada cosa que percibimos como algo integro. La oscuridad no es la falta de luz, es la oscuridad. Es algo completo en sí mismo. La bisexualidad no es la exclusión de la heterosexualidad ni de la homosexualidad, sino la inclusión de ambas como sus partes constitutivas. La bisexualidad en sí misma en un "decir que sí": sí, puedo amar a las mujeres; sí, puedo amar a los hombres. La naturaleza a menudo funciona en dualidad sin excluir o favorecer a una de las partes. Simetría: la totalidad Rorschach de nuestros cuerpos, un ojo de cada lado, una cadera, un hombro, un brazo. Los dos lados del mentón, de la nariz. Partes constitutivas, corazones constitutivos. Las dos mitades iguales de una hoja. Y más, el poder de la perspectiva: las muchas caras de un globo que gira.

También podemos negarnos a la certeza del "no" haciendo lo propio con la certeza del "sí". Cuando me asumí como lesbiana, parte de lo que hice fue declarar que mi identidad era algo fijo, unificado. Y que me alegraba que así fuera. Pero también impuse esa definición sobre lo que James Hillman llama mi "alma con muchos lados" (15), solo para descubrir que esa definición implicaba limites que no eran ni remotamente tan flexibles como lo era mi alma. La certeza invita a la contradicción, y ésta a la confusión. Si veo mi ser como mezcla y movimiento, entonces no hay contradicciones ni inconsistencias en el. Los cambios no son negativos ni positivos. No se los juzga.

Esta forma de percibir el ser no es gratuita, sin embargo. El percibirnos como una identidad fija es reconfortante. Nos comprendemos, podemos generalizar, somos predecibles. Podemos conectarnos con nuestros iguales basándose en esas generalizaciones. Cuando nos vemos como algo menos rígido, nos enfrentamos a la necesidad de tener que aprender nuevas formas de reconocer quienes son "nuestros iguales".

Puede ser útil, entonces, entender la orientación sexual como algo diferente de la identidad sexual, siendo la orientación la suma total de nuestras experiencias en toda su multiplicidad y complejidad, mientras que la identidad es el nombre que percibimos como más adecuado a esas experiencias en un momento determinado. La ventaja de esa distinción es que una idea fluida y difusa de la orientación resulta una expresión más adecuada para nuestras "almas con muchos lados", sin que necesariamente esa visión deba tener un impacto sobre la identidad, más fija y por lo tanto confortable, que usamos para describir quienes somos.

Para ilustrar mejor este punto, pensemos en los factores que componen la orientación sexual de una persona. Lo que le atrae, sus conductas, sus fantasías, sus preferencias emocionales y sus preferencias sociales (16). Cada uno de esos factores se mueve y cambia a medida que la persona crece y va desarrollando su vida. Imagínense si se pudiera describir cada uno de esos factores como un color. Por ejemplo, las atracciones pueden ser el azul y en ese contexto los tonos más claros simbolizan una atracción exclusiva hacia personas del sexo opuesto mientras que los más oscuros representan la atracción, también exclusiva por personas del mismo sexo. El nivel de intensidad y significación personal de cada tipo de atracción determinara la tonalidad exacta en cada caso. La historia de vida y los sueños de una persona se pueden dibujar utilizando docenas de tonalidades de azul. Si cada uno de los factores pudiera expresarse de la misma manera utilizando una gama de colores, el rojo para la fantasía, el verde para la preferencia emocional, por ejemplo; entonces la orientación, de cada persona contendría miles de mutaciones, que se reflejarían como ligeras graduaciones en cuando al tono, la saturación y el matiz de cada color. Ahora imagínense que creamos esos compuestos de color para unos cientos de personas, los unimos como formando un collage y luego les tomamos una foto en blanco y negro. El resultado seria una aproximación en blanco, negro y gris, del original; la fotografía seria representativa de la tendencia general de los colores, pero no lo suficientemente precisa. De la misma manera, hablar de homosexual, heterosexual y bisexual, resulta muy impreciso. Los nombres disminuyen la riqueza y la profundidad de los colores, como la película en blanco y negro.

Imprecisa o no, la identidad es algo importante. Entre otras cosas, la identidad sirve para formar comunidades, lesbianas y gays, si, pero también religiosas (17). Las personas se sienten seguras en su comunidad, así como reconocidas, incluidas y entre sus pares. La comunidad nos da poder y voz, permite que nos hagamos oír y que nuestra presencia se sienta en el mundo. Pertenecemos, y esa es una experiencia nueva y bienvenida para muchas/os que nos hemos sentido siempre fuera de lugar en la cultura de las mayorías. Podemos ser nosotras/os mismas/os abiertamente, en pleno. Sin secretos. Sin guardarnos palabras.

Pero como la comunidad se basa en ciertos aspectos fijos de nosotras/os, esos aspectos deben seguir siendo fijos, o de lo contrario la comunidad pierde su cohesión, sus definiciones. Para preservarse, la comunidad impone reglas. Para pertenecer, se debe abandonar la libertad de ser paradógico, de superponer etiquetas, cruzar límites, mezclar definiciones. Y, pese a que cada tanto se afirme lo contrario, las comunidades de lesbianas si juzgan la pertenencia o no de una mujer basándose en su pareja actual. Cuando una lesbiana me dijo que tal vez yo nunca había sido una "verdadera lesbiana", lo hizo pensando en mi pareja de ese momento, un hombre. No tuvo en cuenta mi orientación afectiva, ni me preguntó acerca de mis parejas más significativas, ni se detuvo a analizar con quien yo me sentía más cómoda, más "en mi casa". Ella, y otras que emitieron juicios similares, luchan por aferrarse a etiquetas y definiciones que le dan forma a la comunidad que es su santuario y su fuerza.

Por eso la bisexualidad cae por fuerza de la gruesa línea negra que marca los límites de la comunidad y tal vez por ese motivo suele considerársela como algo que hace temblar la pervivencia de una cultura pro-mujer, autosuficiente. Pero también nos hace temblar por dentro. Nos hace vulnerables a la posibilidad de que también pueda pasarnos a nosotras. Antes de que yo pensara que la bisexualidad era un tema personal para mí, en el grupo de reflexión para lesbianas al que asistía hubo un furioso debate sobre una mujer que había asistido algunas veces. Esta mujer se consideraba heterosexual pero acababa de terminar lo que ella llamaba un "romance" de dos años con otra mujer y no sabia a que otro lugar acudir para recibir apoyo. Algunas de nosotras estábamos de acuerdo conque participara del grupo. Después de todo, ¿no éramos un grupo de apoyo para mujeres que amaban a otras mujeres?. Y ella, ¿no era claramente una mujer dolorida que había perdido el amor de otra mujer?. ¿A qué otro lugar podía ir?. Pero otras en el grupo manifestaban su oposición firme e incluso furiosa a incluirla. Esta mujer no era lesbiana "de verdad", decían, no se identificaba con la cultura ni con los valores de las lesbianas, sentía miedo del amor que las mujeres le inspiraban. Un día le hable de este debate a una amiga mía separatista, explicándole mi postura de luchar por una comunidad que apoyara e incluyera a todas las mujeres que amaban a otras mujeres, cualquiera fuera el estadio en el que estuvieran. (En aquel momento yo todavía adhería al paradigma estático según el cual "en realidad ella es lesbiana pero aún no lo sabe"). Mi amiga se tomó unos minutos para pensar y luego me dijo: "En el 'espiral' hetero/gay, yo estoy parada acá", señalando un punto que estaba en el extremo del lado "gay", "y siquiera pensarme un poquito para acá hacia el centro me produce un pánico mortal". Ella pensaba que las integrantes de mi grupo sentían algo similar.

Frente a algo que produce un pánico mortal, lo más fácil es negarlo, empujarlo fuera, verlo como "ajeno" y nunca como propio. Así es como el movimiento emocional de una persona encuentra eco en la comunidad y terminamos con una paradoja aun mayor. A las comunidades de lesbianas y las de gays, que tenemos amplia experiencia en cuanto a haber sido hechas a un lado, negadas y excluidas, nos resulta difícil abrazar a quienes habitan nuestros propios límites por miedo. Así como nos sucede cuando crecemos y descubrimos con espanto cuanto nos parecemos a nuestra madre o a nuestro padre, las comunidades de lesbianas y de gays estamos descubriendo cuanto nos parecemos a la sociedad heterosexista. Siempre intentamos asegurarmos que aquello a lo que tememos parecemos no forme parte nuestra.

Volviendo a aquel día de agosto, yo también tuve mucho miedo y negué lo que sentía. ¿Qué era lo que me resultaba tan atemorizador?. Pensé en mi largo y tumultuoso proceso de asumirme como lesbiana, y en una sesión de terapia en particular en la que mi terapeuta logró hacerme pasar del miedo al orgullo y la confianza. La sesión comenzó conmigo enumerándole todas las razones por las que asumirme me aterraba tanto. Lo principal en ese momento era que yo tenía miedo de no encajar. Todo el mundo sabe lo difícil que es ser lesbiana, como la sociedad te convierte en paria, en un aislamiento sin fin (¡y eso que ni siquiera había leído "El pozo de la soledad", de Radclyffe Hall!). Mi terapeuta, bendita sea, asintió con la cabeza en un gesto sincero y compasivo, para luego decirme: "¿Cuando fue la última vez que sentiste que encajabas en algo?". Me quedé muda: ¿tal vez en el otero (cerro aislado que domina un llano)...?. Porque después....

Los meses siguientes me trajeron otras revelaciones. En vez de sentirme una paria, en vez de sentirme aislada, apenas proclamé mi identidad como lesbiana me sentí más incluida, sentí que "encajaba" como nunca antes. Encontré personas que sabían lo que yo sentía, que me aceptaban sin saber nada de mi, nada más que el hecho de que yo también celebraba mi amor por las mujeres. Ese verano viajé sola por todo el país y en todos los lugares donde encontré una comunidad de mujeres fui bienvenida. Las mujeres me abrieron sus casas, me alimentaron y .me dijeron que podía volver cuando quisiera.

Enamorarme de un hombre, posicionarme fuera del centro de mi comunidad, amenazaba esa sensación de pertenencia que yo tanto valoraba. Y hacía que se enrareciera la embriagadora sensación de orgullo que había florecido en mí cuando asumiera mi identidad lesbiana.

Hubo también otros sentimientos más complejos. Al amar a las mujeres, sentí más que orgullo. Me sentí orgullosa de atreverme a amar a las mujeres, orgullosa por las luchas que había tenido que enfrentar y por las que vendrían. Por mi coraje para ponerme de pie y dar un paso al frente. Mi miedo de enamorarme de un varón era, digámoslo, heterofobia. Muchas voces internas comenzaron a alertarme, muchas de ellas más preocupadas por los principios que por los sentimientos. Cuando la gente me vea, me vera con un hombre y nunca sabrán que amo a las mujeres. Y si realmente las amara, ¿por qué querría yo estar con un varón?. ¿Estoy traicionando mis propios sentimientos?. No quiero perder toda la cultura creada en tomo a las mujeres. No he sido lesbiana el tiempo suficiente. La gente va a decir que volví a los hombres. La comunidad de lesbianas va a pensar que soy una traidora. Yo quiero ser parte de esa comunidad. Yo quiero pertenecer.

Algunas de esas voces han demostrado tener razón, y otras estaban completamente equivocadas. Cuanto más las oigo repetir sus argumentos, más reconozco los elementos de exclusión, de oposición, y más fácil me resulta filtrar mi propia verdad a través de ellos. Pero algunas voces han sido muy tenaces y persistentes. Mucha gente me ve con un hombre y da por sentado que soy heterosexual. Es muy frustrante estar educando a la gente todo el tiempo. Puedo besar a mi pareja en público sin miedo a ser hostigada. La gente adivina cual es nuestro vínculo cuando él me va a buscar al trabajo. Pero yo no traicioné mis sentimientos. Amo a mi compañero y se que me hubiese traicionado a mí misma si hubiera dejado de lado la posibilidad de esta relación, que es mutuamente satisfactoria y amorosa, para conservar mi identidad fija como lesbiana. Y la heterosexualidad, si bien conlleva determinados privilegios no es necesariamente fácil. La heterosexualidad feminista no es fácil, y la bisexualidad feminista es aun más compleja. En mi pareja estamos continuamente reinventándonos, descubriéndonos en roles y presupuestos sexistas y tratando de salir de ellos. Indagar acerca de esos roles y presupuestos era una tarea más fácil cuando yo solo me rodeaba de mujeres, porque no había nadie que cumpliera con el rol masculino y enunciara sus presupuestos. Con mi compañero, cada vez que nuestra relación se ve sutilmente invadida por pedacitos de desigualdad, hace falta una vigilancia mayor para extirparlos. Las formas de conducta que aprendimos en la infancia nos son tan familiares que en cierta medida se toman invisibles, por más que tengamos las mejores intenciones del mundo.

Y luego esta la paradoja de la monogamia. El componente "mono"/uno de la monogamia, ¿puede coexistir con el "bi"/dos-sexualidad?. Muchos estereotipos le atribuyen a la conducta bisexual la prolifidelidad o una serie de sucesivas relaciones monogámicas. Es cierto que las personas bisexuales estamos en un lugar privilegiado para explorar posibilidades de relacionamiento que vayan más allá de lo convencional. Pero, ¿qué presupuestos estamos aceptando al rechazar la monogamia?. La aceptación de sentimientos fluidos y múltiples, ¿necesariamente desemboca en la aceptación de relaciones fluidas y múltiples?. Ser bisexual y monógama/o, ¿nos parece una contradicción insalvable?. ¿Sentimos que si nos relacionamos con un solo sexo, es decir, si mantenemos una sola relación, nos estaremos perdiendo partes de nosotras/os mismas/os?. Si contestamos que si a esas preguntas, tal vez estemos promoviendo una definición cerrada de la sexualidad, una definición donde nuevamente la identidad queda atada a la conducta. En este momento yo elijo la monogamia, pero no considero que mi pareja (que ya lleva muchos años conmigo) contenga la totalidad de mis sentimientos. Aprender a considerar valido el deseo sin que necesariamente haya que actuarlo es un desafío al que se enfrenta cualquier relación que dure mucho tiempo. Para mantener un auto concepto bisexual en una relación monógama, ese desafío resulta un imperativo.

Mi preocupación por lo que opinaría la comunidad lesbiana actúo como catalizador de otros cambios en mi vida. Anticipándome a su desaprobación, lentamente fui dejando de considerarme parte de la comunidad; por supuesto que sigo teniendo amigas lesbianas y siempre incorporo alguna nueva; también he ido a marchas y a otros eventos, pero ya nunca sentí ni espere sentir aquel apoyo universal, incondicional. Muchas veces me descubrí internalizándo lo que yo percibía como los principios de inclusión y exclusión de la comunidad. A veces inclusive le puse una cara a mi jueza interna, la de alguna lesbiana a la que yo no conocía bien o una que me pareciera de gran influencia en la comunidad, y le encargué a ella la tarea de representar lo que todas consideraban moral. Mientras creí en la polaridad de "nosotras y éllas/os", nunca pude encontrar una manera de incluirme. Lloré mi pérdida.

En realidad, a medida que fui hablando con otras mujeres sobre mi relación con un hombre, tuve muy pocas experiencias en las cuales ellas tomaran distancia de mi o abiertamente me negaran mi derecho a pertenecer. Por el contrario, casi todas las experiencias resultaron afirmativas, de intercambio, de mayor unión. Una de mis amigas lesbianas dice que el conocerme a mi y el escucharme hablar acerca de mi proceso le hizo cambiar de actitud hacia las mujeres bisexuales. Otras dos amigas han entablado relaciones con varones. En otro caso, el hecho de que yo me asumiera como bisexual provoca conversaciones larguísimas y maravillosas acerca de las ideas sobre la sexualidad, el poder de los secretos y por oposición, de la verdad, y el equilibrio de las paradojas en nuestras vidas.

Gran parte de la aceptación que he obtenido tiene que ver con mi insatisfacción frente a la palabra "bisexual" en cuanto a descripción de mi persona. Es cierto que describe a las personas con las que yo podría relacionarme eróticamente, pero no dice nada acerca del proceso que me trajo a donde estoy, de mis sentimientos, de lo que yo creo. Es la fotografía en blanco y negro de mi vida, llena de colores vibrantes. Para compensar la falta de una etiqueta adecuada, que igualmente tendría sus limitaciones, lo que hago es contar mi historia, lo máximo que la situación me permita. Eso le da a la gente la posibilidad de escuchar no la traidora, o la que esta en el medio, sino un proceso, una lucha por entenderse mejor a una misma y asumirse tal como una es. Les da lugar para escuchar hablar de sentimientos y poder contar los propios. Me da lugar a mí, y a todas y todos, para ser más que un nombre.

De todo esto aprendí una clase diferente de orgullo. Mi orgullo como lesbiana era un poquito más glorioso: ¡Guau!. ¡Miren quién soy!. Mi orgullo actual es un poco más calmado, más complejo. Busco menos la validación externa, y más la interna. Estoy orgullosa de mi propio crecimiento, de mi coraje y de mi tenacidad para elegir como individuo, para encontrar una vida que encaje conmigo en lugar de una que encaje con el mundo y sus muchas definiciones. Siento orgullo de mi totalidad, de la complejidad de mi ser.

Hace poco recibí una carta de una de mis primeras amigas lesbianas, una mujer a quien le estoy agradecida por su infinito apoyo y sus consejos a través de varios enamoramientos y decepciones, y en momentos clave de mi proceso para asumirme. Ella pensó que me interesaría saber que últimamente se ha dedicado, tanto en su obra artística como en su vida personal, a trabajar el tema de como curarnos de las falsas dicotomías (18). Es decir, buscar conexiones y puntos comunes entre las ideas que artificialmente han sido planteadas como opuestas. Ver, por ejemplo, a la naturaleza no como algo separado de nosotras/os, algo que esta allá afuera, sino algo que nos incluye, que le pertenecemos y nos pertenece. No hay límites en este proceso. Ella encontró una parte suya que no quiere excluir a los hombres como potenciales compañeros.

Inclusión. Descubrir la apertura donde creíamos que había polaridad.

Sanar las falsas dicotomías.

Es cierto que extraño las conexiones más completas y próximas que alguna vez tuve con la comunidad. Grupos y actividades que antes yo sentía muy cercanos a mi crecimiento y a mi experiencia, ahora me hacen sentir un tanto fuera de lugar. Extraño la tranquila satisfacción que sentía cuando, al ver a otra lesbiana, yo sabia que en un sentido éramos de la familia. Pero mi experiencia me ha dado un espacio para pensar si la comunidad es tan sólida como aparenta ser. He visto tantas divisiones, escuchado tantas historias de mujeres que se han sentido traicionadas por sus comunidades que he tenido que repensar mis percepciones y expectativas. Todavía creo en la fuerza de una VOZ unida, y sigo comprometida con ser parte de esa voz. Pero creo que la seguridad que percibí como universal e incondicional fue algo naif, ilusorio, condenado a partirse en algún punto. Ahora pienso en una "comunidad personal", en la creación de alianzas individuales que no se basen en etiquetas o en convenciones sino en las narrativas individuales o, como decíamos en los cursos de Estudios de la Mujer en los años 70's, en la Historia Personal. Lleva más tiempo, pero es más duradero, más genuino teniendo en cuenta la travesía única de cada cual. Pienso en construir y reconstruir la política basándonos en la realidad de lo que vivimos, en como hemos usado nuestras historias personales para crear las bases del feminismo contemporáneo: lo personal convertido en político.

Contar nuestras historias sigue siendo importante. A medida que cambiamos como mujeres individuales, nuestras historias cambian, nuestras necesidades cambian, y hacemos crecer al feminismo como movimiento. Tenemos que estar en contacto unas con otras sin asumir que ya sabemos en que dirección debe ir nuestra lucha feminista. Mi concepción de un enfoque feminista del cambio es algo que comienza en pequeño, con una mujer conectándose con otra, luego otra y luego otra y otra. Así entiendo yo, que se origina nuestra fuerza y nuestro poder. Como mujeres, observamos lo que somos, como podemos "encajar" unas con otras, y vamos modificando esa visión hasta que nuestra manera de pensar se expande para incluir todos los niveles de nuestra realidad. Los valores de las comunidades feministas se centran en la participación colectiva de todas. Tiene sentido aplicar esa idea a una percepción cambiante de la sexualidad: la inclusión de todas las partes es la inclusión de todo lo que nos constituye, de los corazones que nos hacen vivir.

Notas.

Mi efusivo agradecimiento a Karen Parrish, cuyos comentarios me ayudaron a hacer de este articulo una totalidad; a Sally White, que fue la primera en sugerirme que escribiera esto o algo por el estilo; y a Beth Ruml, Steven O'Dell, Diane Sarotte y todas las otras/otros cuyos insights y reflexiones una y otra vez alimentaron mi propio pensamiento.

1.         Anne Carson en su obra Eros: "The Bittersweet". (Princeton: Princeton University Press, 1986) llamó mi atención sobre este cuento y sobre el tema del deseo y su significado.

2.         Sigmund Freud, "El sentido antitético de las palabras primarias". Obras completas.

3.         Jacques Derrida., "Diseminación".

4.         Helene Cixous, "Sorties: Out and Out: Attacks/Ways Out/Forays".

5.         Ibid.

6.         Ibid.

7.         Arleen B. Dallery, "The Politics of Writing (the) Body". Jones, Ann Rosalind, "Writing the Body: Toward an Understanding of l'Ecriture Feminine".

8.         Luce lrigaray, "Ese sexo que no es uno".

9.         Cixous, op. cit

10.       Cixous, op. cit.

11.       Cixous, op. cit.

12.       Cixous, op. cit.

13.       Cixous, op. cit.

14.       Freud, op. cít

15.       James Hillman, Re-Visioning Psychology.

16.       Fritz Klein et al. "Sexual Orientation: A Multivariable Dynamic Process".

17.       Esta conexión mediante características estáticas es también la razón por la cual, creo yo, todavía no ha florecido una comunidad bisexual similar a las de lesbianas y de gays. La identidad bisexual es más fluida que fija, tiende más a escaparse de las definiciones que a encerrarse en ellas.

18.       Le agradezco a Greacian Goeke por introducirme en el uso de este termino.

(*)       Ruth Gibian es poeta y trabajadora social. Vive en Portland, Oregon, EEUU. Sus poemas han sido publicados en Poetry Northwest, "The Seattle Review y Nimrod". Ha coordinado talleres de escritura en varias universidades y escuelas públicas rurales. Trabaja con jóvenes pertenecientes a minorías sexuales.

Este artículo se publicó en el libro "Closer To Home. Bisexuality & Feminism", editado por Elizabeth Reba Weise. Seattle, Washington, EEUU. "The Seal Press". 1992. Traducción: Alejandra Sarda, Buenos Aires, marzo 1998.

MUJERES, BISEXUALIDAD Y SALUD SEXUAL.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:02
guardado en

Este texto contiene información para mujeres bisexuales, para mujeres que se están cuestionando su sexualidad y para sus parejas. Producido por la Red Bisexual Australiana (Australian Bisexual Network).

 

LAS MUJERES Y LA BISEXUALIDAD

¿Qué es la bisexualidad?

La bisexualidad tiene significados diferentes según las distintas personas. La bisexualidad se puede definir como el potencial que tiene una persona para sentirse atraída/o física, emocional y/o sexualmente por otra, sin importar su género. En su forma más simple, la bisexualidad es la atracción que siente una persona hacia los hombres y hacia las mujeres. Formas más complejas pueden incluir la atracción hacia las personas transgénero; por ejemplo: una mujer casada que hace el amor con su marido vestido éste de mujer, o una lesbiana que forma pareja con un transexual de mujer a varón, que se vive a sí mismo como hombre y no esta operado.

Más mujeres de las que te imaginas abrigan sentimientos, sueños o fantasías bisexuales. Muchas las mantienen a ese nivel. Otras las expresan a través de amistades muy íntimas en lo emocional pero sin contacto sexual. Hay otras que disfrutan de su bisexualidad ya sea públicamente o en privado, en ambientes sociales o políticos, entablando relaciones o solo contactos sexuales. Algunas mujeres descubren su bisexualidad a edad temprana, mientras que para otras es algo que aparece con el tiempo, toman conciencia de las posibilidades que ofrece la vida y se abren a ellas. Algunas mujeres, al igual que algunos hombres, intentan ignorar o reprimir sus sentimientos y negar quienes son en realidad. Tal vez elijan definirse como heterosexuales o como lesbianas, para satisfacer las expectativas de otras personas o su propia necesidad de pertenencia a un grupo. Una debería luchar por ser honesta consigo misma antes que nada, aceptando los propios sentimientos y los de las otras personas. El actuar así conduce a relaciones más abiertas, honestas, cuidadosas y satisfactorias, así como a una sensación interna de paz y felicidad.

Algunas personas tienen la creencia falsa de que la bisexualidad consiste en intercambiar parejas o en tener múltiples contactos sexuales con personas de ambos sexos.

La verdad es que la bisexualidad tiene que ver con quien una es, no con la persona con la que se está. La mayoría de las personas bisexuales tienden a sentir más atracción por un género que por el otro, en mayor o en menor medida. Ese grado de atracción hacia uno u otro género también puede cambiar con el tiempo, incluso de una semana a otra.

Muchas personas bisexuales mantienen durante toda su vida una única relación monogámica, con su compañera o compañero, sin dejar por eso de tener conciencia de la atracción que sienten por otros hombres y/o por otras mujeres. Otras tienen varias relaciones monogámicas en diferentes momentos de su vida; hay quienes viven en triadas (tres personas en una relación íntima), o en relaciones grupales, o tienen una pareja primaria y otros vínculos secundarios de diferentes clases.

¿POR QUÉ ELEGIR UNA IDENTIDAD BISEXUAL?

¿Por qué no?. Elegir una identidad bisexual para describirte a ti misma es tan valido como lo que hace quien elige una identidad gay, lesbiana o hetero. Cualquiera sea la identidad, la elección debe ser tuya y no algo que otras personas o la sociedad te impongan; nadie tiene derecho a criticarte, hostigarte o discriminarte por la identidad que hayas elegido. La sexual es solo una de las muchas caras de nuestra identidad, podemos definirnos también como estudiantes, esposas, madres, comerciantes, activistas, poetas, ecologistas, indígenas, latinoamericanas, negras, blancas, trabajadoras, feministas, amantes, etc.

Algunas mujeres eligen frases más complejas para definir su identidad, como por ejemplo "bisexual más cercana a la heterosexualidad', "bisexual más cercana al lesbianismo", "lesbiana bisexual". Y muchísimas variantes personales. Muchas simplemente dicen ‘bi".

Ser bisexual tiene que ver con estar en contacto con tus propios sentimientos, con lo que sabes acerca de ti misma según lo que has ido viviendo a lo largo de tu vida, y no tanto con el género de la persona que en este momento es tu pareja. Tiene que ver con la decisión de no limitar tus opciones sexo/afectivas a personas de un solo género.

Tu identidad sexual puede ser algo que guardes muy en privado, o algo de lo que hables públicamente. Puedes vivirla solo en las relaciones sexuales, o combinarla con una visión y una acción política. Puedes usarla para describir tu forma de sentir, o tu forma de comportarte, o el tipo de relaciones que mantienes. La forma en que elijas expresar tu bisexualidad debe ser siempre, en última instancia, la que a ti te haga sentir bien.

LAS MUJERES, EL VIH/SIDA Y LA SALUD SEXUAL.

Las mujeres no somos inmunes a las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). En todo el mundo, la cantidad de mujeres con VIH/SIDA va a sobrepasar a la de hombres para el año 2000. En EEUU, el SIDA es la principal causa de muerte en las mujeres jóvenes; en Argentina hay ya 1 mujer cada 4 hombres portadoras del virus (estas son cifras oficiales, es muy probable que las cifras reales sean mucho mayores).

El VIH se encuentra en las secreciones vaginales, en la sangre, en el semen y en las secreciones anales de las personas infectadas. En las relaciones sexuales sin protección se puede transmitir el VIH y también los organismos causantes de la gonorrea, la sífilis, el herpes, la hepatitis B y las verrugas genitales, tanto a hombres como a mujeres. Una mujer infectada puede transmitirle cualquiera de esos virus a otra mujer, a través de sus secreciones vaginales, anales o de la sangre; con los dedos, los puños, los juguetes sexuales o sobre el pene de un varón con el que las dos estén manteniendo una relación al mismo tiempo. El uso de guantes de cirugía y de preservativos reduce notablemente el riesgo de infección.

Cuando practiques el coito con hombres, usa preservativos y un lubricante de base acuosa. Si bien el riesgo de transmisión del VIH a través del sexo oral es bajo, ha sucedido y hay otras enfermedades que se pueden contagiar durante el sexo oral-vaginal, oral-anal u oral-pene-ano. El uso de un campo de látex o de un preservativo es aconsejable.

Hay muchos prejuicios en tomo a este tema. No dejes que nadie te considere "riesgosa" por el solo hecho de ser bisexual. El único riesgo que existe son las relaciones sexuales sin protección; no importa ni el género, ni la orientación sexual, ni ninguna otra característica de las personas involucradas.

El VIH y algunas otras infecciones se pueden transmitir de madre a hija/o durante el embarazo, el parto o el amamantamiento.

EL compartir agujas para inyectarse drogas o medicamentos puede transmitir el VIH, las hepatitis B-C y la sífilis, por lo que siempre es mejor usar agujas limpias. Las infecciones causadas por verrugas genitales producen a su vez cáncer de cuello de útero. Las mujeres sexualmente activas deben realizarse un examen Papanicolao todos los años; también es importarte revisarse las mamas todos los meses y consultar a una médica o a un médico ante la menor alteración. Es preferible "perder el tiempo" en una consulta que resulte una falsa alarma y no consultar cuando ya es demasiado tarde. Existen vacunas contra las hepatitis A y B. Se inteligente cuídate.

Traducido y adaptado por Escrita en el Cuerpo, 1997.

MUJERES BISEXUALES: EXISTIMOS, AUNQUE USTED NO LO CREA.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 20:00
guardado en

 Texto realizado por "Escrita en el Cuerpo".

Archivo y Biblioteca de Lesbianas, Mujeres

Bisexuales y Diferentes.

Ya sabemos que no todas somos heterosexuales, como el Papa Juan Pablo II hubiera deseado que creyéramos. Pero no somos todas lesbianas, tampoco. Ni todas bisexuales. Por suerte, somos todas distintas.

No estamos indefinidas: somos mujeres bisexuales y eso también es una definición. No nos gusta cualquier cosa que se mueve: nos gustan ciertas mujeres, ciertos hombres y ciertas personas travestis/transexuales. No contagiamos el SIDA ni los valores patriarcales, en ambos casos, lo decisivo es lo que se hace y no con quien.

Asumirse como mujer bisexual implica un trabajo profundo de honestidad y de discriminación. Nuestro estatus de ciudadanos de segunda en un mundo cultural y económicamente regido por los varones y por lo masculino hace que nuestros deseos y nuestras elecciones resulten muchas veces sospechosas en su autenticidad. Sí, muchas, de nuestras relaciones con varones son producto de la necesidad de aprobación, del temor, de la inseguridad inducida por la socialización o de la violencia ejercida sobre nosotras. Muchas, pero no necesariamente todas. Como seres humanos complejos y no meras víctimas de opresión, también podemos elegir a un hombre por deseo y/o por amor.

Sentir amor y deseo por otra mujer, por su mera transgresión, resulta un acto liberador en esta cultura. Sabemos que se paga con la soledad y con el riesgo. Cuando por fin se encuentra una comunidad de pares, a veces la necesidad de pertenencia hace que se suprima todo aquello que podría resultar discordante. Sí, algunas de nuestras relaciones con mujeres son producto de la presión del grupo de pares, de la necesidad de no ser excluidas de ese mundo y de esa identidad que vislumbramos como la mejor posibilidad de quebrar nuestra opresión. De nuevo, como la opresión no es la única variable que explica nuestras vidas, muchas de nuestras relaciones con mujeres son fruto del deseo, del amor y de la afinidad. Y, por supuesto, la presión del grupo de pares nunca es comparable a la de toda una sociedad con sus instituciones.

La lesbofobia (rechazo hacia las lesbianas) internalizada y la de la sociedad hacen que muchas lesbianas "pasen" por hetero o por bisexuales por necesidad, miedo, falta de información o (en algunos casos) conveniencia. De la misma manera, la bifobia (rechazo hacia las personas bisexuales) hace que muchas bisexuales "pasen" por hetero o por lesbianas por las mismas razones. El proceso de cada una para asumir su identidad es único y dura toda la vida, aunque parezca haber terminado cuando a esa identidad se le da un nombre. Cada mujer sabe, mejor que nadie, quien es ella. Nadie tiene el derecho de definir a otra. De la compleja interacción entre los efectos de la opresión y el poder liberador de la conciencia, surgen la identidad posible para cada una en un momento determinado y su grado de visibilidad.

Las mujeres bisexuales somos muy diversas. Algunas, casadas con varones y con amantes mujeres. Otras en pareja con mujeres y con amantes varones. Otras para quienes el género de su/s pareja/s es completamente irrelevantes. Swingers, monógamas felices que limitan sus deseos por el mismo o cualquier otro género a la fantasía. Las enamoradas de personas transexuales y un largo etcétera.

Cuenta la leyenda que lastimamos a las lesbianas. Eso no es cierto. Ninguna orientación sexual implica (por sí misma) un daño para otras personas. La mentira, la desconsideración o la inmadurez emocional causan mucho daño en las relaciones; son rasgos humanos que se dan en todas las orientaciones sexuales y no son patrimonio de ninguna.

Tampoco es cierta que automáticamente cualquier mujer bisexual es "privilegiada" frente a una lesbiana. Sabemos ya, que el privilegio es una cuestión compleja en la que intervienen muchas variables y que tener en cuenta una sola de ellas en este caso, la orientación sexual, es un reduccionismo. Resulta difícil aceptar por ejemplo que una mujer bisexual, de mediana edad, con hijas/os, empleada doméstica por horas con poco trabajo sea privilegiada frente a una lesbiana joven, profesional, con un bueno empleo cierta aceptación por parte de su familia.

No es casual que en muchos países se este dando una alianza entre activistas bisexuales y transgénero (travestís, transexuales e intersexuales). Somos las "impuras" y los "impuros" en el paraíso lesbico-gay. No somos fáciles de clasificar, o sí: mujer bisexual = lesbiana cobarde que no se asume; mujer diferente = gay cobarde que no se asume. La cobardía es un rasgo humano que poco tiene que ver con la orientación sexual. Vivir como bisexual o transgénero en un mundo de blanco/negro no es para cobardes, por cierto.

El aporte de las personas bisexuales y transgénero a la comunidad lesbico-gay es precisamente hacer visible toda la gama de grises, de eliminar la idea de que la orientación y la identidad sexual son fijas y admiten solo dos posibilidades (homo/hetero, mujer / varón). Un arcoiris de grises donde cada cual puede, momentáneamente, encontrar su lugar. Un arcoiris que no es una escala de pureza, ser exclusivamente gay no es un estatus superior de quien es "predominantemente" gay. Ser una mujer con vagina no es "más" que ser una mujer con verga y tetas.

MITOS Y REALIDADES SOBRE BISEXUALIDAD.

por Josito
domingo, 01 de junio del 2008 a las 19:59
guardado en

Por Sharon Forman Sumpter (*)

La sexualidad se expresa mediante una continuidad de formas: No es una "cosa" estática sino más bien un proceso que puede fluir y cambiar a lo largo de la vida de las personas. La bisexualidad cae dentro de esa continuidad. Como dice Robyn Ochs, activista sexual de Boston, la bisexualidad es la "posibilidad de involucrarse sexual y/o emocionalmente con personas de cualquier género".

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES SON PROMISCÚAS/SWINGERS (1)

Verdad: Las personas bisexuales tenemos una variedad de conductas sexuales. Algunas tenemos múltiples parejas; otras tenernos una sola; algunas vivimos épocas de celibato. La promiscuidad no se da más en la población bisexual que en otros grupos de personas.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES SE SIENTEN IGUALMENTE ATRAÍDAS POR AMBOS SEXOS.

Verdad:           Las personas bisexuales tendemos a preferir a las personas de nuestro mismo sexo o bien a las del sexo opuesto, a la vez que reconocemos sentirnos también atraídas aunque en menor grado por el otro grupo (gays, lesbianas, transgénero etc).

Mito: SER BISEXUAL SIGNIFICA TENER A LA VEZ UN AMANTE VARON Y UNA AMANTE MUJER.

Verdad:           Ser bisexual simplemente significa tener la capacidad potencial para involucrarse con personas de cualquier género. Esa relación puede ser emocional, sexual, actuada o solo fantaseada. Algunas personas bisexuales pueden tener dos o más amantes simultaneas/os; otras pueden relacionarse con una persona de determinado género durante un periodo y luego entablar una relación con alguien del género opuesto. La mayoría de las personas bisexuales no necesitamos estar a la vez con personas de ambos sexos para sentimos satisfechas.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES NO PUEDEN SER MONOGAMAS.

Verdad: La bisexualidad es una orientación sexual. Es independiente de un estilo de vida como lo son la monogamia o la no-monogamia. Las personas bisexuales somos tan capaces como cualquiera de comprometernos a largo plazo en una relación monógama con alguien a quien amamos. Las personas bisexuales tenemos variados estilos de vida, tal como sucede con la gente homo y heterosexual.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES NIEGAN SU LESBIANISMO O SU HOMOSEXUALIDAD.

Verdad: La bisexualidad es una orientación sexual legítima que incluye la homosexualidad. La mayoría de las personas bisexuales nos consideramos incluidas en el termino genérico "gay". Muchas participamos activamente de la vida de la comunidad gay, tanto social como política. Algunas/os usamos términos como "lesbiana bisexual" para aumentar nuestra visibilidad en ambos aspectos.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES ESTAN "EN TRANSICION".

Verdad: Algunas personas atraviesan un periodo transicional de bisexualidad en su camino hacia la adopción de una identidad lésbica, gay o heterosexual. En muchos otros casos, la bisexualidad permanece como orientación sexual elegida a largo plazo. Lo que últimamente estamos descubriendo es que la situación más frecuente es aquella donde la homosexualidad funciona corno fase de transición para asumirse luego como bisexual.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES INTRODUCEN EL SIDA ENTRE LAS LESBIANAS Y LA GENTE HETEROSEXUAL.

Verdad: Este mito legítima la discriminación contra las personas bisexuales. La etiqueta de "bisexual" se refiere solamente a la orientación sexual. No dice nada acerca de la conducta sexual. El SIDA se da entre personas de todas las orientaciones sexuales. El SIDA se contagia mediante prácticas sexuales sin protección, agujas compartidas y transfusiones de sangre contaminada. Ninguna orientación sexual causa el SIDA.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES ESTAN COÑFUNDIDAS ACERCA DE SU SEXUALIDAD.

Verdad: Es natural que tanto las personas bisexuales como las lesbianas y los gays pasen por un periodo de confusión mientras van asumiéndose como tales. Cuando se trata de un grupo oprimido a quien continuamente se le dice que no existe, la confusión resulta una reacción apropiada hasta que una/o se asume ante si misma/o y encuentra un ambiente que la/o apoye.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES PUEDEN ESCONDERSE EN LA COMUNIDAD HETEROSEXUAL CUANDO LAS COSAS SE PONEN DIFICILES.

Verdad: "Hacerse pasar" por hetero y negar tu bisexualidad es algo tan doloroso y tan dañino para una persona bisexual, como lo es para una lesbiana o un gay hacer lo propio. Las personas bisexuales no somos heteros y nos identificamos como tales.

Mito: LAS PERSONAS BISEXUALES NO SON GAYS.

Verdad: Somos parte de la definición genérica de "gay" u "homosexual". Las personas que no son gays nos ponen a todas/os en la misma bolsa. Ha habido personas bisexuales que han perdido sus empleos y han sufrido las mismas discriminaciones legales que lesbianas y gays.

Mito: LAS MUJERES BISEXUALES TE PUEDEN DEJAR POR UN HOMBRE.

Verdad: Algunas mujeres que se sienten incomodas o confundidas frente a la atracción que sienten por otras mujeres pueden adoptar la etiqueta de bisexuales. Pero las verdaderas bisexuales reconocen sentir tanto atracción por mujeres como por hombres. Tanto bisexuales como lesbianas o gays son capaces de asustarse y volverse al closet en cualquier momento. Una persona que es incapaz de asumir un compromiso con otra puede utilizar tanto a un hombre como a una mujer para escaparse de la relación que la asusta.

Es importante recordar que bisexual, gay, lesbiana y heterosexuales son etiquetas fabricadas por una sociedad homofóbica, bifóbica y heterosexista para separarnos y dividimos. Cada una de nosotras/os, es un ser único, no entramos en categorías prolijas y bien encuadradas. A veces necesitarnos usar esas etiquetas por razones políticas y para aumentar nuestra visibilidad. Nuestra autoestima sexual se ve beneficiada cuando reconocemos y aceptamos las diferencias y podemos contemplar la belleza que encierra nuestra diversidad.

Este artículo esta incluido en el libro "Bi Any Other Name, Bisexual People Speak Out". editado por Lani Kaa'humanu y Lorraine Hutchins. Boston. "Alyson Publications". Inc. 1991. Traducción: Alejandra Sarda, enero 1996.

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